Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

julio 12, 2015

Miradas al treinta: del Aliancismo al Nacionalismo


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador escritor

 

El otro lugar de esta genealogía es el 1930, la coyuntura que marca la radicalización del Partido Nacionalista y que se ha vinculado a la gestión presidencial de Pedro Albizu Campos. Muchas de las fisuras de la Generación del 1930 se pueden leer en el albizuísmo de aquellos años. La radicalización del Partido Nacionalista ha sido reducida a su disposición, cada vez más visible, al uso de la violencia. La justificación moral de Albizu Campos era que ya se habían agotado todos los recursos de negociación diplomática y se imponía dar el frente al invasor de una manera franca y sin dobleces. El abogado estaba convencido de que estaba inventando un “Nacionalismo de Verdad” sobre las cenizas de otro “Nacionalismo de Cartón”. Se trataba de una fuerte acusación a la historia política del país. Entre los imputados se encontraban desde José De Diego hasta Antonio R. Barceló. Pero su comentario también incluía a universitarios y ateneístas de todo tipo a los que, me parece, veía como las virtuales “lenguas sin manos” del Cid.

En términos simbólicos y mediáticos, Albizu Campos había echado a “los mercaderes del templo”, según La Democracia. En términos tácticos y de praxis, apelaba a la “acción inmediata”, una traducción de la urgencia que, de acuerdo con los periódicos El Tiempo y El Mundo, imponía una era de crisis. Otra vez en El Mundo de agosto de 1930, Albizu Campos fue más gráfico cuando aseveró: “si no nos oye, recurriremos entonces a las armas”. Albizu Campos es el síntoma político de un aspecto del 1930 que se ha olvidado: la irascibilidad y la desesperación. La actitud lo condujo a cuestionar varios pilares de la cultura del treinta, hecho que lo convirtió en una figura marginal de la época en la que se formó.

1930Aquella agresividad era contraria a la sobriedad y moderación que caracterizó la generalidad de los intelectuales de la Generación del 1930. Lo que me interesa ahora es mirar aquellos pilares del treinta que no le conmovieron, sus diferendos y choques con varios iconos del pensamiento del treinta. Se trata de temas fundamentales: la democracia electoral, el socialismo y los obreros, la mujer y la universidad. Son cuatro asuntos consustanciales con la filosofía de la Generación del 1930 y que fueron esenciales para la Modernización que vivió el país después de la Segunda Guerra Mundial. En todos los casos, Albizu Campos manifestaba con pasión posturas antitéticas y, por lo tanto, inesperadas. El núcleo de todas ellas radicaba en una concepción exclusivista de la Nacionalidad.

Lo que más se recuerda es su opinión sobre la democracia electoral. A Albizu Campos le molestó la Ley Electoral que facultó la legalización de la anómala Alianza Puertorriqueña pero, a pesar de ello, concurrió a las elecciones de 1932. El resultado de las elecciones le condujo a aconsejar a los electores “a no recurrir a las urnas”. El boicot que nació como un acto de protesta, se convirtió en cuestión de principios, dejando todo el espacio a la táctica de la “acción inmediata”. La idea de producir una “crisis” a Estados Unidos en Puerto Rico, no dependía de la “acción inmediata” o de la violencia solamente. Lo cierto es que también se le podía crear una “crisis” a través de la contienda electoral. Bastaba que el Partido Nacionalista ganara los comicios, reclamara la Convención Constituyente y se le negara la petición. La paradoja consistía en que el antielectoralismo contradecía la lógica dominante desde el 1930, periodo en el cual las “elecciones limpias” fueron vistas como un logro excepcional del Popularismo.

