Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

enero 10, 2016

Reflexiones: Puerto Rico desde 1990 al presente VII

• Mario R. Cancel Sepúlveda
• Catedrático de Historia

Vieques: unos antecedentes

El laboratorio más original y prometedor para el futuro de la resistencia de todo tipo en el Puerto Rico de la década de 1990 giró alrededor de las prácticas de la Marina de Guerra de Estados Unidos en la isla municipio de Vieques. No hay que olvidar que la anexión de Puerto Rico fue producto de un acto bélico en el cual aquel cuerpo armado cumplió un papel protagónico. Las posesiones insulares eran fundamentales para la defensa de aquel país y para sus proyectos hegemónicos en el hemisferio sur. Los asuntos de Puerto Rico habían estado bajo la jurisdicción del Departamento de Guerra por lo menos hasta 1934 cuando pasaron a la del Departamento de Interior. Una cosa era ser colonia ultramarina bajo la supremacía de los republicanos antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y otra muy bajo la de los demócratas después de la depresión económica (1929).

A lo largo del siglo 20 el interés primordial de las fuerzas armadas, que se había centrado en la isla de Culebra desde 1902, se había ido desplazando en otras direcciones. Cuando en 1913 José De Diego Martínez articulaba su polémica petición de “Independencia con Protectorado”, ofrecía a Estados Unidos la posesión permanente de Culebra. De igual modo, cuando en 1936, Myllard Tydings presentaba su alternativa de independencia en el Congreso, la posesión de Culebra era una de sus condiciones para la aprobación del mismo. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y el inicio de la Guerra Fría (1947-1991) alteraron aquel consenso.

David_Sanes_RodriguezEn 1947 el proyecto de la Marina de Guerra y el gobierno local, encabezado por Muñoz Marín desde el Senado ya camino a convertirse en el primer gobernador electo por voto popular en la colonia, consistía en despoblar la isla municipio de Culebra y de Vieques con el fin de ponerlas al servicio de las fuerzas armadas y dedicarlas por entero a fines militares. Aquel proyecto, que ha sido comentado en una excelente publicación por la historiadora Evelyn Vélez Rodríguez, se conoció con el mediático pero sugerente nombre de “Plan Drácula” (1958-1964). El escenario de la Guerra Fría y el conflicto de Corea (1951-1953) que animaron el temor irracional a la “amenaza roja”, justificaron el uso de las tierras ocupadas para prácticas de tiro lo mismo con bala “inerte” o de bajo impacto que con bala “viva”. Las zonas de práctica de combate también se convirtieron en un negocio lucrativo para la milicia en la medida en que las mismas eran arrendadas a países aliados para fines análogos. Las presiones psicológicas que imponía el anticomunismo durante aquella época poseían un poder material incuestionable que debería investigarse con cuidado ahora que las mismas han sido dejadas atrás. En aquel ámbito, muchas de las acciones de Estados Unidos en Puerto Rico, su colonia caribeña, eran apropiadas como una garantía contra la agresión comunista por lo que eran bienvenidas lo mismo por la clase política que por el ciudadano común.

Cuando cesaron las prácticas de combate en la isla de Culebra (1973-1975), sólo se había ganado una batalla más en una guerra que parecía no tener fin. El abandono de Culebra justificó que los ejercicios bélicos fuesen reconcentraron en la vecina Vieques bajo las misma condiciones. En un territorio acostumbrado a la presencia de Estados Unidos y con un movimiento nacionalista y socialista en crisis, la protesta de fuerte contenido político dominante no parecía ser convincente. El activismo social, político y cultural de la década de 1960 estimuló la articulación de otros discursos alternativos que, sin dejar de reconocer que la asimetría colonial era parte importante del problema de Vieques, el mismo no podía reducirse a simples factores políticos. El fin de la Guerra Fría había disminuido la legitimidad de aquellos argumentos que para muchos resultaban simplificadores y que evadían la complejidad del problema. La lógica de muchos observadores era que, si Puerto Rico había dejado de ser una clave militar en la era de la posguerra fría, la permanencia de las prácticas de combate en la isla municipio ya no era necesaria.

Vieques: un nuevo tipo de activismo

El innovador activismo comenzó a señalar los efectos contaminantes de las prácticas de combate. Las aguas, el aire, los suelos eran víctimas de aquel ejercicio pueril. Los desperdicios sólidos, residuos nucleares y en mismo ruido fueron objeto de crítica por el efecto que podían tener en la pesca y la salud de los pobladores. Por otro lado, el activismo cultural se quejaba de que la isla de Vieques, por su ubicación en la cadena de islas antillanas, era uno de los repositorios naturales con mayor potencial arqueológico del país, riqueza que se encontraban amenazada por las prácticas de combate. En general, sin dejar a un lado la crítica política, los señalamientos se diversificaban.

