Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

septiembre 26, 2013

Juan Troche Ponce de León II: nota biográfica

Tomado de Mario R. Cancel y Héctor R. Feliciano Ramos, “Juan (Troche) Ponce de León II: Forjador más destacado y visible del pueblo puertorriqueño durante el siglo XVI” en Puerto Rico: su transformación en el tiempo (2008) San Juan: Cordillera: 121.

Este puertorriqueño nació en San Juan de Puerto Rico en algún momento entre 1521 o 1523. Hijo de García Troche y Juana Ponce de León, nunca utilizó el apellido paterno sino el de su abuelo y conquistador de Puerto Rico. Se educó en las escuelas con los maestros de su época en San Juan. Dado que su tío Luis -heredero universal de Juan Ponce de León- abrazó la vida religiosa en Santo Domingo y renunció sus derechos de herencia en favor de García Troche, su cuñado. A la muerte de éste en 1539 Ponce de León II heredó los títulos, honores y hacienda de su ilustre abuelo, Juan Ponce de León, conquistador y Primer Gobernador de Puerto Rico, así como las abundantes riquezas de su padre.

Juan Troche Ponce de León
Juan Troche Ponce de León

A partir de 1540, en distintos momentos tuvo a su cargo las responsabilidades de la Alcaldía de la Fortaleza, Contador, Tesorero de la ciudad, procurador de la Isla. En la década de 1550 también lo encontramos ocupando los cargos reales de factor, veedor y contador. En 1558 se refirió a Puerto Rico como “mi propia patria”, lo que lo convirtió en el primer puertorriqueño en referirse al país de esa forma. Años más tarde también fue apoderado en Puerto Rico de Pedro Menéndez de Avilés adelantado de la Florida. En 1567 gestionó en España y obtuvo los títulos de Gobernador y adelantado de Trinidad, con los que obtuvo permiso para conquistar y colonizar esa isla antillana. Esta fue una de las pocas empresas en que no tuvo éxito.

En 1577, habiendo enviudado años antes, renunció en favor de su hijo mayor todos sus nombramientos y porque deseaba “entrar en Religión y ordenarme clérigo”. Mientras se preparaba religiosamente, en abril del 1579 el gobernador Francisco de Obando dejó a Ponce de León II como gobernador interino, cargo que ocupó con dignidad por poco más de un año. En 1581 fue seleccionado, junto al Bachiller Antonio de Santa Clara, por el gobernador Juan de Melgarejo para contestar un interrogatorio real. El documento redactado por ambos se conoce como la Memoria de Melgarejo por haber sido remitida a España en 1582 junto a una carta firmada por aquel gobernador. La Memoria constituye, sin lugar a dudas, una expresión muy importante del regionalismo que por la época se desarrollaba con fuerza por toda Hispanoamérica. También es la primera memoria histórico-geográfica de Puerto Rico redactada por un puertorriqueño. Con ella se inicia la historiografía puertorriqueña. De 1581 también es el dibujo científico que Ponce de León II hizo de un eclipse lunar observado desde el Convento de los Dominicos que en ese momento era su residencia. Además de ser uno de los primeros dibujos de ese tipo hechos por un americano, por medio del mismo se determinó exactamente la posición geográfica de Puerto Rico.

Como religioso, a partir su ordenación, Ponce de León II también se destacó al ocupar una canonjía en el cabildo catedralicio y ser designado Arcediano (especie de juez) de la Catedral. Los testimonios de diferentes obispos de la época acreditan a Ponce de León II como hombre “de mucho valer…, entendido en letras humanas y persona de mucho gobierno». Luego de una fructífera vida, en la que ocupó las posiciones sociales y económicas más altas, importantes cargos de la colonia, y algunos de los de la Iglesia Católica, en algún momento de la década del 1590, que no se ha podido precisar, murió Juan (Troche) Ponce de León II. Visto desde el presente, no queda duda de que este hombre no solo fue el principal “hombre público” nativo de Puerto Rico, sino además, el forjador más destacado y visible del pueblo puertorriqueño durante el siglo XVI.

septiembre 4, 2013

Juan de Castellanos y la Elegía VI de 1589

Elegía VI

(A la muerte de Juan Ponce de León, donde se cuenta la conquista del Boriquén, con otras muchas particularidades)

 

Canto Primero (Fragmento)

Voz de mi ronco pecho, que profesa

Grandes cosas en versos apacibles,

Desea perfeción en su promesa,

Con muertes de varones invencibles;

E ya Joan Ponce de León da priesa

Con hechos que parecen imposibles;

Pues tuvo, como fue cosa notoria,

En muy menos la vida que la gloria.

 *

Este hidalgo fue cual le convino

A la Belona fiera y a sus artes,

Y con el gran Colón hizo camino

Debajo de guerreros estandartes;

En aquella segunda vez que vino

A los descubrimientos destas partes,

Señaló grandemente su persona

En allanar la gran Anacaona.

*

En Higüey, de quien ya hecimos lista,

Por Nicolás de Ovando fué justicia,

Donde por indio que habló de vista,

Del rico Boriquén tuvo noticia;

Pidió con gran instancia la conquista,

Por ser empresa digna de codicia;

Ovando se la dio, y á muchas gentes

Condutas de conquistas diferentes.

*

Porque cuando Haytí se combatía

Había caballeros generosos, Señaladísimos en valentía,

De mayores empresas codiciosos;

Ansí cada cual dellos pretendía

Conduta de gobiernos honorosos,

Para mejor probar su fuerte diestra

Y dar de su valor más clara muestra.

*

El comendador pues se determina

De dar do se conquiste gente rica;

A Velázquez le dio la Fernandina,

Y al capitán Garay á Jamaica:

Ser desto cada cual persona dina,

Por larga prueba ya se certifica,

Y al Ponce de León, con largo mando,

El Borinquén, a quien me voy llegando.

