Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

marzo 30, 2013

Reformas económicas y cambio social: el papel de la Guerra Fría

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

La “Operación Manos a la Obra” inició formalmente bajo la gobernación de Luis Muñoz Marín, una vez este fue electo por voto popular en 1948. Aquellas prácticas marcaron el modelo de desarrollo económico de Puerto Rico hasta 1964, cuando el veterano líder abandona el poder y señala como sucesor al ingeniero  Roberto Sánchez Vilella (1913-1997). “Operación Manos a la Obra” se desarrolló en el contexto peculiar: el capitalismo acababa de salir de salir de una crisis económica enorme que había desembocado en la debacle política de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) mientras en el horizonte maduraba la Guerra Fría (1947-1991). La Gran Depresión había conducido a la conflagración mundial pero la paz no había impedido la división del mundo de la posguerra entre socialistas y capitalistas. En verdad, la competencia por el control de los mercados coloniales y el capital internacional seguía siendo la orden del día en la posguerra.

En el campo socialista dominaba una aparente seguridad con respecto a la función del Estado como agente protagónico de los procesos económicos. En el campo capitalista, el momento era apropiado para revisar algunos artículos de fe de la economía liberal tal y como se había conducido hasta aquel momento. Los cuestionamientos al capitalismo clásico miraban hacia sus fundamentos teóricos. La idea de que el Mercado se autorregulaba por obra de la “mano invisible” y la “ley de oferta y demanda”, comenzó a parecer una ilusión y fue dejada atrás.

Del mismo modo, la confianza en que el avance del capitalismo garantizaría acceso igual a la riqueza a todos y eliminaría las carencias sobre la base de la libre competencia ya no resultaba convincente. Los espasmos producidos por la Gran Depresión y la profundización de la desigualdad, fenómenos que se repiten en la crisis del presente, minaban la confianza en el capitalismo liberal y estimulaban la oposición a ese orden social a nivel global. Después de la guerra el socialismo internacional encontró el terreno preparado para su difusión como una opción real. Incluso los teóricos del capitalismo reconocían la validez de ciertos razonamientos del socialismo teórico: la experiencia concreta de aquel orden social podía palparse en la Unión Soviética desde 1917.

Earl Browder, dirigente de Partido Comunista de Estados Unidos

Earl Browder, dirigente de Partido Comunista de Estados Unidos

Para Estados Unidos y  Puerto Rico aquello significaba que se penetraba en una nueva era económica. El Estado no sería un observador ajeno de la actividad económica y el mercado sino que intervendría como un agente activo en ambas e incluso competiría como un agente más en igualdad de condiciones y, por aquel entonces, con numerosas ventajas. Con ello se consolidaba lo que se ha denominado el Estado Interventor. La implicación era que el Estado fungiría como un árbitro o mediador que representaría los intereses del Pueblo en aquel juego de lucha de clases e intereses contradictorios. Su arbitraje iría dirigido a reducir o  podar los desequilibrios y las injusticias del mercado capitalista, a la vez que estimularía una justa distribución de la riqueza a la vez que adelantaba la igualdad y la justicia social. Para ello articularía políticas que favorecieran a los parados o desempleados, los pobres y los marginados.

El parentesco intelectual de aquella propuesta con los movimientos asociacionistas, mutualistas y cooperativistas del siglo 19 era  evidente. En cierto modo, los capitalistas clásicos podían ver con resentimiento un esfuerzo público que parecía atentar contra la libre competencia a favor de un sistema menos competitivo pero más eficaz y estable. Al día de hoy se sabe, ya se reconocíaen aquel entonces, que la intención  era estimular la descomprensión de las contradicciones sociales existentes que, en el contexto de la Guerra Fría, podían estimular las respuestas socialistas al problema. Se trataba de una bien articulada campaña para salvar el capitalismo con un nuevo rostro más humano. El producto neto de ello fue lo que se ha denominado el Estado Providencial o Benefactor. La justicia social sería planificada y administrada desde arriba.