Los observadores aceptaban que las actividades de la marina habían deprimido, en lugar de estimular, la economía de la isla municipio y que su potencial pesquero y turístico dejaba mucho que desear. Las estadísticas oficiales confirmaban el alegato. En 1999 el desempleo en Vieques era de un 18.6 %, es decir, 7 % más alto que en la isla grande, mientras la Marina de Guerra empleaba tan solo 120 personas de la isla para suplir servicios civiles y de seguridad. El 19 de abril de aquel año, un avión F-18 lanzó una bomba de 500 libras que erró el objetivo y mató a un guardia de seguridad, David Sanes Rodríguez, e hirió a otros cuatro obreros. El incidente se mundializó de inmediato y fue la chispa de una intensa campaña que, a la larga, consiguió un acuerdo que condujo al fin de las prácticas para el año 2003

Todo_PR_Vieques“Todo Puerto Rico con Vieques”, un grupo amplio de la sociedad civil, fue la primera experiencia de lucha político, social y mediática en la posguerra fría y la era neoliberal. En medio de las propuestas nacionalistas y socialistas, un historiador estaba a la cabeza del proyecto: José Paralitici. El activismo de aquella organización popular cambió la tesitura de las luchas colectivas en el país a principios del siglo 21. Los elementos innovadores fueron muchos. Aquellos combates por Vieques fueron el escenario del “fenómeno Tito Kayak”.

Alberto de Jesús Mercado, con su protesta espectacular, cambió el panorama de la resistencia político social de una forma sin paralelo hasta el presente. Su “captura” junto a otros cinco activistas en el piso superior de la Estatua de la Libertad en Liberty Island, Manhattan el 5 de noviembre de 2000 tras colocar una bandera de Puerto Rico en su frente, consiguió llamar la atención del mundo sobre el tema de la isla municipio. En el acto había algo de aventurerismo combinado con una buena dosis de activismo mediático cuyos efectos concretos estaban por verse.

Bajo aquellas circunstancias innovadoras, la protesta contra las fuerzas navales de Estados Unidos en Vieques se convirtió en punto de peregrinación que llamó la atención de figuras de los medios masivos de comunicación y de la vida pública que aceptaban ser arrestadas por una causa legítima. Ese fue el caso de Edward James Olmos, conocido actor; o de José “Chegüí” Torres, excampeón de boxeo retirado, entre otros muchos que la prensa se ocupaba de mostrar en su planas.

Más allá del atractivo que la causa de Vieques producía, lo cierto es que el incidente Sanes Rodríguez tuvo el suficiente poder de convocatoria para movilizar personas de todas las tendencias políticas, ideológicas o religiosas sin problema aparente por el hecho de que no había sido un asesinato político sino producto de un error humano o de cálculo. En 11 de noviembre de 1979, un militante de la Liga Socialista Puertorriqueña, Ángel Rodríguez Cristóbal, había muerto en condiciones sospechosas en prisión federal en Tallahassee, Florida, donde cumplía una condena tras haber sido arrestado en la isla de Vieques. A pesar de que las autoridades indicaron que se trataba de un suicidio las circunstancias apuntaban en otra dirección. La muerte del militante de Ciales nunca se convirtió en una causa común de tanto arraigo como la de Sanes Rodríguez.

Arresto de Edward James Olmos.

Arresto de Edward James Olmos.

La impresión que deja aquel proceso es que las circunstancias de la muerte accidental de Sanes Rodríguez, un amigo de la Marina de Guerra que trabajaba para ella, “despolitizó” el issue y permitió llamar la atención sobre su filo “humanitario”. Las izquierdas, fuesen socialdemócratas o socialistas, y los nacionalistas, se sumaron y acomodaron a una ola humanitaria que no podían frenar. El otro aspecto que garantizó el amplio apoyo popular fue que la “desobediencia civil” y la “resistencia pasiva”, más que la confrontación, se habían impuesto como táctica. Los efectos que tuvo ese proceso de ajuste tanto en el lenguaje como en su praxis de la resistencia antisistémica, todavía no se ha investigado con formalidad. Del mismo modo, la pregunta de cuánto cambió la recepción de los sectores rebeldes por parte del puertorriqueño común que siempre lo había identificado como una fuerza hostil y antiamericana, tampoco ha sido respondida.