*

En diez y siete y diez y ocho grados

Se suele computar altura deste;

Los diámetros tienen prolongados

Cincuenta y cinco leguas leste oeste;

Rodéala por puntas y por lados

De belicosa gente brava hueste;

Hecho y fama tiene de guerrera,

Porque de los caribes es frontera.

 *

Por treinta leguas hace sus desvíos

De los Hayties ya conmemorados;

Van por su medio montes poco fríos,

Porque los aires son todos templados:

Vierten a todas partes dulces ríos,

Cuyas arenas son granos dorados,

Sus recodos, remansos, vertederos

Abundan de riquísimos veneros.

[Continúa la descripción de la banda  norte y oeste, el relato de la primera exploración de Ponce de León y su evaluación de la misma, el encuentro con Agueibaná y su madre vieja y el trato entre Los cristianos y los taínos y la conversión de Agueibaná y su madre al cristianismo, bautizados como Joan Ponce de León y doña Inés. Al iniciar la colonización, Diego Colón recupera la herencia de su padre Cristóbal Colón, envía a Puerto Rico a Cristóbal de Sotomayor y Juan Cerón como Gobernador y Miguel Díaz como Alguacil, poniendo en peligro los títulos de Ponce de León. Los versos que siguen hablan del segundo viaje de Ponce de león a San Juan Bautista.]

Volvióse pues Joan Ponce despojado

Al Boriquén que vamos allanando;

Pero muy poco tiempo ya pasado,

El rey le mandó dar el dicho mando,

Siendo de sus servicios informado

Por larga relación del buen Ovando,

Y el Sotomayor fue favorecido

Del Joan Ponce después de proveído.

*

Y ansí, con cortesano cumplimiento

De justicia mayor le dio renombre,

Y al rey Agueibaná en repartimiento.

Fundado pueblo, dicho de su nombre;

Pero después diré con lo que cuento

La grande desventura deste hombre,

Que fue causa de muchos otros daños

Que sucedieron en aquellos años.

*

Con el primer consorcio castellano,

Bien lejos de la mar y malos puestos,

A Caparra fundó, pueblo mal sano,

Donde todos andaban indios puestos:

Al cual mucho después le dio de mano

Y le buscó lugares bien compuestos,

Junto de Bayamón que lo bastece,

Y donde de presente permanece.

*

Son sus vecinos gente bien lucida,

Nobles, caratativos, generosos;

Hay fuerza de pertrechos proveída,

Monasterios de buenos religiosos,

Iglesia catedral muy bien servida.

Ministros dotos, limpios, virtuosos;

Fué su primer pastor y su descanso

Aquel santo varón Alonso Manso:

*

Varón de benditísimas costumbres,

En las divinas letras cabal hombre,

Dignísimo de más escelsas cumbres,

Merecedor de más alto renombre,

Su nombre denotaba mansedumbres,

Y ansí midió sus obras con su nombre;

Fue de menesterosos gran abrigo;

Porque lo conocí, sé lo que digo.

*

Fundó Caparra, pues, año de nueve

Joan Ponce de León, hombre bastante;

Mas cuando por lo dicho la remueve,

Serían doce años adelante;

Y por cumplir mi pluma lo que debe,

Diremos otros pueblos, Dios mediante,

Que fundaron entonces los primeros,

Aunque los menos fueron duraderos.

*

Después al noroeste de Guayama,

Río que tengo ya conmemorado,

En un sitio, que Guánica se llama,

Tuvieron otro pueblo fabricado;

Bahía, pero tal que, según fama,

Es la mejor de todo lo criado;

Fundólo don Cristóbal do decimos,

Que es el Sotomayor que referimos.

*

Más donde manifiestan mis escritos,

No comportó la gente ser poblada,

Por ser tanta la copia de mosquitos

Que nunca se vio plaga tan pesada;

Y ansí, vencido ya de tantos gritos,

La pasó don Cristóbal al Aguada,

Que es al oeste norueste desta vía

Con nombre del renombre que él tenía.

*

Aquí y en todas las demás distancias

Servían indios por repartimientos;

Había fertilísimas estancias,

Y en ellas españoles muy contentos;

Crecían cada día tas ganancias,

De oro caudalosos nacimientos,

En Quiminén, Guainea y Horomicos,

Duyey y Cabuin, ríos bien ricos.

*

Huye la chisme, cesa la conseja,

Crece contento, nace regocijo,

Sin olor ni barrunto ni semeja

De guerra ni contienda ni letijo;

Asegurándolos la buena vieja,

Y el buen Agueibaná su noble hijo;

Los indios más feroces y más bravos

Servían mucho más que los esclavos.

*

Gozaba, como digo, nuestra gente

De riquezas, contento y alegría,

Con el Agueibaná, varón prudente,

Por quién toda la tierra se regía;

Murió la madre, y él de muy doliente

Vido también su postrimero día;

Al heredero, pero, no le plugo

Sufrir ni tolerar tan duro yugo.

*

Algunos españoles mal regidos,

Fiando de las viejas amistades,

Andaban por mil partes divertidos,

En sus estancias, minas y heredades;

Casi que para siempre despedidos.

De cualesquier rebeldes novedades.

Aunque días atrás, obra de un año,

Negocio sucedió no poco estraño.

[Continúa con el relato del rapto de Juan Suárez Sevillano por el cacique Aimanio de la región del Río Culebrinas entre Quebradillas, Moca y Lares, para jugar su sacrificio en un juego de pelota. Un paje taíno reporta el hecho a Diego de Salazar cerca de Utuado, quien se acerca al juego de pelota, enfrenta a los taínos, salva a Suárez Sevillano y consigue un pacto con Aimanio quien incluso se convierte al cristianismo y obtiene el nombre de su vencedor. La descripción del combate es amplia y detallada. El intento de sacrificio de Suárez Sevillano antecede a la ejecución de Diego de Salcedo en el Río Grande de Añasco.]