El otro punto deriva de las opiniones de Albizu Campos respecto al socialismo y los obreros. El Novotratismo fue un tipo de Populismo Providencialista y Benefactor que ganó para Franklyn Delano Roosevelt y el gobernador Rexford Guy Tugwell, el mote de comunistas y radicales. El Popularismo se montó en el carro sin problemas sobre la base de su idea de la Independencia con Justicia Social. El Partido Nacionalista se negó. En junio de 1923, en una entrevista para El Mundo, Albizu Campos, casi como un lamento, reconocía en el socialismo “una actitud que va in crescendo” en todas partes. Su relación con el Partido Socialista siempre fue problemática por el hecho de que aquella organización fundada en 1915, favorecía de facto al Estadoísmo. El abogado los acusaba de ignorar lo que defendían: “desconoce (n) las teorías políticas filosóficas y religiosas que inspiraron el socialismo” y sugiere que “debe desarmársele con concesiones económicas”. Sin embargo, a pesar de que el arma para detener el socialismo era el Novotratismo, en 1932 condenó las ayudas federales de ese tipo como un acto de inmoral mendicidad. Sobre bases tan frágiles, descartó cualquier posibilidad de alianzas con los socialistas puertorriqueños. La contradicción radica en que todos los investigadores reconocen hoy el papel que cumplieron numerosos socialistas y comunistas en la consolidación del Popularismo entre 1936 y 1938.

El tercer nudo tiene que ver con las mujeres y con la proyección del Partido Nacionalista como una organización masculina y patriarcalista. La virtud, en una organización presumiblemente combatiente, era una posesión viril: las mujeres servían al soldado pero no peleaban. Sin embargo, debo aclarar que la cuestión femenina siempre fue una prioridad para los socialistas y los republicanos los cuales, una vez en el poder en 1932, favorecieron la institucionalización del sufragio femenino. La reticencia venía de antiguo: en una entrevista para El Mundo en mayo de 1924, Albizu Campos criticaba la promesa de Partido Unión de legalizar el sufragio femenino, acusando a aquella organización de que se valía “de la falda de una mujer como escudo” para defenderse de las críticas. Todavía en 1930, cuando advino a la presidencia del Partido Nacionalista, acusó a las mujeres de “flojedad cívica” y aseguraba que “las mujeres no pueden entrar en el juego ridículo y suicida de nuestra política partidista”. Lo que estaba detrás de aquellas palabras era el hecho de muchas de las sufragistas puertorriqueñas apoyaban el estadoísmo de cara a las elecciones de 1932, hecho que Albizu Campos tildaba como un acto de desorientación propio del género. Albizu Campos entró en un debate sordo con las sufragistas que, a la larga, afectó su imagen ante aquel sector social. La feminidad vista como ausencia de valor, traducía bien su rancio catolicismo. Pero en un orden social que, bien o mal, comenzaba a reevaluar la cuestión femenina a la luz de la secularización de los valores colectivos, resultaba chocante.

El último nudo tiene que ver con la universidad y los universitarios, otro de los signos de la Generación del 1930. En 1930, ya presidente de su colectividad, criticaba el colaboracionismo de la Universidad de Puerto Rico con el régimen colonial. En marzo de ese año, otra vez en El Mundo, descartaba el activismo estudiantil como una opción política cuando alegaba que “los jóvenes que actualmente estudian en la universidad no deben hacer política activa. Ellos necesitan sus energías para el estudio”. En 1935 tuvo su mayor choque con la Universidad. En un discurso público en Maunabo, acusó a la institución de producir “traidores”, “cobardes” y “afeminados” y recordaba a la institución la necesidad producir “patriotas viriles”. En la práctica, le reclamaba a la Universidad Territorial y Colonial, los deberes de una Universidad Nacional. Albizu Campos siempre consideró al Canciller Carlos Chardón, uno de los artífices del Novotratismo y de la Modernización Populista, como un enemigo de la Nacionalidad. La contradicción radica en que en esa universidad se gestó la Generación del Treinta.

 

Mal llamadas conclusiones

Ahora retorno a las premisas iniciales:

  1. La década del 1930 se caracteriza por la peor crisis económica del siglo 20.
  2. La Generación del 1930 interpretó y apropió la crisis, la enfrentó con eficacia y salvó la Identidad y la Nacionalidad Puertorriqueña.
  3. Los intelectuales universitarios fueron los responsables de aquel proceso de recuperación económica y cultural.