Un recurso relacionado con la revolución informática que favoreció la generalización de la causa viequense y su rápida difusión, fue la posibilidad de la protesta virtual o no presencial que ofrecía la Internet. El acceso a la información, fidedigna o no, a través de un terminal de procesadora por medio de una lista de mensajes, el correo electrónico, los mensajeros o un hogar virtual, afectó el panorama de esa y otras luchas. El proceso de desenvolvimiento hacia los espacios del “revolucionario virtual” o lo que hoy se denomina “slacktivismo” o “activismo de sofá”, había comenzado a pesar de que todavía estaba la tecnología lejos de la consolidación del microblogueo (Twitter) y las comunidades virtuales (Facebook), fenómenos de mediados de la década de 2001 a 2010.

diciembre 23, 2015

Reflexiones: Puerto Rico desde 1990 al presente VI

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia

En el campo académico la década del 1990 fue testigo del inicio del debate sobre el tema de la modernidad y postmodernidad. En términos generales, la validez de la herencia material y cultural moderna, que en Puerto Rico se había desarrollada en el marco de la dependencia colonial. El Puerto Rico moderno se asociaba al proceso de industrialización, el tránsito de la industria liviana a la pesada, la inversión en la producción de fármacos y alta tecnología, el desarrollo urbano y el enrarecimiento del pasado rural. Aquellos índices estaban vinculados a la segunda posguerra mundial, la Guerra Fría, el estado interventor y benefactor y, por supuesto, al ELA y el dominio del PPD y el PNP en el periodo anterior al rosellato. El Puerto Rico más allá de la modernidad surgiría de las cenizas de aquel.

Mijaíl Gorbachev y Ronald Reagan

Mijaíl Gorbachev y Ronald Reagan

El fin de la era de la empresas 936 fue un evento que marcó el fin de una época y el inicio de otra, como ya se ha sugerido: el liberalismo abría paso al neoliberalismo. El cambio fue dramático porque planteaba enormes paradojas. Desde la invasión de 1898 y la Ley Foraker de 1900 había “comercio libre” entre Puerto Rico y Estados Unidos precisamente porque el país era un territorio no incorporado al imperio. La relación colonial aseguraba el libre comercio entre ambos mercados. Pero en la década de 1990 en el marco del neoliberalismo, se decidió demoler las barreras arancelarias y el “privilegio” del ELA se convirtió en moneda común. El “libre comercio” instituido en 1900 era asimétrico y estaba mediado por la Leyes de Cabotaje y el monopolio de ciertas compañías de transporte que encarecían los consumos en el mercado local pero aún así representaba una excepción que muchos valoraban. Lo que legitimaba su existencia era el valor militar de la isla caribeña en el contexto de la Guerra Fría. Después de la decisión de 1996 y terminada la Guerra Fría en 1991, dado que no se revisó la relación estatutaria entre ambos pueblos, la única manera de mantener el “libre comercio” con Estados Unidos era la soberanía. El tránsito de la modernidad a la postmodernidad, del liberalismo al neoliberalismo una vez dejado atrás el conflicto este-oeste, reclamaba la solución del estatus.

Me parece que buena parte de la intelectualidad de todas las tendencias estaba consciente de ello en la década del 1990. Sin embargo, la dejadez  de la clase política que había crecido al amparo del ELA y su causa y la morosidad del Congreso que estaba ocupado en otros asuntos, freno aquella posibilidad. A aquella dilación habría que añadir que los sectores tradicionalistas y moderados en el PPD, los que todavía concebían el ELA como una “solución final” al dilema de estatus, se enquistaron en el poder e imposibilitaron una revisión ideológica creativa de aquella organización. Muchos de los que en 1960 militaron cerca de la “nueva generación” de populares soberanistas se habían movido de la izquierda a  la derecha del PPD, como fue el caso del exgobernador Hernández Colón.

 

Los debates académicos

En términos intelectuales los paradigmas, presunciones o certidumbres modernas más interpeladas en aquella década de debate tenían que ver en Puerto Rico con la resistencia a la situación dominante. Por un lado se ponía en entredicho el nacionalismo político y cultural, ideologías que salieron muy lastimadas de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, del desarrollo de la sociedad de consumo y la revolución de las comunicaciones y la informática que se afianzó en los 1990. Por igual situación pasaba el socialismo en todas sus formas, sistema que se había deteriorado desde la segunda posguerra al calor de los regímenes de Josip Stalin y el neoestalinista Leonid Brézhnev y cuya crítica articularon de modo convincente Lech Waleza y el sindicato “Solidaridad” desde Polonia, y Mijaíl Gorbachov por medio de la glasnost y la perestroika, en los años 1980. El fin de la Guerra Fría (1989-1991), catapultado por el inicio del derribo del Muro de Berlín el 10 de noviembre de 1989, fue interpretado como un signo del triunfo del oeste sobre el este. El “socialismo realmente existente” y el socialismo en general, se vieron en la necesidad de reformularse de cara a una era inédita.

