Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

diciembre 4, 2022

COLOQUEO – El Caribe en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos

Un diálogo en torno al volumen del Dr. José E. Muratti Toro, «El Caribe en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos» (San Juan: 360 Grados) con el Dr. Jorge Rodríguez Beruff y el Prof. Mario R. Cancel-Sepúlveda.

Coloqueo es un proyecto producido y moderado por el Dr. Pablo L. Crespo Vargas con el apoyo del Instituto de Cultura Puertorriqueña

Para ver la actividad pulse aquí: https://www.youtube.com/watch?v=WDqPrLgwqgQ

El estado de la historiografía puertorriqueña: un diálogo

Comparto el diálogo del 16 de noviembre de 2021 auspiciado por la Biblioteca Jesús T. Piñero de la Universidad Ana G. Méndez en torno a estado actual de la historiografía puertorriqueña la reflexión histórica y sus perspectivas futuras.

Una rica conversación con los/las colegas la Dra. Mayra Rosario Urrutia, el Dr. Josué Caamaño-Dones y la Dra. Cristina Maldonado Caro. Al Dr. Javier Aleman Iglesias mi agradecimiento por la invitación.

Para ver la actividad pulse aquí: https://fb.watch/aDNT1YKeBM/

 

octubre 25, 2022

De Laberintos, Centro Vacilantes y Objetos Esquivos: Un Comentario sobre El Laberinto de los Indóciles

  • José Anazagasty Rodríguez

El Laberinto de los Indóciles es el fruto de un metódico y minucioso análisis de muchos años. Este manifiesta, con gran éxito, el tremendo compromiso y dedicación de Mario R. Cancel con el estudio de lo que él describe como un esquivo objeto de estudio: la historiografía puertorriqueña del siglo 19. No podíamos esperar menos de un historiador de la altura de Cancel, a quien Gary Gutiérrez llamó recientemente el “maestro Cancel”.  Y qué mucho hemos aprendido del historiador-maestro, en este caso mucho acerca de la historiografía, la historia, la política y las identidades colectivas puertorriqueñas del siglo 19.

El libro expone que los integristas y los separatistas, y las historiografías que inspiraron, pretendían liberar a Puerto Rico de un orden que pensaban retrógrado para encaminarlo hacia el progreso. Por esto concluye que estos compartían las metas, pero diferían en la selección de los medios o tácticas para realizarlas. Divergían, por supuesto, en cuanto a su posicionamiento en relación con España, con los reformistas y los autonomistas en el campo integrista, y los independentistas y anexionistas en el campo separatista. Estos grupos, aparte de sus diferencias sobre si querían separarse o integrarse a España, discrepaban también respecto al papel de la violencia en el proceso de liberación. Sólo los separatistas estaban dispuestos a la violencia revolucionaria. También diferían en su articulación de la identidad puertorriqueña. Estas posturas político-ideológicas eran, a pesar de sus convergencias, posiciones enfrentadas.

El integrismo ganó la contienda. Cancel revela en su nuevo libro el dominio de la historiografía y proyecto político integrista, cuyas corrientes—asimilismo, especialismo, y autonomismos moderados y radicales—mantenían posiciones teóricas y políticas similares. Estos eran integristas pro-españoles que pretendían con sus discursos y relatos disminuir las tensiones que producía una relación política y cultural que valoraban mucho, pero cuya fragilidad admitían. Este consenso estaba, por supuesto, presente en la historia regional del siglo 19, pues como explica el autor, los integristas, en todas sus variantes, y quienes trazaron la “historia regional,” coincidían en ver la relación con España como una garantía para la modernización de la colonia. Se trata del predominio y hegemonía de eso que Cancel llama el “centro vacilante”.