 

Comentarios:

Juan de Castellanos (Sevilla 1522-Tunja 1606)  es un Cronista que escribe su crónica en verso. La  “Elegía VI” de Juan de Castellanos, impresa en Madrid en 1589, es un canto elegíaco o lamentación ante la muerte del héroe Juan  Ponce de León. El poema es  parte de un extenso poema, las Elegías de Valores Ilustres de Indias, escrito en octavas reales, es decir, estrofas de 8 versos de 11 sílabas cada uno que para el lector moderno suelen resultar complejos y abarrocados. Con un total de 150,000 versos, el lector se encuentra ante una obra monumental de Historia y Literatura Americana que, más que elegía, resulta en una épica o celebración de la conquista. Castellanos pertenece a una segunda generación de Cronistas de la conquista. No fue testigo de los descubrimientos ni conquistador activo, pero vivió en las Antillas lo mismo en San Juan Bautista, Santo Domingo,  Isla Margarita y Trinidad. Sus días terminaron en Nueva Granada -Colombia- donde se radicó en Tunja, lugar en el cual falleció a los 84 años. Castellanos estuvo en situación de celebrar la transformación del Reino de España en una potencia mundial, pero también fue testigo del inicio de la decadencia de su poder ante los otros, poderes europeos que penetraban América a principios del siglo 17. Como se sabe, desde 1590, el Reino de Inglaterra y de Holanda, se consolidaron como poderes, y entre 1595 y 1625, las agresiones a Puerto Rico y al Imperio fueron comunes.

Juan de Castellanos

Juan de Castellanos

El texto se explica por sí solo: comienza con una invocación, sigue con una biografía de Ponce de León en Santo Domingo, continúa con su arribo a San Juan Bautista y su descripción. La primera y la segunda visita se ven afectadas por la llegada de Diego Colón al poder y su intervención en los trabajos de Ponce de León quien es es alabado como un administrador impecable y justo con los taínos. El fragmento termina en la antesala de los conflictos entre taínos rebeldes e hispano-europeos.

Lo más relevante es la construcción de la imagen de Ponce de León como signo heroico y la reafirmación de su condición de cristiano consciente. El hecho de que Castellanos reafirme que bajo su mando la relación con los taínos estaba llena de “riquezas, contento y alegría”, ha servido de base para el culto de Ponce de León en Puerto Rico, salvar su imagen y acusar a otros “españoles mal regidos” de la crisis en las relaciones entre taínos e hispano-europeos entre 1508 y 1511.

Una fuente alterna que puede consultar cualquier interesado es: Mario R. Cancel, “Visión del aborigen en la Elegía VI de Juan de Castellanos: Una relectura”. Revista de la Universidad de América 7.2 (1995): 97-102. Hay una versión similar titulada “Visión del aborigen en la Elegía VI de Juan de Castellanos: La mala lectura”. El cuervo 14 (1995): 33-42. El fragmento tiene numerosos arcaísmos. Para aclarar cualquier duda sobre el lenguaje, recomiendo que visite los sitios de  Real Academia Española y El Nuevo Tesoro Lexicográfico, valioso recurso que incluye los diccionarios desde 1726.

 

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

noviembre 8, 2010

Memoria de Johan de Melgarejo (1582)

Memoria y Descripción de la Isla de Puerto Rico Mandada a Hacer por S.M. el Rey Don Felipe II en el año 1582 y Sometida por el Ilustre Señor Capitán Johan de Melgarejo, Gobernador y Justicia Mayor en esta Ciudad e Isla. Archivo de Indias-Patronato.

 

Capítulo 1° Puertorrico es el pueblo principal; no sabe que haya tenido otro nombre en lengua de yndios, más de que toda la isla se llamaba el Boriquén; el nombre español que tiene de Puertorrico se le puso por la mucha riqueza de oro que se halló en ésta; otros han querido decir que se le puso por ser el puerto muy bueno y cerrado y seguro de tormentas.

Capítulo 2° El descubridor y conquistador de esta isla fue Juan Ponce de León, natural de la villa de San Tervás del Campo; conquistóla a su costa por mandado del Almirante D. Diego Colón, hijo del primer descubridor de las Indias; partió para este efeto dende la isla de Santo Domingo del puerto de Xigüey el Viejo, de un lugar que llamaban Salvaleón; la primera vez que vino al dicho efeto, tomó puerto en una punta de esta isla, que llaman el Aguada, questá en la banda del Norte della, y allí tomó ciertos yndios con que hizo amistad y descubrió aver oro, bolvió con la muestra al dicho Almirante, sin conquistalla, con el qual capituló y volviéndola a conquistar y poblar, tomó tierra de la banda del Sur de esta isla, donde fundó un pueblo en el puerto de Guánica, a donde estuvo por thiniente a Don Cristóbal de Sotomayor, Caballero de Galicia, y desde allí se empezó a conquistar esta isla, fue en el año de 1508.

Capítulo 3° El temperamento de la cibdad de Puertorrico y su comarca, que casi es el de toda la isla, es muy bueno y casi todo el año es uno, esceto Diciembre y Enero, que reconoce el tiempo a ymbierno; entre año no es muy caluroso; llueve mucho desde Mayo hasta Setiembre, aunque en esto no hay horden, porque en unos años no guarda esta horden; los vientos que corren de hordinario es el viento Este o el Nordeste, y a las noches salta el viento a la tierra, que son balsares della; por Agosto y Setiembre suele haver tormentas, junta la conjunsión de la luna, que llaman juracanes, y las veces suele hazer grandísimos daños bentando los vientos; pero el que más daño haze es el viento Norte, porque este donde alcanza quema y abrasa las sementeras y derrueca los platanales, que es una fruta que sirve de sustento a falta de pan; y al principio de la población desta isla y muchos años después heran muy ordinarios estos juracanes de dos en dos y de tres en tres años; agora se pasan diez y doce años que no los hay.