Lech Waleza y "Solidaridad"

Lech Waleza y “Solidaridad”

Es cierto que el “socialismo realmente existente” desaparecía con el bloque socialista. Pero el “capitalismo realmente existente”, identificado con el estado interventor y benefactor y que actuaba como intermediario entre el pueblo y el mercado, también desaparecía en medio del fenómeno. El neoliberalismo era otra cosa y todavía estaban por establecerse, a la larga eso se determinaría en la práctica, sus efectos sobre las relaciones políticas  y sociales. El debilitamiento de la ilusión de igualdad al amparo del estado que había animado al “socialismo realmente existente”, era sustituido por otra ilusión más peligrosa: la que partía de la premisa de que la igualdad se conseguiría en el mercado mediante el consumo. El nuevo modelo capitalista requeriría nuevos y agresivos proyectos socialistas que sólo comenzarían a madurar, con numerosos tropiezos, después del año 2000.

En Puerto Rico las izquierdas socialistas, que desde la década de 1930 había articulado una estrecha  alianza con los sectores nacionalistas de todas las tendencias y que habían sido los protagonistas de la resistencia cultural, social y anticolonial desde 1959, estaban en reflujo del mismo en que estaban a nivel global. Tanto las certidumbres racionalistas, filosóficas y científicas del socialismo, como las certezas morales del nacionalismo habían sido vulneradas. En la segunda parte de la década del 1990, en medio de la confrontación cultural y en el auge de la popularidad del estadoísmo y la figura de Rosselló González que llegó a tener los caracteres de un culto tan irracional como cualquiera otro, no asomaba en el panorama una alternativa legítima de resistencia antisistémica.

La cuestión cultural durante la década de 1990 exigía una reflexión intensa, sosegada y abierta en torno al cambio. En 1993 una organización novel,  la Asociación Puertorriqueña de Historiadores (APH), fue el escenario de numerosos debates al respecto. La agrupación atrajo a historiadores de la nueva historia social y de la promoción de los que entonces se denominaban los “novísimos historiadores” interesados en la mirada y la interpretación que ya se denominaba, a pesar de la resistencia, “postmodernista”. En la práctica la organización cumplió el papel de evaluar el lugar del “historiador” y la situación de la “historia”. La relación de la historia con las ciencias sociales, las humanidades, la filosofía, el lenguaje, la identidad: todo fue puesto sobre la mesa. El papel de la disciplina con las resistencias socialistas y nacionalistas también. La situación de cambio enriqueció el temario de los historiadores profesionales y estimuló la autonomía del trabajo del historiador con respecto a los proyectos políticos y sociales  que habían promovido una historiografía al servicio de sus causas. La APH desarrolló una línea editorial en alianza con la editorial Postdata, un foro postmodernista, que entre 1994 y 2000 produjo una colección de títulos que marcó una pauta para el debate al margen del marco institucional universitario pero sin desvincularse del mismo. El impacto de aquella asociación en la disciplina, todavía al presente sigue activa, merecería una investigación más profunda que todavía no se ha hecho.

Berlín (1989)

Berlín (1989)

El debate cultural e historiográfico durante la década de 1990 también tocó al independentismo de ideología socialdemócrata o nacionalista, y el socialismo puertorriqueño. Todas aquellas propuestas estaban en proceso de revisión desde adentro pero las presiones de la tradición pesaban mucho a la hora de la revisión. Es curioso que las propuestas que con más agresividad apelaban a la necesidad del “cambio” mostraran tanta resistencia a la autocrítica en un momento de la historia en el cual la reflexión era mandatorio. El sector ideológico más dispuesto al revisionismo fue el socialismo y las izquierdas en general. En las izquierdas cuestionadas floreció el anarquismo, la estadidad radical y el pesimismo fronterizo con el cinismo filosófico. En el Puerto Rico colonial del 1990, aquel abanico de opositores denominados de manera genérica “izquierdas” estaba en crisis y en retroceso y, con el estadolibrismo cuestionado al final de la Guerra Fría, la propuesta más atractiva y de más coherencia fue el estadoísmo animado por la atrayente figura de Rosselló González.

La revitalización de un discurso de la resistencia original y prometedor se desarrolló donde menos se esperaba. Un problema de la vieja época de la Guerra Fría sirvió de laboratorio al mismo. Me refiero a la presencia de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques y sus prácticas de combate en la isla municipio desde 1947.

 

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: