Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

septiembre 8, 2013

El Capitán Alonso de Contreras en Puerto Rico: 1618

Texto tomado de “Puerto Rico visto por los extranjeros”, Revista del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe. Julio-Diciembre 1989: 74-77.

Capítulo XIII en el que se cuenta el viaje que hice a las Indias y los sucesos de el

Salí del puerto y navegué cuarenta y seis días sin ver más tierras que las Canarias. Llegué a las islas de Matalino [Matinino o Martinica], donde hice agua, y vi a algunos indios salvajes, que con la comunicación de las flotas se atreven a bajar; en cambio no lo hacen ninguno de los nuestros, porque han cogido a algunos y se los comen. Hice mi ruta disminuyendo altura y llegué a las Vírgenes Gordas, que son otras islas deshabitadas. Fui rumbo al pasaje de Puerto Rico, que es un canal angosto, donde de ordinario están corsarios ingleses, holandeses y franceses. Llegué de noche y fue en persona a reconocerle con una barca bien armada, dejando los galeones fuera de este canal, que es corto y donde hay dos puertos muy buenos. No hallé bajel ninguno y lo atravesé, amaneciendo casi en la boca de Puerto Rico, donde, arbolando mis banderas, entré y fui muy bien recibido por don Felipe de Biamonte y Navarra [Felipe de Beaumont y Navarra (1614-1620)], Gobernador de aquella isla.

Sir Walter Raleigh, Guatarral

Sir Walter Raleigh, Guatarral

Me dijo que era milagroso no haberme encontrado con Guatarral [Sir Walter Raleigh (1552-1618)], corsario inglés que andaba por allí con cinco navíos, tres grandes y dos chicos, molestándole cada día. Desembarqué la pólvora que dijo era menester, cuerda y plomo y algunas armas de fuego, con lo que el buen Gobernador quedó contento. Me pidió le dejase cuarenta soldados para reforzar el presidio, y en mi vida me vi en mayor confusión, porque no se quería quedar ninguno, y todos casi lloraban por quedar allí; tenían razón, porque era quedar esclavos eternos. “Hijos —les dije—, es forzoso dejar aquí cuarenta soldados, pero vuesas mercedes han de condenarse a sí mismos, pues yo no he de señalar a nadie, ni a un criado que traigo, que ha de quedarse, si le toca”.

Hice tantas boletas como soldados, y entre ellas, cuarenta negras, y metiéndolas en un cántaro juntas y revueltas, iba llamando por las listas, y decía: “Vuesamerced meta la mano, y si saca negra, se habrá de quedar”.

Lo fueron haciendo así, y era de ver que cuando sacaban negra, como se quedaban para siempre, se consolaban viendo la justificación y forzosidad y, sobre todo, viendo que le tocó también a un criado mío que me servía de barbero, el cual quedó el primero.

En este puerto estaban dos bajeles españoles que habían de ir a Santo Domingo, que es la corte de las islas españolas, donde hay Presidente y Oidores, y la tierra primera que pisaron españoles. Los navíos habían de cargar cueros de toros y jengibre, que hay en cantidad, y se fueron conmigo. Llegué al puerto de Santo Domingo, donde fui bien recibido, y comencé a poner en ejecución un fuertecillo que llevaba orden de hacer a la entrada del río.

A los dos días vino nueva de que Guatarral había fondeado con sus cinco bajeles cerca de allí. Traté con el Presidente de ir a buscarlos, y le pareció bien, aunque los dueños de los navíos protestaban que si se perdieran habían de pagárselos. Armé los dos que traje de Puerto Rico y otro que había venido de Cabo Verde cargado de negros, y juntos con los míos salimos del puerto, aparentando ser bajeles de mercaderías, camino de donde estaban; cuando el enemigo nos vio, hice que diésemos la vuelta como huyendo. Cargaron velas los enemigos sobre nosotros que de industria no huíamos, y al poco rato estuvimos juntos. Les volví la proa, arbolé mis estandartes y comenzamos a darnos ellos y nosotros. Eran mejores bajeles de vela que los nuestros, y así, cuando querían alcanzar o huir lo hacían, que fue causa de que no me quedase con alguno en las uñas. Se peleó y le cupo a su almirante morir de un balazo; conocieron que éramos bajeles de armada y no mercaderes, que andábamos en su busca, y se fueron, volviendo yo a Santo Domingo, donde acabé la fortificación y partí a Cuba, donde hice otro reductillo en cuatro días; quedaron diez soldados.

En Santo Domingo había dejado cincuenta soldados y los tres bajeles, y ya no llevaba más que uno; pero éste bien armado. Santiago de Cuba es un lugar en la isla del mismo nombre, en la que están construidos la Habana, San Salvador de Bayamo y otros lugares que no recuerdo.

Salí de Santiago de Cuba y en la isla de Pinos encontré un bajel fondeado. Peleé muy poco con él; era inglés, uno de los cinco de Guatarral. Me explicó cómo se había ido y desembocado el canal de Bahama y cómo le había matado a su hijo que era almirante, y a otras trece personas, y por temor se había ido a Inglaterra con algunas presas que llevaba. Avisé al Presidente de ello y al Gobernador de Puerto Rico para que no estuviesen con cuidado. Tenía este bajel dentro palo del Brasil y algo de azúcar que había tomado. Eran veintiún ingleses; los traje a la Habana, donde estuvieron hasta que llegó la flota y los llevó a España.

Entregué los pertrechos que me habían quedado, y la infantería, a Sancho de Alquiza, [Sancho de Alquizas (1616-1620)] Capitán General de aquella isla y de todos sus lugares, y me volví en la flota que vino a España con don Carlos de Ibarra, General de ella. Yo fui el año 1618 y volví el 19. 

Nota del Dr. Ángel López Cantos, Universidad de Sevilla

Alonso de Contreras nació en la capital de España, Madrid, en 1582. Era hijo primogénito de una familia ilustre. Su nombre completo era Alonso de Guillén y de Contreras. Tuvo siempre una insaciable sed de aventuras. Pendenciero desde su juventud, causó la muerte desde entonces a varios contrincantes con los que se enfrentó. Cuando sólo tenía trece años, en 1595, marchó de Madrid enrolado en las tropas del príncipe Alberto. Soldado de fortuna peleó en Sicilia, en Flandes, en Malta, Grecia, Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, otra vez en Flandes, en Italia, en Francia… Se hizo pirata y atacó y saqueó las embarcaciones berberiscas y turcas, consiguiendo en poco tiempo una gran fortuna. Vivió algunos meses como ermitaño. Dio en varias ocasiones con sus huesos en la cárcel. La. Orden de Malta le nombró gobernador de la isla Pantelaria. En Madrid conoció a Lope de Vega. Sus Memorias o Vida las escribió en once días. Es una obra de un gran interés y encanto. En ella abundan noticias del máximo valor histórico, como las que da sobre Puerto Rico, y que reproducimos.

Contreras_MadridComentario

El fragmento que presento ofrece un cuadro preciso de la imagen de San Juan Bautista de Puerto Rico entre los viajeros que venía a la colonia a principios del siglo 17. El viaje de la península a la ínsula tomaba 46 días. Puerto Rico era la primera isla grande con la que se topaban los europeos en la ruta hacia las Indias tras perder de vista a las Islas Canarias. La pobreza de la colonia parece evidente: cuando el gobernador Felipe de Beaumont y Navarra (1614-1620) pidió que le dejaran 40 efectivos ninguno quería quedarse ni siquiera en nombre del sagrado cumplimiento de un deber. Contreras tuvo que echar a la suerte quienes ocuparían las plazas vacantes en la capital presionado por las quejas de su tripulación. La resistencia no se reitera en Santo Domingo y Cuba, como se deduce el texto.

Por otro lado, la narración documenta la inseguridad y la incertidumbre que caracterizaba la vida en las islas. La amenaza de los corsarios ingleses -piratas desde la perspectiva de los españoles- era patente. Guatarral, Sir Walter Raleigh (1552-1618), sintetizaba todos los miedos de colono común en ese sentido. Los ingleses se movían sin problemas desde las Antillas Menores hasta las Bahamas amenazando el tráfico comercial hispano. El otro miedo tenía que ver con los “indios salvajes” de Matalino -Matinino o Martinica-, que el autor no vacila en catalogar como caníbales. Se trata de los Kalinagos o Caribes quienes, con su audacia y resistencia, acabaron grabando su nombre en el del mar en el cual navegaba. Puerto Rico representaba algo así como una frontera agredida por adversarios que estaban muy por encima de sus capacidades defensivas. Todo ello hacía que el comerciante y el soldado se integrase en un personaje común.

 

Alonso de Guillén conocido como Alonso de Contreras, no era un escritor de poca monta. Se dice que escribió su autobiografía a instancias de su amigo Lope de Vega. Su Vida…es una de las pocas autobiografía de soldados activos en el ejército de los austrias a la tienen acceso los interesados, junto a la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, concluida en 1575 e impresa en 1632, escrita por Bernal Díaz del Castillo (1496-1584).

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

diciembre 4, 2010

Puerto Rico en 1646: Diego de Torres Vargas

Descripción de la Isla y Ciudad de Puerto-Rico, y de su Vecindad y poblaciones, presidio, Gobernadores y Obispos: Frutos y Minerales (Fragmento)  Enviada por el Licenciado Don Diego de Torres Vargas, Canónigo de la Santa Iglesia de esta Isla en el Aviso que llegó a España en 23 de Abril de 1647 a Gil González Dávila para informarlo para su libro Teatro Eclesiástico de las Primitivas Iglesias de las Indias Occidentales (1649)

Península de Puerto-Rico (La ciudad)

La ciudad de Puerto-Rico al principio de su descubrimiento, se fundó en la banda del Sur, a la tierra firme de la Isla, una legua de la bahía que hoy es el principal puerto, con nombre de la villa de Caparra; y de este nombre hallo en Antonio de Lebrija que hay una ciudad en Castilla junto a Ciudad Rodrigo, que se llama Caparra, y las ventas de Caparra; y como era costumbre de los españoles en los nuevos descubrimientos, poner los nombres de las tierras de donde eran naturales, pudo ser que en el principio de su fundación, algunos de los españoles principales le pusiesen este nombre, porque no le habían de dejar el nombre de los indios fundándola con nombre de villa. En ella se labraron algunas casas de piedra de que hoy parecen cimientos y se hallan rastros aunque pocos, y porque los que nacían en dicha villa no se lograban a causa del viento Sur, que corriendo sobre la tierra, era tan enfermo que ocasionaba mocezuelo en los niños; después de diez o doce años se mudaron a la Península en que hoy está la Ciudad, que bañada del viento Este que es la brisa y corre de la mar, es saludable y alegre. Esta Península se abrocha a otra con un puente que llaman de los soldados, porque en ella se hacen guardias, y se tiene un fuerte para atalaya del enemigo si intentaren venir por la tierra, para que cortando el puente, den aviso a la Ciudad que está media legua distante: de esta segunda Península, corre a la tierra firme de la Isla, otro puente mayor que llaman Martín Peña porque devió de ser su artífice, y así se quedó con el nombre. En la tierra firme del primer puente hay una fuente de agua dulce que en tiempo de seca, que falta el agua de los algibes de esta Ciudad, la socorre; y corre por dos caños poco menos gruesos que la muñeca y nunca, aunque se adelgazan a menos que un dedo, se ha visto faltar el agua; háse tratado de traer a la Ciudad y por estar más baja no se ha ejecutado. Será población esta Ciudad de quinientos vecinos con razonable casería de piedra y alguna de tabla que llegan a 400; los materiales para fábrica de ellas son los mejores de las Indias, y tan cerca, que dentro de la Ciudad se halla todo el material necesario, y las maderas a menos de dos leguas. Consta de diez Regidores, Alférez mayor, Alguacil mayor, y Depositario general; con elección de Alcaldes ordinarios y otros dos de la Santa Hermandad, un procurador general, un fiel executor y un mayordomo de Ciudad con su portero, y a todos los Cabildos preside el Gobernador.

San Juan (detalle)

Las armas que tiene le dio su Magestad, año 1511, siendo procurador un vecino llamado Pedro Moreno; son: un cordero (de San Juan que es su patrón) con su banderilla, y el cordero sobre un libro, y todo sobre una Isla verde que es la de Puerto-Rico, y por los lados una F. y una Y. que dicen Fernando e Isabel, los Reyes Católicos que se las dieron e hicieron igual en todos los privilegios y mercedes a la Isla Española; como lo dice Antonio de Herrera en su Crónica general de las Indias. La infantería es de cuatrocientos soldados con dos capitanes, un sargento mayor y un castellano en la fuerza de San Phelipe del Morro, que se hizo antes de la cerca de la Ciudad, y para su planta mandó Su Magestad al Maese de campo Juan de Tegeda, cuando vino por Gobernador a la Havana, que pasase por este puerto y con Juan Heli su ingeniero mayor la designare, como la hizo el año 1584, y así esta planta y la del Morro de la Havana, me parecen una, con diferencia de que esta fuerza es mayor, porque tuvo más planicie por donde correr, y la de la Havana más fuerte, por ser por la mar y la tierra fundada sobre peñas que hay; está solo por la banda de la mar. Hase gastado en dicha fábrica del Morro aunque le falta la entrada cubierta y otros reparos, un millón y novecientos mil ducados, y si se acabare, llegará a dos millones sin lo que ha costado la cerca, que con lo que han dado los vecinos en voces, pasa de doscientos mil ducados; (…) La fuerza del Morro dicho tiene ochenta y cuatro piezas de artillería, y algunas piezas que arrojan treinta libras de bala, las setenta son de bronce y las otras de hierro colado.

En la Ciudad Iglesia Catedral, antiquísima, y que comenzó con gran fábrica, si se acabara. Es su patrón y titular Señor San Juan Bautista, y tiene por armas un cordero con diadema sobre unos islotes. El cordero atravesado con una cruz, metido dentro de; un círculo que tiene estas letras «Joannes est nomen eius.» Su obispado tiene corta-renta con sus prebendados, que son ocho, porque aunque eran nueve, se mandó consumir una canonjía para la Inquisición, habrá ocho o nueve años, y así hay Dean, Arcediano y Chantre, tres Canónigos y dos Racioneros, pertiguero y portero. Los réditos de Misas de Capellanía, cantadas y rezadas, que tiene la Iglesia con veinte y seis mil y docientos reales de plata. Los diez y seis mil de misas cantadas, y los diez mil doscientos de Misas rezadas, y ésta la principal renta con que cortamente se sustentan, porque los diezmos valen poco, y así tienen suplicado a Su Magestad se la acreciente, y parece justo: en esta Santa Iglesia, aunque no hay canongía magristral, tiene dotación de cien ducados de renta cada año para un maestro de Gramática, que la lee de ordinario a los hijos de los vecinos de ella, y se paga la dicha renta con título de maestro de Gramática.

El convento del Señor Santo Thomas del orden Dominico, también tiene muchas Capellanías que valdrán la mitad de lo que a la Iglesia; es convento grave y en tal asiento fundado, que mueve a devoción juntamente con las Imágenes que tiene, entre las cuales está en el altar de Señor San Joseph, Nuestra Señora de Betlen, un cuadro pequeño como de tres cuartas y antiquísimo, pero tan lindo y lucido como si acabara de hacerse, haviendo más de cien años que está en el dicho convento; esta Santa imagen estuvo muchos años en el dormitorio del convento en Altar particular, y por tradición se tiene, que le cantaban algunas noches a Maitines los ángeles, y siempre los religiosos de aquel convento y vecinos la han tenido y tienen en suma veneración. También hay otra Imagen más nueva, de bulto, que se trajo ha treinta y cuatro años de Sevilla, que es de la advocación de Nuestra Señora de Candelaria; y estando el navío para quedarse en aquella flota por la mucha agua que hacía, así como entró la Imagen Santísima estancó el agua e hizo el viage hasta esta Ciudad sin hacer ninguna, y en ella ha obrado muchos milagros y conmigo dos, que por la brevedad no refiero, pero es cierto que si no fuera ansi no lo dijera, y siendo necesario, lo juro, y suplico no se deje de hacer memoria de estas dos devotas Señoras, la de Betlen y Candelaria, del convento de Señor Santo Thomas. Los religiosos ordinarios son treinta, porque hay casa de noviciado que alcanzó el Provincial de esta orden, fray Jorge Cambero, como natural de esta Ciudad, el año de 1645, que aunque la hubo antiguamente, se había reducido a Santo Domingo, y ansi mismo puso casa de estudio de artes y de Gramática para los novicios y vecinos de la Ciudad que quisieren estudiarlos y hoy se está fabricando nueva casa de noviciado, para que en ella se hagan generales los estudios.

El convento de Señor San Francisco, es nuevo, que la licencia se alcanzó el año de 1642, aunque los Religiosos vinieron antes ocho años, con intento de fundarle a instancia de Don Francisco de Villanueva y Lugo, Depositario general de esta Ciudad, que se halló el año de 1633 en la de Santo Domingo, y por devoción de nombre y del Santo, pidió a los Religiosos que iban a hacer su capítulo a la ciudad de Caracas, tratasen de fundar en esta Ciudad; y así le hicieron a que ayudó el Obispo Don Juan López Agurto de la Mata que se halló entonces en la visita de la isla Margarita.

La licencia para el convento de Monjas que se suplicó a Su Magestad se fundase en esta Ciudad, se alcanzó el año pasado de 1646. La fecha de la Cédula, en Zaragoza a 1º de julio: concedió tres Monjas de Sevilla del orden del Carmen calzado, que así lo quiso Doña Ana de Cauzos natural de esta Ciudad, que es la persona que con su hacienda se ha ofrecido a ser su fundadora; tiene fabricada la casa para el dicho convento junto a la Iglesia Catedral, en casa particular suya y que antes fue colegio de estudiantes donde se leía gramática con vocación antigua de Señor San Idelfonso, y por ser de la Iglesia se vendió con otras que tenía por parecer al Obispo Don Juan López Agurto de la Mata que era de más útil a la Santa Iglesia de esta Ciudad; y en ella hay dos Hospitales, el uno de la vocación de Nuestra Señora de la Concepción, fundación de un vecino de los antiguos y ricos llamado Francisco Juancho, Vizcayno de nación, pero no se hallan papeles de la antigüedad aunque tiene descendientes legítimos en esta Ciudad. Las elecciones de diputados y mayordomos, se hacen por los Cabildos eclesiástico y secular, alternando cada un año. Tiene este hospital, capellán con cien ducados de renta y casa y servicio y renta de tributos con que se sustenta, e indulgencias a los que murieren, lo que no se sabe más que por tradición, por haberse perdido los papeles, y que algunas personas principales, por gozar de dichas indulgencias, se hacían traer a morir en el dicho hospital. Otro hospital hay más nuevo con vocación de Santiago; que es de la Infantería del presidio; la casa es de Su Magestad, y la renta de la misma Infantería, que de sus sueldos le sustentan y también algunos tributos, que a los principios pusieron sus fundadores, aunque pocos. Hermitas hay, la de Señora Santa Ana, Señora Santa Bárbara, Señor San Sebastián, y había la de Señora Santa Catalina, y por que cayó fuera de la muralla, la deshizo Don Iñigo de la Mota Sarmiento, Gobernador que fue de esta Ciudad, y sobre la misma muralla, le hizo otra capilla y altar donde se celebra su fiesta en su día.

En la isleta en que está fundada la Ciudad, que será de media legua de largo, no se halla agua manantial y así se han hecho en las casas, algibes, y cuando falta, se acude a la fuente que está media legua, y por mar y tierra se trae a la Ciudad; y también del río que se llama Bayamón, que sale a la misma bahía de frente de las casas Reales del Gobernador, y otro que llaman Río-piedras que también sale a la misma bahía; y ambos son de escelente agua, porque todas las de la Isla, como son de oro, se tienen por bonísimas y muy digestivas, pero la más delgada, habiéndolas pesado todas, fue la del Aybonito, cerca del valle de Coamo, como dos leguas: y después de ésta, la del río Guanajibo, que es donde está fundada la villa de San Germán, y tiene este río, piedras salutíferas para mal de hijada, flujos de sangre, dolores de cabeza, y hacer venir la leche a las mugeres paridas que no la tienen, y otros males de estómago y diversas enfermedades, y así se llevan a todas las partes de estas Indias y a España, por ser la virtud suya conocida en todas ellas.

En dicha villa de San Germán hay tres cosas de grande estimación que son el río Guanajibo de agua muy saludable, una excelente campana, y una Imagen de la Concepción en lienzo de admirable mano y hermosura, que está en el hospital de la dicha villa donde hay también un convento del orden de Santo Domingo; y en la Aguada hubo en los principios de su fundación otro convento de Señor San Francisco, que es el que ahora se ha transferido a esta Ciudad con pretesto de reedificación por la contradicción que le hicieron los frayles Dominicos, y deshizóse aquel convento porque los indios caribes, que entonces infestaban mucho la Isla, martirizaron cinco religiosos a flechazos de que no he podido saber los nombres por la antigüedad y falta de archivos y papeles, pero es cierto que fue la causa de su despoblación, el martirio de estos Santos religiosos, que como entonces había pocos y eran menester para obreros de esta nuestra viña del Señor, quisieron guardarse para confesores, los que quedaron, más que para mártires.

Tienen en dicha villa una Imagen en el sitio que llaman el Hormiguero, de la vocación de Nuestra Señora de Monserrate, es pintura del grandor de tres cuartas de largo, en hermita particular, y con tributos para su renta; de gran devoción y algunos milagros; y dejando de referir muchos, fue notorio que el mayordomo de dicha capilla llamado Giraldo González, tuvo entre otras una hija que, de edad de ocho años, se le perdió en los montes que en aquella parte son de grandes sierras y alturas, y enviándola a buscar a muchas personas; al cabo de quince días hallaron la niña buena y contenta, y la ropa sana, como cuando se perdió: y preguntándola como había vivido sin sustentarse, dijo que una muger la había dado de comer todo aquel tiempo, alhagándola y acariciándola como madre: de que se entendió ser la de misericordia y Virgen de Monserrate, de quien el dicho su padre era devoto, y fundador de la hermita que hoy tiene, crecida su devoción con milagros que obra con la gente de aquella villa cada día. Es población la dicha villa de San Germán de doscientos vecinos, y está sugeta al Gobernador y capitán general de esta Ciudad, que pone teniente de su mano, pero tiene jurisdicción separada. Regidores y Alcaldes ordinarios, que como villa, elije cada año, con alférez mayor y alguacil mayor y escribano de Cabildo y público.

El valle de San Blas de Coamo tiene otra hermita, demás de la Iglesia, con vocación de alta gracia, y también es de gran devoción, y su Imagen, pequeña, de bulto, de tamaño de una vara, y tiene tributos con que se sustenta la lámpara que es de plata, como la de la Iglesia del dicho valle, y está veinte leguas de esta Ciudad y será población de cien vecinos. La otra población; que está doce leguas de esta Ciudad, se llama San Felipe del Arecibo; tiene el mejor río con el mismo nombre de quien le tomó el pueblo, que yo creo que es el mejor que hay en la Isla; ancho, claro, bajo de buen agua y buen pescado y su ribera es de las mejores, para la labranza de gengibre y cacao, de cuantas hay en la Isla; el puerto es de costa brava, y así los bajeles paran poco en él porque cualquiera norte los echaría a la costa de fuera. Es tan hermosa la vista, que los enemigos le llenan jardín dorado, y el río donde está poblado el lugar, que será de cuarenta vecinos, por media legua corre tan a la orilla de la mar a donde sale, que no hay más de la mar al río, de como cuarenta pasos, que es de grande alegría a los que le miran; y es de manera, que podrán pescar con cordel, a un mismo tiempo, en la mar y en el río, más de media legua dentro de la boca, que no se podrá hacer en otro río de la Isla. Tiene este lugar, demás de la Iglesia, otra hermita de Nuestra Señora del Rosario donde van las proseciones, y con renta y capellanía de Misas que dejó un vecino y natural de aquel pueblo, llamado Juan Martín de Benavides.

Comentario:

La Descripción de Isla y Ciudad de Puerto-Rico de Diego de Torres Vargas (1646) es producto de la pluma de un intelectual criollo vinculado a lo más selecto de la aristocracia colonial. Torres Vargas nació en 1615 y falleció en 1668. Estudió Cánones Eclesiásticos y Derecho en Salamanca. Su nobleza de sangre estaba fuera de toda duda. Era descendiente de destacados militares por la vía paterna: su padre murió durante la agresión de Balduino Enrico en 1625. A la vez podía presumir de ser descendiente del conquistador Ponce de León por la vía materna. Su relación simbólica con Juan Troche Ponce de León, el más importante intelectual criollo del siglo 16 me parece crucial.

El texto recoge la versión criolla, católica y devocional y rezuma optimismo sobre la gente y la vida colonial. El destinatario es Gil González Dávila, historiador español y autor de un Teatro Eclesiástico de las Primitivas Iglesias de las Indias Occidentales (1649), quien debía usarla como fuente primaria para redacción de las secciones dedicadas a la isla en el mismo. La Descripción…es, por lo tanto, un ejercicio de Historia Eclesiástica que integra la Historia Civil a la Historia Sagrada en el marco teórico Providencialista Agustiniano. En ese sentido, Torres Vargas desemboca en el la práctica de sugerir la praxis de la Fe como un componente determinante de la Identidad. Por ello los valores que utiliza para legitimar la cultura criolla son religiosos: resaltar la pureza, la devoción y el milagro es fundamental para la Descripción… Lo cierto es que el Catolicismo fue un componente del Nacionalismo cultural y político hasta 1950.

Torres Vargas usa las técnicas de los prólogos de la Historiografía Clásica: me refiero a las listas de autoridades episcopales y civiles. Pero también introduce ciertos pretextos míticos a la hora de evaluar la vida insular: el de la Edad de Oro de Hesíodo. La Isla de San Juan Bautista es virgen y, en ocasiones, es equiparada con las Islas Afortunadas: el clima, la geografía y sus recursos son celebrados. El Canónigo elogia de los recursos de la tierra -“aguas son bonísimas y muy digestivas”; “el clima es perpetua primavera”; “las frutas dulces y sabrosísimas”-, planteamiento que recuerdan algunos giros de Colón y a Layfield. Pero también destaca los méritos físicos y morales de los varones incluso su “grande estatura”; y las virtudes de las mujeres -“para casarse, en Puerto Rico”-. Todo ello se consigue por medio de una prosa descriptiva abarrocada, hiperbólica y llena de ornamentos y cultismos.
La opinión sobre el texto varía. Adolfo de Hostos lo leyó como “la primera historia de Puerto Rico” y como una de “las primicias de la cultura literaria en la capital”. Pero Salvador Brau y los hermanos Juan Augusto y Salvador Perea, lo devaluaron sobre la base de que se trataba de que el texto se escribiera a petición de un tercero. Álvaro Huerga lo codifica como un “escrito de ocasión” siguiendo a Brau y los Perea. Sin embargo, el defecto puede ser a veces una virtud. Los escritos de López de Haro y Torres Vargas tienen un carácter “ocasional y privado”. Ello explica las lagunas en los textos, pero también justifica su sinceridad. Se trata de textos híbridos que navegan entre la Historiografía y la Literatura que, sin proponérselo, dialogan en torno a la Cultura Criolla.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Puerto Rico en 1644: Damián López de Haro

Carta del Obispo de Puerto Rico Don Fray Damián López de Haro, a Juan Díez de la Calle, con una relación muy curiosa de su viaje y otras cosas. Año 1644. (Fragmento)

El calor en estos tres meses que yo he existido con ser de caniculares no ha sido tan grande como el de allá porque ordinariamente corren unos aires que llaman aquí brisas, que son muy apacibles y muy sanos, vienen muchas lluvias y a veces como aguaceros sin pensar estando el cielo sereno, porque pasa una nubecilla estando claro y sin ser vista de los que están en las casas por encima y deja caer e1 agua de modo que no sabemos de donde viene, y esto suele suceder en una casa y no en todas y muchas veces al día, pero en acabando de caer se salen a la calle con zapatos blancos porque es toda arenosa.

Cuando es aguacero se suele llebar la brisa y nos deja en calma y con el mismo calor que en España por los caniculares, pero con más; la jente es muy caballerosa y los que no vienen de la casa de Austria descienden del Delfín de Francia u de Cárlo Magno: la vecindad del lugar no llega a 200. vecinos, pero hay quien diga que de solo mugeres con negras y mulatas hay más de 4,000. y estas tan encerradas que aun no salen a Misa, que si bien se atribuye mucho al encojimiento de las criollas, los más cierto es por la miseria y pobreza de la tierra, porque las más de ellas no alcanzan para mantos y vestido y son tan altivas, que dándoselos de limosna un Obispo porque no perdiesen la Misa, muchas no los quisieron recibir y algunas que los recibieron no usaron de ellos por ser de anascote. —Los i soldados son 300. aunque siempre faltan plazas; la Iglesia comenzó de sillería muy buena, pero jamás tuvo con que poderse acabar y dándose por desauciados, sobre dichas paredes de sillería la hizieron de mampostería y mucho menor que la traza; será algo mejor que la de San Sebastián de esa corte; la bóveda de la capilla mayor es de piedra excelentísima y el cuerpo de la Iglesia de buenas maderas y el retablo pobre como la fábrica. Súbese a ella por gradas de piedra y por los tres lados está cercada de una plazuela con parapetos de piedra de mampostería y sillería con algunas palmas de cocos que la adornan y la vista es al mar, al modo todo de nuestra casa de Málaga, y del otro lado están las casas de la dignidad con las mismas vistas, pero todo lo más principal de ellas derribado y quemado del Olandés, de modo que después que vine, he tenido necesidad de labrar cocina y demás oficinas, estrella que me ha seguido desde que nací.

Temo entrar en la relación de las demás cosas, porque son tan siniestras las relaciones de lo que allá me dijeron y yo dejé dicho por su información en algunas visitas, que no se como salir bien de ello sino es con decir que lo más fue mentira, y antes de entrar en la relación por que no se entienda que es llorar lástimas lo que dijere, quede por asentado que con la bondad del clima yo lo paso muy bien y con salud, a Dios gracias, que como pájaro bobo no me aporreo en la jaula y aunque hay algunos trabajos que para otros fueran intolerables, yo los ofrezco a nuestro Señor y los llebo con buen aliento y paciencia.

La invasión Holandesa por Eugenio CaxésEsto supuesto, está tan lejos de comerse la carne de valde en esta tierra y de matar las terneras a su voluntad los esclavos dejándose la carne en el campo y ya por la ganancia de la piel, o ya por la golosina de las mollejas como allá me habían mentido que se pasan muchos días y aun se han pasado semanas después que yo estoy aquí, sin que se haya pesado vaca en la carnicería ni tocino ni otro género de carne, en lugar de la cual se suelen pesar unas tortugas grandes del mar que acá llaman careyes de cuya conchas se hacen allá en España los escritorios y contadores, y tienen la carne como de vaca aunque es peor sustento, y de este ha faltado también aun para mi familia, si bien algunas personas me han presentado terneros y carneros con que lo hemos pasado bien a Dios gracias, que aunque pobremente la mesa es siempre de Obispo de lo que dá de sí la tierra porque con hacer dos o tres guisados de la ternera, alguna ave, y dulces que hay en abundancia y con algunas frutas que diremos después, está la familia contenta y bien mantenida, pero en esta Isla siempre pasan mucho trabajo por no estar cierta la carne en la carnicería todos los días. La arrelde vale 18. maravedís: no solía valer más que a 12. como en la ciudad de Santo Domingo, en este año han subido el precio por animar los ganaderos y la pesan con tasa porque no se vaya acabando. La ciudad está muy pobre, la moneda que en ella se gasta es de pobres porque es de cobre treinta y cuatro cuartos más delgados la mitad que los de allá dan por un real, por el real de a ocho lleban uno o dos reales de premio, y en toda la Isla no se hallarán 8,000. ducados de cuartos y 20,000. de plata porque ha siete años que falta el situado de S. M. y uno que traían ahora dos años de 60,000. pesos lo cogió el enemigo, yo entendí hallar 3,000. o 4,000. ducados de la vacante y no he visto en dinero más que 1,000. reales de cuartos, de pesos de plata 200. por cuenta de diezmos me dan cazabe cada semana para que coma la familia y los pobres, que es el pan de esta tierra que la necesidad les ha enseñado a comerlo, pero a mí no me entra de los dientes adentro aunque lo hacen de diferentes modos y ponen a la mesa uno que es el más florido jaujao.

Por la ciudad se vende pan de trigo a temporadas conforme vienen las ocasiones de la harina, yo traje tres o cuatro barriles de España muy buenos y muy floreados de que al principio me hicieron rosquillas como en Sevilla, pero con la humedad de la tierra se vá corrompiendo de modo que el pan es muy malo como el que se vende cuando lo hay en la plaza, yo fue siempre mal comedor de pan y ahora paso casi ninguno y no me hace falta porque de ordinario ay arroz en la mesa que lo lleba esta tierra que en muchas partes del mundo no tienen otro pan, no faltan algunos biscochos y una fruta que llaman plátanos de que hay grande abundancia y diferencia en los campos, y es el sustento ordinario de los negros y aun de muchos blancos pobres, porque los maduros les sirven de pan y fruta y de los verdes asan como allá las batatas o zanahorias, los labradores las cuezen como castañas y hacen muchos guisados de ellos echo en cazuelas morfies, es una comida sana, la carne es como de camuesa con olor de pera vinosa, despide la cascara como una castaña asada con gran facilidad, otras frutas hay dulces pero muy sosas al gusto, la que llaman piña porque se parece a la España es escelente pero no dura todo el año como los plátanos, sino tres o cuatro meses, la carne es como de limón dulce con alguna punta de agrio que parece a la carne de melocotón muy maduro, pero las entrañas de que se hacen las ruedas tienen más carnosidad y sustancia; de lo que están llenos los campos es de naranjas y limones y limas y cidras todo silvestre pero lo que toca a los naranjos dulces, son más grandes y mejores que los de allá porque los más que he visto hasta ahora han sido verdes y pequeñuelos, algunos que me han traído amarillos tienen la corteza muy fuerte y me parece que si los cultivaran fueran muy buenos y las limas dulces aunque me han traído algunas, de las agrias y de los limones pequeños se sirven ordinariamente las mesas, las cidras son como las de allá, así de ellas como de las calabazas, batatas y otras muchas frutas que lleba el campo hacen muy buenas conservas, porque no les duele el azúcar.

Plano del Morro en 1591 por Juan Bautista AntonelliTodo lo que se compra y vende vale muy caro, una vara de vayete cinco pesos, de tafetán sencillo dos, de rúan otros dos, un adarme de seda un real, por hechura de unas medias cinco pesos, una mano de papel cuatro reales, una libra de cera veinte reales, de el trabajo de un oficial dos pesos, de un peón un peso y esto es cuando se halla porque lo ordinario es mientras que no llega un navío faltar casi todo y los oficiales como en lugar corto, una gallina lo ordinario ocho reales, y cuando estuvo aquí la flota, valiera a diez y doce, un pollo cuatro reales y no siempre se halla y lo peor que a mi ver tiene la ciudad es que no hay una tienda donde poder embiar por nada, si no es que unos a otros truecan o venden o prestan lo que tienen: aunque lo vale 10. maravedís, el pan de cazabe vale real y medio cada torta que tendrá dos libras y media, el maíz aunque no lo gastan en pan lo siembran y cojen, y vale diez y ocho y veinte reales la fanega, allá la tierra adentro hay unas aves tan grandes como gallinas y en el sabor y la bondad como perdices, a mí me han presentado tres o cuatro; pero 12. leguas de aquí dicen que hay muchas bandadas y que las matan a palos, pero la gente es tan olgazana, que no quieren ir por ellas para venderlas y lo mismo pasa en los pescados que aunque hay muchos y muy buenos, y yo he probado, sobre venderlos muy caros no hay quien se aplique a la pesca; todo el trato de esta Isla y la cosecha es de xenxibre y está tan de capa caída que nayde lo compra ni lo quiere llebar a España, en el campo hay muchas estancias y siete Ingenios de azúcar a donde muchos vecinos con sus familias y esclavos asisten la mayor parte del año como en los lugares de Toledo sus herederos. El año 25. saqueó el enemigo esta ciudad y se llebó hasta las escrituras de la Iglesia, y porque no le ofrecieron mucho dinero, quemó muchas casas y entre ellas la de la dignidad, pero el mayor trabajo fue el de la tormenta y tempestad que sobre vino el año 42. por el mismo mes de Setiembre que sucedió la de Burgos cuando derribó el crucero porque aquí derribó la Iglesia y muchas casas, y en el campo arrancó muchos árboles y bujíos y hizo tan grande estrago que dejó esterilizada la tierra hasta hoy que vá volviendo en sí, y es de modo que a todo cuanto falta se disculpa con la tormenta, y biene a ser tormento para mí, porque en virtud de esto me faltan todos los diezmos (de que S. M., Dios le guarde) me ha hecho gracia. De melones que tanto los habían alabado, no he visto más de tres en todo este verano, y estos han sido colorados y no como los buenos de allá, aun no he visto uvas, granadas me han presentado hoy dulces medianas, pero nada se vende en la plaza de todo esto, el trigo se ha sembrado y ha provado bien en algunas partes de tierra, pero lo que se coje de ello y otras semillas que traen de España cuando los vuelven a sembrar se desvanecen y quedan en berzas, y algunas semillas de la primera vez, también hay algún trato aunque pequeño de cueros como en Santo Domingo; y en conclusión lo mejor que tiene esta ciudad son las brisas y el ayre con que todos quedamos con salud a Dios gracias, por donde un hombre a quien pidió una Señora de Santo Domingo que le diese noticias verdaderas de lo que era esta ciudad le respondió en este soneto.

«Esta es Señora una pequeña islilla

falta de bastimentos y dineros,

andan los negros como en ésa en cueros

y hay más gente en la cárcel de Sevilla,

aquí están los blasones de Castilla

en pocas casas, muchos caballeros

Todos tratantes en xenxibre y cueros

los Mendoza, Gusmanes y el Padilla.

Ay agua en los algibes si ha llobido,

Iglesia catedral, clérigos pocos,

hermosas damas faltas de donaire,

la ambición y la embidia aquí an nacido,

mucho calor y sombra de los cocos,

y es lo mejor de lodo un poco de ayre.»

 

También me dijeron en esa corte preguntando si había médico y botica, que no se trataba de eso porque todos estaban sanos y morían de biejos, con que yo juzgué que benía al Paraíso, pero el mes pasado enterramos más de cincuenta y ha abido muchos enfermos, y estoy persuadido a que no se han muerto tanto de mal curados como de mal comidos, porque el sustento de los miserables es la vaca y el carei, y esto ha faltado muchos días y no tenemos que ha de faltar en los que vienen; los animales de cerda que tanto abundaba esta Isla, con la tempestad del año 42. murieron los más y se retiraron a la espesura del monte, en tanto grado, que habiéndose buscado para mí un lechoncillo, en tres meses no se ha podido descubrir, el vino, el vinagre, el aceyte, el pan con todo lo que es necesario para vestirse, viene por el usar, de Castilla o de la nueva España, y aquí estamos tan sitiados de enemigos, que no se atreven a salir a pescar en un barco porque los coge el Olandés.

Aquí llegaron de la Isla española dos fragatas que llevaban socorro a la de San Martín, habiendo salido tres, porque la una iba cargada de azúcar para Cumaná y luego que se apartó, la cojió el enemigo y hecho la gente en el agua a 20. leguas de aquí, cuando yo llegué estaba sitiada la dicha Isla de San Martín y por la buena diligencia del Sr. Gobernador de esta Isla, que les embió socorro a tiempo que estaban ya para entregarse, lebantaron el cerco; pero la voz general que corre es, que dichos corsarios quieren sitiar a Santo Domingo, y acá estamos con cuidado de que hagan allá el tiro y acá la suerte.

Muy grande es la necesidad que tienen estas Islas de barlovento de que faltara en ellas la armada y pudiera nacer algunas presas de importancia, y para sustentarse, hacer S. M. que de la Isla de Santo Domingo poblaran ésta de ganado bacuno, que como he dicho, la tempestad del año 42. acabó casi con todo, pero es tan fértil, que con muy poco que le auxiliaran, volvería luego a poblar.

Mas dejando aparte esto que toca al Gobierno, la familia lo pasa alegremente porque lo que falta de el sustento se suple en abundancia con otros de este país, como son plátanos, arroz, azúcar, pescado, naranjas dulces que hay grande abundancia, y algunas terneras que se matan, pero con la humedad y calor de la tierra no pasan a tercer día.

Luego que llegué traté de confirmar, habiendo primero consagrado los óleos de que tenían mucha necesidad, hice órdenes generales y particulares con el indulto de Su Santidad porque había gran falta de Sacerdotes. He comenzado a predicar y trato de visitar y hacer sínodo, luego pasaremos a la Margarita y a Cumaná, si Dios fuere servido, y de allí me prometo que podremos hacer algún regalo de cacao y perlas, que en esta Isla no se que aya más que xenxibre y alguna azúcar; de esta partiremos con los amigos en recojiendo alguno de los diezmos y acabo con este dulce la relación de viage remitiendo lo demás a la carta.

Comentario:

La Carta (relación) de Fray Damián López de Haro a Juan Díez de la Calle (1644) recoge una imagen  polémica de San Juan Bautista. Se trata de una memoria de la impresión de López de Haro, Obispo a la Diócesis Puerto Rico. El destinatario, Díez de la Calle, era oficial del Consejo de Indias en Madrid y uno de sus hijos era oficial en la Capital de la colonia. El texto desemboca en un cuadro de costumbres bastante pintoresquista y tragicómico y, de paso, confirma la imagen pesimista y negativa dominante entre los peninsulares en torno al país y su gente.

El texto destaca la poca población y el falso orgullo aristocrático de cierta gente cuando indica que “los que no vienen de la casa de Austria, descienden del delfín de Francia u de Carlomagno”. Se trata de un humor bien calculado y ácido. Además, el autor califica a la gente como holgazana, poco emprendedora y temerosa de que “los coja el holandés”, en alusión al trágico episodio de septiembre de 1625: la agresión de Balduino Enrico. El Puerto Rico de San Juan se dibuja como una villa muerta, sin gracia ni grandeza. Esa mirada paródica, satírica y crítica se reiterará posteriormente en algunos pasajes de la novela Los infortunios de Alonso Ramírez (1690) de Carlos Sigüenza y Góngora. Pero no será exclusiva de peninsulares.

Muchos de los pensadores del siglo 19 compartieron aquella postura apoyados en su cultura ilustrada, científica y moderna. Ejemplo de ello es el caso de Luis Bonafoux Quintero, en especial su conocido texto narrativo titulado “El conde de la pendejada” (c. 1887). En Mis memorias (1882) y el relato “El loco de Sanjuanópolis” (1880) , Alejandro Tapia y Rivera convino en posturas análogas. Y en el siglo 20, Antonio S. Pedreira en su Insularismo (1934) reinventó muchas de estas posturas un tanto racializadas. El soneto sobre Puerto Rico que cierra el texto de López de Haro es el arquetipo de una percepción despreciativa del insular por el peninsular que muchos insulares han hecho suya a través de la historia.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

noviembre 8, 2010

Memoria de Johan de Melgarejo (1582)

Memoria y Descripción de la Isla de Puerto Rico Mandada a Hacer por S.M. el Rey Don Felipe II en el año 1582 y Sometida por el Ilustre Señor Capitán Johan de Melgarejo, Gobernador y Justicia Mayor en esta Ciudad e Isla. Archivo de Indias-Patronato.

 

Capítulo 1° Puertorrico es el pueblo principal; no sabe que haya tenido otro nombre en lengua de yndios, más de que toda la isla se llamaba el Boriquén; el nombre español que tiene de Puertorrico se le puso por la mucha riqueza de oro que se halló en ésta; otros han querido decir que se le puso por ser el puerto muy bueno y cerrado y seguro de tormentas.

Capítulo 2° El descubridor y conquistador de esta isla fue Juan Ponce de León, natural de la villa de San Tervás del Campo; conquistóla a su costa por mandado del Almirante D. Diego Colón, hijo del primer descubridor de las Indias; partió para este efeto dende la isla de Santo Domingo del puerto de Xigüey el Viejo, de un lugar que llamaban Salvaleón; la primera vez que vino al dicho efeto, tomó puerto en una punta de esta isla, que llaman el Aguada, questá en la banda del Norte della, y allí tomó ciertos yndios con que hizo amistad y descubrió aver oro, bolvió con la muestra al dicho Almirante, sin conquistalla, con el qual capituló y volviéndola a conquistar y poblar, tomó tierra de la banda del Sur de esta isla, donde fundó un pueblo en el puerto de Guánica, a donde estuvo por thiniente a Don Cristóbal de Sotomayor, Caballero de Galicia, y desde allí se empezó a conquistar esta isla, fue en el año de 1508.

Capítulo 3° El temperamento de la cibdad de Puertorrico y su comarca, que casi es el de toda la isla, es muy bueno y casi todo el año es uno, esceto Diciembre y Enero, que reconoce el tiempo a ymbierno; entre año no es muy caluroso; llueve mucho desde Mayo hasta Setiembre, aunque en esto no hay horden, porque en unos años no guarda esta horden; los vientos que corren de hordinario es el viento Este o el Nordeste, y a las noches salta el viento a la tierra, que son balsares della; por Agosto y Setiembre suele haver tormentas, junta la conjunsión de la luna, que llaman juracanes, y las veces suele hazer grandísimos daños bentando los vientos; pero el que más daño haze es el viento Norte, porque este donde alcanza quema y abrasa las sementeras y derrueca los platanales, que es una fruta que sirve de sustento a falta de pan; y al principio de la población desta isla y muchos años después heran muy ordinarios estos juracanes de dos en dos y de tres en tres años; agora se pasan diez y doce años que no los hay.

Mapa de Theodor De Bry (1590)

Capítulo 4° Esta isla es muy áspera y montosa y doblada y de muchos ríos y arroyos de aguas, que por estremos son muy buenas y sanas, por causa que en todos los más de los arroyos se a hallado y halla oro, y descienden sus nascimientos de cerros y collados donde se han hallado y se cree ay oy ricos nascimientos de oro, aunque en la cibdad de Puertorrico se carece desta agua, por questá su sitio en una isleta distinta de la isla prencipal, y a esta causa no hay agua de río ni quebrada, sino solo de una fuente que mana de arenales y sale junto a la mar, media legua de la cibdad en la isla grande, y pasan a ella; se pasa por una calzada que está sobre la mar, llaman la Fuente de Aguilar, y no se han traído a la cibdad por falta de no tener propio y ser poca la agua, y así se beve agua de algibes, que los hay en las más de las casas; tiene falta de pastos para los ganados y de cada día se espera abrá menos, respecto haber nacido en esta isla unos árboles, que se llaman Guayabo, el qual hecha una fruta como manzanas llenas de pepitas, la qual comen las bacas y bestias y puercos y abes, y donde quiera que tornan a estercolar de las pepitas de cada una sale un árbol, con lo qual se va cerrando la tierra, de tal modo que los ganados no se pueden pastorear y se alzan, ny debajo del fructifica yerba que pueda servir pasto, y ansi de cada día se va más arruinando.

Capítulo 5° Que hubo y se hallaron por copia al tiempo del repartimiento que se hizo quando se ganó la isla, cinco mill yndios y quinientas yndias, sin los que quedaron por repartir, que no están domésticos; y el día de hoy no hay de los naturales ninguno, salvo unos poquitos que proceden de yndios de Tierra-Firme traídos aquí, que serán como doce o quince, y apocáronse por enfermedades que les dio de sarampión, romadizo y viruelas, y por otros malos tratamientos se pasaron a otras islas con caribes, y los que hay no están en el pueblo formado; sirven alguno por soldado y otros están en su haziendillas entre españoles; no hablan en su lengua porque los más dellos son nacidos en esta isla; son buenos cristianos.

Capítulo 6° El altura y elevación del pueblo en que está la cibdad de Puertorrico se berá por el eclisse que yo Juan Ponce de León, por mandado del capitán Juan de Céspedes, Gobernador que fue desta isla, tomé a los quince de julio del año pasado, el qual se envía en este propio nabio a su majestad.

Capítulo 7° En esta isla hay una villa que llaman la Nueva Salamanca o San Germán el Nuevo, el qual fundó el governador Francisco de Solís con el despojo que quedó de un pueblo o villa que se decía Guadianylla, que estaba a la banda del Sur desta isla, y lo quemaron caribes yndios y comarcanos de esta isla y robaron franceses, estaba junto a la mar en una sierra, como media legua de la mar, y a esta causa destar a tanto peligro se pasó la tierra adentro, con acuerdo de la audiencia de Santo Domingo; está la dicha villa de Salamanca quatro leguas de la mar, en donde también han llegado franceses y la han robado, al Oeste desta isla y distante de la cibdad de San Juan treinta leguas; goviernase por thiniente que pone el governador de la cibdad y alcaldes ordinarios; y el temperamento y ayres es lo mismo que corre en la cibdad de Puertorrico; no tiene defensa alguna para corsarios.

(…)

Capítulo 9° La cibdad de Puertorrico, ques la cabeza desta isla, la fundó el dicho Juan Ponce de León, contheniendo en el segundo capítulo, llamóla San Juan por su nombre y fue la fundación de ella en el año de veinte y uno, porque despobló una cibdad que antes había poblado en la dicha isla que estaba como legua y media de lo que agora está poblada, a la cual llamaban Caparra; fue la causa de su despoblación que no se criaban niños, porque todos se morían, respeto de que tenían malas aguas y así pocas, tenía ésta al tiempo que se pobló muchos más vezinos que agora tiene, porque al presente no tiene más de hasta ciento y setenta vezinos y catorce prevendados y clérigos, porque se han ido muchos a Tierrafirme, España y otras partes.

Capítulo 10° El sitio de esta cibdad prencipal, que es la de que en el capítulo antes deste se hace mynsion, es parte del llano y tiene i una altura hazia Un monasterio de frayles dominicos, que en ella ay, como parecerá por el rasguño que con esta vá, y la parte más alta, que es donde está el dicho monesterio, mira al Norte, y la parte más llana, que es al contrario mira al Mediodía.

(…)

Capítulo 14° Por la noticia que se tiene de algunos conquistadores se halla que los yndios desta isla era gente mansa; no comían , carne humana, ni eran sométicos, ni tenían ponzoña; peleaban los de la costa de la mar con flechas y arcos, y los de la tierra adentro con palos a modo de bastones; adoraban al demonio, con el que hablaban, temían a los caribes yndios comarcanos de la parte de Levante desta, que son bravos y guerreros y comen carne humana, y tienen yerba, y hoy en día lo son, y han destruido y destruyen esta isla y son parte muy prencipal para su despoblación y arruinamiento, como se a abisado a su majestad, con ynformaciones, que sobre ello se an embiado a la Casa de la Contratación de Sevilla.

Capítulo 15° En esta isla no hubo cacique que la señorease toda, más de que en cada valle o río prencipal avía un cacique, los quales tenían otros capitanes como thinientes de quien se servían, a los quales llamaban en su lengua nitaynos; y después que fueron repartidos a los españoles, el tributo que daban a sus amos era traellos a las minas a sacar oro y a hazer conucos de cazabe y maíz, ques el mantenimiento desta tierra, y batatas, que era la comida que ellos antes usaban, demás de otras raíces que comían, que se dicen ymoconas, yahutías, guayaros, lerenes y maní. Entiéndase que la principal causa de haberse acabado los yndios, demás de las enfermedades arriba dichas, fue el sacarlos de sus pueblos y llevarlos a las minas y a otras partes fuera de donde nacieron, aunque no los sacaron de esta isla.

Capítulo 16° El asiento de la cibdad de San Juan de Puertorrico es el que está dicho en el capítulo dezimo; pueblo de yndio no ay alguno como está dicho; la villa de la Nueva Salamanca está en una sierra con mal asiento, así por no haber cosa llana en él, como por tener el agua lejos y haber un barro que tiñe como almajara la ropa, en ventando el viento el polvo que se levanta causa hazer lo dicho; el río que más cerca dél pasa se llama Guanaibo.

Capítulo 17° La cibdad de Puertorrico es tierra sana, comúnmente andan los hombres con buenos colores; las enfermedades que en ellas son más peligrosas y más cursan son pasmos, y desto mueren muchos niños en nasciendo, o a lo menos antes de los siete días, y muchos hombres solo de beber un jarro de agua estando sudando: de los remedios que más se usa para curar esta enfermedad, de que suelen escapar pocos, es el fuego, labrándolo junto a la nuca y por el cerro abajo de los riñones y dándoles a beber el sumo de la yerba que llaman tabaco, que es a modo de beleño; en la Nueva Salamanca es lo mismo que esta cibdad en quanto a la salud y enfermedades.

 

Comentario:

Los capítulos 1 y 2 de la Memoria… hacen una síntesis bastante imprecisa de la historia de San Juan Bautista con el propósito de aclarar cualquier duda que el Rey Felipe II pueda tener con respecto a los valores de la posesión y los beneficios de invertir en ella. El capítulo 3 ofrece una serie de generalidades sobre el “temperamento” o clima insular: la lluvia, el calor y la humedad destacan en la misma. El capítulo 4 contrata la naturaleza boscosa y bien irrigada de la Isla Grande con la del Islote de San Juan. Resalta las fuentes de agua potable de la Isleta, y el  peligro que los guayabos representan para los pastos y la industria ganadera que entonces se afirmaba como la principal del país, una vez dejadas atrás la aurífera y la caña de azúcar. La indicación de que había oro en los ríos y que aún quedaban filones sin explotar es interesante. El capítulo 5 comenta la situación de los Indios, su desaparición y las causas de la misma. La presencia de Indios de Tierra-Firme y la alianza con los Caribes, que ya vimos en la obra de Oviedo, se reitera.

El capítulo 7 introduce la Villa de San Germán la cual ya estaba ubicada en la Lomas de Santa Marta, comenta las constantes amenazas extranjeras a la misma y la forma de su gobierno mediante un Teniente de Gobernador. El capítulo 9 y 10 hace lo propio con la Ciudad de Puerto Rico, hoy San Juan Antiguo, y su precedente en Caparra. Las dos poblaciones principales de la colonia, la Villa y la Ciudad, son presentadas al Rey Felipe II con relativa precisión.

Los capítulos 14 y 15 describen a los Indios de la Isla. Fíjense que no se les llama Taínos y que se les decribe con argumentos parecido a los que usó Oviedo Historia… La idea de que son distintos de los Caribes es evidente. La desaparición del Indio se adjudica, sin reparos, al sistema laboral que se les impuso. Los capítulos 16 y 17 comentan la higiene y la salud pública: es una tierra sana donde la amenaza mayor es el pasmo, es decir el tétano o mocezuelo que se enfrenta con infusiones de tabaco.

El autor, Juan Ponce de León y García Troche, es descendiente el conquistador y pone todo su empeño en llamar la atención del Rey sobre las posibilidades de la colonia. Piensa e interpreta a San Juan Bautista como un criollo y en ello radica una de las virtudes de este texto. Los capítulos 31, 32 y 33 pueden ser consultados en Documento y comentario: Memoria de 1582

 

  • Mario R. Cancel
  • Historiador

 

octubre 23, 2010

Crónica de Indias: La Rebelión Arahuaca (1511)

Versión tomada de Gonzalo Fernández de Oviedo. Historia general y natural de Indias. Libro XVI (1535)

Capítulo 5  Que trata de la muerte de don Chripstóbal de Sotomayor y otros christianos: y como escapó Johan Gonçalez, la lengua, con quatro heridas muy grandes, y lo que anduvo assi herido en una noche, sin se curar, y otras cosas tocantes al discurso de la historia.

Tomando a la historia del levantamiento de los indios, digo, que después que los principales dellos se confederaron para su rebelión, cupo al cacique Agüeybana, que era el mayor señor de la isla, de matar a D. Chripstóbal de Sotomayor, su amo, a quien el mesmo cacique servía y estaba encomendado por repartimiento, según tengo dicho, en la casa del cual estaba ; y jugáronlo a la pelota o juegos que ellos llaman del batey, que es lo mesmo. Y una hermana del cacique que tenía D. Chripstóbal por amiga, le avisó y le dixo: “Señor, vete de aquí: que este mi hermano es bellaco y te quiere matar.”

Mineros aruacos

Y una lengua que D. Chripstóbal tenía llamado Johan Goncalez, se desnudó una noche y se embixó o pintó de aquella unción colorada, que se dixo en el libro VIII capítulo VI que los indios llaman bixa con que se pintan para ir a pelear, o para los areytos y cantares y cuando quieren parecer bien. Y como el Johan Gonçalez venía desnudo y pintado y era de noche y se entró entre los que cantaban en el corro del areyto, vio y oyó como cantaban la muerte de D. Chripstóbal de Sotomayor, y de los christianos que con él estaban; y salido del cantar quando vido tiempo y le paresció, avisó a D. Chripstóbal y díxole la maldad de los indios y lo que avían cantado en el areyto y tenían acordado. El qual tuvo tan mal acuerdo, que como no avía dado crédito a la india cacica, tampoco creyó al Johan Gonçalez: la qual lengua le dijo: “Señor esta noche nos podemos yr, y mirad que os va la vida en ello: que yo os llevaré por donde no os hallen.” Pero como su fin era llegado, no lo quiso hacer.

Con todo eso, assi como otro día amaneció, estimulado su ánimo y como sospechoso, acordó de se yr; mas ya era sin tiempo: y dixo al cacique, que él se quería yr donde estaba el gobernador Johan Ponce de León, y él dixo que fuesse en buena hora, y mandó luego venir indios que fuessen con él, y le llevassen las cargas y su ropa, y dióselos bien instintos de lo que avían de hacer; y mandóles que quando viesen su gente, se aleasen con el hato y lo que llevaban y fue assi: que después de ser partido D. Chripstóbal, salió tras él el mismo cacique con gente y alcanzóle una legua de allí de su assiento en un río que se dice Cauyo. [Río Cañas]

Y antes que a él llegasen, alcanzaron al Johan Gonçalez, la lengua, y tomáronle la espada y diéronle ciertas heridas grandes, y queríanle acabar de matar: y como llegó luego Agüeybana, dixo la lengua, en el lenguaje de los indios: “Señor, ¿por qué me mandas matar? Yo te serviré y seré tu naboría,” y entonces dixo el cacique: Adelante a mi datihao  [guaitiao o hermano] (que quiere decir mi señor, o el que como yo se nombra), dexa ese bellaco.” Y assi le dexaron, pero con tres heridas grandes y peligrosas, y passaron y mataron a D. Chripstóbal y a los otros chripstianos que yban con él (que eran otros quatro) a macanazos; quiero decir con aquellas macanas que usan por armas, y flechándolos.

Y hecho aquesto, volvieron atrás para acabar de matar al Johan Gonçalez, la lengua; pero él se había subido en un árbol y vido como le andaban buscando por el rastro de la sangre, y no quiso Dios que le viessen ni hallasen; porque como la tierra es muy espessa de arboledas y ramas, y él se avía desviado del camino y emboscado, se escapó desta manera. Y fuera muy grande mal si este Johan Gonçalez allí muriera, porque era grande lengua; el qual después que fue de noche, baxó del árbol y anduvo tanto que atravesó la sierra de Xacagua, y créese que guiado por Dios o por el ángel, y con favor suyo tuvo esfuerço y vida para ello, según yba mal herido. Finalmente él salió a Coa [Toa], que era una estancia del rey; pero él creía que era el Otuao, donde penssaba que lo avían de matar, porque era tierra aleada y de lo que estaba rebelado; pero su estimativa era hija de su miedo con que yba; y avía andado quince leguas más de lo que se penssaba. Y como allí avía chripstianos, viéronle; y él estaba ya tal y tan dessangrado y enflaquecido, que sin vista cayó en tierra. Pero como le vieron tal, socorriéndole con darle algo que comió y bebió y cobró algún esfuerço y vigor, y pudo hablar, aunque con pena, y dixo lo que había passado.

Y luego hicieron mandado al capitán Johan Ponce notificándole todo lo que es dicho: el qual luego apercibió su gente para castigar los indios y hacerles la guerra. En la cual sazón llegó el Diego de Salaçar con la gente que avía escapado con él, según se dixo en el capítulo de suso. Y luego Johan Ponce envió al capitán Miguel de Toro con quarenta hombres a buscar a Don Chripstóbal, al qual hallaron enterrado (porque el cacique le mandó enterrar) y tan somero o mal cubierto que tenía los pies de fuera. Y este capitán y los que con él yban hicieron una sepultura, en que lo enterraron bien, y pusieron a la par della una cruz alta y grande. Y aqueste fue el principio y causa de la guerra contra Agüeybana y los otros indios de la isla de Boriquen, llamada ahora Sanct Johan.

(…)

Capítulo 8 Como los indios tenían por inmortales a los chripstianos luego que pasearon a la isla de Sanct Johan, y como acordaron de se alear y no lo osaban emprender hasta ser certificados si los chripstianos podían morir o no. Y la manera que tuvieron para lo experimentar.

Por las cosas que avían oído los indios de la isla de Sanct Johan de la conquista y guerra passadas en esta Isla Española, y sabiendo, como sabían ellos, que esta Isla es muy grande y que estaba muy poblada y llena de gente de los naturales della, creían que era imposible averla sojuzgado los chripstianos, sino porque debían ser inmortales, y por heridas ni otro desastre no podían morir; y que como avían venido de hacia donde el sol sale, assi peleaban; que era gente celestial e hijos del Sol, y que los indios no eran poderosos para los poder ofender. Y como vieron que en la isla de Sanct Johan ya se avían entrado y hecho señores de la Isla, aunque en los chripstianos no avía sino hasta doscientas personas pocas más o menos que fuessen hombres para tomar armas, estaban determinados de no se dexar sojuzgar de tan pocos, y querían procurar su libertad y no servirlos; pero temíanlos y pensaban que eran inmortales.

Hamaca aruaca

Y juntados los señores de la Isla en secreto, para disputar desta materia, acordaron que antes que se moviessen a su rebelión, era bien experimentar primero aquesto, y salir de su dubda, y hacer la experiencia en algún chripstiano desmandado o que pudiessen aver aparte y solo; y tomó a cargo de saberlo un cacique llamado Urayoán, señor de la provincia de Yagüeca, el qual para ello tuvo esta manera. Acaescióse en su tierra un mancebo, que se llamaba Salcedo y passaba a donde los chripstianos estaban, y por manera de le hacer cortesía y ayudarle a llevar su ropa, envió este cacique con él quince o veinte indios, después que le ovo dado muy bien de comer y mostrádole mucho amor. El qual yendo seguro y muy obligado al cacique por el buen acogimiento, al pasar de un río que se dice Guaorabo, que es a la parte occidental y entra en la bahía en que agora está el pueblo y villa de Sanct Germán, dijerónle: “Señor, quieres que te passemos, porque no te mojes,” y él dijo que sí, y holgó dello, que no debiera, siquiera porque demás del peligro notorio en que caen los que confían de sus enemigos, se declaran los hombres que tal hacen por de poca prudencia. Los indios le tomaron sobre sus hombros, para lo qual se escogieron los más recios y de más esfuerço y quando fueron en la mitad del río, metiéronle debajo del agua y cargaron con él los que le passaban y los que avían quedado mirándoles, porque todos yban para su muerte de un acuerdo, y ahogáronle; y después que estuvo muerto sacáronle a la ribera y costa del río, y decíanle: “Señor Salcedo, levántate y perdónanos que caymos contigo, e iremos nuestro camino.” Y con estas preguntas y otras tales le tuvieron assi tres días, hasta que olió mal, y aun hasta entonces ni creían que aquél estaba muerto ni que los chripstianos morían.

Y desque se certificaron que eran mortales por la forma que he dicho, hiciéronlo saber al cacique, el qual cada día enviaba otros indios a ver si se levantaba el Salcedo; y aun dubdando si le decían verdad, él mismo quiso yr a lo ver, hasta tanto que passados algunos días, le vieron mucho más dañado y podrido a aquel pecador. Y de allí tomaron atrevimiento y confiança para su rebelión, y pusieron en obra de matar los chripstianos, y alearse y hacer lo que tengo dicho en los capítulos desuso.

Capítulo 9 De las batallas y recuentros más principales que ovo en el tiempo de la guerra y conquista de la isla de Sanct Johan, por otro nombre dicha Boriquen

Después que los indios se ovieron rebelado y muerto la mitad o quassi de los chripstianos, y el gobernador Johan Ponce de León dio orden en hacer los capitanes que he dicho y poner recaudo en la vida y salud de los que quedaban vivos, ovieron los chripstianos y los indios la primera batalla en la tierra de Agüeybana, en la boca del río Coayuco, a donde murieron muchos indios, assi caribes de las islas comarcanas y flecheros, con quien se habían juntado como de los de la tierra que se querían passar a un isleta que se llama Ángulo, que está cerca de la isla de Sanct Johan a la parte del Sur como lo tengo dicho. Y dieron los chripstianos sobre ellos de noche al quarto del alba, e hicieron grande estrago en ellos, y quedaron deste vencimiento muy hostigados y sospechosos de la inmortalidad de los chripstianos. Y unos indios decían que no era possible sino que los que ellos avían muerto a trayción avían resucitado; y otros decían que do quiera que oviesse chripstianos, hacían tanto los pocos como los muchos. Esta batalla venció el gobernador Johan Ponce, aviendo para cada chripstiano más de diez enemigos; y passó desde a pocos días después que se avían los indios alçado.

Desde allí se fue Johan Ponce a la villa de Caparra, y reformó la gente y capitanías con alguna más compañía que avía, y fue luego a assentar su real en Aymaco [Río Culebrinas], y envió a los capitanes Luys de Añasco y Miguel de Toro a entrar desde allí con hasta cinquenta hombres, y supo como el cacique Mabodamoca [de Guajataca] estaba con seyscientos hombres esperando en cierta parte, y decía que fuessen allá los chripstianos, que los atendería y tenía limpios los caminos. Y sabido esto por Johan Ponce, envió allá al capitán Diego de Salazar, al qual llamaban capitán de los cojos y de los muchachos; y aunque parecía escarnio por su gente la más flaca, los cuerdos lo tomaban por lo que era razón de entenderlo, porque la persona del capitán era tan valerosa, que suplía todos los defetos y flaqueza de sus soldados, no porque fuessen flacos de ánimo, pero porque a unos faltaba salud para sofrir los trabajos de la guerra, y otros que eran mancebos, no tenían edad ni experiencia. Pero con todas estas dificultades llegó donde Mabodamoca estaba con la gente que he dicho, y peleó con él, e hizo aquella noche tal matanza y castigo en los indios que murieron dellos ciento y cinquenta, sin que algún chripstiano peligrasse ni oviesse herida mortal, aunque algunos ovo heridos; y puso en huyda los enemigos restantes.

Piña de las Antillas

En esta batalla Johan de León de quien atrás se hizo memoria, se desmandó de la compañía por seguir tras un cacique que vido salir de la batalla huyendo, y llevaba en los pechos un guanín o pieza de oro de las que suelen los indios principales colgarse al cuello; y como era mancebo suelto alcançole y quísole prender; pero el indio era de grandes fuerças y vinieron a los braços por más de un quarto de ora, y de los otros indios que escapaban huyendo, ovo quien los vido assi trabados en un barranco donde estaban haciendo su batalla, y un indio socorrió al otro que estaba defendiéndose del Johan de León, el qual porque no paresciesse que pedía socorro, oviera de perder la vida. Pero no quiso Dios que tan buen hombre assi muriesse, y acaso un chripstiano salió tras otro indio y vido a Johan de León peleando con los dos que he dicho, y en estado que se viera en trabaxo o perdiera la vida; entonces el chripstiano dexó de seguir al indio, y fuele a socorrer, y assi mataron los dos chripstianos a los dos indios que eran aquel cacique, con quien Johan de León se combatía primero, y al indio que le ayudaba o le avía socorrido. Y desta manera, escapó Johan de León del peligro, en que estuvo.

Avida esta victoria y vencimiento que he dicho, assi como esclaresció el día, llegó el gobernador Johan Ponce de León por la mañana con la gente que él traía y la retaguarda, algo desviado del capitán Diego de Salaçar y no supo cosa alguna hasta que halló los vencedores bebiendo y descansando de lo que avían trabaxado, en espacio de tiempo de dos horas y media o tres que habían peleado con los enemigos. De lo qual todos los chripstianos dieron muchas gracias a nuestro Señor porque assi favorescía y ayudaba milagrosamente a los chripstianos.

Capítulo 10 De otra guazábara o recuento que ovieron los españoles con los indios de la isla de Boriquen o de Sanct Johan

Después que se passó la batalla, de quien se tracto en el capítulo precedente, juntáronse la mayor parte de los indios de la isla de Boriquen; y sabido por el gobernador Johan Ponce ovo nueva como en la provincia de Yagüeca se hacía el ayuntamiento de los contrarios contra los chripstianos, y con entera determinación de morir todos los indios o acabar de matar todos los chripstianos, pues eran pocos y sabían que eran mortales como ellos. Y con mucha diligencia el gobernador juntó sus capitanes, y poco más de ochenta hombres, y fue a buscar a los indios, los quales passaban de once mil hombres; y como llegaron a vista los unos de los otros quassi al poner del sol, assentaron real los chripstianos con algunas ligeras escaramuzas; y como los indios vieron con tan buen ánimo y voluntad de pelear los españoles, y que los avían ydo a buscar, comenzaron a tentar si pudieran de presto ponerlos en huyda o vencerlos. Pero los chripstianos comportando y resistiendo, assentaron a su despecho de los contrarios, su real muy cerca de los enemigos, y salían algunos indios sueltos y de buen ánimo a mover la batalla; pero los chripstianos estuvieron quedos y en mucho concierto y apercibidos junto a sus banderas, y salían algunos mancebos sueltos de los nuestros y tornaban a su batallón, aviendo fecho algún buen tiro de asta o de ballesta.

Y assi los unos y los otros temporiçando esperaban que el contrario principiasse el rompimiento de la batalla; y assi atendiéndosse los unos por los otros, siguióse que un escopetero derribó de un tiro un indio, y creyóse que debiera ser hombre muy principal, porque luego los indios perdieron el ánimo que hasta aquella hora mostraba y arredraron un poco atrás su ejército donde la escopeta no alcançasse. Y assi como la misma noche fue bien oscuro se retiró para fuera el gobernador, y se salió con toda su gente, aunque contra voluntad y parescer de algunos porque parescía que de temor rehusaban la batalla; pero en fin a él le paresció que era tentar a Dios pelear con tanta moltitud y poner a tanto riesgo los pocos que eran, y que a guerra guerreada, harían mejor sus hechos que no metiendo todo el resto a una jornada: lo cual él miró como prudente capitán, según paresció por el efeto y subcesso de las cosas adelante.

Comentario:

Los capítulos 5, 8, 9 y 10 de la Crónica de Fernández de Oviedo, contiene una de las versiones más difundidas de la rebelión de los arahuacos insulares de Puerto Rico, llamado hoy taínos, contra los españoles en 1511. He separado los capítulos en párrafos breves para facilitar su lectura y he apuntado algunas referencias geográficas para comprender el escenario de la guerra.

La idea de que se trata de una Guerra Santa y de que los arahuacos insulares tuvieron el apoyo de los Caribes, me parecen puntos cruciales. Del mismo modo, el carácter mágico de la guerra que proyectan los arahuacos insulares, contrasta con la táctica racional de los españoles. La invención del Conquistador Heroico tiene en Sotomayor, Ponce de León y González y el escopetero León, excelentes modelos. El Mártir se personifica en Salcedo. La imagen del arahuaco insular rebelde contrasta vivamente con aquellas. La devaluación del arahuaco es tal que Sotomayor no da crédito a la conspiración cuando se la confiesa la hermana del cabecilla. Sin embargo la acepta como real cuando quien la delata es González, el traductor o lengua.

La forma en que se configura el Héroe, combinando racionalidad y sagacidad, devalúa al Indio. González es el mejor modelo de ello y cuando se contrasta su capacidad para el engaño con la de los arahuacos que ahogan a Salcedo, el texto justifica la primera pero censura la otra. El Héroe es capaz de alcanzar extraordinarios extremos: la travesía desde el oeste de la isla hasta el Toa en el noreste, es una tarea titánica que resulta inconcebible pero no imposible. La devaluación de la racionalidad del Indio se confirma con el relato de su percepción de los Cristianos como inmortales. Lo más probable es que los asociaran con seres excepcionales provenientes del Oriente, como sucede en buena parte de los mitos  Indoamericanos y que los vincularan a alguna promesa de retorno de seres celestes que estuviese por cumplirse. La noción de la inmortalidad posee un fuerte contenido semántico ligado a la tradición cristiana que oscurece el texto. Los arahuacos conocían la idea de la inmortalidad pero más bien la adjudicaban a sus hombre másgicos tales como los behíques y, probablemente, sus caciques.

La descripción de las batallas es valiosa en especial cuando se compararan los movimientos de una y otra tropa. El relato sugiere que, como en el caso del resto de América, los naturales hacían un tipo de guerra en donde la táctica racional era menos influyente que la magia. La idea de que el opositor era un ser mágico, debió ser crucial en la actitud de los combatientes arahuacos: con toda probabilidad peleaban a sabiendas de que iban a ser derrotados por el Otro y los Cristianos lo sabían y fueron capaces de sacar ventaja de ello. La Magicalidad que expresan los Indios y la Sacralidad que los Cristianos otorgan a la Guerra Santa son diferentes, como se demuestra en el texto.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor
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