La Revolución Socialista era una “amenaza” real después de 1945.  La Unión Soviética no abandonó los territorios ocupados durante la guerra tras su avance hacia Europa. Aquellos territorios comenzaron a adoptar bajo la presión interna y externa, el modelo socialista de producción. En 1946 lo hicieron Albania y Bulgaria, aquel  mismo año en China y Filipinas los comunistas presionaban militarmente. Ya para el 1947,  las tensiones entre Estados Unidos y Unión Soviética llegaron al extremo de la confrontación en Berlín. Y en 1948, Checoslovaquia y Corea del Norte proclamaron el socialismo con apoyo soviético. Para esa fecha ya se hablaba de la existencia de un “Telón de Acero” que separaba las dos Europas, la occidental y la oriental, el  “Bloque Socialista” comenzaba a consolidarse y el bipolarismo de la era de la Guerra Fría estaba por madurar.

Norman Thomas, dirgente del Partido Socialista de Estados Unidos

Norman Thomas, dirigente del Partido Socialista de Estados Unidos

El Estado Interventor, Providencial y Benefactor se instituyó para frenar aquella tendencia y el Puerto Rico el “Nuevo Trato”, el Partido Popular Democrático, Rexford G. Tugwell, Luis Muñoz Marín, la Ley 600 y el Estado Libre Asociado, representaban cabalmente la situación. La meta de aquel esfuerzo reformista y racionalizador era estimular el crecimiento  y evitar una crisis que podría facilitar la expansión de los movimientos socialistas.

Una pregunta que se cae del tintero es si Puerto Rico corría peligro de “caer en manos de los comunistas” en los años 1940 y 1950. En la isla existía un Partido Comunista desde 1934. Se trataba de una organización  prosoviética pequeña que, en 1938 recomendó a su militancia que apoyara al Partido Popular Democrático a la luz de la política de “frentes populares” auspiciadas por el Comunismo Internacional. También existía desde 1915 un Partido Socialista. Pero se trataba de una organización amarilla y no roja, es decir, no respaldaba la revolución proletaria y tendía al reformismo y al obrerismo. Por otro lado, su dirección era estadoísta y se reconocía que estaba asociada al capital puertorriqueño y extranjero por lo que  no era para nada amenazante. Aliados con el Partido Republicano, habían estado en el poder entre 1933 y 1940 en la denominada Coalición Puertorriqueña. Una vez ganó el PPD, su influencia en el movimiento obrero quedó en entredicho. Ninguno de ellos era un agente capaz de hacer una revolución socialista en el país.

Mirando hacia fuera del país, el Partido Comunista de Estados Unidos, dirigido por Earl Browder (1891-1973) hasta 1945, apoyaba abiertamente a la independencia para Puerto Rico. Las relaciones entre aquella organización y el Partido Nacionalista se habían profundizado por los contactos entre prisioneros políticos de ambas tendencias en la cárcel de Atlanta entre los años 1937 y 1943. Una vez los presos comenzaron a salir de la penitenciaría, las mismas se hicieron más profundas. En Nueva York, militantes nacionalistas bona fide como Juan Antonio Corretjer, Clemente Soto Vélez, Juan Gallardo Santiago, José Enamorado Cuesta, entre otros, se afiliaron al comunismo. Sin embargo, las relaciones entre las comunistas y nacionalistas se rompieron cuando Estados Unidos intervino en la Segunda Guerra Mundial como un aliado de la Unión Soviética.

Por último, el Partido Socialista de Estados Unidos dirigido por Norman Thomas (1884-1968), apoyaba las políticas del “Nuevo Trato” y prefería mayor autonomía para Puerto Rico y no la independencia ni la estadidad. En realidad, la amenaza socialista en Puerto Rico era un fantasma y una invención de la histeria anticomunista estadounidense. La única revuelta política violenta, la Insurrección Nacionalista de 1950, no respondía a reclamos socialistas o de igualdad social en el sentido que las izquierdas adjudican a esos principios. Lo cierto es que el Partido Nacionalista no encajaba en el lenguaje de la Guerra Fría sino más bien en el discurso antifascista de la Segunda Guerra Mundial.  La tendencia de las autoridades federales y estatales a asociarlos al fascismo, al nazismo e incluso a la Cosa Nostra o mafia fue muy común. A pesar de ello se les arrastró hacia las invectivas propias de las Guerra Fría y se les asoció al comunismo y al socialismo si mucho recato.

