Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

septiembre 17, 2010

“Carta a Irma” (1939): El Nacionalismo de Toro Nazario

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 122-132

¿Qué es lo que queremos?

SINTESIS DE UN PROGRAMA

En primer lugar, Roma no se hizo en un día.

1. Queremos que se diga claramente, de manera que lo entiendan hasta los becerros, que el terrorismo no es una cuestión de principio para el Partido nacionalista de Puerto Rico –ni el terrorismo individual ni el terrorismo oficial.

Queremos que se diga claramente, de manera que lo entiendan hasta los becerros, que el terrorismo –tanto el individual como el oficial– es una táctica equivocada, una táctica estéril, una táctica contra producente, una táctica contrarrevolucionaria, una táctica anacrónica, una táctica histérica, una táctica descentrada, una táctica fuera del marco de la realidad, una táctica de locos.

No acabo de destruir [sic debe ser «descubrir»] el Mediterráneo. La penúltima asamblea de Caguas por unanimidad aprobó una resolución antiterrorista.

Queremos que esa resolución no sea letra muerta.

Queremos que esa resolución no sea papel mojado.

Queremos que esa resolución sea conocida por todos.

Queremos que esa resolución no sirva de self serving evidence. Queremos que esa resolución no sea invocada después de un atentado contra Winship, sino antes. Queremos que no se juegue a la independencia de Puerto Rico.

Existen suficientes juegos en Puerto Rico, tanto oficiales como clandestinos, para que nos inventemos uno más y persistamos en él. La independencia de Puerto Rico no es un deporte. Exige sacrificio. No exige sacrificios estériles.

Queremos que se haga saber claramente, de manera que lo entiendan hasta los becerros, que el nacionalista que persista, de palabras y obras, en la táctica terrorista, será expulsado ignominiosamente del Partido nacionalista de Puerto Rico.

2. Queremos que, aunque corramos el riesgo de ser injustos, que toda persona, a nuestros juicio razonablemente ligada a la ideología o a la táctica terrorista, si la prueba a nuestra disposición no justifica la expulsión, sea separada de su cargo, pero no ignominiosamente, de suerte que permanezca en las filas hasta que por su conducta demuestre que está dispuesta a seguir esta línea del partido, sin titubeos, sin reservas.

3. Queremos que don Ramón Medina Ramírez voluntariamente renuncie la presidencia interina del partido, como una medida de conveniencia, no como una cuestión de principio. No queremos sacarle en cara, públicamente, su ineptitud. No queremos sacarle en cara sus vacilaciones. No hemos querido formularle cargos, en la hasta hoy vana esperanza de que el buen sentido de los dirigentes del movimiento se sobrepondría a la estupidez organizada para el rescate de la barbarie. No tenemos interés en impugnar la buena fe de Medina. Creemos que es un buen nacionalista –un buen nacionalista que no sabe cómo ser buen nacionalista. Él no tiene la culpa de eso.

Bandera Nacionalista4. Queremos que de la misma manera, aunque con relativa posterioridad, Isolina presente voluntariamente su renuncia, por ser su tesorería contraria a la conveniencia y a la línea del partido.

5. Queremos que se suspendan las reuniones en casa de Isolina, por creerlas contrarias a la tradición portorriqueña, porque arrojan sospechas infundadas sobre nuestra intención de seguir la línea del partido. El propio don Pedro pidió encarecida y reiteradamente que se suspendieran esas reuniones. La propia Isolina en más de una ocasión ha dicho que esa es la única orden que no estaría dispuesta a obedecer, ni siquiera viniendo del Maestro, que repetidamente le aconsejó que se mudara de casa. Isolina tiene perfectísimo derecho, como cuestión de principio, a celebrar esas reuniones. Todo ser humano, especialmente la mujer, tiene derecho a ser caprichoso, siempre y cuando que su capricho no afecte el bienestar de la comunidad. Yo he estado en estas reuniones. Usted sabe que las más de las veces en esas reuniones sólo se habla de pamplinas –de pamplinas inofensivas. Insiste en que se trata de una cuestión de conveniencia. Isolina tiene derecho a negarse a complacernos en esto. Le suplicamos que nos complazca.

6. Queremos que Paulino Castro voluntariamente renuncie como auditor del Partido nacionalista de Puerto Rico, no como cuestión de principio, sino como medida de conveniencia.

7. Queremos que Paulino Castro o Buenaventura Rodríguez renuncie a la vocalía por el distrito de San Juan. No nos parece justo que dos socios comerciales monopolicen el distrito de la capital de Puerto Rico. No queremos que se nos entienda mal.

8. No queremos que Albizu Campos sea desplazado. Lo que no queremos es que Albizu Campos sea sometido al calvinismo del libre examen, por personas tan sinceras como ignorantes, cuya buena fe corre parejas [sic] con la obsolescencia del Partido Nacionalista [sic].