Mapa de Theodor De Bry (1590)

Capítulo 4° Esta isla es muy áspera y montosa y doblada y de muchos ríos y arroyos de aguas, que por estremos son muy buenas y sanas, por causa que en todos los más de los arroyos se a hallado y halla oro, y descienden sus nascimientos de cerros y collados donde se han hallado y se cree ay oy ricos nascimientos de oro, aunque en la cibdad de Puertorrico se carece desta agua, por questá su sitio en una isleta distinta de la isla prencipal, y a esta causa no hay agua de río ni quebrada, sino solo de una fuente que mana de arenales y sale junto a la mar, media legua de la cibdad en la isla grande, y pasan a ella; se pasa por una calzada que está sobre la mar, llaman la Fuente de Aguilar, y no se han traído a la cibdad por falta de no tener propio y ser poca la agua, y así se beve agua de algibes, que los hay en las más de las casas; tiene falta de pastos para los ganados y de cada día se espera abrá menos, respecto haber nacido en esta isla unos árboles, que se llaman Guayabo, el qual hecha una fruta como manzanas llenas de pepitas, la qual comen las bacas y bestias y puercos y abes, y donde quiera que tornan a estercolar de las pepitas de cada una sale un árbol, con lo qual se va cerrando la tierra, de tal modo que los ganados no se pueden pastorear y se alzan, ny debajo del fructifica yerba que pueda servir pasto, y ansi de cada día se va más arruinando.

Capítulo 5° Que hubo y se hallaron por copia al tiempo del repartimiento que se hizo quando se ganó la isla, cinco mill yndios y quinientas yndias, sin los que quedaron por repartir, que no están domésticos; y el día de hoy no hay de los naturales ninguno, salvo unos poquitos que proceden de yndios de Tierra-Firme traídos aquí, que serán como doce o quince, y apocáronse por enfermedades que les dio de sarampión, romadizo y viruelas, y por otros malos tratamientos se pasaron a otras islas con caribes, y los que hay no están en el pueblo formado; sirven alguno por soldado y otros están en su haziendillas entre españoles; no hablan en su lengua porque los más dellos son nacidos en esta isla; son buenos cristianos.

Capítulo 6° El altura y elevación del pueblo en que está la cibdad de Puertorrico se berá por el eclisse que yo Juan Ponce de León, por mandado del capitán Juan de Céspedes, Gobernador que fue desta isla, tomé a los quince de julio del año pasado, el qual se envía en este propio nabio a su majestad.

Capítulo 7° En esta isla hay una villa que llaman la Nueva Salamanca o San Germán el Nuevo, el qual fundó el governador Francisco de Solís con el despojo que quedó de un pueblo o villa que se decía Guadianylla, que estaba a la banda del Sur desta isla, y lo quemaron caribes yndios y comarcanos de esta isla y robaron franceses, estaba junto a la mar en una sierra, como media legua de la mar, y a esta causa destar a tanto peligro se pasó la tierra adentro, con acuerdo de la audiencia de Santo Domingo; está la dicha villa de Salamanca quatro leguas de la mar, en donde también han llegado franceses y la han robado, al Oeste desta isla y distante de la cibdad de San Juan treinta leguas; goviernase por thiniente que pone el governador de la cibdad y alcaldes ordinarios; y el temperamento y ayres es lo mismo que corre en la cibdad de Puertorrico; no tiene defensa alguna para corsarios.

(…)

Capítulo 9° La cibdad de Puertorrico, ques la cabeza desta isla, la fundó el dicho Juan Ponce de León, contheniendo en el segundo capítulo, llamóla San Juan por su nombre y fue la fundación de ella en el año de veinte y uno, porque despobló una cibdad que antes había poblado en la dicha isla que estaba como legua y media de lo que agora está poblada, a la cual llamaban Caparra; fue la causa de su despoblación que no se criaban niños, porque todos se morían, respeto de que tenían malas aguas y así pocas, tenía ésta al tiempo que se pobló muchos más vezinos que agora tiene, porque al presente no tiene más de hasta ciento y setenta vezinos y catorce prevendados y clérigos, porque se han ido muchos a Tierrafirme, España y otras partes.

Capítulo 10° El sitio de esta cibdad prencipal, que es la de que en el capítulo antes deste se hace mynsion, es parte del llano y tiene i una altura hazia Un monasterio de frayles dominicos, que en ella ay, como parecerá por el rasguño que con esta vá, y la parte más alta, que es donde está el dicho monesterio, mira al Norte, y la parte más llana, que es al contrario mira al Mediodía.

(…)

Capítulo 14° Por la noticia que se tiene de algunos conquistadores se halla que los yndios desta isla era gente mansa; no comían , carne humana, ni eran sométicos, ni tenían ponzoña; peleaban los de la costa de la mar con flechas y arcos, y los de la tierra adentro con palos a modo de bastones; adoraban al demonio, con el que hablaban, temían a los caribes yndios comarcanos de la parte de Levante desta, que son bravos y guerreros y comen carne humana, y tienen yerba, y hoy en día lo son, y han destruido y destruyen esta isla y son parte muy prencipal para su despoblación y arruinamiento, como se a abisado a su majestad, con ynformaciones, que sobre ello se an embiado a la Casa de la Contratación de Sevilla.

