Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

noviembre 29, 2009

Mensaje en la víspera de las elecciones de 1952

  • Gilberto Concepción de Gracia
  • Presidente del PIP

Ya faltan sólo siete días para que nuestro electorado acuda a las urnas —el 4 de noviembre— a decidir con sus votos si ha de continuar el gobierno irresponsable y despilfarrador que padecemos rigiendo los destinos de nuestra patria, o si ha de poner las riendas del gobierno en manos capaces y responsables al pueblo de Puerto Rico.

El Partido Independentista Puertorriqueño, el nuevo partido que el pueblo ha creado con un nuevo programa y una nueva actitud ante los problemas de administración pública, comparece ante la conciencia honrada de nuestras muchedumbres campesinas y obreras y de la clase media, y les pide su voto en las urnas el próximo 4 de noviembre para terminar con el desgobierno, con la corrupción, con la irresponsabilidad, con el atropello y con el sistema colonial. Para lograr tal objetivo es preciso hacer el 4 de noviembre una cruz —una sola cruz— debajo de la bandera de la cruz, que es la insignia del Partido Independentista Puertorriqueño en la papeleta electoral.

Ayer demostré que el Partido Popular, a consecuencia de la traición de su Presidente y hoy gobernador colonial de Puerto Rico, no cumplió con la promesa que le hiciera al electorado de liquidar la colonia en nuestro suelo.

Revelé detalles de dos conferencias sostenidas con el Presidente del Partido Popular y hoy gobernador colonial de Puerto Rico en 1944 en las que él contrajo el compromiso de presentar para su aprobación en la legislatura legislación encaminada a poner fin a la colonia mediante la consulta al pueblo, en unas elecciones especiales, de si quería que Puerto Rico se constituyera en un pueblo libre o fuera admitido como un estado federado norteamericano.

Indiqué que el gobernador de Puerto Rico y Presidente del Partido Popular no cumplió su palabra empeñada. Agrego ahora que no la cumplió, a pesar de que me autorizó, al hacer el compromiso, a aplicarle los calificativos más fuertes si no cumplía su palabra.

Invité hoy al Presidente del Partido Popular, y a un mismo tiempo Gobernador colonial de Puerto Rico, a negar mis palabras, si podía, y de aceptarlas, como es de rigor que las acepte, a explicar las razones que tuvo para violar su compromiso y el compromiso del Partido Popular Democrático, de resolver el problema de status político sobre la base de una consulta pública, hecha directamente al pueblo, para que éste dijera si quería su soberanía en la independencia o si la quería en la estadidad, únicas fórmulas de status político proclamadas por Muñoz Marín como capaces de dotar de soberanía, o sea, de autoridad política última, al pueblo de Puerto Rico.

Muñoz Marín no ha contestado mi pregunta todavía, pero tiene la oportunidad de hacerlo dentro de breves minutos. Yo espero que lo hará.

Ahora bien, a partir de 1945 Muñoz Marín, a pesar de realizar actos contrarios a la independencia, le decía a los populares en privado que él era independentista y que en su oportunidad él haría la independencia de nuestra patria. Llamaba impacientes a los que querían que no se esperara más y caracterizaba como inoportuna toda reclamación de que se nos reconociera nuestra soberanía.

Así como tomó como pretexto de 1940 a 1944 el que el Partido Popular no tenía de dominio de ambas cámaras, de 1944 a 1948 se amparó en la alegación primero de que había que esperar que terminara la segunda guerra mundial y después que había que esperar que subieran nuestros índices económicos.

Había que esperar, que esperar, que esperar. Siempre la espera. Mañana sí, pero nunca hoy. Esa era la filosofía engañosa y perversa que ponía en práctica Muñoz Marín.

Le decía a los populares que no acudieran a los Congresos Pro Independencia porque él iba a hacer la independencia. Argumentaba que tenían que mantenerse todos los líderes en silencio, que había que hacer el sacrificio del silencio, para no poner en peligro el advenimiento de la independencia traída por él, Luis Muñoz Marín.

A mí me dijo personalmente en 1944 que era independentista, que el silencio que había mantenido por espacio de cuatro años le había quemado las entrañas y me gritó, citamos: “Gil­berto, Quítame esas amarras, Quítame esas amarras”. Cuando así hablaba se refería a que quería que le escribiera la carta que a solicitud suya le envié, consultándole cuándo iba el Partido Popular a hacer la consulta sobre status político.