9. Queremos que se entienda bien claro, de manera que lo entiendan hasta los becerros, que la inscripción del Partido nacionalista es una cuestión de conveniencia, a la cual debe procederse cuanto antes, de suerte que nuestra existencia legal no pueda ser puesta en entredicho por nadie. Creemos que se trata de una necesidad inaplazable, resuelva o no resuelva ir a elecciones el Partido nacionalista. Queremos que se entienda bien que ir a elecciones tampoco es una cuestión de principio, sino sencilla y llanamente una cuestión de táctica, de conveniencia. Queremos que se entienda bien que el inscribirnos o no inscribirnos como electores tampoco es una cuestión de principio, son una cuestión de conveniencia, la cual debe ser estudiada cuidadosamente. Si el Partido nacionalista resuelve inscribirse en Secretaría ejecutiva, no tiene otro remedio que eliminar el nombre de toda persona cuyos derechos civiles estén en suspenso, a través de convicción por delito grave, aunque político. Esto incluye el nombre de Albizu Campos, cuyos derechos civiles están en suspenso por obra y gracia de la tiranía judicial que prolonga Estados Unidos en Puerto Rico, la cual sólo podría ser interrumpida por ahora, a través de la intervención de la llamada clemencia ejecutiva, del presidente de Estados Unidos, que vertida en indulto incondicional, le restituiría plenamente sus derechos civiles. Queremos que se sepa que en caso de indulto incondicional, la plena restitución no incluiría el derecho a ejercer la profesión de abogado, el cual es un monopolio judicial, una especie de franquicia. Yo no tengo la menor duda de que, una vez indultado Albizu Campos incondicionalmente, el Tribunal supremo de Puerto Rico no tendría reparo en admitirlo nuevamente al ejercicio de la profesión. Nosotros queremos que Albizu Campos pueda ser plenamente reintegrado a nuestra vida civil, política y profesional. Queremos que se entienda bien claro, de suerte que lo entiendan hasta los becerros, que decir esto no es pedir la destitución de Albizu Campos ni su desplazamiento. Es, precisamente, pedir su restitución y su reimplantación. No es divorciar al Partido nacionalista de Albizu Campos. Es devolver a Albizu Campos al Partido nacionalista. No es traicionar a Albizu Campos. Es serle fiel por encima de cuatro paredes, por encima de cuatro gatos. No es servir al régimen. No es ser colonial. Es no ser más papista que el Papa. Es hacer frente a una alternativa: o se legaliza la existencia del Partido nacionalista, de acuerdo con nuestras leyes de facto, o desaparece el Partido nacionalista, a través del boicot electoral o de una secretaría  negativa a inscribirnos. La existencia legal de facto del Partido nacionalista no es cuestión de principio. Es una cuestión de conveniencia; es una necesidad. Estamos a punto de que el que diga que el Partido nacionalista es un partido clandestino nos diga una verdad severa, pero amiga verdadera. El anticlandestinaje no es cuestión de principio. El anticlandestinaje es cuestión de táctica, cuestión de conveniencia: necesidad perentoria. Hace ya muchos siglos que Aristóteles dijo que el hombre es animal social –animal político. Sea legítimo el régimen actual, o sea usurpador, los portorriqueños tienen que vivir en sociedad, y la manera conocida de vivir en sociedad es que existe un Estado que desempeñe ciertas funciones indispensables.

10. Queremos que el colega Gaspar Encarnación Santana voluntariamente renuncie la presidencia de la Junta de Santurce, porque su nombramiento es contrario a la línea del partido. La línea del partido es que ninguno de sus funcionarios desempeñe cargos en el Gobierno de facto. La línea del partido no prohíbe a los nacionalistas, individualmente, que sean elegidos, a menos que estos no desempeñen cargos en el Gobierno. Lo que prohíbe es que, una vez desempeñando cargos en el Gobierno, desempeñen cargos en el partido.

La línea del partido prohíbe que las juntas municipales tengan funcionarios militares o cuasimilitares. Estas no son cuestiones de principios. Son cuestiones de conveniencia –especialmente en una colonia. Ahí están Manolín y María Cristina, nacionalistas como ninguno. Jamás han desempeñado un cargo en el Partido nacionalista de Puerto Rico. Son empleados del Gobierno. Son maestros. Las cuestiones que no son de principio pueden ser elásticas, para casos excepcionales, pero estas excepciones deben ser adecuadamente previstas, porque al estirarse o encogerse, puede romperse la línea del partido. Una excepción es, por ejemplo, el oficio de abogado. Ante el gobierno de facto, un abogado es funcionario de la usurpación judicial. Tiene que pertenecer al Colegio de Abogados. Tiene que ser admitido a postular por el Tribunal supremo de Puerto Rico. Tiene que solicitar un monopolio. Pero eso no debe privarlo del derecho a desempeñar cargos en el partido. Esta es línea del partido. Es aplicable a don Pedro Albizu Campos, como abogado. No es aplicable a Encarnación Santana, a pesar de su condición de abogado, porque el cargo por el cual percibe un sueldo no es característico de la toga que le honra.

Aparte de estas consideraciones, Gaspar Encarnación Santana es la sombra de una sombra.

11. Queremos una reorganización in capite et in membris (en la cabeza y en los miembros) del Partido nacionalista de Puerto Rico. Queremos un Concilio de Trento, antes que Lutero y Calvino, como confesión política que nada tiene que ver con la religión, acaben con nuestro nacionalismo. Queremos que se defina bien claro, de suerte que hasta los becerros nos entiendan, en qué pueden reclamar infalibilidad los nacionalistas: solamente en las cuestiones de principio, que por suerte o por desgracia son inusitadamente pocas. No existe la infalibilidad nacionalista, como no existe la infalibilidad papal, en las cuestiones de conveniencia. Las cuestiones de conveniencia deben ser discutidas adecuadamente, con suficiente antelación, porque un movimiento revolucionario, no puede correr el riesgo de que su jefe se dispare la maroma de dar una orden equivocada, porque en los movimientos revolucionarios, como en todo movimiento bien disciplinado, una vez dada la orden, no debe discutirse, so pena de provocar un caos. No debe ponerse a los nacionalistas en el peligroso disparadero de recibir órdenes en conflicto con la conciencia, en conflicto con el sentido común, en conflicto con la experiencia, en conflicto con la disciplina de la historia, la cultura y la civilización. Es por esto que queremos la renuncia de Medina –porque no sabe dar órdenes; porque cuando las dicta, dicta órdenes absurdas, contrarias a toda teoría revolucionaria.

12. Queremos que, cuando se nos hable de democracia, de la soberanía de las asambleas nuestras, se quiera decir lo que se dice. Queremos que se entienda bien claro, de suerte que hasta los becerros comprendan, que las asambleas de nuestro partido, con posterioridad al encarcelamiento de Albizu Campos, y especialmente la última, que fue ostensiblemente amañada, no son genuina expresión de la voluntad del nacionalismo. No deseo profundizar en la naturaleza de un fait accompli (hecho consumado), como no sea para decir que la última asamblea revistió proporciones de comedia. El nacionalismo no es una comedia.

13. Queremos que los nacionalistas sepan claramente que los pabellones nacionales, aun la [sic] de nuestros adversarios, son sagrados; que el nacionalista que sea convicto, a satisfacción nuestra, de profanación a la bandera de Estados Unidos, será expulsado ignominiosamente de nuestra colectividad, sin reparos ni contemplaciones, exactamente igual que si profanase la bandera de Puerto Rico. Fue el propio Albizu Campos el primer en enunciar esta doctrina –el primero en destacar que las banderas norteamericanas capturadas por los españoles en 1898, incluyendo la única bandera capturada en Puerto Rico, fueron llevadas con honores a España, y depositadas en el museo de armas, como el galardón más preciado de las Antillas. Queremos que los nacionalistas sepan que la bandera de Puerto Rico debe ser arriada a la caída de todas las tardes, para evitar posibles profanaciones al amparo de la noche, que a su vez provoque un histerismo de proporciones chauvinistas.

14. Queremos que se sepa bien claro cuánto dinero he recibido para la defensa de Ponce; que se sepa bien claro que hace cinco meses estoy a merced de personas que, en su mayoría, no son nacionalistas.

15. Queremos que el Partido nacionalista otorgue amén de honorable a Telma (Fiallo Henríquez), por ser dominicana, por ser la hija de nuestro delegado en Santo Domingo –y a (Norberto) Cintrón (Ballonet), no sólo porque es su esposo, sino porque es el presidente de la Junta municipal de Río Piedras.

16. Queremos que se haga justicia al doctor Lanauze.

17. Queremos que se haga justicia a Miguel Bahamonde, comunista, a Felipe Colón, republicano; a Gutiérrez Franqui y a Ramos Antonini, populares, y a otros que han colaborado con nosotros, en los momentos más difíciles de nuestra falta de dirección.

18. Queremos que los nacionalistas se den cuenta de que la independencia, santa y noble que es como ideal, no es bálsamo de Fierabrás, que curará todos nuestros males, ni sésamo que abrirá todas nuestras puertas. Queremos que los nacionalistas sepan que un programa que se limite sencillamente a pedir la independencia política, a luchar por la independencia política, es el blueprint (borrador) de un programa, la sombra de una sombra. Queremos que los nacionalistas sepan, sin olvidar la necesidad de la independencia política, que tenemos que resolver el problema económico de Puerto Rico. Nuestra tierra tiene 506 personas por milla cuadrada. Su desarrollo industrial es limitado. Su economía es esencialmente agrícola. Su diabetes es aguda. Albizu Campos sabía eso, Irma. Necesitamos confeccionar un programa económico. Queremos que cuando el imperio nos restrinja la cuota azucarera, hasta los becerros sepan que la limitación de esa cuota es necesaria –que constituye una revolución sin sangre, una revolución en la cual se beneficia tanto Puerto Rico como Estados Unidos. Queremos que los nacionalistas sepan que ese programa económico no puede ser confeccionado de la noche a la mañana, y mucho menos a base de wishful thinking –con cuentas galanas, con la lógica de la lechera, con la lógica de Midas. Queremos que los nacionalistas sepan que el problema de Puerto Rico consiste en que sus cuatro industrias principales, son platos de sobremesa, son postres, y ningún país en el mundo puede resolver a base de postres su problema económico. Queremos que los nacionalistas sepan que estas cuatro industrias, que estos cuatro postres, son el azúcar, el café, el tabaco y los discursos políticos.

19. Queremos que los nacionalistas sepan que ningún movimiento revolucionario debe desvincularse de las masas campesinas y proletarias, tanto nativas como extranjeras, so pena de caer en la anarquía sublimada que hoy días conocida con el nombre de fascismo.

20. Queremos que los nacionalistas dejen de ser reaccionarios, si lo son. Queremos que los nacionalistas se pongan la mano en el corazón, y reconozcan que han perdido la confianza del pueblo, que los admira por su sinceridad, por sus ideales, pero les tiene miedo por el caos que han provocado en Puerto Rico. Queremos que los nacionalistas organicen no solo la santa cruzada de la patria organizada para el rescate de su soberanía, sino para el rescate de la confianza del pueblo. Hernández Vallé tiene razón: hemos perdido la confianza del pueblo, la confianza de nuestros hermanos. Por admitir esto, contra Hernández Vallé se desató también la vil campaña de sutil difamación clandestina.

21. Queremos que los nacionalistas se den cuenta de que ser antiyanqui puede ser tan peligroso como ser pitiyanqui.

22. Queremos que los nacionalistas se den cuenta de que el peligro inmediato no es el de los hombres y mujeres norteamericanos, sino el del imperialismo norteamericano.

23. Queremos que los nacionalistas se den cuenta de que el fascismo es un peligro inmediato; de que el comunismo, si persisten en creer que es un peligro, es un peligro remoto. Esto del comunismo me recuerda siempre la degeneración calvinista, que es el adventismo, que pretende que Cristo vuelva de un momento a otro, y en 1840 se suben a las copas de los árboles, en Estados Unidos, para divisarlo antes que nadie. El comunismo ha pospuesto, por lo pronto indefinidamente, su segunda venida, la de la revolución social universal, de la misma manera que el catolicismo se organiza de tal suerte que su Cristo pueda volver a la hora que quiera, aun dentro de mil años. Los adventistas de la revolución social con los trotskistas, y los apristas, los abecedarios, y los terroristas y contraterroristas portorriqueños. El catolicismo y el comunismo han dejado de ser utópicos en tanto y en cuanto no se empeñan en fijar exactamente la vuelta de su mesías respectivo. Tampoco debe ser utópico el nacionalismo. Queremos que el nacionalismo no sea una figura de retórica. Queremos que el nacionalismo no sea un vicio de dicción. Queremos que el nacionalismo no sea un solecismo político.

24. Queremos que el nacionalismo no insista en un exhibicionismo católico, el cual no agrada mucho ni siquiera a los católicos mismos, porque de vez en cuando reciben la sensación de que se trata de un catolicismo for expediency –de conveniencia no muy sincera.

25. Queremos que el nacionalismo descarte su insistencia anticomunista, insistencia a lo sumo tan oportunista como el exhibicionismo católico. Entiéndasenos bien: No abogamos por la conversión del Partido nacionalista de Puerto Rico en una filial de la Tercera Internacional. Lo que queremos es que se diga la verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad respecto del comunismo –que no se sorprenda la buena fe de ningún nacionalista con la pesadilla del doctor Lanauze ni con el tratado de Rusia.

Queremos que se miren las cosas como son, sin ojos ni miopes ni hipermetropes [hipermétropes]. Queremos que se le mire con ojos transparentes, sin cristales ahumados. Queremos que de la misma manera sean mirados herr Hitler y signore Mussolini. Queremos, en fin, que los nacionalistas sean realistas –que no sean fantásticos, que no sean tontos, que conozcan la verdad. “Conoceréis la verdad; y la verdad os hará libres.” Lo dijo Cristo.

26. Queremos que los nacionalistas se den cuenta de que el ideal de la familia no es ni un prole numerosa ni la ausencia de una prole –que determinado número de hijos no es una cuestión de principios, ni siquiera para la Iglesia católica. Queremos que los nacionalistas sepan que deben tomar en consideración la situación económica en sus relaciones de familia.

Queremos que los nacionalistas sepan que el neomaltusianismo ha sido condenado por la Iglesia, no porque el ideal de la Iglesia sea que los hijos sean numerosos, sino porque la contracepción artificial es contraria el Derecho natural y a preceptos positivos de la Iglesia. Queremos que los médicos nacionalistas ayuden a regular la prole, con arreglo a las necesidades de la familia, por medios naturales, que son lo que menos repugnan a la conciencia portorriqueña.

27. Queremos que los nacionalistas sepan que en 1934 había en Puerto Rico unos 350,000 desocupados, cuyo desempleo afectaba a tres de cada cuatro personas. Queremos que los nacionalistas sepan que en 1938 había solamente 150,000 desempleados, cuyo paro forzoso afectaba solamente a uno de cada dos portorriqueños. Queremos que los nacionalistas se den cuenta de que una buena parte del crédito por esa reducción corresponde al señor Roosevelt. Queremos que los nacionalistas den al César, lo que al César pertenece. Queremos que los nacionalistas de a Dios lo que corresponde a Dios. Es verdad que Roosevelt es el representante de un imperio. Es verdad que es enorme su indecisión. Con frecuencia su indecisión es prueba de su buena voluntad hacia Puerto Rico. Un hombre no debe ser combatido sistemáticamente. Un hombre debe ser combatido inteligentemente. Combatir inteligentemente a Roosevelt es argüir que de cada peso que trae la PRRA a Puerto Rico, se gastan trece centavos en Estados Unidos, lo cual no afecta en nada nuestra economía. De ese peso, se gastan en Puerto Rico cincuenta y cinco centavos en jornales. Combatir inteligentemente a Roosevelt es decir que de cada peso que gasta la PRRA en jornales, setenta y nueve centavos son gastados en productos importados de Estados Unidos. Combatir inteligentemente a Roosevelt es alegar que esa economía no es ni puede ser científica. Combatir inteligentemente a Roosevelt es alegar que estas estadísticas son de la PRRA misma.

28. Queremos que la esposa de Albizu Campos sepa que Encarnación Santana dijo en plena Junta nacional que había sesenta juntas, con locales propios, y banderas en asta; queremos que la esposa de Albizu Campos sepa que esto no es verdad.

29. Queremos que los nacionalistas no engañen a los cipayos, con cuentas galanas; queremos que todo el mundo sepa que la utilización de ciertos servicios públicos debe ser en beneficio del Estado, porque nadie tiene en Puerto Rico derecho a ganar $75,000.00 anuales, cuando hay infelices mujeres que sólo ganan doce centavos al día; queremos que todo el mundo sepa que, tarde o temprano, los latifundios azucareros tendrán que ser expropiados, con indemnización o sin ella, preferentemente con indemnización, como ha ocurrido ya con las compañías de la luz, como ha ocurrido ya en México con el petróleo. Esto no es comunismo. Este principio de expropiación forzosa, previa indemnización, por causa de utilidad pública, ha sido reconocido por el extinto Pontífice Pío II.

30. Queremos que todo el mundo sepa, en Puerto Rico, que la realidad no nos ciega: que una expropiación forzosa, en beneficio de la colonia, no es la expropiación ideal que destacamos. Nosotros sabemos que expropiar una central, o una planta eléctrica, o una empresa ferroviaria o cualquier otra utilidad portorriqueña, en beneficio de lo que aquí hace las veces del Estado, de hecho implica expropiar esas empresas en beneficio, no de la comunidad portorriqueña, no del ente jurídico que debiera ser Puerto Rico internacionalmente, sino en beneficio de Estados Unidos. Una empresa así expropiada estaría a merced de los vaivenes de la usurpación judicial de Estados Unidos, de la política ejecutiva de Estados Unidos, de los intereses de Estados Unidos, y no a merced de la voluntad de la comunidad portorriqueña, que es la que en derecho y en justicia debería ejercer esta función reguladora.

31. Queremos que los nacionalistas no se desencanten, no se desilusionen, con las bases navales y aéreas que Estados Unidos proyecta establecer en Puerto Rico. Combatir inteligentemente a Roosevelt es decirle que ese es un error militar –que a nadie se le ocurre duplicar un Gibraltar en una densidad de población de más de 500 personas por milla cuadrada. Hay que decirle redondamente a Roosevelt que eso es algo peor que imperialismo: que eso es criminal. Eso es combatir inteligentemente a Roosevelt. Una voz así elevada pondría a pensar al primer mandatario de la Unión norteamericana. No es uniéndonos al coro aprista, trotzkista [sic], fascista, nazista, falangista y japonés que combatiremos inteligentemente a Roosevelt. Combatiremos inteligentemente a Roosevelt única y exclusivamente a base de la verdad completa, y no de verdades a medias.

32. Queremos que los nacionalistas sepan que ir a la cárcel no es una cuestión de principios; que sepan que escribir exabruptos libelosos no es una cuestión de principios –que la cruz no es grande por ser in cadalso, sino por haber redimido al hombre. Al lado de la cruz del Cristo había dos cruces.

Estas dos cruces siguen siendo cadalsos. No redimieron a la humanidad. El arrepentimiento redimió, a última hora, a uno de estos dos crucificados. Queremos, en fin, que los nacionalistas sepan que el que habla y los que por mí hablan –somos adictos a Albizu Campos y al nacionalismo, que somos tan nacionalistas como el grupo que insensatamente se ha apoderado de la dirección, que combatimos desde adentro.

Jugamos limpio.

Nuestras cartas están sobre la mesa.

Fraternalmente suyo,

J. M. Toro Nazario

Comentario:

El fragmento que antecede, cierra la Carta a Irma (1939) con una propuesta concreta en torno a lo que aspira «grupo revisionistas» del Partido Nacionalista en vista de la crisis por la que atravieza en 1939. La retórica se mueve entre el «retorno a los orígenes»  y la «reinvención táctica» de la organización a la luz de las codiciones dominantes en aquel momento: Segunda Guerra Mundial, amenaza fascista, revisión del orden capitalista y buenas relaciones con el mundo comunistas, en lo internacional: y Novotratismo, Populismo e independentismo con justicia social en ascenso. en el plano nacional. Toro Nazario creía en la posibilidad de la regeneración.

Sin embargo es muy enfático a la hora de afirmar que las reformas que vive el país, enmarcadas en una relación colonial, no tendrán el efecto deseado. Su afirmación final en el sentido de que sigue «adicto» o fiel a Albizu Campos y al nacionalismo, intenta demostrar que el enemigo es el «grupo ortodoxo» y no el «grupo revisionista». Sus esfuerzos por reformular aquel moviento en una dirección «progresista» y no «reaccionaria» fracasaron.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

junio 4, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, stalinismo y autoritarismo

artido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 21-25

Fragmento 5: El presidente del Stalinismo

(…)  Por lo que pueda hacer al caso, no es esa la única vez que he presidido una reunión de ese calibre, en ausencia del presidente. Lo hice una vez, en ausencia de Albizu Campos. Entonces estaba con nosotros mi compueblano Buenaventura Rodríguez, hoy socio del McLeod del partido y conjuntamente con él vocal de la Junta nacional. Recuerdo que en aquella ocasión consideramos el exhibicionismo católico que se había apoderado del Partido nacionalista. Albizu Campos protestó de que nos reuniéramos a sus espaldas. Me puse de pié y le expliqué por qué. El tiempo ha demostrado quién tenía razón. Para aquella época unas trescientas personas suscribieron una protesta contra el referido exhibicionismo. Al correr de los años, el Partido nacionalista no tuvo otro remedio que declarar no gratos a los señores obispos. La catedral de San Juan nos fue cerrada un día de De Diego. Otro día, el padre Ramos quedó suspenso. Otro día, desapareció mi columna [en]  El Piloto. Otro día, el párroco de Lares nos prohibía la entrada de banderas portorriqueñas. Hoy día los estandartes de Franco entran y salen impunemente.

Masacre de Ponce (1937)

El cabello de los nacionalistas suele ser largo –tan largo como suele ser corta su memoria. El as de triunfo fue reservado para la esposa de Albizu Campos y el joven de las tres jotas. Gran parte de la carta de Cuba es una filípica contra el doctor Lanauze.

¿No es el doctor Lanauze la persona a cuyo favor –la única persona no nacionalista– dos asambleas nacionales consecutivamente han rendido público testimonio de gratitud?

La carta de Cuba invoca la soberanía de nuestras asambleas. ¿No forman parte de esa soberanía las resoluciones en que por unanimidad el nacionalismo consigna al doctor Lanauze su reconocimiento imperecedero?

En circunstancias normales concedo que no sería de buen gusto que fuera yo quien hiciera la apología del doctor Lanauze. La diatriba de Cuba es tan virulenta que me siento constreñido a saltar por encima de los nones del savoir dire (saber decir), para dar sólo pálido reflejo de los servicios puramente graciosos del doctor Lanauze al Partido nacionalista de Puerto Rico.

Debo advertirle, Irma, antes que nada, que el doctor Lanauze era condiscípulo del ilustre preso de Atlanta. Desde la adolescencia, idéntico afán de cultural superación les reunió en las aulas de la colonia. Eran compañeros. El mismo año se graduaron de la segunda enseñanza. En cierta ocasión, uno debatió frente al otro.

He visto, Irma, el primer libro publicado por el doctor Lanauze, a través de los años y la insidia, el libro adquiere un mérito singular: es el primer libro, en toda nuestra bibliografía, que menciona a Albizu Campos. Con la venta de este libro –¡ni usted ni yo sabemos lo que en Puerto Rico significa que un autor novel tenga que publicar y vender su propio libro!– el doctor Lanauze se hizo de dinero para continuar sus estudios. Hijo de un herrero, ni siquiera tuvo una beca para seguir adelante. Se hizo maestro. Con sus ahorros se trasladó a Estados Unidos. Usted no sabe, Irma, lo que significa para un estudiante de color costearse sus propios estudios en Estados Unidos. El doctor Lanauze fue hasta sirviente.

Mientras tanto, una beca, ganada en buena lid –una beca colonial– conducía al futuro apóstol a Vermont. Méritos ulteriores lo llevaron a Harvard.

Uno y otro se encontraron en Washington. El doctor Lanauze cooperó con Albizu Campos en cuanto pudo.

No fue únicamente el amor a la cultura lo que les unió. Atábalos el mismo amor a la independencia de Puerto Rico. Los mismos prejuicios raciales se irguieron contra ellos. Los tres lazos subsisten a través del tiempo, la distancia y el fanatismo.

Albizu Campos y el doctor Lanauze volvieron a reunirse en Ponce.

El doctor Lanauze escribió en 1932:

“El Partido socialista /de Puerto Rico/ ha ido evolucionando gradual y sistemáticamente hacia la derecha.” –Por los caminos de la violencia, editorial América, Ponce, página 183.

Dijo también:

“Nuestro porvenir está en nuestras propias manos. Debemos ir francamente al corazón y a la mente de nuestras masas explotadas, exprimidas, anémicas, escépticas, vencidas, y probarles que deben ponerse de pié… Luchar como hombres y no someterse como esclavos.” Loc. Cit. pp. 188 y 189.

Un año después del tratado de Rusia, al cual alude la carta de Cuba, y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, decía el doctor Lanauze:

“/El Partido nacionalista de Puerto Rico/ vive de frente al pasado, cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica…” –Por qué somos comunistas, Ponce, 1934, p. 21.

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esa carta, el doctor Lanauze decía también:

“El Partido comunista de Puerto Rico combatirá también la colonia y defenderá con todas sus fuerzas y con todos los medios la independencia de Puerto Rico. Los Estados Unidos nos sojuzgan por el solo derecho que da la fuerza bruta y por el interés egoísta de los dividendos que durante treinta años hemos pagado a sus capitalistas ausentes; por la servil pasividad de los portorriqueños, y por la cooperación de nuestros políticos y nuestra burguesía nativa. En esto estamos de acuerdo con el Partido nacionalista.” Loc. Cit., pp. 21 y 22.

Tome nota, por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, de que se trata de palabras escrita un año después del tratado de Rusia.

El doctor Lanauze escribió además:

“Consideramos /a los nacionalistas/ los únicos independentistas sinceros y valientes. Con ellos cooperaremos siempre y esperamos poder probarles, en todo momento, que por ese fin común, supremo para ellos, nosotros también pelearemos con todas las armas, sinceramente, valientemente… Esperamos que… el Partido nacionalista de Puerto Rico… defienda francamente la masas trabajadoras portorriqueñas contra la explotación de la burguesía nativa… que es en verdad el peor enemigo de la independencia de Puerto Rico.” Loc. cit., pp. 21 y 22.

Nacionalistas acusados durante la Masacre de Ponce (1937)

Un año después del tratado de Rusia y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, hizo el doctor Lanauze una promesa. Esa promesa, Irma, no ha sido violada nunca.

Por lo que pueda hacer al caso, en la página 18 del opúsculo citado, el doctor Lanauze llama al Partido socialista de Puerto Rico “partido amarillo.” Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama “imperialista” a la Unión republicana. Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama al Partido liberal  “instrumento de la burguesía nativa.”

La acusación del gran jurado puso al doctor Lanauze a las órdenes de Albizu Campos. El anticomunismo de Albizu Campos –hecho incontrovertible– contestó al cumplimiento de la promesa del doctor Lanauze con un epíteto: “espía.” El epíteto no es nuevo en el Partido nacionalista. Es tan corriente como el de “traidor”. Yo mismo he sido acusado de espía. En una ocasión Virella no pudo contenerse y, entre bromas y voras [?], contestó:

-Don Pedro, Toro Nazario no tiene inteligencia suficiente para ser espía.

Virella se ha retirado del Partido nacionalista.

¿Por qué?

Ni la injustificada acusación de espía ni el anticomunismo de Albizu Campos impidieron que el doctor Lanauze olvidase su promesa. El doctor Lanauze prestó su más decidido concurso económico y cultural al Frente unido.

También de la noche a la mañana sobrevino el boicot nacionalista, esta vez al Frente unido (pro-constitución de la república), en momentos en que éste estaba en apogeo. Las causas del boicot nacionalista nunca han sido explicadas meridianamente.

Mi explicación estriba:

(1) En el anticomunismo nacionalista, que repudiaba la colaboración izquierdista, pero acogía la derechista.

(2) En el predominio de una ideología semifascista en el nacionalismo.

(3) En la alarma, con proposiciones de cruzada, de la Santa Sede –foco de autoridad en el nacionalismo– contra movimientos de nombre parecido en otros países. La verdad es que Pío II combatía los Frentes populares, pero implícitamente se refería a los movimientos de este nombre en los países libres. En cuanto al respaldo eclesiástico del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina de la Iglesia es tan clara y terminante que no creo necesario molestar su atención en cuanto a ella.

(4) En el germen trotskista. No olvide usted que, por ejemplo, un nacionalista expulso, (Luis) Vergne Ortiz –exvicepresidente del Partido nacionalista de Puerto Rico, mi barba en remojo– habiendo sido expulsado también del Partido comunista, presidía, como aún preside, el movimiento trotskista en Puerto Rico.

(5) En la insistencia nacionalista por llevar a cabo la Marcha sobre San Juan –nombre mussolinesco– por encima de la represión winshipesca.

(6) En el viaje a Buenos Aires de Vicente Géigel (Polanco), por encima de la intransigencia nacionalista. Verdad es que Vicente no militaba en el nacionalismo, pero había sido uno de sus fundadores. Su independentismo es indiscutible, Irma.

(7) En el germen aprista.

(8) En el germen abecedario.

(9) En el germen trujillista.

(10) En el exclusivismo antidemocrático.

(11) En el cambio de psicología que se opera en un hombre cuando es encarcelado.

La massacre del Domingo de Ramos es la tragedia que inicia el rapprochement del Partido nacionalista con el tantas veces calumniado doctor Lanauze –a regañadientes, por lo visto. La esposa de Albizu Campos desconoce, según parece –sería más grave aún, si lo olvidase– que fue el doctor Lanauze la única persona que, enterada de lo ocurrido en Ponce el 21 de marzo de 1937, a toda velocidad corrió al campo a empapar al fiscal Pérez Marchand de los antecedentes de la horrible matanza en que habían muerto veintiuna personas y habían sido heridos unas doscientas más.

En los momentos en que se retiraba el doctor de la finca del fiscal, llegaba la policía, con sus portátiles ametralladoras aún calientes –con la versión oficial de los sucesos, en embrión.

De esta feliz coyuntura –feliz es la palabra– arranca, Irma, el prejuicio oficial contra el doctor Lanauze. Es un prejuicio comparable únicamente con el prejuicio nacionalista –si de algo sirve, Irma, una paradoja estúpida. De esta feliz coyuntura, arranca también el prejuicio oficial contra el propio Pérez Marchand –génesis de su espectacular renuncia.

Comentario:

El autor documenta las discusiones internas que emanan de la actitud que denomina el “exhibicionismo católico” del Partido Nacionalista. Al parecer la Junta Nacional que crítica, era partidaria del mismo, y estuvo en posición de aislar a los sectores más liberales y anticlericales de la organización e incluso a importantes militantes que militaban el en el evangelismo. Todo parece indicar que desde mediados de la década de 1930 hasta el momento en que escribe las relaciones entre la Iglesia Católica colonial y el nacionalismo se habían ido enfriando.