En efecto, los integristas fueron relativamente efectivos en su desplazamiento de “los proyectos políticos e ideológicos derrotados,” los de los separatistas anexionistas o independentistas. El carácter hegemónico de la historia y política integrista no se debe únicamente a su condena efectiva del separatismo, sino además a su fijación y afianzamiento de la integración misma como fin político, no importa a que cuerpo político, fuese a España, la Confederación Antillana o más tarde a los Estados Unidos. Incluso algunas corrientes separatistas anhelaban tras la separación de España integrarse a otras comunidades, como a Estados Unidos después de 1898, por ejemplo. El integrismo dominó la cultura política del siglo 19, aunque en contienda con el separatismo.

El Laberinto de los Indóciles es una extraordinaria y relevante reflexión de la cultura política del siglo 19, particularmente de la expresada en la escritura histórica de entonces, expresiones que, entre el consentimiento y la resistencia, debatieron el frágil e irresoluto concepto de la identidad puertorriqueña. Pero si esta es una aportación importantísima del libro también lo es su método, técnica o modo de investigar el elusivo objeto de estudio.

El texto de Cancel, un análisis textual y discursivo profundo, implicó el análisis de las fuentes usadas por los historiadores del siglo 19, su marco de referencia, lo que le permitió identificar las bases intelectuales de su legitimación ideológica. El registro de esas fuentes, de las autoridades intelectuales a las que estos apelaron, es una valiosa aportación de El Laberinto de los Indóciles. Entre estas fuentes está Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico del fray Agustín Íñigo Abbad y Lasierra, si se quiere un texto fundacional de la historia regional puertorriqueña. Cancel le dedica varias páginas a la relación entre ese texto y la historia regional puertorriqueña.

Cancel también revela la relación entre las justificaciones ideológicas de los historiadores del siglo 19 y su trasfondo social. El propósito de esto último era conocer desde cual posición social en la nación imaginada o anhelada, puertorriqueña o española, hablaban. Otro propósito era conocer qué aspectos de la identidad nacional o comunidad imaginada sirvieron de fundamento para sus planteamientos políticos y narraciones históricas. Esto le permitió además a Cancel examinar sus pericias ideológicas y discursivas y sus estrategias retóricas, así como su manipulación de la memoria y la historia, en nombre de sus respectivos proyectos políticos y sociales. Es precisamente la identificación de esas pericias, estrategias y manipulaciones uno de los grandes logros de El Laberinto de los Indóciles.

Cancel establece y comprueba los matices y gradaciones del integrismo y del separatismo en el Puerto Rico del siglo 19, vinculados, pero no iguales, a las modalidades y gamas políticas de hoy. También ubica esos matices en un continuo desde el asimilismo y las propuestas de integración, como el especialísmo y los autonomismos moderados y radicales, hasta a los distintos separatismos independentistas, anexionistas y confederacionistas.  El reconocimiento de esa diversidad contrarresta la tendencia a homogenizar y comprimir las corrientes políticas del país, a ocultar sus deviaciones y heterogeneidad interna.

Además, el autor se aproxima a la historia e historiografía del siglo 19 desde los extremos de ese continuo político-ideológico, disolviendo el centro, contrarrestando la tendencia dominante a narrar la historia puertorriqueña desde el “centro vacilante.” Para este, como ya indiqué, el relato histórico, tanto en el campo de la historia oficial como en el de la académica, ha sido acoplado y narrado desde ese centro inestable. Desde ese centro irresoluto los extremos han sido construidos como parciales y subjetivos, y por esto marginalizados y despachados. Pero la mirada de Cancel, desde los bordes de la historiografía y del centro político contribuye a la disolución de esa médula, a la descentralización de la historiografía integrista. Ubicarse en los extremos le permite al autor dilucidar las vacilaciones, ambigüedades, omisiones y contradicciones del centro y articular un relato alternativo y contestario respecto al centro, sin que esto implique obviar las indecisiones, rodeos, contradicciones y mutismos de los extremos derrotados.