Conclusiones

El Puerto Rico contemporáneo, como se habrá podido palpar, se configuró en el contexto de complejas crisis globales y nacionales. La Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial de 1939 a 1945, la Guerra Fría y el anticomunismo exhibicionista de la Doctrina Truman de 1947 impactaron, sin quitarle toda su autonomía de acción, a la clase política puertorriqueña dominada por el Partido Popular Democrático. Pero es importante recordar que Puerto Rico pasó por aquel proceso sin soberanía política, lo que significa que siempre alguna fuerza externa decidió en su nombre hacia dónde debía dirigirse y cuál discurso era legítimo esgrimir desde la oficialidad y cuál no. La transfiguración de la Ley Smith en Ley de la Mordaza (1947-1948) es la prueba más dramática de ello. Fue en aquel contexto complejo que las reformas se aplicaron al país.

julio 3, 2010

“Carta a Irma” (1939): la solidaridad de los comunistas

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág.100-101.

Fragmento 8: Los comunistas han sido consistentes

Tengo a la vista ejemplares del Daily Worker, del 25 y el 26 de febrero de 1936 –de los días que siguieron a la muerte del coronel Riggs y al linchamiento de Beauchamp y Rosado. El primero tiene un titular a ocho columnas:

Elías Beauchamp (1936)

“La policía de Puerto Rico inicia el régimen de terror después de las muertes.” El subtítulo, a dos columnas, dice: “Dos abatidos a balazos…” No tengo espacio ni derecho para traducir el despacho a continuación de esos titulares. Bastará que le diga que nada se publicó en Puerto Rico, a favor del nacionalismo, que sea comparable con ese despacho. Los comunistas han sido consistentes con nosotros.

El segundo número del Worker tiene otro titular a ocho columnas: “La infantería de marina a toda marcha hacia Puerto Rico para respaldar el terrorismo oficial.” Traduzco un epígrafe a una columna: “Se hace responsable de las massacres al gobernador imperialista.”

Un editorial de ese número del Worker recalca:

“Dos hombres fueron linchados el domingo en Puerto Rico, por una policía dominada por los norteamericanos, como el punto de partida de una campaña (terrorista) para exterminar el movimiento de liberación nacional en la isla.

“Todo el mundo sabe que nosotros los comunistas no tenemos nada en común con el método del terrorismo individual, del asesinato político. La muerte del coronel Riggs. Jefe de la policía en Puerto Rico, no ayuda en nada al movimiento de liberación. Solamente la acción de las masas, organizadas y disciplinadas para la lucha colectiva, pueda emancipar al pueblo portorriqueño de las garras del imperialismo yanqui.

“Pero la muerte del coronel Riggs está siendo utilizada por el imperialismo norteamericano para pedir la disolución del Partido nacionalista de Puerto Rico. ¿Pueden los socialistas en Estados Unidos permanecer en silencio cuando un hombre como Iglesias se suma al coro de ladrones? ¿Puede el pueblo de Estados Unidos permanecer en silencio ante esta exhibición de la política del Buen Vecino de Roosevelt en Puerto Rico? ¿Buen Vecino?

Buenos linchadores…”

¡Benedicto XV! ¡León XIII! ¡Tratado de Rusia con Estados Unidos! ¡El doctor Lanauze! ¡La carta de Cuba! ¡Los descontentos! ¡Don Ramón Medina Ramírez!

Comentario:

El último argumento de Toro Nazario para documentar la solidaridad del Partido Comunista de Estados Unidos y los comunistas en general con el Partido Nacionalista, tiene que ver con la reacción de aquellos ante el asesinato de Elías Beauchamp e Hiram Rosado en el cuartel de la policía el 23 de febrero de 1936 tras la ejecución del Coronel Elisha Francis Riggs, Jefe de la Policía Insular. (Ver relato de Enrique Ramírez Brau, periodista y testigo de la ejecución a quien Toro Nazario señala como filofascista). Los portavoces comunistas hicieron hincapié en que su respaldo no debía interpretarse como un apoyo al “método del terrorismo individual, del asesinato político”.

El “magnicidio”, “regicidio” o “tiranicidio”, hacía sentido en la tradición interpretativa católica desde la Edad Media, y en la praxis anarquista individualista de fines del siglo 19 y principios del siglo 20. Pero la misma no tenía mucho espacio en la racionalidad revolucionaria marxista leninista o stalinista, según lo demuestra los múltiples roces entre los militantes bocheviques y los sectores anaquistas antes y después del 1917. El hecho de que el “terrorismo individual” fuese respondido con el “terrorismo de Estado” y, en cierto modo, las condiciones legitimaran la disolución del nacionalismo organizado mediante la fuerza , representaba un problema para las posibilidades del futuro de la lucha por la independencia que los comunistas percibían claramente.

Winship_otros

Gob. Blanton Winship, el Dr. Eduardo Garrido Morales y el jefe de la Policía Enrique Orbeta (c. 1938)

El concepto “terrorismo” se había convertido en una invectiva directa contra los pequeños burgueses y traidores que Stalin identificaba con susopositores trotkystas, entre otras tendencias. Los comunistas veían en el magnicidio, el tiranicidio o el regicidio una expresión irracional de la violencia individual que “no ayuda en nada al movimiento de liberación” en la medida en que no lo adelantaba. Con actos como aquellos, sostenían, se le ofrecían municiones al Estado y al imperialismo para justificar su agresión a la militancia nacionalista. Los comunistas argumentaban que ese tipo de actos dañaba más que adelantaba la causa de la independencia y que el camino de la emancipación dependía de la lucha de masas de la cual el nacionalismo parecía alejarse al reiterarse en aquellas prácticas.

La lógica de Toro Nazario convergía con la de los comunistas aunque él no era militante de esa ideología. A pesar de que nada garantizaba que un cambio dramático en las tácticas de combate nacionalistas en 1939 hubiese alterado el papel del Partido Nacionalista en la lucha por la independencia, lo cierto es que el asunto de la violencia individual (ocasionalmente suicida) de los nacionalistas y sus comandos, no adelantó la causa de la libertad política en aquel contexto. Por el contrario, estimuló la represión y aseguró la criminalización de una lucha política legítima

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

junio 17, 2010

“Carta a Irma” (1939): Anticomunismo y Nuevo Trato

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 35-38

Fragmento 6:  Fanatismo anticomunista

Después de todo, creo que ha sido providencial que nos reuniéramos en el patio que comparte el doctor Lanauze con Pepín Castro.

La carta de Cuba apela al testimonio privado de Earl Browder, presidente (sic) del Partido comunista de Estados Unidos.

Por lo que puede hacer al caso, la posición de Browder es la siguiente:

(1) Está abiertamente por la completa independencia de Puerto Rico.

(2) Tiene, como finalidad, una reorganización genuinamente socialista de la sociedad, como la más elevada forma de la democracia.

(3) Cree que la mayoría del pueblo portorriqueño todavía no se ha puesto de acuerdo respecto del camino hacia la consecución de estos fines.

(4) A pesar de estas diferencias, Browder está dispuesto, mientras tanto, a secundar una acción de mejoramiento y la gestión de mayores derechos democráticos.

Esta es, en síntesis, la posición del Partido comunista de Estados Unidos. Esta, es, en síntesis, la posición del Partido comunista de Puerto Rico. Esta es, en síntesis, la posición de la Tercera Internacional.

Earl Browder (PC de EU)

A pesar del anticomunismo nacionalista, el Partido comunista de Estados Unidos es el único que en ese país tiene la independencia de Puerto Rico en su programa. El Partido socialista de Estados Unidos la tuvo hasta hace poco. Víctima del trotskismo, la ha dejado en suspenso: la ha abolido. Norman Thomas, el exministro protestante que preside el Partido socialista de Estados Unidos, ha hecho declaraciones recientemente, las cuales virtualmente favorecen la perpetuación de la colonia. En la tierra cumbre del eufemismo, Thomas se ha manifestado a favor de una autonomía que no corresponde al concepto clásico del vocablo, sino a la acepción yanqui del mismo.

Por lo que pueda hacer al caso, el programa del Partido comunista de Puerto Rico dice específicamente:

“8. f. –Seguir conjuntamente la lucha por absolutas libertades civiles; por la libertad de todos los presos políticos; por el derecho de organización, huelga y libertad de palabra en todos los sitios de la isla, incluyendo las colonias azucareras.”

No olvide, Irma, que me refiero a un programa aprobado varios años después del celebérrimo tratado de Rusia.

Más adelante:

Pasquín del PC de EU (1940)

“11… la acción unida en la campaña por la liberación de los presos políticos…”

El artículo 8 del referido programa constituye un llamamiento al Partido nacionalista, entre otros, para la constitución de un Frente democrático.

Otra parte dice:

“8.h… porque se use nuestro idioma vernáculo como vehículo de enseñanza.”

El artículo 13 dice en parte:

“La sección reaccionaria del gobierno de Winship, en abierta violación de la política de buen vecino,  no lleva a cabo el programa progresista de Roosevelt. En vez de eso, este gobernante reaccionario militariza la policía, ataca al pueblo usando la fuerza y la violencia, permite la organización en territorio portorriqueño de agrupaciones fascistas extranjeras, como la Falange española, y de hecho reconoce el agente de Franco en lugar del representante legítimo del Gobierno republicano español. La reacción en Puerto Rico, así como en Estados Unidos, respalda y se alía al fascismo alemán, italiano y español.”

El fanatismo anticomunista de la esposa de Albizu Campos llega al extremo de describir al Partido comunista como una unidad, “con asiento en Rusia.”

Monseñor (Fulton J.) Sheen (1895-1979), autoridad anticomunista, tiene que confesar que son de Browder las palabras siguientes: “El Partido comunista /de Estados Unidos/ no recibe órdenes de Moscú.”

Norman Thomas (PS de EU)

Tengo a la vista un informe confidencial del Partido comunista de Harlem, informe al cual tendré ocasión de referirme más adelante. Por ahora entresaco lo siguiente:

“¿Es la independencia una controversia inmediata para Puerto Rico? Esto será resuelto por nuestro partido fraternal en Puerto Rico, sobre la base de las condiciones en la isla. Nosotros /los comunistas de Estados Unidos/ no estamos aquí /en Estados Unidos/ para decidir por ellos /los comunistas de Puerto Rico/. Todo lo que podemos decir es que como comunistas estamos por la liberación de todos los oprimidos. Si estuviéramos en el poder en Estados Unidos, Puerto Rico sería libertado inmediatamente, pero mientras esté en el poder en este país /Estados Unidos/ un gobierno burgués, respaldaremos las aspiraciones democráticas y los deseos del pueblo de Puerto Rico.

“Nosotros los comunistas estamos por la autodeterminación de todos los países oprimidos. Estamos por la completa y absoluta independencia de Puerto Rico, pero al levantar una controversia semejante, queremos aclarar que también estamos interesados en el bienestar económico y social de los portorriqueños. También nos preocupan otros que son partidarios de la opresión nacional, que día tras día, en ese país /Puerto Rico/ levantan el problema de la autodeterminación, no porque les importe un comino el pueblo de Puerto Rico, sino porque su único interés es entorpecer la administración del Nuevo Trato, atacando la política del Buen Vecino, para crear la confusión, la desconfianza y la desunión, en beneficio de los belicosos fascistas.