Después de celebradas en Washington las vistas en torno al proyecto Tydings, yo denuncié ante el país las prácticas saboteadoras de la independencia y de la estadidad, realizadas en Washington por Luis Muñoz Marín.

Yo era entonces Presidente del Congreso Pro Independencia. Muñoz Marín declaró incompatible la condición de popular con la condición de miembro del Congreso Pro Independencia. Pero le dijo a los miembros de su partido que él era independentista y que él iba a traer la independencia a Puerto Rico.

Llegadas las elecciones de 1948 hizo grandes esfuerzos para atraerse a los partidarios de la independencia y de la estadidad. Con ese propósito hizo aprobar unas bases programáticas en las que el Partido Popular, a solicitud de su Presidente, se comprometía a gestionar del Congreso la aprobación de una ley mediante la cual se facultara a nuestra legislatura para, en cualquier momento que entendiera que el desarrollo económico del país lo justificara, consultar al pueblo sobre si quería la independencia o la estadidad, fórmulas que fueron declaradas como las que pueden resolver el problema de soberanía de Puerto Rico. Muñoz hizo además el compromiso en el programa de gestionar del Congreso el que se comprometiera a respetar el derecho de opción del pueblo de Puerto Rico. En otras palabras, Muñoz se comprometía a obtener del Congreso que pusiera en manos de la legislatura el poder de declarar cuándo se debía consultar a nuestro pueblo sobre el problema del status político y a obtener una declaración del Congreso comprometiéndose a respetar la voluntad expresada en las urnas por el electorado puertorriqueño.

Muñoz no cumplió su promesa. Por el contrario, después de las elecciones de 1948 Muñoz se dedicó a combatir tanto la independencia como la estadidad. Abiertamente empezó a meterle miedo al pueblo y a tratar de desacreditar el estado y la independencia.

Manifestó que a la puerta de la independencia estaba un toro bravo para fajarnos y a la puerta de la estadidad un tigre hambriento para devorarnos. Así se burló Muñoz de los millares de independentistas que todavía en 1948 creían en él y votaron por él creyendo que era independentista.

En 1949 Muñoz intensificó su campaña en contra de la independencia. La combatió en todo foro: ante el pueblo de Puerto Rico, ante la Conferencia de Territorios Dependientes, ante la Organización de Estados Americanos, ante el Congreso de Estados Unidos y ante todo el mundo civilizado. Se convirtió entonces en un aliado abierto de las fuerzas reaccionarias que quieren mantener a nuestra patria en estado de coloniaje.

Se entregó en manos de los ricos, de los poderosos, de los latifundistas, de los banqueros, de los pulpos navieros, de los inversionistas ausentes, de los bonistas de Wall Street, de las fuerzas de la gran finanza, en fin, de todos aquellos intereses que se benefician con la colonia y no quieren la libertad de Puerto Rico.

Entonces sus amigos dejaron de ser los defensores de la independencia en el Partido Popular y fueron sustituidos por los coloniales y por los renegados del ideal.

De ahí en adelante, los hombres y mujeres que ayudaron a funda el Partido Popular Democrático; aquéllos que siguieron a Muñoz en el Partido Liberal Puertorriqueño; aquéllos que con él fundaron Acción Social Independentista; aquéllos que se fueron del Partido Liberal porque él había sido expulsado en Naranjales; aquéllos fueron declarados enemigos del pueblo.

Muñoz quiso negarles la sal y el agua. Quiso destruirlos. Quiso pulverizarlos. Quiso eliminar todo vestigio de independencia en nuestra patria.

Fue entonces que conspiró para que se aprobaran la Ley 600 , y la mal llamada Constitución en un intento maquiavélico para destruir el movimiento independentista y perpetuar la colonia en nuestro suelo con el consentimiento de los propios puertorriqueños.

Muñoz utilizó entonces ilegalmente el poder público y usó a mares el oro corruptor para matar en el alma del pueblo el santo ideal de independencia.

Un día, en Jayuya —el 2 de junio de 1951;— creyéndose dueño y señor de todas las voluntades en Puerto Rico, hizo su más rudo ataque contra la independencia y declaró que la defensa que en el pasado había hecho del sagrado ideal era, citamos, “un error de juventud”.

Esa es la historia de la traición de un hombre que vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Esa es la historia de la traición de un hombre que pudo ser un capitán de almas y que, triturado por la colonia, se convirtió en un lacayo de las fuerzas que mantienen a Puerto Rico en estado de coloniaje. Esa es la historia triste del hombre que el pueblo deberá derrotar en las urnas el próximo 4 de noviembre, haciendo una cruz debajo de la bandera de la cruz redentora del Partido Independentista Puertorriqueño.

