Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

mayo 23, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo y trujillismo

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 15-16

Fragmento 4: Santo Domingo y Puerto Rico

La hostilidad aprista contra Batista es la misma hostilidad nacionalista contra Roosevelt. La hostilidad aprista contra Batista se refleja en Puerto Rico.

La carta de Cuba llueve, truena y relampaguea contra un médico dominicano, residente en Cuba, que tuvo la osadía de dirigirse a nosotros.

Gen. Rafael Leonidas Trujillo, «El benefactor»

Prevalece un dejo de ironía cuando pienso que este médico es aprista, que delante de mí cariñosamente llamó a Trotsky “el viejo”, que delante de mí se pronunció contrario a las normas de la Tercera Internacional –que no mostró ningún entusiasmo por Batista.

¿Cómo explicar, entonces, el encono contra este dominicano?

En primer término, el doctor Henríquez es antitrujillista.

El nacionalismo no perdona eso.

El nacionalismo jamás ha formalizado una censura al régimen de Trujillo.

La carta de Cuba habla de las cárceles del Perú y el Brasil y Guatemala, de sesenta condenados a muerte en El Salvador, de los “campos” (¡cielos y tierra, inglés en español!) de concentración en Alemania, de las manoseadas celdas convertidas en tumbas en Rusia, de los nacionalistas árabes en la Palestina, de Marruecos, de Etiopía, de la India… “No sigamos,” dice la carta de Cuba. “Nos ahogaríamos.” La matanza de ocho mil haitianos (1937) no aparece por ninguna parte.

No puedo decir que la omisión sea involuntaria. (El) compaginamiento entre Alemania y Rusia es viejo –dentro y fuera del nacionalismo. He visto alusiones a los otros casos en muchos documentos nacionalistas. Nunca he visto nada contra el Benefactor, en labios del nacionalismo. El tema de Trujillo es tabú.

Comentario:

En este breve fragmento, el autor señala el comedimiento y el cuidado que mostraba la Junta Nacional del Partido Nacionalista de Puerto Rico ante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina (1891-1961), alias “El Jefe” o “El Benefactor”,  y la usa como un argumento para afirmar su filotrujillismo y, con ello, su autoritarismo fronterizo con el fascismo. La protección que el gobierno de Fulgencio Batista (1901-1963) en Cuba –quien dirigió la nación entre 1933 a 1940- dispensó a un grupo de nacionalistas puertorriqueños, parece ser un detalle crucial en el argumento de Toro Nazario.

No se puede pasar por alto que los documentos del Buró Federal de Investigaciones (FBI), habían llamado la atención sobre un agente nacionalista es Cuba -Juan Antonio Corretjer con toda probabilidad- que había estado en contacto con el grupo ABC, identificado con los intereses de Batista, con el fin de adquirir conocimiento en el arte de confeccionar explosivos para fines revolucionarios. La gestión pública de Batista, como se sabe, se caracterizó por la intensa persecución a comunistas y socialistas como respuesta a su eficaz  labor de organización de los trabajadores de la caña en aquel país. El silencio de los nacionalistas ante Trujillo, combinado con la alianza con Batista, eran razones suficientes para que Toro Nazario acusase a Juarbe y Juarbe y su grupo «ortodoxo» de filofascistas.

La vendetta en este fragmento se agria por las críticas de Juarbe y Juarbe a Federico Henríquez y Carvajal (1848-1952). El «hombre de las tres jotas», como se refiere Toro Nazario a aquel en algunas partes del documento, se sintió incómodo ante el hecho de que el intelectual dominicano y amigo de la causa de Puerto Rico, se comunicase con sus adversarios en Puerto Rico. Henríquez y Carvajal había sido uno de los miembros más activos de la Junta Dominicana Pro Independencia de Puerto Rico (1927) auspiciada por el propio Albizu Campos durante su viaje de propaganda internacional (1927-1930). Fue un intelectual que apoyó a la guerrilla rural de los “Gavilleros” durante la intervención de Estados Unidos en República Dominicana (1916-1924), un antitrujillista confeso y un hostosiano a toda prueba.

La filiación de ciertos sectores del Nacionalismo Puertorriqueño con el trujillismo puede documentarse en una breve memoria escrita en 1931 por una militante, la poeta María López de Victoria conocida como  Martha Lomar (1893-¿?), publicada en 1959 bajo el título Trujillo y yo. La autora se muestra remisa a discutir la obra política del dictador por temor a equivocarse. Pero reconoce que “los poderosos son elegidos del Señor, quien los utiliza para fines que ignoramos”. Una versión de la manida teoría del origen divino del poder apoya la opinión de la poeta. La justificación del exceso de poder me parece obvia, y el argumento providencialista, típico de Nacionalistas Católicos fundamentalistas. Como en el fascismo clásico, rechazar el pensamiento / racionalidad en el nombre del sentimiento / intuición, es considerado un acto legítimo.