“Cuando se examina la situación internacional, se descubre que el peligro contemporáneo es el fascismo. Porque estamos por la verdadera y absoluta liberación de todas las naciones oprimidas, queremos acabar con el fascismo. El pueblo de Puerto Rico también está preocupado con el peligro del fascismo. Cómo pelear contra el fascismo y cuánto puede contribuir el país /Puerto Rico/ en la lucha, sin abandonar la lucha por la emancipación nacional, o más bien como parte de esta lucha –ese es el problema de Puerto Rico.

“Levantar a estas alturas el lema de que un Puerto Rico libre podría ser invadido por Hitler o Mussolini, es no ser realista.

“No es imposible que Puerto Rico, como cualquier otro país del continente, no pueda ser agarrado por una potencia, pero la realidad demuestra que no podría ocurrir ahora, cuando casi todo el nuevo mundo respalda la firme actitud asumida por Roosevelt. Levantar semejante cuestión ahora es detener la organización y el progreso de las fuerzas de la liberación nacional de la isla.

“El verdadero peligro del fascismo en Puerto Rico es interior –es el gobernador Winship, a menos que Winship y toda su administración no sea borrada del mapa insular. Las sesenta familias del capitalismo financiero de Wall Street, están representadas en Puerto Rico por los latifundios azucareros, por el gobernador Winship, ahijado de Tydings, y sus satélites.

En la lucha contra el fascismo, ¿dónde encontramos a Winship? Al lado de Wall Street, de Hoover, de Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini –contra el Nuevo Trato de Roosevelt. Para luchar contra el fascismo en Puerto Rico, tenemos que luchar por la destitución del reaccionario gobernador de la isla.”  Executive Report of the Assembly Council, 30 de abril de 1939.

¿Es ése un partido con asiendo en Moscú?

Comentario:

Para demostrar lo inapropiado de una política anticocomunista en el Partido Nacionalista de Puerto Rico, Toro Nazario resume las posturas públicas de Earl Browder (1891-1973), Secretario General del Partido Comunista de Estados Unidos entre 1934 y 1945 en cuatro puntos:

  • Favorece la independencia de Puerto Rico
  • Favorece el socialismo con el mayor grado de democracia para Puerto Rico: no comparte el autoritarismo del bolchevismo ruso y el estalinismo yasegura que organizació no sigue instrucciones de Moscú o la Tercera Internacional Comunista
  • Reconoce que los puertorriqueños no se han puesto de acuerdo con respecto a cómo conseguir esos fines: no ha madurado un Frente Popular amplio lo que sugiere que no reconoce legitimidad al PPD fundado en 1938
  • Favorece medidas democráticas para la colonia en lo que se ponen de acuerdo: no se opone al Nuevo Trato como recurso para paliar la crisis

El Partido Nacionalista, añade, podía contar con el Partido Comunista de Puerto Rico como colaborador en los dos frentes más importantes a la altura de 1939:

  • La campaña de liberación de los presos políticos del 1936
  • La campaña de defensa del uso del vernáculo como vehículo de la enseñanza objetivo que también estaba como un meta en su prograna electoral de 1932 y que aparecerá en el programa del PPD para las elecciones de 1940

Sus argumentos sirven para poner en duda la eficacia del “grupo ortodoxo” y la afirmación de la tendencia anticomunista en las figuras del “hombre de las tres jotas”, Laura Meneses del Carpio y sus acólitos. También llama la atención sobre el hecho de que el Partido Comunista de Puerto Rico no depende del  de Estados Unidos a la hora de diseñar sus tácticas de lucha. Esa autonomía ideológica de comunismo local se ajustaba teóricamente a la política soviética que partía de la premisa de que los militantes más preparados para determinar la ruta de la praxis eran los que estaban directamente relacionados con el escenario de lucha.

De inmediato, Toro Nazario contrasta esas posturas con las adoptadas por el moderado Partido Socialista de Estados Unidos que en aquel entonces estaba bajo la dirección de Norman G. Thomas (1884-1968), candidato presidencial en los comicios de 1928, 1932  y 1936, y favorecedor de  “la perpetuación de la colonia” en el país en la forma de un régimen autonómico en el cual parece preverse la lógica del PPD. En 1939 estaorganización discutía la táctica de posponer la independencia en el marco del escenario de beligerancia y la amenaza del fascismo que rodearía las elecciones de 1940.