En breve él hablará por esta estación. Conteste esa pregunta: ¿Por qué usted, Luis Muñoz Marín, traicionó el ideal de la independencia y a los independentistas que con usted hicieron el Partido Popular para lograr la independencia?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Tomado de Pablo Marcial Ortiz Ramos, ed. En nombre de la verdad. San Juan: Instituto Gilberto Concepción de Gracia, 2007: 215-219.

Comentario

El documento del Lcdo. Gilberto Concepción de Gracia resume la interpretación que el independentismo no violento y electoral maduró para explicar el giro ideológico de Luis Muñoz Marín. Los momentos claves del cambio ideológico fueron, de acuerdo con Concepción de Gracia, las elecciones de 1940 y 1944. Lo que sugiere el argumento es que la necesidad de ganar los comicios justificó la moderación ideológica del PPD. Sólo cuando el PPD está seguro de que puede ejecutar un cambio estatutario -1950- se hace pública la renuncia de Muñoz Marín a la independencia. El alegato clásico de que se trató de un “error de juventud”, se realizó en Jayuya en 1951, después de la derrota de los insurrectos nacionalistas.

El otro punto interesante es la insistencia de Concepción de Gracia en términos de que las únicas soluciones soberanas para poner fin el estatus colonial en Puerto Rico son la estadidad o la independencia, asunto en el cual coincidía con el Muñoz Marín independentista que había sido expulsado del Partido Liberal.

Resulta curioso que Concepción de Gracia no mencione la Ley 53 o Ley de la Mordaza entre los argumentos para confirmar el anti-independentismo de Muñoz Marín. En Puerto Rico aquella fue interpretada como una ley “antisubversiva” y “anticomunista” y el PIP compartía en parte aquellos valores con el PPD. En las elecciones de 1952, Concepción de Gracia se negó públicamente a aceptar los votos que le ofrecía el Partido Comunista Puertorriqueño y el intelectual y líder obrero César Andréu Iglesias por temor a que calificaran al PIP como una organización subversiva.

La idea de que Muñoz Marín “traiciona” al pueblo, se cimenta sobre la percepción liberal de que la independencia es un “derecho natural” y como un “destino inevitable”. La traición es contra el “estado natural” de los pueblos. Por eso el lenguaje acusatorio del líder recuerda, en ocasiones, un sermón moral.

12 comentarios »

  1. Gilberto Concepción de Gracia reaccionó un tanto tarde ante la doblez de Luis Muñoz Marín. El hecho que el independentismo no-violento se distanciara de apoyar abiertamente al nacionalismo no le evitó ser fichado como algo peligroso para la seguridad de Puerto Rico. Me pregunto cuan diferente sería la historia si el PIP hubiese hecho frente común con las demás fuerzas independentistas para trancar el creciente dominio gubernamental y electoral del PPD.

    Y comprendo el enojo que Concepción manifestó en este discurso, pero ya en ese momento histórico la suerte estaba echada en contra del PIP y del independentismo en general.

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    Comentario por Harold Marquez Tirado — diciembre 1, 2009 @ 6:10 pm | Responder

    • En general, estoy de acuerdo contigo. La “paciencia” del PIP se puede interpretar como una manera de manifestar su confianza en Estados Unidos o en el principio de que la libertad era una meta inevitable. Pero en la práctica resultó en una actitud moderada que favoreció la institucionalización del proyecto del PPD: la denominada “tercera vía” con la que jugaban desde 1946. Esa misma paciencia aisló al PIP del resto de la izaquierda. Su condición partido electoral, opuesto a la violencia y reservado con respecto a las ideas socialistas y comunistas, lo convirtió en un fenómeno muy particular de la época de la “Guerra Fría”. La situación solo comenzó a cambiar después de 1969 cuando el Prof. Rubén Berríos Martínez se insertó en la organización y alcanzó una posición de liderato. Como sabrás, la adopción del socialismo democrático como proyecto del PIP no lo ayudó a superar su “exclusivismo” organizativo. Este es un problema historiográfico y político muy interesante que valdría la pena discutir con calma en alguna ocasión.

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      Comentario por Mario R. Cancel — diciembre 1, 2009 @ 7:53 pm | Responder

      • El mismo miedo clasista que le tenían los pipiolos de Concepción al socialismo-comunismo es el mismo que tuvo el liderato pipiolo del 69-73. Por eso su caida hasta el dia de hoy.

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        Comentario por Wilson Rafael Franco — julio 9, 2014 @ 5:53 pm

  2. Es interesante la forma que Gilberto Concepción de Gracia presenta la crítica que hace cuando Luis Muñoz Marín renuncia al ideal del independentismo con el cual había unido y creado el Partido Popular Democrático. Luis Muñoz Marín, utilizando su táctica y poder de convencimiento, fue reduciendo el apoyo a los ideales de independencia que muchos anhelaban como el final de una era de explotación económica a nuestros campos agrícolas. El movimiento independentista que en esta época estaba dividido en moderados y revolucionarios que tenían un grado de madurez, esperaban ese plebiscito para demostrar el deseo de independencia de nuestra isla.

    Los moderados como Don Gilberto Concepción de Gracia se dejaron influenciar por los engaños de Muñoz Marín con su independentismo, y se dieron cuenta muy tarde de que Muñoz Marín solo quería la creación de un Estado Libre Asociado para perpetuar el colonialismo y destruir los ideales de Independencia. Aquí se crítica como, de una manera tan sagaz, Muñoz engañó a todos. Hoy día, a consecuencia de estos el ideal de la independencia se ha reducido a tal grado que en las últimas elecciones el PIP no ha quedado inscrito. Es triste ver que hay muchos puertorriqueños como Luis Muñoz Marín que cambian su libertad y su derecho de ser libre por obtener beneficios americanos.

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    Comentario por Raisa Hernández Méndez — diciembre 5, 2009 @ 4:12 pm | Responder

    • Gilberto Concepción de Gracias plantea, como Vicente Géigel Polanco en los otros documentos revisados de su libro La farsa del Estado Libre Asociado, la teoría política de “la traición” de Muñoz Marín. Es lo mismo que hizo Félix Ojeda Reyes, historiador y activista en su folleto Yo soy aquel que ayer no mas decía. retrato de un colonizado (1972). Y también es la tesis que se deduce de la colección Luis Muñoz marín. Un hombre acorralado por la historia (1972) del líder comunista y escritor, César Andreu Iglesias. A la hipótesis de “la traición” se ha sumado la del “acomodo” que discutimos en el contexto de las fuerzas que se pusieron en juego en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y que estimularon la sobrevaloración del papel geoestratégico de Puerto Rico para los intereses hemisféricos de Estados Unidos. Creo que entre “la traición” y el “acomodo” se puede explicar de manera aceptable un giro ideológico que comenzó en la campaña electoral de 1940 y que entre 1946 y 1947, de frente a las elecciones de 1948, ya resultaba imposible de tener. Las argumentaciones de las fuentes citadas sería un excelente material para una monografía sobre la discursividad moral de las izquierdas en Puerto Rico.

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      Comentario por Mario R. Cancel — diciembre 6, 2009 @ 1:33 pm | Responder

  3. Estoy de acuerdo con Harold, porque si se hubiese hecho algo a tiempo, quizás la historia del PIP sería distinta no tanto en esa época sino también en esta. Esto había que hacerlo antes para así poder lograr quitar a Muñoz Marín del poder y evitar que el coloniaje en la isla continuara. Muñoz Marín hizo mal en estar creando ilusiones a los independentistas. Usó una técnica para ganar las elecciones que a el le funcionó pero fue de una manera muy engañosa. Traicionó al pueblo ya que ellos tenían puestas todas sus esperanzas en el, para mejorar su estado de coloniaje y se aprovechó de las necesidades del pueblo para seguir apoyando el coloniaje. Muñoz Marín utilizó a los independentistas para ganar votos y los convenció de que el era independentista e iba a traer la independencia para Puerto Rico, cuando se ganó su confianza los traicionó y lo que hizo fue destruir todo sentimiento de independencia que hubiese en el país. Concepción tardó mucho en hablar y tratar de abrirle los ojos al pueblo, quizás si el hubiese hecho algo antes, el PIP no hubiese quedado tan mal ante los ojos de todos los puertorriqueños.

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    Comentario por Johannys Rivera — diciembre 5, 2009 @ 4:21 pm | Responder

    • Y yo añado, no hubiese sido luego el semillero de tantos independentistas resentidos que no quieren ni siquiera verse mutuamente, llevando al fraccionamiento de lo poco que quedo del movimiento independentista puertorriqueño.

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      Comentario por Harold Marquez Tirado — diciembre 11, 2009 @ 2:25 pm | Responder

      • La falta de unidad del independentismo tiene que ver con su peculiar política de alianzas a través de la historia. A principios y mediados del siglo 19, se acercó a los anexionistas; a mediados y finales del mismo periodo los autonomistas y los mismos anexionistas le sirvieron de apoyo para promover su causa política. En el siglo 20 la práctica continuó en el seno del Partido Unión de Puerto Rico. Siempre me ha parecido que las alianzas tácticas son una práctica política inteligente, pero que también pueden revelar la debilidad orgánica de un proyecto político. La resistencia de ese independentismo a integrar a fuerzas socialistas y comunistas es otra historia que habrá que evaluar en otro contexto. El semillero es producto de un activismo legítimo y necesario, por cierto.

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        Comentario por Mario R. Cancel — diciembre 12, 2009 @ 3:15 pm

  4. A mi entender, Concepción de Gracia reacciona tarde ante el giro de ideas y traición de Luis Muñoz Marín. Empezó con que iba a sacar el capital de explotación económica y, a su vez, daría a los puertorriqueños sus libertades de tierra. En verdad que al principio convenció a muchos de que “hasta si yo viviera en esa época hubiese caído”, le saco esa fuerza de independentismo al pueblo diciendo que era todo para la independencia, pero en realidad todo era por el bien del capital y crear un Estado Libre Asociado. En fin ya cuando actuaron en contra de Muñoz Marín era tarde para cambiar lo que había hecho y para que el pueblo cayera en cuenta de sus engaños. En verdad es vergonzoso ver a personas en ese tiempo y en el presente que dieran su apoyo al capital extranjero.

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    Comentario por Cristian X. Méndez — diciembre 8, 2009 @ 1:53 am | Responder

  5. Pienso que el coraje que expresa Gilberto Concepción es uno totalmente comprensivo y tiene toda la razón acerca de la “traición” de Luis Muñoz Marín, y creo que esto demuestra que el PIP si evolucionó y maduró, ya que la mayoría de los votantes y/o del pueblo estaba “hipnotizado”con la política y los discursos de Luis Muñoz Marín probablemente por el carisma que demostraba en cada una de sus conferencias o apariciones públicas. Muñoz Marín engañó, no me atrevo a decir que a todo el pueblo, pero sin duda alguna sí a los independentistas puesto que los utilizó para ganar votos y cumplir sus metas personales alegando ser independentista con el argumento de que había que esperar el momento preciso para pedirla. Sin duda este discurso le abrió los ojos a muchos independentistas y personas en general que al momento todavía creían en Muñoz Marín, aunque probablemente miles de personas continuaron y continúan con las vendas sobre los ojos. Al igual que la mayoría de mis compañeros pienso que su reacción fue algo tardía ya que no se puede negar que ese era el momento del PPD y Luis Muñoz Marín.

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    Comentario por Angelie Rivera — diciembre 12, 2009 @ 12:59 am | Responder

  6. No conocía este discurso de don Gilberto pero tengo que significar un dato: en esas elecciones de 1952 fue que el PIP llegó por primera y única vez en su historia a ser el segundo partido en Puerto Rico. De modo que el discurso funcionó. Me imagino que don Gilberto no mencionó La Mordaza porque todavía estaba en vigor y estaba quizá intentando borrar el recuerdo de los Nacionalistas en la mente de los votantes. Muñoz Marín atacaba el ideal de la independencia desde el 1948 (hay un discurso espantoso que menciono en mi libro) sin hacer la distinción entre los que propulsaban la independencia en forma pacífica y los que lo hicieron usando la violencia. Como quiera, La Mordaza (que no se deroga hasta el 1957) terminó con ambos permitiendo el ascenso del anexionismo a partir del 1956.

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    Comentario por Ivonne Acosta Lespier — enero 30, 2010 @ 12:50 pm | Responder

  7. Muy buen debate. Me parece que la clase criolla-burguesa a la altura del 1940 se planteaba el dilema de desarrollo económico y abolición de la colonia. Estas estuvieron representadas por PPD- Congreso Pro y PIP. Se divide este sector social y gana el que tuvo el apoyo del capital ausentista, del gobierno americano y las grandes masas campesinas-obreras. ¿Por qué las masas no respondieron al PIP? Me parece por su conservadorismo. No quiso alianzas con los comunistas y socialistas por temor.

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    Comentario por wilson — julio 10, 2013 @ 1:00 am | Responder


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