Esa conexión simbólica habría que añadir la intensa amista que dispensaron nacionalistas particulares como Cayetano Coll y Cuchí, hermano de uno de los fundadores de la organización nacionalista puertorriqueña, y el ingeniero y empresario Félix Benítez Rexach quien colaboró intensamente con Albizu campos antes y después de la cárcel de Atlánta, con el dictador. El hecho de que en 1936 el periódico nacionalista La palabra dirigido por Juan Antonio Corretjer decidiera censurar cualquier artículo «en contra de ninguna personalidad fuera de nuestra política nacional» (incluyendo a Trujillo o a Batista), demuestra que esa organización prefería el silencio incómodo ante situaciones que merecían un comentario crítico al menos.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 20, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, Trotkysmo y violencia

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pag. 12-13

Fragmento 3: Nacionalismo y trotkysmo

La liaison (enlace) entre apristas y fascistas nos llevará, inevitablemente, en el curso de esta carta, a la existente entre nacionalistas y fascistas. Antes hay que pasar, sin embargo, por el trotskismo. No puedo afirmar que el aprismo sea trotskista, pero sus elementos de trotskismo son innegables. Verdad es que se hace sumamente fácil caer en la obsesión antitrotskista. El mismo Trotsky –La Revolución desfigurada, Editorial Cenit, Madrid, 1929, página 245–levanta su voz de protesta contra esta designación: “con este término /trotskismo/ totalmente oportunista, se intenta construir una teoría.”

Vea usted, no obstante, que la misma insistencia en la voz stalinismo, en la carta de Cuba, por sí prueba cierta influencia trotskista. Los trotskistas, Irma, son los únicos que insisten en llamar stalinista a los comunistas. El mismo Browder, a cuyo testimonio privado apela la esposa de Albizu Campos, tuvo que decir ante la décima asamblea del Partido comunista de Estados Unidos:

“Nuestros enemigos se han puesto de acuerdo en cuanto a llamarnos stalinistas… Recordemos cómo, en época anterior, Trotsky inventó también el despectivo de leninista.”

Victor Raúl Haya de la Torre

En esto de trotskistas, leninistas y stalinistas, no se debe olvidar, Irma, que cristiano, voz formada de la misma manera, fué una vez mote despectivo –que como mote despectivo vino al mundo de la Letras. En el citado libro de Trotsky aparece continuamente la palabra stalinismo. En la página 249 Trotsky condiciona la violencia, y en la página siguiente, se pronuncia contra el terrorismo oficial.

La prueba que tengo a mi disposición tiende a demostrar, Irma, que frente al Partido comunista, frente a la Tercera Internacional, frente a la Unión Soviética –los apristas, y, vicariamente, los nacionalistas capitalizan todo el arsenal inagotable y equívoco del trotskismo.

Como es posible que, dentro de “las vicisitudes” de esta carta, alguien pueda  creer que estoy cayendo en la propaganda del “presidente del stalinismo” en Puerto Rico, deseo referirme en particular al caso concreto del hombre de las tres jotas en México –sobre todo, debido a que la carta de Cuba le da cierta prominencia. Es en México, precisamente, donde la influencia trotskista es más conspicua en el aprismo. Es México, precisamente el paraíso de los apristas. México es el refugio de Trotsky.

Juarbe podrá decir que no tiene nexos ni con el aprismo ni con el trotskismo. ¿Por qué escaló, entonces, la misma tribuna con Diego de Rivera, Mateo Fossa y Julio Ramírez –tribuna incontrovertiblemente trotskista? No olvide que el delegado nacionalista de México es aprista.

No me propongo poner pleito al trotskismo. Me conformo con anotar el hecho de que la influencia aprista en nuestro nacionalismo crece cada día. Destaco el hecho de que la influencia trotskista en el Partido socialista de Chile, en el aprista del Perú, en el nacionalista y aun el socialista de Puerto Rico, en el socialista de Estados Unidos, en la Joven Cuba de la Antilla hermana, en la O. T. M. de México y en el antitrujillismo es cada vez más conspicua.

Al pesar objetivamente esta influencia, no puedo olvidar que el fascismo está pensando en la América hispana como clímax de la drang nach Osten («penetración hacia el este»). Con la victoria de Franco en España, la marcha hacia el oriente adquiere contorno occidental. El peligro del clímax ha dejado de ser académico y mucho menos utópico.

Las bases hobbesianas están en el Perú mismo, cuna de la esposa de Albizu Campos, patria de los apristas. Chicama es central cuyos cañaverales ocupan extensión mayor que la de Puerto Rico entero. Esta empresa estaba dominada exclusivamente por alemanes. El área que ella ocupa, con todos sus habitantes, está bajo un régimen virtualmente nazista. Por otra parte, grandes empresas algodoneras, en el Perú, están bajo el dominio de japoneses.

Hace tres años llamé la atención hacia las consecuencias de la guerra en España –“La usurpación judicial,” Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, septiembre de 1936, página 28.