El método de Cancel también indaga las ideologías y discursos historiográficos y políticos en términos de identidades relacionales. El autor demuestra que la historia regional, y con esta sus ideologías políticas, fueron articuladas en términos de identidades puertorriqueñas definidas en relación con España, de la relación imaginada y anhelada con la metrópolis. Así demuestra que la historia regional diferenciaba a los puertorriqueños de los españoles a la vez que recurría a equivalencias entre ambos grupos. El reclamo de una hispanidad compartida, típico de los integristas, implicaba una paridad con los españoles, cierta simetría política y cultural entre los españoles y los puertorriqueños, estos últimos imaginados como parte de la comunidad española. Los separatistas, por su parte, afirmaron las diferencias para justificar la separación, aunque algunos independentistas y nacionalistas del siglo 20 afirmarían las equivalencias culturales con España.  Los asimilistas afirmaban la equivalencia entre las identidades. Así, estas y las otras corrientes políticas examinadas por Cancel, incluyendo a los anexionistas, involucraron juicios de equivalencia y diferenciación al justificar sus proyectos.

La aproximación de Cancel es además comparativa en tanto que contrasta las corrientes historiográficas y políticas develando sus convergencias y divergencias. Por ejemplo, podemos encontrar consensos teóricos y políticos entre los diversos integrismos, manifiestos en la historia regional del siglo 19. Estos convenían en la necesidad de la modernización en el marco de la relación con España, definiendo esa unión como un resguardo necesario para el progreso de la colonia. Estos inclusive profesaban que Puerto Rico había avanzado como consecuencia de las políticas del reformismo ilustrado del siglo 18. Y todos concordaban en el protagonismo que le achacaron a la industria azucarera. Por otro lado, Cancel señala convergencias entre todas las corrientes políticas. Los liberales reformistas, los autonomistas, los separatistas independentistas y los anexionistas aspiraban todos a liberar a Puerto Rico de un orden anticuado para encaminarlo hacia el progreso. Coincidan asimismo en muchos de sus fundamentos filosóficos y compartían sus intereses de clase. Pero, también divergían en otros asuntos. Discrepaban, como mencioné antes, con respecto a la identidad colectiva y con relación a las tácticas políticas.  Sus relatos históricos reflejan además diferentes interpretaciones de eventos y procesos históricos, como el Grito de Lares. Cancel le dedica varias secciones de su libro a las distintas interpretaciones de ese evento.

El análisis del autor también subraya la inconsistencia de los discursos historiográficos, develando sus fisuras y contradicciones.  Por ejemplo, la presencia histórica de Sotero Figueroa, que ofreció, nos dice el autor, lo más cercano a una historiografía separatista, encierra una contradicción: que fuese un autonomista radical el que esparciera la semilla de la historiografía del separatismo independentista. Cancel también apunta a lo contradictorio de la pasividad de los liberales reformistas y autonomistas, quienes toleraron, a pesar de sus reclamos de libertad, la severidad de una relación desigual y autoritaria con España porque confiaban en mejorarla sobre la base de su culto a la hispanidad. Como nos demuestra, era asimismo paradójico o contradictorio que Salvador Brau Asencio recurriera a la racionalidad de la sociología positivista para evaluar la Hispanidad, pero que apelara a economías morales, ciertamente subjetivas, para describir a los puertorriqueños.

Cancel nos provee además una interpretación o lectura sintomática de las fuentes examinadas. Señala sus silencios, omisiones y ocultaciones. Su intención, la que logró, era elaborar un registro de esos silencios para examinar las intenciones y estrategias retóricas de los historiadores del siglo 19. Cancel notó, por ejemplo, el curioso silencio de Betances con respecto a varias protestas de la sociedad civil y acerca de las injusticias sufridas por los trabajadores, producto de una formación colonial que este pretendía erradicar. El historiador también encontró omisiones reveladoras en la obra de Salvador Brau Asencio, quien pasó por alto la esclavitud y el trabajo forzado, así como la desigualdad que emanó de las condiciones vinculadas al momento posterior a la Real Cédula de Gracias de 1815.  Cancel también notó que este obvió mencionar que el reclamo de abolición firmado por Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta Calbo y Francisco Mariano Quiñones había sido la antesala de la insurrección de Lares.