El «exhibicionismo católico» me sorprende por el hecho de que tengo referencias de que Laura Meneses del Carpio, en su juventud, fue anticlerical convencida. En la madurez, cuando su esposo estaba en la cárcel de Atlanta vivió en La Habana y, con posterioridad, aceptó la protección del gobierno de la Revolución Cubana de 1959 y representó a ese país en diversos foros internacionales a sabiendas de que, desde 1961, el discurso oficial de Cuba confirmaba que se trataba de una revolución formalmente atea por su carácter comunista. La situación merece un estudio más detenido.

De acuerdo con Toro Nazario el catolicismo del partido, condujo a la condena del Dr. José A. Lanauze Rolón (1893-1951), mulato residente en Ponce, escritor y miembro destacado del Partido Comunista Puertorriqueño fundado en septiembre de 1934. Lanauze Rolón, hijo de artesanos negros, había estudiado con Albizu Campos en la Ponce High donde ambos participaron de la denominada Sociedad de Escritores de la escuela. La obra de Lanauze Rolón merecería un estudio detenido a la luz de las contradicciones entre nacionalismo y comunismo. El mal de los muchos hijos: polémica sobre el neo-malthusianismo (1926) de la cual fue coautor, es su obra más conocida. Pero también publicó Por los caminos de la violencia: la idea comunista (1932), El fracaso del Nuevo Trato (1935) y La revolución rusa: 19 aniversario, discurso (c. 1936)

El fragmento citado responde de una manera muy documentada, las críticas a esta figura, recordando a los nacionalistas los servicios de Lanauze Rolón al partido. Para Toro Nazario, entre Albizu Campos y Lanauze Rolón hay numerosos paralelos. Se trata de dos figuras que tienen que superar numerosas barreras raciales y culturales para alcanzar sus metas. Pero también se trata de dos independentistas convencidos que saben cuánto se arriesga en la colonia.  Las convergencias políticas son también numerosas. La crítica al giro a la derecha del Partido Socialista, calificado como «amarillo» o reformista por oposición a «rojo» o revolucionario y actitud que se profundiza desde que inicia periodo de las mogollas políticas de cara a las elecciones de 1924, es solo un detalle de ello.El rechazo teórico al Nuevo Trato no debe ser pasado por alto aunque las razones de uno y otro ideólogo para hacerlo fuesen distintas.

También señala las diferencias: el Partido Nacionalista  “vive… cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica”. El Partido Comunista, no. Se trata de dos proyectos utópicos que apropian la historia desde perspectivas dispares: uno pasatista y el otro futurista. Pero los comunistas esperaban demasiado de aquella organización: confiaban en que los nacionalistas enfrentarían a la “burguesía nativa”, clase que era considerada por los comunistas como el mayor adversario de la independencia por su estrecha alianza con el capital estadounidense y el imperialismo. El discurso nacionalista, sin embargo, veía a la “burguesía nativa” como un signo de la Nación y ansiaba concertar su colaboración. Las posibilidades de concertar una oposición común al coloniaje en el marco de la política de los «Frentes Populares» promovida por Moscú y su Comintern eran muy pocas a la altura de 1934 y se redujeron más en 1936 cuando un «Frente Popular» identificado con los rojos enfrentaba a un falangismo que se identificaba como nacionalista en la Guerra Civil española.

Ello explica el rechazo de Albizu Campos a la colaboración de Lanauze Rolón en el momento de su arresto por las autoridades federales en 1936 y su acusación de que este era un «espía». La impresión que queda es que los Nacionalistas eran demasiado aprensivos con los No-nacionalistas y habían convertido el Nacionalismo es una ideología exclusiva y excluyente, compartida solo por partisanos Nacionalistas en el marco de una disciplina férrea. Esa era una postura que Albizu Campos había adoptado desde que ascendió a la Presidencia de la organización en mayo de 1930, como se deduce de una Carta a José Lameiro de julio de aquel año cuya relectura recomiendo. La imagen del Albizu Campos como un anticomunista y la de su partido como uno semifascista, está completa desde la perspectiva de Toro Nazario.

Sus reservas con el Partido Socialista son comprensibles: aquel era un partido anexionista que se asoció al Partido Republicano Puro para fines electorales desde 1924, culminando en la Coalición Puertorriqueña de 1936. Del mismo modo su central sindical, la Federación Libre de Trabajadores, estaba afiliada a la American Federation of Labor desde 1901, se oponía a la lucha de clases y a las huelgas, y favorecía la negociación colectiva desde arriba en nombre de los trabajadores. Pero el Partido Comunista Puertorriqueño defendía la independencia y la política de autodeterminación en boga y los Frentes Populares de la Internacional Comunista.  Toro Nazario adjudica el aislamiento político del nacionalismo a su aprismo, su trotkismo, su exhibicionismo católico, su fascismo y, en fin, a su anticomunismo. Sobre esa base, explica el alejamiento de la organización del Frente Unido Pro-Constitución de la república que en 1936 articuló un proyecto de masas con el fin de preparar el camino para la puesta en planta del Proyecto Millard Tydings de 1936. La sugerencia es que, dado que el nacionalismo no estaría en condiciones de controlar la maquinaria de una organización tan amplia,  no valía la pena vincularse con la misma.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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