Comentario:

El autor trata de establecer la liaison (enlace   o conexión)  entre el Aprismo, el Fascismo y el Nacionalismo. El Aprismo fue una propuesta de afirmación política e identitaria para la América Latina iniciada por el líder peruano Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) hacia el año 1924. La misma se concretó en el partido Alianza Popular Revolucionaria Americana formalizado en el 1930. Para Toro Nazario resulta relevante llamar la atención sobre el hecho de la peruanidad de Laura Meneses para sugerir la conexión.

Las bases políticas del aprismo coincidían con la interpretación cultural nacionalista en muchos ámbitos. La aspiración para la unificación política y económica de América Latina ante la agresión sajona, el proyecto liberal de democratizar las instituciones políticas, la voluntad modernizadora, el sueño de una reforma agraria y la confianza en la planificación y la diversificación de la economía a través de un Estado centralizado y fuerte, eran posturas comunes del aprismo, el nacionalismo y, luego el populismo.  Algunas no eran, por cierto, invenciones de la era del imperialismo estadounidenses: Eugenio María de Hostos también soñó con unos Estados Unidos del Sur (Colombia) capaz de enfrentar en paridad de condiciones los Estados Unidos del Norte.  En general, aquellas podían considerarse como proposiciones de izquierda que incluso el socialismo, en sus diversas manifestaciones, era capaz de compartir. Todas representaban un cuestionamiento al papel del capital americano en el hemisferio.

El Aprismo además proclamaba el Indoamericanismo que definía como la  integración de la población india al orden moderno. La cuestión del indio y la peruanidad también había sido motivo de preocupación para los primeros comunistas de ese país: las reflexiones de José Carlos Mariátegui sobre ese particular ratifican esa aseveración. Naturalmente, en este ámbito difería del Nacionalismo que hablaba el lenguaje del Iberoamericanismo y el peculiar Hispanofilismo puertorriqueño. El Aprismo impactó con toda probabilidad a las juventudes nacionalistas desde antes de 1930 cuando Albizu Campos se hizo con la presidencia de la organización. Cuando el 23 de marzo de 1931 se fundó la Asociación Patriótica de Jóvenes Puertorriqueños (APJP) con 28 jóvenes, el Indoamericanismo era una de los fundamentos de su programa. El tercer punto de sus bases era “fomentar la creación de la sociedad indoamericana A.P.R.A”. En cierto modo, para enfrentar el Imperialismo apelaban al Indoamericanismo. En el proceso de transformación de la APJR en los Cadetes de la República, el Indoamericanismo fue sustituido por el por el concepto Indo-Hispanismo. Todo parece indicar que Albizu Campos, quien influyó mucho en la configuración de la APJP-CR y en su nuevo programa del 21 de junio de 1931, no favorecía del todo ese aspecto del lenguaje cultural del Aprismo. Después de todo, el indio no tenía en 1940 la categoría de agente cultural primario en la configuración de la identidad que adquirió después de 1950.

Dado que Toro Nazario reconoce elementos Trotkystas en el Aprismo, no le resulta difícil hacer partícipe al Nacionalismo de los mismos. La postura es altamente cuestionable: el Socialismo y el Nacionalismo se encuentran en lugares muy distantes del espectro político y ocasionalmente los ubicamos en las antípodas. Lo que denominamos Trotkysmo fue una reacción contra las prácticas nacionalistas de lo que se denomina Stalinismo traducido en la idea de factura nacionalistas del “Socialismo en un Solo País”. Como se sabe,  Stalinismo y Trotkysmo son conceptos inventados a la luz de una lucha por el poder dentro de PCUS entre los dos potenciales herederos del  poder y la posición de Lenin, muerto en 1924. Aquellas actitudes traducían diferencias de criterio en torno a la ruta que debía tomar el socialismo soviético: “Socialismo en un solo país” o “Revolución Permanente e Internacional”. El hecho de que Stalin usara los conceptos terrorista y terrorismo para referirse a Trotsky y los trotkistas en paridad de condiciones que cualquier enemigo de la burguesía y la pequeña burguesía, explica también porqué Toro Nazario usará el epíteto para referirse al activismo nacionalista.

Al principio del fragmento el autor parece reconocer que la utilidad política de conceptos como leninismo, stalinismo y trotkismo puede ser viciada dada la situación de que todos  emanan de un debate concreto en el seno de las izquierdas rusas entre 1917 y el momento en que escribe. La Revolución Rusa cambió la naturaleza del activismo social y produjo un interesante y contradictorio lenguaje político que sólo comenzó a disolverse tras la disolución del «Socialismo Real» entre 1989 y 1991. La transformación de esos conceptos de una mera acusación alevosa en herramientas de lenguaje útiles para definir  una actitud política concreta fue un proceso atropellado y, a veces, una comedia de errores. El hecho de que Toro Nazario recuerde que el concepto cristiano también fue utilizado como una injuria contra los seguidores de Jesús en el contexto del Imperio Romano, ratifica la incertidumbre de este tipo de definiciones.  Trotsky no fue trotkista como Jesús no fue cristiano, es cierto. Albizu, en consecuencia, no fue albizuísta. La figura y la actitud son cosas distintas que dependen de quien las articula en una praxis.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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