La deriva es que la primera conduce a la otra, la crisis a la síntesis original. Todo esto me parece una simpleza que evade la complejidad y las contradicciones. El Partido Nacionalista y el Nacionalismo de “acción inmediata” representan un contrapunto generacional, si cabe el concepto. No compartieron todos los valores de la Generación del 1930. A pesar de ello, todavía se les proclama como el rostro político más emblemático de aquel momento.

La tendencia a la racialización de la historia en la que insistió el Nacionalismo Treintista, no condujo a la confrontación con el otro. Pesó más la idea de la hibridación o del mestizaje articulado por los aliancistas y que luego maduró en el contexto de Novotratismo y el Popularismo. La concepción exclusivista de la Nacionalidad -una Nación sin socialistas, sin obreros, sin mujeres y sin universitarios colonizados-, en lugar de favorecer la victoria del Partido Nacionalista, vigorizó a la Coalición Puertorriqueña de tendencias estadoístas en 1932 y 1936.

Lo cierto es que el Nacionalismo de Albizu Campos, representó un fenómeno único de su tiempo, fue una cuña interesante en la década y en la Generación de 1930. Hubo otras igualmente originales. El Independentismo con Justicia Social, luego Popularismo, fue otra de ellas. La conciencia del 1930 fue el escenario de dos nacionalismos o bien de populismos. Una serie de condiciones como el Nuevo Trato y la Segunda Guerra Mundial, movieron la balanza a favor del Popularismo y forzaron la cancelación del sueño de la independencia. Lo que se salvó para la cultura no fue poca cosa: una versión de la Identidad y la Nacionalidad Puertorriqueña que transgredía numerosas tradiciones. Se trataba de un collage que garantizaba la renovación del ideal de la Modernidad que muchos consideraban perdida en tiempos de la Gran Depresión.

 

Publicado originalmente en 80 Grados-Historia el 11 de Mayo de 2012.

mayo 1, 2010

El Partido Nacionalista y las Elecciones de 1932


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

El programa electoral del Partido Nacionalista insistía en que el estatus sí estaba en issue en las elecciones de 1932. El contraste con la actitud del Partido Popular Democrático ante los comicios de 1940 es notable. La organización desarrolló una campaña que, por lo atrevida, los condujo por una ruta riesgosa para sus aspiraciones electorales.

Aspectos de una campaña radical

Lo primero fue una campaña contra lo que Pedro Albizu Campos denominó la prensa colonial, sintetizada en su controversia con El Mundo iniciada en noviembre de 1931. El 24 de septiembre había estallado una huelga como respuesta por la suspensión de 138 universitarios que criticaron en la prensa el despido injustificado de empleados del sistema por motivaciones políticas. El líder nacionalista acusó al periódico de estar al servicio del Gobierno sobre la base de que en sus páginas se había condenado las actuaciones de dos líderes estudiantiles que militaban en el Partido nacionalista: Eugenio Font Suárez y Gilberto Concepción de Gracia. Sin embargo, lo que más molestó a los directivos del diario, Antonio Coll y Vidal y Ángel Ramos, fue la acusación de que ello no tenían capacidad económica para sostener esa empresa. La implicación de que la empresa periodística era financiada por el Gobierno Colonial era clara. Lo cierto es que El Mundo representaba las posiciones de un segmento de la derecha colonial pero ello no necesariamente significaba que fuera un proyecto mediático sostenido por el Estado. El Mundo, que era uno de los diarios más leídos del país, respondió con una campaña anti nacionalista que afectó la imagen pública de Albizu Campos ante las elecciones. No sólo eso, el rotativo cerró sus páginas para el Partido Nacionalista durante meses. Los efectos de enfrentar los medios masivos de comunicación con argumentos de esa naturaleza son bien conocidos.