El abandono del apoyo a la independencia por los socialistas lo achaca Toro Nazario al “trotskismo” que domina al nacionalismo. El concepto vale por “violencia porla violencia” o “terrorismo”. Los socialistas no toleran la violencia nacionalista. Comunistas y socialistas estadounidenses diferían no solo respecto a la política a seguir con la colonia. Las relaciones de los socialistas con la Unión Soviética y el régimen de Stalin eran mucho más distantes que las de los comunistas, organización que había afirmado públicamente en varias ocasiones  que no tenía conexiones con Moscú. En ese sentido el anticomunismo del “grupo ortodoxo” resulta incomprensible para el autor de la “Carta…”

Una vez establecida esa pauta el autor, sin ser comunista, llama la atención sobre la disposición del Partido Comunista de Puerto Rico a colaborar con la causa del nacionalismo en áreas sensitivas como la lucha por la democracia, la defensa de los presos políticos y de la lengua vernácula y la resistencia a la dictadura fascista del gobernador Winship. El área en la que no convergían era, como se sabe,  en el juicio en cuanto al “Nuevo Trato” y los efectos político-sociales que estepodía tener en los puertorriqueños.  Las críticas de comunistas como el Dr. José Lanauze Rolón al incumplimiento de la aplicación de las políticas de los programas novotratistas en la isla, si bien eran compartidas por un segmento de obreros radicales que militaban en el Partido Socialista local y en la Federación Libre de Trabajadores desde antes de 1938, no convencían a los nacionalistas quienes, en numerosas ocasiones, tildaron al novotratismo de ser una limosna infamante y un insulto al honor de la nación. Por ello, a pesar de las coincidencias, las posibilidades de fundar un “Frente Democrático”  o “Popular” que incluyera a comunistas y nacionalistas, fueron pocas.

El extracto del “informe confidencial del Partido comunista de Harlem” del 30 de abril de 1939, detalla las posturas de los comunistas continentales respecto a Puerto Rico.

  • La lucha por la autodeterminación no debía ser impedimento para que se aceptaran los beneficios del “Nuevo Trato”: la primera no excluía a la segunda.
  • El enemigo de aquel momento era el fascismo aunque no se debía usar el fantasma de su amenaza con el propósito de frenar la voluntad independentista local como luego hizo consistentemente el PPD una vez accedió al poder en 1940. La idea de que Puerto Rico debía posponer la independencia para evitar caer en manos de Alemania o Italia era infundada, igual que la idea típica de la Guerra Fría (1947-1989) de que si el país se separaba de Estados Unidos caería en manos de los comunistas.
  • El fascismo en Puerto Rico estaba representado por el gobernador Winship y una elite capitalista local asociada al republicanismo, el estadoísmo y a las fuerzas de la falange española.

La defensa del comunismo y el apoyo al Nuevo Trato, no debían ser consideradas posturas contradictorias. Me parece que el rechazo al “Nuevo Trato” por parte de los nacionalistas debería  comprenderse en el contexto de una situación local. Un segmento del independentismo liberal y moderado se estaba aprovechando del reparto de ayudas  federales para hacer capital político: me refiero a  Luis Muñoz Marín (1898-1980) y su gente. Es probable que el nacionalismo antinovotratista los estuviese percibiendo como aliados del colonialismo y adversarios de la independencia más que como un potencial aliado político.

Lo cierto es que la postura antinovotratista distanciaba a los nacionalistas del pueblo común y los acercaba filosóficamente a los republicanos y los fascistas que compartían esa oposición en virtud de su defensa del libre mercado y la libre competencia. La afinidad entre aquellos grupos en el asunto de su oposición al Estado Interventor no tomaba en cuenta las diferencia que poseían en torno a la  cuestión del estatus.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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