Capítulo 15° En esta isla no hubo cacique que la señorease toda, más de que en cada valle o río prencipal avía un cacique, los quales tenían otros capitanes como thinientes de quien se servían, a los quales llamaban en su lengua nitaynos; y después que fueron repartidos a los españoles, el tributo que daban a sus amos era traellos a las minas a sacar oro y a hazer conucos de cazabe y maíz, ques el mantenimiento desta tierra, y batatas, que era la comida que ellos antes usaban, demás de otras raíces que comían, que se dicen ymoconas, yahutías, guayaros, lerenes y maní. Entiéndase que la principal causa de haberse acabado los yndios, demás de las enfermedades arriba dichas, fue el sacarlos de sus pueblos y llevarlos a las minas y a otras partes fuera de donde nacieron, aunque no los sacaron de esta isla.

Capítulo 16° El asiento de la cibdad de San Juan de Puertorrico es el que está dicho en el capítulo dezimo; pueblo de yndio no ay alguno como está dicho; la villa de la Nueva Salamanca está en una sierra con mal asiento, así por no haber cosa llana en él, como por tener el agua lejos y haber un barro que tiñe como almajara la ropa, en ventando el viento el polvo que se levanta causa hazer lo dicho; el río que más cerca dél pasa se llama Guanaibo.

Capítulo 17° La cibdad de Puertorrico es tierra sana, comúnmente andan los hombres con buenos colores; las enfermedades que en ellas son más peligrosas y más cursan son pasmos, y desto mueren muchos niños en nasciendo, o a lo menos antes de los siete días, y muchos hombres solo de beber un jarro de agua estando sudando: de los remedios que más se usa para curar esta enfermedad, de que suelen escapar pocos, es el fuego, labrándolo junto a la nuca y por el cerro abajo de los riñones y dándoles a beber el sumo de la yerba que llaman tabaco, que es a modo de beleño; en la Nueva Salamanca es lo mismo que esta cibdad en quanto a la salud y enfermedades.

 

Comentario:

Los capítulos 1 y 2 de la Memoria… hacen una síntesis bastante imprecisa de la historia de San Juan Bautista con el propósito de aclarar cualquier duda que el Rey Felipe II pueda tener con respecto a los valores de la posesión y los beneficios de invertir en ella. El capítulo 3 ofrece una serie de generalidades sobre el “temperamento” o clima insular: la lluvia, el calor y la humedad destacan en la misma. El capítulo 4 contrata la naturaleza boscosa y bien irrigada de la Isla Grande con la del Islote de San Juan. Resalta las fuentes de agua potable de la Isleta, y el  peligro que los guayabos representan para los pastos y la industria ganadera que entonces se afirmaba como la principal del país, una vez dejadas atrás la aurífera y la caña de azúcar. La indicación de que había oro en los ríos y que aún quedaban filones sin explotar es interesante. El capítulo 5 comenta la situación de los Indios, su desaparición y las causas de la misma. La presencia de Indios de Tierra-Firme y la alianza con los Caribes, que ya vimos en la obra de Oviedo, se reitera.

El capítulo 7 introduce la Villa de San Germán la cual ya estaba ubicada en la Lomas de Santa Marta, comenta las constantes amenazas extranjeras a la misma y la forma de su gobierno mediante un Teniente de Gobernador. El capítulo 9 y 10 hace lo propio con la Ciudad de Puerto Rico, hoy San Juan Antiguo, y su precedente en Caparra. Las dos poblaciones principales de la colonia, la Villa y la Ciudad, son presentadas al Rey Felipe II con relativa precisión.

Los capítulos 14 y 15 describen a los Indios de la Isla. Fíjense que no se les llama Taínos y que se les decribe con argumentos parecido a los que usó Oviedo Historia… La idea de que son distintos de los Caribes es evidente. La desaparición del Indio se adjudica, sin reparos, al sistema laboral que se les impuso. Los capítulos 16 y 17 comentan la higiene y la salud pública: es una tierra sana donde la amenaza mayor es el pasmo, es decir el tétano o mocezuelo que se enfrenta con infusiones de tabaco.

El autor, Juan Ponce de León y García Troche, es descendiente el conquistador y pone todo su empeño en llamar la atención del Rey sobre las posibilidades de la colonia. Piensa e interpreta a San Juan Bautista como un criollo y en ello radica una de las virtudes de este texto. Los capítulos 31, 32 y 33 pueden ser consultados en Documento y comentario: Memoria de 1582

 

  • Mario R. Cancel
  • Historiador

 

octubre 23, 2010

Crónica de Indias: La Rebelión Arahuaca (1511)

Versión tomada de Gonzalo Fernández de Oviedo. Historia general y natural de Indias. Libro XVI (1535)

Capítulo 5  Que trata de la muerte de don Chripstóbal de Sotomayor y otros christianos: y como escapó Johan Gonçalez, la lengua, con quatro heridas muy grandes, y lo que anduvo assi herido en una noche, sin se curar, y otras cosas tocantes al discurso de la historia.

Tomando a la historia del levantamiento de los indios, digo, que después que los principales dellos se confederaron para su rebelión, cupo al cacique Agüeybana, que era el mayor señor de la isla, de matar a D. Chripstóbal de Sotomayor, su amo, a quien el mesmo cacique servía y estaba encomendado por repartimiento, según tengo dicho, en la casa del cual estaba ; y jugáronlo a la pelota o juegos que ellos llaman del batey, que es lo mesmo. Y una hermana del cacique que tenía D. Chripstóbal por amiga, le avisó y le dixo: “Señor, vete de aquí: que este mi hermano es bellaco y te quiere matar.”

Mineros aruacos

Y una lengua que D. Chripstóbal tenía llamado Johan Goncalez, se desnudó una noche y se embixó o pintó de aquella unción colorada, que se dixo en el libro VIII capítulo VI que los indios llaman bixa con que se pintan para ir a pelear, o para los areytos y cantares y cuando quieren parecer bien. Y como el Johan Gonçalez venía desnudo y pintado y era de noche y se entró entre los que cantaban en el corro del areyto, vio y oyó como cantaban la muerte de D. Chripstóbal de Sotomayor, y de los christianos que con él estaban; y salido del cantar quando vido tiempo y le paresció, avisó a D. Chripstóbal y díxole la maldad de los indios y lo que avían cantado en el areyto y tenían acordado. El qual tuvo tan mal acuerdo, que como no avía dado crédito a la india cacica, tampoco creyó al Johan Gonçalez: la qual lengua le dijo: “Señor esta noche nos podemos yr, y mirad que os va la vida en ello: que yo os llevaré por donde no os hallen.” Pero como su fin era llegado, no lo quiso hacer.

Con todo eso, assi como otro día amaneció, estimulado su ánimo y como sospechoso, acordó de se yr; mas ya era sin tiempo: y dixo al cacique, que él se quería yr donde estaba el gobernador Johan Ponce de León, y él dixo que fuesse en buena hora, y mandó luego venir indios que fuessen con él, y le llevassen las cargas y su ropa, y dióselos bien instintos de lo que avían de hacer; y mandóles que quando viesen su gente, se aleasen con el hato y lo que llevaban y fue assi: que después de ser partido D. Chripstóbal, salió tras él el mismo cacique con gente y alcanzóle una legua de allí de su assiento en un río que se dice Cauyo. [Río Cañas]

Y antes que a él llegasen, alcanzaron al Johan Gonçalez, la lengua, y tomáronle la espada y diéronle ciertas heridas grandes, y queríanle acabar de matar: y como llegó luego Agüeybana, dixo la lengua, en el lenguaje de los indios: “Señor, ¿por qué me mandas matar? Yo te serviré y seré tu naboría,” y entonces dixo el cacique: Adelante a mi datihao  [guaitiao o hermano] (que quiere decir mi señor, o el que como yo se nombra), dexa ese bellaco.” Y assi le dexaron, pero con tres heridas grandes y peligrosas, y passaron y mataron a D. Chripstóbal y a los otros chripstianos que yban con él (que eran otros quatro) a macanazos; quiero decir con aquellas macanas que usan por armas, y flechándolos.

Y hecho aquesto, volvieron atrás para acabar de matar al Johan Gonçalez, la lengua; pero él se había subido en un árbol y vido como le andaban buscando por el rastro de la sangre, y no quiso Dios que le viessen ni hallasen; porque como la tierra es muy espessa de arboledas y ramas, y él se avía desviado del camino y emboscado, se escapó desta manera. Y fuera muy grande mal si este Johan Gonçalez allí muriera, porque era grande lengua; el qual después que fue de noche, baxó del árbol y anduvo tanto que atravesó la sierra de Xacagua, y créese que guiado por Dios o por el ángel, y con favor suyo tuvo esfuerço y vida para ello, según yba mal herido. Finalmente él salió a Coa [Toa], que era una estancia del rey; pero él creía que era el Otuao, donde penssaba que lo avían de matar, porque era tierra aleada y de lo que estaba rebelado; pero su estimativa era hija de su miedo con que yba; y avía andado quince leguas más de lo que se penssaba. Y como allí avía chripstianos, viéronle; y él estaba ya tal y tan dessangrado y enflaquecido, que sin vista cayó en tierra. Pero como le vieron tal, socorriéndole con darle algo que comió y bebió y cobró algún esfuerço y vigor, y pudo hablar, aunque con pena, y dixo lo que había passado.

Y luego hicieron mandado al capitán Johan Ponce notificándole todo lo que es dicho: el qual luego apercibió su gente para castigar los indios y hacerles la guerra. En la cual sazón llegó el Diego de Salaçar con la gente que avía escapado con él, según se dixo en el capítulo de suso. Y luego Johan Ponce envió al capitán Miguel de Toro con quarenta hombres a buscar a Don Chripstóbal, al qual hallaron enterrado (porque el cacique le mandó enterrar) y tan somero o mal cubierto que tenía los pies de fuera. Y este capitán y los que con él yban hicieron una sepultura, en que lo enterraron bien, y pusieron a la par della una cruz alta y grande. Y aqueste fue el principio y causa de la guerra contra Agüeybana y los otros indios de la isla de Boriquen, llamada ahora Sanct Johan.

(…)

Capítulo 8 Como los indios tenían por inmortales a los chripstianos luego que pasearon a la isla de Sanct Johan, y como acordaron de se alear y no lo osaban emprender hasta ser certificados si los chripstianos podían morir o no. Y la manera que tuvieron para lo experimentar.

Por las cosas que avían oído los indios de la isla de Sanct Johan de la conquista y guerra passadas en esta Isla Española, y sabiendo, como sabían ellos, que esta Isla es muy grande y que estaba muy poblada y llena de gente de los naturales della, creían que era imposible averla sojuzgado los chripstianos, sino porque debían ser inmortales, y por heridas ni otro desastre no podían morir; y que como avían venido de hacia donde el sol sale, assi peleaban; que era gente celestial e hijos del Sol, y que los indios no eran poderosos para los poder ofender. Y como vieron que en la isla de Sanct Johan ya se avían entrado y hecho señores de la Isla, aunque en los chripstianos no avía sino hasta doscientas personas pocas más o menos que fuessen hombres para tomar armas, estaban determinados de no se dexar sojuzgar de tan pocos, y querían procurar su libertad y no servirlos; pero temíanlos y pensaban que eran inmortales.

Hamaca aruaca

Y juntados los señores de la Isla en secreto, para disputar desta materia, acordaron que antes que se moviessen a su rebelión, era bien experimentar primero aquesto, y salir de su dubda, y hacer la experiencia en algún chripstiano desmandado o que pudiessen aver aparte y solo; y tomó a cargo de saberlo un cacique llamado Urayoán, señor de la provincia de Yagüeca, el qual para ello tuvo esta manera. Acaescióse en su tierra un mancebo, que se llamaba Salcedo y passaba a donde los chripstianos estaban, y por manera de le hacer cortesía y ayudarle a llevar su ropa, envió este cacique con él quince o veinte indios, después que le ovo dado muy bien de comer y mostrádole mucho amor. El qual yendo seguro y muy obligado al cacique por el buen acogimiento, al pasar de un río que se dice Guaorabo, que es a la parte occidental y entra en la bahía en que agora está el pueblo y villa de Sanct Germán, dijerónle: “Señor, quieres que te passemos, porque no te mojes,” y él dijo que sí, y holgó dello, que no debiera, siquiera porque demás del peligro notorio en que caen los que confían de sus enemigos, se declaran los hombres que tal hacen por de poca prudencia. Los indios le tomaron sobre sus hombros, para lo qual se escogieron los más recios y de más esfuerço y quando fueron en la mitad del río, metiéronle debajo del agua y cargaron con él los que le passaban y los que avían quedado mirándoles, porque todos yban para su muerte de un acuerdo, y ahogáronle; y después que estuvo muerto sacáronle a la ribera y costa del río, y decíanle: “Señor Salcedo, levántate y perdónanos que caymos contigo, e iremos nuestro camino.” Y con estas preguntas y otras tales le tuvieron assi tres días, hasta que olió mal, y aun hasta entonces ni creían que aquél estaba muerto ni que los chripstianos morían.

Y desque se certificaron que eran mortales por la forma que he dicho, hiciéronlo saber al cacique, el qual cada día enviaba otros indios a ver si se levantaba el Salcedo; y aun dubdando si le decían verdad, él mismo quiso yr a lo ver, hasta tanto que passados algunos días, le vieron mucho más dañado y podrido a aquel pecador. Y de allí tomaron atrevimiento y confiança para su rebelión, y pusieron en obra de matar los chripstianos, y alearse y hacer lo que tengo dicho en los capítulos desuso.

Capítulo 9 De las batallas y recuentros más principales que ovo en el tiempo de la guerra y conquista de la isla de Sanct Johan, por otro nombre dicha Boriquen

Después que los indios se ovieron rebelado y muerto la mitad o quassi de los chripstianos, y el gobernador Johan Ponce de León dio orden en hacer los capitanes que he dicho y poner recaudo en la vida y salud de los que quedaban vivos, ovieron los chripstianos y los indios la primera batalla en la tierra de Agüeybana, en la boca del río Coayuco, a donde murieron muchos indios, assi caribes de las islas comarcanas y flecheros, con quien se habían juntado como de los de la tierra que se querían passar a un isleta que se llama Ángulo, que está cerca de la isla de Sanct Johan a la parte del Sur como lo tengo dicho. Y dieron los chripstianos sobre ellos de noche al quarto del alba, e hicieron grande estrago en ellos, y quedaron deste vencimiento muy hostigados y sospechosos de la inmortalidad de los chripstianos. Y unos indios decían que no era possible sino que los que ellos avían muerto a trayción avían resucitado; y otros decían que do quiera que oviesse chripstianos, hacían tanto los pocos como los muchos. Esta batalla venció el gobernador Johan Ponce, aviendo para cada chripstiano más de diez enemigos; y passó desde a pocos días después que se avían los indios alçado.

Desde allí se fue Johan Ponce a la villa de Caparra, y reformó la gente y capitanías con alguna más compañía que avía, y fue luego a assentar su real en Aymaco [Río Culebrinas], y envió a los capitanes Luys de Añasco y Miguel de Toro a entrar desde allí con hasta cinquenta hombres, y supo como el cacique Mabodamoca [de Guajataca] estaba con seyscientos hombres esperando en cierta parte, y decía que fuessen allá los chripstianos, que los atendería y tenía limpios los caminos. Y sabido esto por Johan Ponce, envió allá al capitán Diego de Salazar, al qual llamaban capitán de los cojos y de los muchachos; y aunque parecía escarnio por su gente la más flaca, los cuerdos lo tomaban por lo que era razón de entenderlo, porque la persona del capitán era tan valerosa, que suplía todos los defetos y flaqueza de sus soldados, no porque fuessen flacos de ánimo, pero porque a unos faltaba salud para sofrir los trabajos de la guerra, y otros que eran mancebos, no tenían edad ni experiencia. Pero con todas estas dificultades llegó donde Mabodamoca estaba con la gente que he dicho, y peleó con él, e hizo aquella noche tal matanza y castigo en los indios que murieron dellos ciento y cinquenta, sin que algún chripstiano peligrasse ni oviesse herida mortal, aunque algunos ovo heridos; y puso en huyda los enemigos restantes.

Piña de las Antillas

En esta batalla Johan de León de quien atrás se hizo memoria, se desmandó de la compañía por seguir tras un cacique que vido salir de la batalla huyendo, y llevaba en los pechos un guanín o pieza de oro de las que suelen los indios principales colgarse al cuello; y como era mancebo suelto alcançole y quísole prender; pero el indio era de grandes fuerças y vinieron a los braços por más de un quarto de ora, y de los otros indios que escapaban huyendo, ovo quien los vido assi trabados en un barranco donde estaban haciendo su batalla, y un indio socorrió al otro que estaba defendiéndose del Johan de León, el qual porque no paresciesse que pedía socorro, oviera de perder la vida. Pero no quiso Dios que tan buen hombre assi muriesse, y acaso un chripstiano salió tras otro indio y vido a Johan de León peleando con los dos que he dicho, y en estado que se viera en trabaxo o perdiera la vida; entonces el chripstiano dexó de seguir al indio, y fuele a socorrer, y assi mataron los dos chripstianos a los dos indios que eran aquel cacique, con quien Johan de León se combatía primero, y al indio que le ayudaba o le avía socorrido. Y desta manera, escapó Johan de León del peligro, en que estuvo.

Avida esta victoria y vencimiento que he dicho, assi como esclaresció el día, llegó el gobernador Johan Ponce de León por la mañana con la gente que él traía y la retaguarda, algo desviado del capitán Diego de Salaçar y no supo cosa alguna hasta que halló los vencedores bebiendo y descansando de lo que avían trabaxado, en espacio de tiempo de dos horas y media o tres que habían peleado con los enemigos. De lo qual todos los chripstianos dieron muchas gracias a nuestro Señor porque assi favorescía y ayudaba milagrosamente a los chripstianos.

Capítulo 10 De otra guazábara o recuento que ovieron los españoles con los indios de la isla de Boriquen o de Sanct Johan

Después que se passó la batalla, de quien se tracto en el capítulo precedente, juntáronse la mayor parte de los indios de la isla de Boriquen; y sabido por el gobernador Johan Ponce ovo nueva como en la provincia de Yagüeca se hacía el ayuntamiento de los contrarios contra los chripstianos, y con entera determinación de morir todos los indios o acabar de matar todos los chripstianos, pues eran pocos y sabían que eran mortales como ellos. Y con mucha diligencia el gobernador juntó sus capitanes, y poco más de ochenta hombres, y fue a buscar a los indios, los quales passaban de once mil hombres; y como llegaron a vista los unos de los otros quassi al poner del sol, assentaron real los chripstianos con algunas ligeras escaramuzas; y como los indios vieron con tan buen ánimo y voluntad de pelear los españoles, y que los avían ydo a buscar, comenzaron a tentar si pudieran de presto ponerlos en huyda o vencerlos. Pero los chripstianos comportando y resistiendo, assentaron a su despecho de los contrarios, su real muy cerca de los enemigos, y salían algunos indios sueltos y de buen ánimo a mover la batalla; pero los chripstianos estuvieron quedos y en mucho concierto y apercibidos junto a sus banderas, y salían algunos mancebos sueltos de los nuestros y tornaban a su batallón, aviendo fecho algún buen tiro de asta o de ballesta.

Y assi los unos y los otros temporiçando esperaban que el contrario principiasse el rompimiento de la batalla; y assi atendiéndosse los unos por los otros, siguióse que un escopetero derribó de un tiro un indio, y creyóse que debiera ser hombre muy principal, porque luego los indios perdieron el ánimo que hasta aquella hora mostraba y arredraron un poco atrás su ejército donde la escopeta no alcançasse. Y assi como la misma noche fue bien oscuro se retiró para fuera el gobernador, y se salió con toda su gente, aunque contra voluntad y parescer de algunos porque parescía que de temor rehusaban la batalla; pero en fin a él le paresció que era tentar a Dios pelear con tanta moltitud y poner a tanto riesgo los pocos que eran, y que a guerra guerreada, harían mejor sus hechos que no metiendo todo el resto a una jornada: lo cual él miró como prudente capitán, según paresció por el efeto y subcesso de las cosas adelante.

Comentario:

Los capítulos 5, 8, 9 y 10 de la Crónica de Fernández de Oviedo, contiene una de las versiones más difundidas de la rebelión de los arahuacos insulares de Puerto Rico, llamado hoy taínos, contra los españoles en 1511. He separado los capítulos en párrafos breves para facilitar su lectura y he apuntado algunas referencias geográficas para comprender el escenario de la guerra.

La idea de que se trata de una Guerra Santa y de que los arahuacos insulares tuvieron el apoyo de los Caribes, me parecen puntos cruciales. Del mismo modo, el carácter mágico de la guerra que proyectan los arahuacos insulares, contrasta con la táctica racional de los españoles. La invención del Conquistador Heroico tiene en Sotomayor, Ponce de León y González y el escopetero León, excelentes modelos. El Mártir se personifica en Salcedo. La imagen del arahuaco insular rebelde contrasta vivamente con aquellas. La devaluación del arahuaco es tal que Sotomayor no da crédito a la conspiración cuando se la confiesa la hermana del cabecilla. Sin embargo la acepta como real cuando quien la delata es González, el traductor o lengua.

La forma en que se configura el Héroe, combinando racionalidad y sagacidad, devalúa al Indio. González es el mejor modelo de ello y cuando se contrasta su capacidad para el engaño con la de los arahuacos que ahogan a Salcedo, el texto justifica la primera pero censura la otra. El Héroe es capaz de alcanzar extraordinarios extremos: la travesía desde el oeste de la isla hasta el Toa en el noreste, es una tarea titánica que resulta inconcebible pero no imposible. La devaluación de la racionalidad del Indio se confirma con el relato de su percepción de los Cristianos como inmortales. Lo más probable es que los asociaran con seres excepcionales provenientes del Oriente, como sucede en buena parte de los mitos  Indoamericanos y que los vincularan a alguna promesa de retorno de seres celestes que estuviese por cumplirse. La noción de la inmortalidad posee un fuerte contenido semántico ligado a la tradición cristiana que oscurece el texto. Los arahuacos conocían la idea de la inmortalidad pero más bien la adjudicaban a sus hombre másgicos tales como los behíques y, probablemente, sus caciques.

La descripción de las batallas es valiosa en especial cuando se compararan los movimientos de una y otra tropa. El relato sugiere que, como en el caso del resto de América, los naturales hacían un tipo de guerra en donde la táctica racional era menos influyente que la magia. La idea de que el opositor era un ser mágico, debió ser crucial en la actitud de los combatientes arahuacos: con toda probabilidad peleaban a sabiendas de que iban a ser derrotados por el Otro y los Cristianos lo sabían y fueron capaces de sacar ventaja de ello. La Magicalidad que expresan los Indios y la Sacralidad que los Cristianos otorgan a la Guerra Santa son diferentes, como se demuestra en el texto.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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