Lo segundo fue una polémica que involucró al poderoso Instituto Rockefeller fundado en Manhattan en 1901, y el Dr. Cornelius P. Rhoads, investigador de enfermedades tropicales y médico con rango de coronel en el ejército de Estados Unidos que laboraba en el Hospital Presbiteriano. El debate giró en torno a una carta comprometedora en donde Rhoads manifestaba su desprecio a los puertorriqueños y, de paso, alegaba, que había matado varios de ellos e inoculado células cancerosas a otros más. El documento llegó a manos de Luis Baldoni, empleado y nacionalista, quien la reportó ala autoridades hospitalarias. Ante la inercia de la institución, la puso en manos del Partido Nacionalista. El texto completo de la nota se encuentra en una Informe del FBI fechado el 26 de febrero de 1936 en Washington en la página 9.

El Partido Nacionalista la hizo pública y la utilizó para argumentar que se trataba de un “plan genocida” o “de exterminio” contra la Nación. Rhoads se fue del país impune y alegó que la carta era “una composición fantástica escrita en broma como entretenimiento personal”. Independientemente de ello, la nota era de mal gusto y resumía prejuicios étnicos y culturales reales que se pueden documentar en la bibliografía de numerosos estadounidenses de la época con respecto a los puertorriqueños. Por ello provocó la indignación general, el escándalo se difundió en estados Unidos y animó una investigación oficial del gobierno colonial al respecto. Broma o no, dio municiones al Partido Nacionalista justificar sus argumentos en torno a la realidad de una Guerra entre Civilizaciones y criminalizar el coloniaje muy eficaz entre los meses de  enero y febrero de 1932.

El 16 de abril de 1932, en la conmemoración del Natalicio de José De Diego con un mitin en la Plaza Baldorioty, los ánimos nacionalistas estaban bastante caldeados. El Caso Rhoads se combinó con una propuesta del líder anexionista Celestino Iriarte. En medio de su discurso Albizu Campos invitó a la multitud a que le acompañara al Capitolio con el fin de evitar la aprobación de una Ley que convertía la Bandera del partido nacionalista en Bandera Oficial de la colonia. Cerca de 800 personas, de acuerdo con los informes de la prensa, caminaron de la Plaza Baldorioty al Capitolio –como si se tratase de una nueva Bastilla- pasando frente a donde hoy se encuentra el edificio de Hacienda, el Ateneo, la Casa de España y la actual Biblioteca Carnegie. En el tránsito se armaron con palos y piedras y penetraron al recibidor del Capitolio por la banda sur. El edificio, que estaba en reparaciones y el forcejeo entre nacionalistas y elementos de la Policía Insular, produjeron el derrumbe de una baranda y la muerte  del joven Manuel Rafael Suárez Díaz. Las consecuencias de ello fueron dos: el acto produjo el primer arresto contra Albizu Campos y el primer mártir proclamado por el nacionalismo. Las consecuencias del mismo pueden considerarse un triunfo político: el proyecto no se aprobó y Manuel G. García Méndez y Antonio R. Barceló, liberales, celebraron el acto como uno heroico. Por lo demás, Albizu Campos fue encontrado posteriormente no culpable del delito de incitación a motín de que se le acusó. El episodio generó brotes esporádicos de violencia durante los días siguientes.

Dr. Cornelius P. Rhoads en su uniforme

El Proyecto de la Bandera era un asunto delicado y complejo. La bandera había sido creada en 1896 por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Aquella había sido una alianza entre independentistas, confederacionistas y anexionistas, distinta por completo al Partido Nacionalista. En ese sentido, cualquiera de los tres sectores ideológicos podía reclamar la insignia como suya. El  único argumento que legitimaba el reclamo de Albizu Campos era que el mítico creador de la misma –Antonio Vélez Alvarado– militaba en el Partido Nacionalista desde su fundación. El reclamo de exclusividad también provenía del hecho de que el partido la usaba como distintivo electora y aspiraba que ella fuese la bandera de la república.

