Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

junio 4, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, stalinismo y autoritarismo

artido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 21-25

Fragmento 5: El presidente del Stalinismo

(…)  Por lo que pueda hacer al caso, no es esa la única vez que he presidido una reunión de ese calibre, en ausencia del presidente. Lo hice una vez, en ausencia de Albizu Campos. Entonces estaba con nosotros mi compueblano Buenaventura Rodríguez, hoy socio del McLeod del partido y conjuntamente con él vocal de la Junta nacional. Recuerdo que en aquella ocasión consideramos el exhibicionismo católico que se había apoderado del Partido nacionalista. Albizu Campos protestó de que nos reuniéramos a sus espaldas. Me puse de pié y le expliqué por qué. El tiempo ha demostrado quién tenía razón. Para aquella época unas trescientas personas suscribieron una protesta contra el referido exhibicionismo. Al correr de los años, el Partido nacionalista no tuvo otro remedio que declarar no gratos a los señores obispos. La catedral de San Juan nos fue cerrada un día de De Diego. Otro día, el padre Ramos quedó suspenso. Otro día, desapareció mi columna [en]  El Piloto. Otro día, el párroco de Lares nos prohibía la entrada de banderas portorriqueñas. Hoy día los estandartes de Franco entran y salen impunemente.

Masacre de Ponce (1937)

El cabello de los nacionalistas suele ser largo –tan largo como suele ser corta su memoria. El as de triunfo fue reservado para la esposa de Albizu Campos y el joven de las tres jotas. Gran parte de la carta de Cuba es una filípica contra el doctor Lanauze.

¿No es el doctor Lanauze la persona a cuyo favor –la única persona no nacionalista– dos asambleas nacionales consecutivamente han rendido público testimonio de gratitud?

La carta de Cuba invoca la soberanía de nuestras asambleas. ¿No forman parte de esa soberanía las resoluciones en que por unanimidad el nacionalismo consigna al doctor Lanauze su reconocimiento imperecedero?

En circunstancias normales concedo que no sería de buen gusto que fuera yo quien hiciera la apología del doctor Lanauze. La diatriba de Cuba es tan virulenta que me siento constreñido a saltar por encima de los nones del savoir dire (saber decir), para dar sólo pálido reflejo de los servicios puramente graciosos del doctor Lanauze al Partido nacionalista de Puerto Rico.

Debo advertirle, Irma, antes que nada, que el doctor Lanauze era condiscípulo del ilustre preso de Atlanta. Desde la adolescencia, idéntico afán de cultural superación les reunió en las aulas de la colonia. Eran compañeros. El mismo año se graduaron de la segunda enseñanza. En cierta ocasión, uno debatió frente al otro.

He visto, Irma, el primer libro publicado por el doctor Lanauze, a través de los años y la insidia, el libro adquiere un mérito singular: es el primer libro, en toda nuestra bibliografía, que menciona a Albizu Campos. Con la venta de este libro –¡ni usted ni yo sabemos lo que en Puerto Rico significa que un autor novel tenga que publicar y vender su propio libro!– el doctor Lanauze se hizo de dinero para continuar sus estudios. Hijo de un herrero, ni siquiera tuvo una beca para seguir adelante. Se hizo maestro. Con sus ahorros se trasladó a Estados Unidos. Usted no sabe, Irma, lo que significa para un estudiante de color costearse sus propios estudios en Estados Unidos. El doctor Lanauze fue hasta sirviente.

Mientras tanto, una beca, ganada en buena lid –una beca colonial– conducía al futuro apóstol a Vermont. Méritos ulteriores lo llevaron a Harvard.

Uno y otro se encontraron en Washington. El doctor Lanauze cooperó con Albizu Campos en cuanto pudo.

No fue únicamente el amor a la cultura lo que les unió. Atábalos el mismo amor a la independencia de Puerto Rico. Los mismos prejuicios raciales se irguieron contra ellos. Los tres lazos subsisten a través del tiempo, la distancia y el fanatismo.

Albizu Campos y el doctor Lanauze volvieron a reunirse en Ponce.

El doctor Lanauze escribió en 1932:

“El Partido socialista /de Puerto Rico/ ha ido evolucionando gradual y sistemáticamente hacia la derecha.” –Por los caminos de la violencia, editorial América, Ponce, página 183.

Dijo también:

“Nuestro porvenir está en nuestras propias manos. Debemos ir francamente al corazón y a la mente de nuestras masas explotadas, exprimidas, anémicas, escépticas, vencidas, y probarles que deben ponerse de pié… Luchar como hombres y no someterse como esclavos.” Loc. Cit. pp. 188 y 189.

Un año después del tratado de Rusia, al cual alude la carta de Cuba, y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, decía el doctor Lanauze:

“/El Partido nacionalista de Puerto Rico/ vive de frente al pasado, cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica…” –Por qué somos comunistas, Ponce, 1934, p. 21.

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esa carta, el doctor Lanauze decía también:

“El Partido comunista de Puerto Rico combatirá también la colonia y defenderá con todas sus fuerzas y con todos los medios la independencia de Puerto Rico. Los Estados Unidos nos sojuzgan por el solo derecho que da la fuerza bruta y por el interés egoísta de los dividendos que durante treinta años hemos pagado a sus capitalistas ausentes; por la servil pasividad de los portorriqueños, y por la cooperación de nuestros políticos y nuestra burguesía nativa. En esto estamos de acuerdo con el Partido nacionalista.” Loc. Cit., pp. 21 y 22.

Tome nota, por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, de que se trata de palabras escrita un año después del tratado de Rusia.

El doctor Lanauze escribió además:

“Consideramos /a los nacionalistas/ los únicos independentistas sinceros y valientes. Con ellos cooperaremos siempre y esperamos poder probarles, en todo momento, que por ese fin común, supremo para ellos, nosotros también pelearemos con todas las armas, sinceramente, valientemente… Esperamos que… el Partido nacionalista de Puerto Rico… defienda francamente la masas trabajadoras portorriqueñas contra la explotación de la burguesía nativa… que es en verdad el peor enemigo de la independencia de Puerto Rico.” Loc. cit., pp. 21 y 22.

Nacionalistas acusados durante la Masacre de Ponce (1937)

Un año después del tratado de Rusia y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, hizo el doctor Lanauze una promesa. Esa promesa, Irma, no ha sido violada nunca.

Por lo que pueda hacer al caso, en la página 18 del opúsculo citado, el doctor Lanauze llama al Partido socialista de Puerto Rico “partido amarillo.” Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama “imperialista” a la Unión republicana. Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama al Partido liberal  “instrumento de la burguesía nativa.”

La acusación del gran jurado puso al doctor Lanauze a las órdenes de Albizu Campos. El anticomunismo de Albizu Campos –hecho incontrovertible– contestó al cumplimiento de la promesa del doctor Lanauze con un epíteto: “espía.” El epíteto no es nuevo en el Partido nacionalista. Es tan corriente como el de “traidor”. Yo mismo he sido acusado de espía. En una ocasión Virella no pudo contenerse y, entre bromas y voras [?], contestó:

-Don Pedro, Toro Nazario no tiene inteligencia suficiente para ser espía.

Virella se ha retirado del Partido nacionalista.

¿Por qué?

Ni la injustificada acusación de espía ni el anticomunismo de Albizu Campos impidieron que el doctor Lanauze olvidase su promesa. El doctor Lanauze prestó su más decidido concurso económico y cultural al Frente unido.

También de la noche a la mañana sobrevino el boicot nacionalista, esta vez al Frente unido (pro-constitución de la república), en momentos en que éste estaba en apogeo. Las causas del boicot nacionalista nunca han sido explicadas meridianamente.

Mi explicación estriba:

(1) En el anticomunismo nacionalista, que repudiaba la colaboración izquierdista, pero acogía la derechista.

(2) En el predominio de una ideología semifascista en el nacionalismo.

(3) En la alarma, con proposiciones de cruzada, de la Santa Sede –foco de autoridad en el nacionalismo– contra movimientos de nombre parecido en otros países. La verdad es que Pío II combatía los Frentes populares, pero implícitamente se refería a los movimientos de este nombre en los países libres. En cuanto al respaldo eclesiástico del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina de la Iglesia es tan clara y terminante que no creo necesario molestar su atención en cuanto a ella.

(4) En el germen trotskista. No olvide usted que, por ejemplo, un nacionalista expulso, (Luis) Vergne Ortiz –exvicepresidente del Partido nacionalista de Puerto Rico, mi barba en remojo– habiendo sido expulsado también del Partido comunista, presidía, como aún preside, el movimiento trotskista en Puerto Rico.

(5) En la insistencia nacionalista por llevar a cabo la Marcha sobre San Juan –nombre mussolinesco– por encima de la represión winshipesca.

(6) En el viaje a Buenos Aires de Vicente Géigel (Polanco), por encima de la intransigencia nacionalista. Verdad es que Vicente no militaba en el nacionalismo, pero había sido uno de sus fundadores. Su independentismo es indiscutible, Irma.

(7) En el germen aprista.

(8) En el germen abecedario.

(9) En el germen trujillista.

(10) En el exclusivismo antidemocrático.

(11) En el cambio de psicología que se opera en un hombre cuando es encarcelado.

La massacre del Domingo de Ramos es la tragedia que inicia el rapprochement del Partido nacionalista con el tantas veces calumniado doctor Lanauze –a regañadientes, por lo visto. La esposa de Albizu Campos desconoce, según parece –sería más grave aún, si lo olvidase– que fue el doctor Lanauze la única persona que, enterada de lo ocurrido en Ponce el 21 de marzo de 1937, a toda velocidad corrió al campo a empapar al fiscal Pérez Marchand de los antecedentes de la horrible matanza en que habían muerto veintiuna personas y habían sido heridos unas doscientas más.

En los momentos en que se retiraba el doctor de la finca del fiscal, llegaba la policía, con sus portátiles ametralladoras aún calientes –con la versión oficial de los sucesos, en embrión.

De esta feliz coyuntura –feliz es la palabra– arranca, Irma, el prejuicio oficial contra el doctor Lanauze. Es un prejuicio comparable únicamente con el prejuicio nacionalista –si de algo sirve, Irma, una paradoja estúpida. De esta feliz coyuntura, arranca también el prejuicio oficial contra el propio Pérez Marchand –génesis de su espectacular renuncia.

Comentario:

El autor documenta las discusiones internas que emanan de la actitud que denomina el “exhibicionismo católico” del Partido Nacionalista. Al parecer la Junta Nacional que crítica, era partidaria del mismo, y estuvo en posición de aislar a los sectores más liberales y anticlericales de la organización e incluso a importantes militantes que militaban el en el evangelismo. Todo parece indicar que desde mediados de la década de 1930 hasta el momento en que escribe las relaciones entre la Iglesia Católica colonial y el nacionalismo se habían ido enfriando.

El «exhibicionismo católico» me sorprende por el hecho de que tengo referencias de que Laura Meneses del Carpio, en su juventud, fue anticlerical convencida. En la madurez, cuando su esposo estaba en la cárcel de Atlanta vivió en La Habana y, con posterioridad, aceptó la protección del gobierno de la Revolución Cubana de 1959 y representó a ese país en diversos foros internacionales a sabiendas de que, desde 1961, el discurso oficial de Cuba confirmaba que se trataba de una revolución formalmente atea por su carácter comunista. La situación merece un estudio más detenido.

De acuerdo con Toro Nazario el catolicismo del partido, condujo a la condena del Dr. José A. Lanauze Rolón (1893-1951), mulato residente en Ponce, escritor y miembro destacado del Partido Comunista Puertorriqueño fundado en septiembre de 1934. Lanauze Rolón, hijo de artesanos negros, había estudiado con Albizu Campos en la Ponce High donde ambos participaron de la denominada Sociedad de Escritores de la escuela. La obra de Lanauze Rolón merecería un estudio detenido a la luz de las contradicciones entre nacionalismo y comunismo. El mal de los muchos hijos: polémica sobre el neo-malthusianismo (1926) de la cual fue coautor, es su obra más conocida. Pero también publicó Por los caminos de la violencia: la idea comunista (1932), El fracaso del Nuevo Trato (1935) y La revolución rusa: 19 aniversario, discurso (c. 1936)