Uno de los actos agresivos más difundido fue, por último, la agresión de Luis F. Velázquez, nacionalista de Ponce, al Juez Presidente del Tribunal Supremo Emilio del Toro y Cuebas el 15 de junio de 1932. Toro Cuevas era anexionista y sería el Juez Presidente que el 25 de junio de 1937 autorizó el desaforo de Albizu Campos después de su condena a la cárcel de Atlanta, Georgia. Parte de su obra se recogió en 1950 en el volumen Patria. Artículos, discursos, informes y entrevistas, edición que estuvo a cargo de la conocida Biblioteca de Autores Puertorriqueños, dirigida por Manuel García Cabrera. Las leyendas sobre la polémica son múltiples. Algunas fuentes alegan que fue un acto premeditado entre Albizu Campos y Velázquez, otros lo usan para demostrar la capacidad jurídica del abogado e incluso se alude al mismo como la demostración de la ilegalidad del sistema colonial por el resultado del pleito en los tribunales estatales.

Mitología aparte, la acción consistió en que Velázquez abofeteo a Toro y Cuebas en terrenos del Tribunal Federal por una afrenta a la bandera nacional y lo reta a duelo en el campo del honor: una acción muy de acuerdo con el hispanismo dominante entre los nacionalistas. Velázquez era una figura prominente de su tiempo: no se trataba del “tipo común” de la reciente agresión al gobernador Luis Fortuño Burset. Velázquez había sido miembro de Partido Autonomista Puertorriqueño en el siglo 19, periodista destacado, colaborador de Luis Muñoz Rivera en sus campañas y masón activo, además de ser un empresario destacado. Albizu Campos consiguió su absolución sobre la base de “falta de jurisdicción” al momento del arresto. Velázquez fue arrestado por la Policía Insular y procesado por los Tribunales de Puerto Rico, por un delito  que había sido cometido en la Jurisdicción Federal por lo que debió ser arrestado y procesado por el sistema de Tribunales de Estados Unidos. El impacto mediático de la decisión debió ser mucho, pero el efecto político pudo haber sido reducido.

Un antecedente de todo ello fue la conferencia de la Asociación Republicana de Puerto Rico celebrada en el Ateneo Puertorriqueño para discutir y celebrar la Segunda República Española el 14 de junio de 1931 en el Teatro Tapia de San Juan Antiguo. El choque ideológico con la juventud liberal representada por Antonio J. Colorado; y el socialismo amarillo, encabezado por Santiago Iglesias Pantín, desemboca en tumulto que condujo a la intervención de la Policía Insular con el fin de aplacar los ánimos. La diferencia radicó en que mientras los dos citados celebraban la República como el nacimiento de la España Nueva Laica y Moderna, Albizu Campos lamentaba la muerte de la  España Tradicional Romántica y Monárquica y le reconocía el papel de Gestora de la Hispanidad y la Nacionalidad. El ambiente no era apropiado para celebrar la Monarquía y podía interpretarse como un atrevimiento o una arrogancia intelectual. Su conclusión resulta magistral para comprender el hispanofilismo de los nacionalistas:

“Todo eso lo lloro yo, la última romántica del siglo XX tal vez; y por eso yo me pregunto, si en este movimiento republicano socialista español, se piensa copiar los principios de la Constitución americana, para implantar el régimen actual; ¿Podrá la ardiente España, implantar con fortuna cánones de un frío pueblo sajón, incapaz de emociones, responderán estos a su psicología? (El imparcial, 25 de abril de 1931)

Albizu Campos representaba el extraño caso de un abogado liberal, hegeliano en cuanto al destino de libertad de la Nación que incluso apela a una campaña electoral científica como un Hostosiano positivista, pero percibe la República Laica Moderna como un sistema inhumano  y negativo para España por su racionalidad e incapacidad de emocionarse.

La apelación a la violencia en el contexto electoral

Entre los años 1930 y 1932 la apelación a la violencia se reitera de diversos modos. La más notable es la promesa de recurrir a las armas si no son escuchados. La toma del Capitolio con una turba nacionalista y la asociación del partido y su líder a varios tumultos y agresiones físicas fueron parte de ello como el del Teatro Tapia en el verano de 1931. Pero debo aclarar que la violencia–sindical, criminal y doméstica-, política –revolucionaria y electoral- no era una novedad.Como se verá en los enlaces de referencia al calce de este comentario, sus índices se habían  multiplicado en la década de 1930. A sabiendas de ese hecho, la historiografía oficial moderada ha concentrado en la discusión de la violencia nacionalista, la ha visto con el “ojo del caballo” y la ha “demonizado” de una manera muy eficaz

A pesar o por razón de su campaña, en las elecciones de 1932 el Partido Nacionalista de Puerto Rico solo obtuvo 5,257 votos: Albizu Campos marcó 11,882 para Senador por Acumulación. La Coalición Puertorriqueña ganó 6 de 7 Distritos Electorales; 28 de 35 Distritos Representativos, y 51 de 72 Municipios. Iglesias Pantín obtuvo a la Comisaría Residente y Antonio R .Barceló y Luis Muñoz Marín, liberales e independentistas obtuvieron su pase al Senado. El Anexionismo estaba en el poder por primera vez desde 1904. La crisis económica favoreció un auge anexionista en el país, sector que mantuvo en el poder hasta 1940.

Albizu Campos atrajo independentistas del Partido Liberal Puertorriqueño y no afiliado en la papeleta: Muñoz Marín, en entrevista con Ángeles Mendoza (El Mundo, junio de 1931) alegó que votaría por él para Senador por Acumulación. El nacionalismo de Muñoz Marín estaba entroncado en la tradición de la New Left –roja- de Estados Unidos; y en la experiencia al lado del Partido Socialista e Iglesias Pantín entre 1920 y1922. Pero ello no fue suficiente para obtener el escaño. El giro a la violencia no fue el resultado de una derrota electoral sino consecuencia del fracaso del experimento electoralista. La necesidad de hacer la República en lo inmediato, por las armas si fuese necesario, se impuso.

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agosto 28, 2009

Luis Muñoz Marín y las elecciones de 1936


ASI entrará en campaña después de las elecciones. El mundo, 15 de octubre de 1936.

Muñoz Marín considera absurdo que éstas tengan carácter plebiscitario

(De nuestro corresponsal en Arecibo B. Mayens Vilanova)

Arecibo, 13 de octubre. —Desde hace cuatro días, y en la residencia de campo del Sr. José García Abréu, ha establecido aquí sus cuarteles de propaganda liberal, el senador Luis Muñoz Marín. Durante su estadía en Arecibo, se dedicará a hablar en los campos y pueblos que componen el distrito y a atender comisiones que a todas las horas del día y de la noche le visitan. También el señor Muñoz Marín abarcará el distrito de Aguadilla.

Con el fin de obtener del senador liberal algunas manifestaciones para EL MUNDO, le visitamos en la mañana de hoy a eso de las once.

—¿Cómo se porta la campaña? le preguntamos.

—Magnífica —nos contesta el señor Muñoz Marín.

—¿Cómo ve el distrito de Arecibo? —volvimos a interrogar.

—En magníficas condiciones, ya que Arecibo tiene dos puntos importantes, a saber: Centro de fuerza socialista y centro de la isla donde se ha hecho campaña en favor de los agricultores. Y como en Arecibo hay numeroso núcleo socialista la opinión liberal es magnífica. Lo propio ocurre en el distrito de Humacao.

—¿Por qué considera usted una situación excelente habiendo un nume­roso núcleo socialista? —interrogamos de nuevo.

—Supongo —nos dice Muñoz Marín— que aquí se conocerán mis gestiones en la Legislatura para dar título de propiedad a los arrendatarios y pequeños agricultores y se sabrá cómo la Coalición siempre se opuso a ello, perjudicando así a cientos de trabajadores de los barrios de Arecibo.

—¿Cree usted que estas elecciones, puedan tener carácter plebiscitario?

Antonio_R_BarceloEl señor Muñoz Marín declara: —Unas elecciones en las cuales las maquinarias de gobierno están en manos de los enemigos de la libertad de mi pueblo, es absurdo que puedan tener carácter plebiscitario, es decir, carácter decisivo sobre él. Un plebiscito celebrado con ventaja para una de las soluciones que presenta el plebiscito y desventaja para las otras, no merecería ni crédito ni respeto por parte de los portorriqueños, de los Estados Unidos o del mundo entero. Ahora, si el partido de la independencia triunfa a pesar de estas desventajas, eso sería altamente significativo del sentimiento de los portorriqueños. Yo creo que el liberalismo triunfará por encima de todos los obstáculos y desventajas.

—Y sobre Acción Social Independentista ¿qué nos dice?

—La A.S.I. se está completando rápidamente en toda la isla. Ya están organizados mucho más de la mitad de los comités locales.

Aunque pronto habrá una reunión de la Junta Central para considerar cuestiones de reglamento, A.S.I. no tomará acción alguna durante el período electoral, pues personalmente lo mismo que los otros líderes de A.S.I. tene­mos que dedicar todo nuestro tiempo a la lucha electoral. Acción Social In­dependentista entrará en campaña por la independencia inmediatamente des­pués de las elecciones.

***

Muñoz Marín relata sus impresiones sobre el resultado de las elecciones generales de 1936. Del Archivo de Ruby Black.

(Carta a Ruby Black)

5 de noviembre de 1936

Querida Ruby:

El resultado de las elecciones aquí ha sido como nos anticipamos. Los azucareros gastaron grandes sumas de dinero, a pesar de los candidatos flojos del Partido Liberal. Además el terror dominante en una buena parte de la población, causado por las cláusulas punitivas injustificadas del Proyecto de Independencia Tydings (pospuesto para un término más favorable) produjo la victoria para la gente que tan viciosamente ha atacado el Nuevo Trato, a Roosevelt y a Ickes, y a toda su obra. Desde el momento que el Proyecto Tydings se presentó yo supe cuál habría de ser el resultado y anuncié que no sería candidato para ningún puesto público, como tú recordarás. Hice esto en parte como un intento de silenciar las andanadas de las corporaciones azucareras, y también porque no quería someterme a una segura derrota por las fuerzas liberadas o reforzadas por la presentación del Proyecto Tydings, como una medida de la Administración, encabezada ésta por el anuncio de que dicho proyecto había sido aprobado unánimemente por el Gabinete. Yo sé que estas cosas (la aprobación por el Gabinete, etc.) son falsedades como una cuestión de realidad; pero siguen siendo oficialmente válidas, y son claramente ciertas para las compañías azucareras y para la población en general.

Barcelo_Munoz_HuykeYo he dado unas declaraciones para la prensa, te incluyo un recorte de las mismas, en las cuales digo que yo sabía cual habría de ser el resultado de las elecciones tan pronto se presentó el Proyecto Tydings. Todos los líderes liberales locales en esta Isla saben que esto no es un pensamiento a posteriori o una excusa, porque yo discutí el asunto en persona con todos los comités locales en la Isla mientras llevaba a cabo mi campaña de retraimiento. La situación hoy es, que en la única ocasión en cuatro años que el Partido Liberal no ha seguido mi consejo, ha fallado desastrosamente y en la misma forma que yo había predicho.

ASI empezará su campaña muy pronto. Dentro de los próximos días citaré el Comité Central, para hacer los planes y daré unas declaraciones a la Prensa sobre nuestros objetivos y métodos. A pesar de la gran victoria de la Coalición, que levanta en los coalicionistas un apetito desmedido por el barril de tocino, yo creo que obtendré el respaldo de miles de socialistas y republicanos para ASI. Estoy tratando de conseguir un buen socialista como Vice-Presidente, pero no estoy seguro de lograrlo a un plazo de tiempo tan corto de la victoria coalicionista.

La bandera de ASI es una belleza. Es completamente blanca con una cadena rota en el medio por un machete, todo dibujado en negro y con las letras ASI arriba. Las letras desaparecerán más tarde, pero por ahora son necesarias para fines de identificación. La Isla va a florecer con esta bandera la semana próxima. Te mandaré a ti una bandera extra-buena o por lo menos una bandera extra.

De todo lo anterior tú verás cuan absurdo es considerar que las elecciones que acaban de pasar tenían el carácter de un referéndum sobre la independencia. Yo estoy seguro que ninguna persona con su mente clara considerará a éstas como tal; pero los reaccionarios están enfatizando fuertemente este particular.

En medio de esta confusión causada por la actuación irresponsable de Ernest Gruening, al hacer que se presentara el Proyecto Tydings como si fuera una medida de la Administración, en medio de confrontarnos con un nuevo término para el grupo de reaccionarios más malo que jamás se haya reunido —es realmente refrescante recibir las noticias de la tremenda victoria de Roosevelt y el Nuevo Trato. Una victoria similar se hubiera logrado en Puerto Rico por los que respaldan el Nuevo Trato si no hubiera sido por el monstruoso Proyecto Tydings. ¿Qué hará el Tribunal Supremo sobre esto? ¿Continuará sosteniendo la doctrina legal de el Sr. Dooley? Confío que lo hará. Extiende mis felicitaciones más -sinceras a todos los amigos del Nuevo Trato desde la Casa Blanca para abajo.

Como siempre,

Luis Muñoz Marín (firmado)

Comentario

Sobre “Luis Muñoz Marín y las elecciones de 1936″

Acción Social Independentista desarrolló una campaña directa, como la que el Partido Socialista realizó en 1920, y como la que el Partido Popular Democrático realizaría en 1940. La insistencia en que Muñoz Marín se disponía a “hablar en los campos y pueblos” de Arecibo y que así lo haría en Aguadilla es ilustrativa de ello. Arecibo parece ser un terreno fértil para ASI por la labor previa realizada por socialistas y liberales con los obreros rurales y los agricultores.

El caudillo reconoce que el crecimiento de ASI dependerá de su capacidad para llamar la atención de la militancia disgustada del Partido Socialista  y el Partido Liberal Puertorriqueños. Esa fue la base fuerte del PPD más tarde: los núcleos radicales de ambas organizaciones.

El retraimiento electoral de ASI se justifica sobre la base de que la asociación política está en pleno proceso de organización. Muñoz Marín deja abierta las puertas para un posible triunfo de PLP con su programa independentista en las lecciones de 1936, deseo que no se consumó. Lo que le molesta de las elecciones de 1936 es el hecho de que la oposición anexionista compita con ventaja por el control que ejerce sobre las “maquinarias de gobierno” que sostienen el sistema. Pero no niega que celebraría como suyo un triunfo electoral del PLP.

Sobre sus impresiones de las elecciones en carta a Ruby Black

El poder del dinero de los azucareros y el miedo a la independencia, explican el triunfo de la Coalición Puertorriqueña. No se trata de miedo a la independencia sino a las desventajas que el Proyecto Tydings de febrero de 1936, le imponía a Puerto Rico Libre. La campaña de ASI que Muñoz Marín promete estará dirigida a atraer a “socialistas y republicanos” para su proyecto.

El comentario sobre la bandera de ASI es culturalmente valioso: “completamente blanca con una cadena rota en el medio por un machete, todo dibujado en negro y con las letras ASI arriba”. La cadena rota y el machete son dos metáforas que no deben pasar inadvertidas. El negro sobre blanco alude la nacionalismo radical de su tiempo.

Muñoz Marín habla el lenguaje de los socialistas radicales: los enemigos del cambio son reaccionarios, el poder del capital decide en las democracias capitalistas y augura el motivo de “Vergüenza contra dinero” que hizo suyo el PPD en 1940.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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