El fragmento citado responde de una manera muy documentada, las críticas a esta figura, recordando a los nacionalistas los servicios de Lanauze Rolón al partido. Para Toro Nazario, entre Albizu Campos y Lanauze Rolón hay numerosos paralelos. Se trata de dos figuras que tienen que superar numerosas barreras raciales y culturales para alcanzar sus metas. Pero también se trata de dos independentistas convencidos que saben cuánto se arriesga en la colonia.  Las convergencias políticas son también numerosas. La crítica al giro a la derecha del Partido Socialista, calificado como «amarillo» o reformista por oposición a «rojo» o revolucionario y actitud que se profundiza desde que inicia periodo de las mogollas políticas de cara a las elecciones de 1924, es solo un detalle de ello.El rechazo teórico al Nuevo Trato no debe ser pasado por alto aunque las razones de uno y otro ideólogo para hacerlo fuesen distintas.

También señala las diferencias: el Partido Nacionalista  “vive… cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica”. El Partido Comunista, no. Se trata de dos proyectos utópicos que apropian la historia desde perspectivas dispares: uno pasatista y el otro futurista. Pero los comunistas esperaban demasiado de aquella organización: confiaban en que los nacionalistas enfrentarían a la “burguesía nativa”, clase que era considerada por los comunistas como el mayor adversario de la independencia por su estrecha alianza con el capital estadounidense y el imperialismo. El discurso nacionalista, sin embargo, veía a la “burguesía nativa” como un signo de la Nación y ansiaba concertar su colaboración. Las posibilidades de concertar una oposición común al coloniaje en el marco de la política de los «Frentes Populares» promovida por Moscú y su Comintern eran muy pocas a la altura de 1934 y se redujeron más en 1936 cuando un «Frente Popular» identificado con los rojos enfrentaba a un falangismo que se identificaba como nacionalista en la Guerra Civil española.

Ello explica el rechazo de Albizu Campos a la colaboración de Lanauze Rolón en el momento de su arresto por las autoridades federales en 1936 y su acusación de que este era un «espía». La impresión que queda es que los Nacionalistas eran demasiado aprensivos con los No-nacionalistas y habían convertido el Nacionalismo es una ideología exclusiva y excluyente, compartida solo por partisanos Nacionalistas en el marco de una disciplina férrea. Esa era una postura que Albizu Campos había adoptado desde que ascendió a la Presidencia de la organización en mayo de 1930, como se deduce de una Carta a José Lameiro de julio de aquel año cuya relectura recomiendo. La imagen del Albizu Campos como un anticomunista y la de su partido como uno semifascista, está completa desde la perspectiva de Toro Nazario.

Sus reservas con el Partido Socialista son comprensibles: aquel era un partido anexionista que se asoció al Partido Republicano Puro para fines electorales desde 1924, culminando en la Coalición Puertorriqueña de 1936. Del mismo modo su central sindical, la Federación Libre de Trabajadores, estaba afiliada a la American Federation of Labor desde 1901, se oponía a la lucha de clases y a las huelgas, y favorecía la negociación colectiva desde arriba en nombre de los trabajadores. Pero el Partido Comunista Puertorriqueño defendía la independencia y la política de autodeterminación en boga y los Frentes Populares de la Internacional Comunista.  Toro Nazario adjudica el aislamiento político del nacionalismo a su aprismo, su trotkismo, su exhibicionismo católico, su fascismo y, en fin, a su anticomunismo. Sobre esa base, explica el alejamiento de la organización del Frente Unido Pro-Constitución de la república que en 1936 articuló un proyecto de masas con el fin de preparar el camino para la puesta en planta del Proyecto Millard Tydings de 1936. La sugerencia es que, dado que el nacionalismo no estaría en condiciones de controlar la maquinaria de una organización tan amplia,  no valía la pena vincularse con la misma.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 18, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, fascismo y catolicismo

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 5-6

Fragmento 2:  Antecedentes nacionalistas

¿Qué hizo en cambio el Partido nacionalista de Puerto Rico?

A raíz del encarcelamiento de Albizu Campos y sus coacusados, el único nacionalista exonerado por el gran jurado –¿a qué decir federal, si los insulares han sido abolidos, precisamente por Winship?– solicitó un pasaporte. Winship cometió la barbaridad de negárselo.

Aconsejé un recurso de los llamados extraordinarios, en la seguridad de que pondría en entredicho a Winship. Si los tribunales llamados insulares lo denegaban, tenía la certeza de que la Unión norteamericana de derechos civiles hubiera dado prominencia continental a la apelación.

Cadetes de la República

Mientras esperaba autorización para radicar el auto, recibí la noticia de que el hombre de las tres jotas había desaparecido misteriosamente.

Lo supe por conducto de Nueva York, a pesar de mi secretaría general interina. Fué por conducto de Nueva York que supe que el joven de las tres jotas estaba en Santo Domingo, en calidad de plenipotenciario.

Albizu Campos me había encomendado la secretaría general del partido, y Corretjer la dirección de La Palabra, en el momento más peligroso de la causa. El semanario tuvo que ser suspendido, previa intervención de Albizu Campos y Corretjer, debido a la indisciplina y la terquedad de dos hombres que figuran hoy entre los edecanes de Medina. Uno de ellos es nada menos que el McLeod del partido.

De la noche a la mañana, sin explicaciones de ninguna clase, sin haber renunciado, sin siquiera habérseme insinuado la conveniencia de una renuncia, fuí notificado, con un cuarto de hora de antelación, de que la Junta Nacionalista se reuniría en Santurce. El hecho de que a esta sesión acudieran delegados de toda la isla prueba por sí que alguien citó con razonable anticipación. Había otro secretario. El vicepresidente en funciones del presidente no estaba.

Aunque el contraste no sea halagador para ninguno de los dos, puedo decirle que sé cómo debe haberse sentido Winship. Ni siquiera se me otorgó reconocimiento de cortesía. Diríase que, para los efectos del Partido nacionalista, nunca he sido secretario general interino. Muchos lo han olvidado del todo –otros lo ignoran.

Un hombre de Dios, mientras tanto, recogía fondos para ir a Buenos Aires. También de la noche a la mañana se cambió de parecer. Era ministro protestante. El dinero que había recogido –virtualmente le fué arrebatado en su propia casa, pistola sobre la mesa, por quien había de sustituir al Maestro, por encima de García Casanova, sin advertir que si difícil y doloroso había sido el apostolado de Albizu Campos, más difícil era sustituirlo.

Algo parecido –muy parecido– había ocurrido antes, con otro ministro protestante. No puede decirse que se trataba de un prejuicio contra Hernández Vallé, puesto que Marrero había tenido una experiencia análoga.

Ni siquiera se podría decir que se trataba de un prejuicio contra el apostolado religioso. Se intentó no ya desvincularme de la dirección en San Juan, sino de mi vocalía por Mayagüez. Más: se intentó separar un municipio del distrito de Ponce, hitléricamente anexarlo al de Mayagüez –para que otro hombre de Dios, católico esta vez, me sucediera en la Junta nacional. A favor del padre Ramos se levantó el tecnicismo de que yo no residía en el distrito de Mayagüez. No se pensó en hombres como Briganti, Vargas, Caraballo y Ferrer en Yauco; como Marty y Gerardo Rivera, en Cabo Rojo, y don Julio de Santiago, Mojica y Quevedo, en el propio Mayagüez. Ni siquiera se pensó en Couto, de Guánica, que tanto deseaba ser miembro de la Junta nacional.

Sea como fuere, los delegados de Mayagüez vieron en la insistencia de Pinto en el padre Ramos, y en el tecnicismo contra mí, un pretexto –y me dispensaron el honor de reelegirme. En previsión de que prevaleciera el tecnicismo, los delegados por San Juan derrotaron al McLeod del Partido nacionalista, y simultáneamente me eligieron. El hombre que winshipescamente había salido de la secretaría general se veía honrado dos veces.

Comentario:

El caso judicial por conspiración sediciosa contra el liderato nacionalista no pudo tocar a dos importantes líderes. Juan Juarbe y Juarbe, denominado por Toro Nazario como el “hombre de las tres jotas” y figura de confianza de Laura Meneses del carpio, no  pudo ser procesado. Rafael Ortiz Pacheco consiguió huir fuera del país en marzo de 1936 y luego sus cargos  fueron desestimados. Juarbe y Juarbe era producto de la vanguardia nacionalista universitaria que había sido la base de los Cadetes de la República y uno de los protragonistas de la resistencia estudiantil a la asamblea que pretendía declarar a Albizu campos persona non grata en el escenario que desembocó en la «Masacre de Río Piedras» en 1935. Cuando se vio libre de las acusaciones intentó salir del país legalmente pero las autoridades, encabezadas por Winship, le negaron ese derecho. El autor de la «carta…» alega que él aconsejó se amenazara al gobierno colonial con que se apelaría a la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).

La evasión de Juarbe y Juarbe hacia Santo Domingo, cosa que no se consultó con Toro Nazario, lo tomó por sorpresa. La impresión que da el texto es que, dada aquella situación,  el Secretario Interino se sentía preterido en la organización. Cuando Juarbe y Juarbe se presentó con el título de «Plenipotenciario» del Partido Nacionalista en la vecina nación sin que Toro Nazario fuera consultado al respecto, confirmó sus sospechas. Lo que sobrevino después fue un virtual “golpe de estado”. Toro Nazario fue separado de su cargo sin información de causa. Al abogado de San Germán no le cupo la menor duda de que el cerebro detrás del acto había sido Juarbe y Juarbe y, con él, Meneses del Carpio y Pinto Gandía. La identificación que hace el abogado de San Germán de este líder con el ala fascista del partido se confirma con la identificación del mismo como “el Mc Leod de Puerto Rico” y la reiteración de los neologismos adverbiales “hitléricamente” y “winshipescamente” cuando habla de su figura. La riqueza lingüística de Toro Nazario es notable.

El giro hacia el fascismo se vincula en este texto con la adopción  de un catolicismo puritano, ortodoxo y fundamentalista manifiesto, según el autor, en la conocida relegación a un segundo plano que sufrieron los líderes evangélicos Domingo Marrero y Juan Hernández Vallé. Su argumento final para corroborar el «exhibicionismo católico» de los nacionalistas a la altura de 1939, es el hecho de que él mismo fue destituido de su puesto de vocal en la Junta Municipal de Mayagüez en favor del Padre Severo Ramos de Peñuelas entre 1935 y 1938. Para legalizar y justificar la inusual acción, se integraron en una sola Junta la militancia de Mayagüez y la de Peñuelas. Vale la pena recordar el papel protagónico que tuvo una parte significativa del catolicismo en el falangismo español en el contexto de la consolidación del franquismo hispano.

El relato de la forma en que se intervino con Hernández Vallé para recuperar los fondos que debían ser destinados a un viaje oficial a Argentina, se manufactura narrativamente como una gestión tipo mafia: “el dinero que había recogido –virtualmente le fué arrebatado en su propia casa, pistola sobre la mesa”. Lo cierto es que algunos testimonios vertidos por Juan Antonio Corretjer, fragmentos de la correspondencia de Albizu Campos a sus hijas desde “La Princesa”, y los testimonios de algunos presos de Atlanta, confirman que el catolicismo y el misticismo se exacerbaron en Albizu Campos en aquel periodo de crisis. Lo que no está claro es hasta qué punto aquella actitud afectó a todo el liderato fiel a Albizu Campos. La cárcel ha cumplido efectos similares en presos políticos puertorriqueños en diversidad de direcciones ideológico-religiosas a lo largo de toda la historia del país.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 17, 2010

“Carta a Irma” (1939): Winship

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 3-4

Fragmento 1:  La destitución de Winship

Advierto de antemano que esta no es precisamente una contestación a la carta de Cuba. Ciertamente, no es la mejor contestación. Mejor es la que ha dado el propio señor Roosevelt. Winship hubiera sido destituido mucho antes –si no hubiera sido por la onerosa disyuntiva que estúpidamente le impuso el Partido nacionalista.

El propio general Winship ha admitido, en un banquete que le dieron los periodistas de San Juan, con posterioridad a su destitución, que sabía hace más de un año que tenía que retirarse de la gobernación de la isla.

Por lo que pueda hacer al caso, en el marco de esta carta, es bueno que sepa, Irma, que La Democracia declinó estar representada en el referido banquete.

Blanton Winship, Lawrence Cramer y Myllard Tydings

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, es bueno que sepa que la referida admisión aparece en un despacho cursado a El Día por su corresponsal en San Juan, Ramírez Brau.

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, es bueno que sepa que Ramírez Brau es fascista, por confesión propia. Es uno de los más fervientes admiradores con que cuenta Mussolini en Puerto Rico.

Esta no es la única contestación del señor Roosevelt.

El coronel Wright ha sido virtualmente destituído. Su virtual destitución vino inmediatamente después del ascenso de un portorriqueño. Para disimular la destitución, en esta tierra de eufemismos, se ha apelado al protocolo militar y a la anomalía de que un militar de alto rango –yanqui– no debería permanecer bajo las órdenes de un portorriqueño de rango superior.

La legislatura se ha dado cuenta de que se trata, en efecto, de una contestación de Roosevelt, y no sólo ha declarado hijo adoptivo al gobernador, sino al coronel.

Vendrán más contestaciones.

No extrañe, Irma, de que McLeod sea honrado también con una adopción reaccionaria. El señor McLeod está en turno. De un momento a otro será virtualmente destituído.

En esta tierra del alambicamiento, nadie parece darse cuenta de la responsabilidad que comparte McLeod con relación al desbarajuste reaccionario. Hasta el Partido nacionalista ha adoptado la voz auditor, en su bárbara acepción, sin pensar en los poderes fiscalizadores de un auditor. McLeod no ha fiscalizado debidamente la militarización de la policía, el auge del turismo y otros menesteres coloniales. Dentro del esqueleto colonial, él solo hubiera podido detener la locura de Winship.

Vendrá también la virtual destitución de Gruening, el exdirector de The Nation, que más acá del castillo del Morro se olvidó de su militancia liberal.

Nadie espera, sin embargo, un milenio de Roosevelt. Roosevelt no es la Providencia. La sucesión de un almirante, por grandes que sean sus méritos navales, detiene el optimismo.

El verdadero optimismo deber ser inteligente. Con Winship se van las locuras del presupuesto, los indultos de la colonia y uno y mil reveces de la fortuna. No se irán todos de una vez. El mismo Dios no hizo el mundo en un día. Yo no pienso exclusivamente en la matanza de Ponce. No olvido que solamente en San Germán, mi pueblo natal, Winship indultó cinco criminales. Es posible que alguno de estos indultos –y hasta todos, por amor al argumento– hayan sido merecidos. Subsiste, no obstante, el recuerdo de que García Méndez, el pretenso sucesor de Winship, es también un hijo adoptivo -esta vez de mi pueblo. El compueblano adoptivo fué el defensor de casi todos estos indultados. La relación entre los indultos de Winship y las intercesiones de García Méndez, por ejemplo, son, por supuesto, ajenas a esta carta. Habré de conformarme con recordarle que uno de estos indultados fué uno de los testigos estrellas del fiscal Pierluissi, a quien habré de referirme más adelante.

Con Winship se van, pues, unos indultos –y pueden venir otros más preciosos. Se van los sainetes de Martínez Nadal, tan capitalizados por Hitler. Se va la presencia del coronel Wright en un Te Déum por el triunfo de Franco. Se van tantas cosas, Irma, que debo confiarlas al buen sentido de usted.

Comentario:

La llamada “Carta a Irma” fue redactada en mayo de 1939 en medio de un intenso debate en el seno del Partido Nacionalista de Puerto Rico. José Monserrate Toro Nazario, abogado de San Germán, director del periódico La palabra en ausencia de Juan Antonio Corretjer y Secretario Interino del Partodo Nacionalista bajo la Presidencia Interina de Julio Pinto Gandía, sintetiza en el texto una postura similar a la de aquellos que se oponían al giro violento derivado de la “acción inmediata” a la organización desde el ascenso  de Pedro Albizu Campos a la presidencia en mayo de 1930. La destinataria, Irma Solá, había sido la secretaria personal de Albizu Campos por lo que tenía una relación íntima con el líder y con su esposa, Laura Meneses del Carpio, cuyas prácticas políticas y sus expresiones resultan ser uno de los grandes temas del texto.

La crisis a la que se alude parece haber sido producto directo del vacío de poder producido a raíz del encarcelamiento del liderato como consecuencia del juicio por conspiración sediciosa de 1936. El descabezamiento del partido agitó una serie de contradicciones ideológicas que nunca se habían superado del todo después de la Asamblea de mayo de 1930.  Lo que manifiesta el texto es el  choque de ideas en torno a la actitud que debía adoptar en nacionalismo ante una serie de asuntos que se debatíanen el escenario público, a saber, el capitalismo, el novotratismo, el socialismo, el comunismo, el fascismo, el falangismo, el populismo, la violencia o terrorismo, entre otros.  El documento refleja el ambiente cargado y complejo de los días previos a la guerra y comó el mismo  afectó un partido que se había caracterizado por su carácter contencioso.

La impresión que queda es que dentro de la organizacion militante había una serie de personas que, si bien admiraban y respetaban a Albizu Campos, consideraban su gestión autoritaria un foco potencial apropiado para que los filofascistas tomaran la organización por asalto y la transformaran en una organización anticomunista Una de las consideraciónes para caminar en esa dirección era, por cierto, el reinicio de las relaciones Washington- Moscu desde 1933 de cara a la amenaza alemana. Como verá el lector, también hay mucho de vendetta personal en los argumentos de Toro Nazario, pero ello parece inevitable y comprensible en un ambiente tan volátil como el de 1939. No hay que pasar por alto que muchos adversarios del «Nuevo Trato» en la isla y en el continente, los republicacnos en particular, confundían aquellas políticas de justicia social con las prácticas estatistas del régimen estalinista ruso.

El fragmento que antecede comenta la dictadura impuesta por el Mayor General Blanton C. Winship (1869-1947), gobernador de Puerto Rico entre el 5 de febero de 1934 y el 26 de junio de 1939. El New York Times de ese día reseñó  su salida del país en los siguientes términos:

“PUERTO RICANS BID WINSHIP FAREWELL; Thousands Give the Retiring Governor Ovation Without Parallel Under U.S. Rule. HE HOPES FOR STATEHOOD (…) Governor Blanton Winship left by plane for Miami today as bands played «Auld Lang Syne» («Por los viejos tiempos» o «Canción de la despedida», pieza  tradicional escocesa con letra de un poema de Rober Burns de 1788) and thousands gathered at the airport waved in farewell. The demonstration at his departure was unparalleled in the more than forty years of American rule.”

Toro Nazario alega que fue precisamente, la violencia nacionalista lo que justificó que el Presidente Franklyn D. Roosevelt lo retuviera tanto tiempo en el país. El comentario sugiere una crítica abierta a la campaña agresiva que desató el Partido Nacionalista desde 1932 y que llegó a su cenit en los días de la Masacre de Río Piedras el 24 de octubre de 1935. El proceso culminó con una declaración de guerra por la independencia y la conversión de los Cadetes de la República en el  Ejército Libertador.

Por último, el texto indica que la amenaza fascista en Puerto Rico también era visible  en otros lugares fuera del Partido Nacionalista. El autor, por ejemplo, acusa a Enrique Ramírez Brau, nieto de Salvador Brau, periodista de El Mundo y testigo silencioso del asesinato de Elías Beauchamp e Hiram Rosado, los ejecutores del jefe de la Policía Insular E. F. Riggs el 23 de ferbrero de 1936, de fascista. No exageraba en cuanto a ese punto, por cierto. Pero también resalta la vinculación del Gobernador Winship con una derecha anexionista fronteriza con el fascismo, caracterizada por su oposición a las políticas del «Nuevo Trato» por considerarlas un atentado contra el mercado libre. Entre esos fascistas que militaban en el estadoísmo o pertenecían a la burocracia colonial incluía, entre otros, a Miguel A. García Méndez, a Rafael  Martínez Nadal, el Coronel Wright, y el Auditor Mc Leod.

Es importante recordar que los  únicos investigadores en ocuparse de una manera bastante limitada de este importante texto ha sido Luis Ángel Ferrao en su libro Pedro Albizu Campos y el nacionalismo puertorriqueño (1990) y el Taller de Formación Política. Pero también tengo que apuntar que la investigación en torno al fascismo en Puerto Rico se ha limitado a mirar hacia Albizu Campos, como lo hicieron las autoridades estadounidenses sobre la base de los informes de espionaje del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y los ideólogos populares como Luis Muñoz Marín. En general, los investigadores poco se han ocupado de documentar el fascismo que permeaba a anexionistas, republicanos e, incluso,  a numerosos populares moderados en aquel contexto histórico.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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