Esos silencios apuntan, en efecto, a la retórica o la persuasión, y más aún hacia las cualidades ideológicas de la escritura histórica del siglo 19. El autor de un relato histórico, por ejemplo, y al que Cancel le reconoce cierto “espacio de autonomía”, escoge como representar una condición ideológica desde cierta perspectiva en un contexto histórico-social específico, entrelazando compromisos, interpretaciones y su imaginación. Esto es lo que Dominick LaCapra, inspirado en Martin Heidegger llamó, los aspectos “worklike” de un texto, una labor que, aunque reproduce ideologías y discursos también introduce variaciones, alteraciones, y transformaciones de estas, lo que muchas veces requiere silencios y omisiones. Se trata de cierta poiesis, lo que César A. Salgado, basado en Severo Sarduy, describe como la “capacidad creadora para imaginar, forjar y formar otros mundos.” Hacer historia es, al final, y como dirían los críticos marxistas, un modo de producción. La representación de la condición ideológica es entonces un producto relativamente singular. Estas variaciones también responden al hecho de que como afirmaba Pierre Macherey es imposible para un relato cualquiera reproducir la totalidad de una ideología; solo una aprensión parcial de esta es posible. La representación de la ideología en un texto es siempre inacabada, imperfecta, es decir, una variación. Los silencios, decía este crítico literario, muchas veces parten de allí, de la aprensión y producción parcial de la ideología. Se trata de la articulación insuficiente de lo que es una relación imaginaria con la ideología y con la historia, y que puede ser incluso contradictoria, a lo que apuntaba no solo Macherey sino además Louis Althusser, Terry Eagleton y Frederic Jameson. Cancel apunta precisamente a la importancia de advertir y evaluar esos silencios, omisiones y contradicciones en la escritura histórica del siglo 19.

La aproximación de Cancel a las diversas fuentes que examinó presupone la porosidad de los textos respecto a su con-texto. Esto le permite dos cosas: no perder de vista las relaciones dinámicas entre la cultura material y la inmaterial y visibilizar la relación, también dinámica, entre las normas y convenciones que rigen la elaboración de los textos, discursos e ideologías, muchas institucionales, y la agencia o autonomía del sujeto. Esas relaciones facilitan, pero igualmente regulan la producción y reproducción de textos, o lo que se expresa o no en estos. Esto, por supuesto, nos ayuda también a indagar los mencionados silencios y omisiones. Por otro lado, la ubicación social de los narradores, como su posición de clase, vinculada a cierto habitus, como diría Pierre Bourdieu, y su identificación como criollos, influenció sus relatos históricos. Los casos discutidos por Cancel, incluyendo los de Betances y Brau, son ilustrativos de esa relación.

Finalmente, el método de Cancel es reflexivo, lo que es ciertamente refrescante. Reconoce que esos sujetos relativamente autónomos, incluyendo a los historiadores, y entre estos él mismo se incluye, también oscilan, dependiendo de las circunstancias contextuales, entre la racionalidad y objetivación de un fenómeno y la irracionalidad y la subjetividad.  Esto requiere que el investigador, el historiador en nuestro caso, se monitoree a sí mismo y admita no sólo sus sesgos sino además la singularidad del lugar desde el que habla o escribe. Al historiador esto le requiere, entre otras cosas, la dificilísima tarea de no confundir el presente y el pasado. Cancel, por ejemplo, evita presuponer que las aspiraciones de los movimientos a favor de la independencia o la anexión en el siglo 19 sean iguales a los del siglo 20 o los del siglo 21.

El método propuesto por Cancel constituye a su vez la base metodológica de su propuesta para una nueva historia política, otra contribución importante de su nuevo libro. Se trata de una historia cultural de la política. Con esta nueva historia política-cultural Cancel continúa, pero renueva y extiende, desde una perspectiva mucho más crítica, y desde la historia cultural, la historia política propuesta por Fernando Picó y que respondía a su vez a las propuestas para la historia política puertorriqueña de Gervasio García. En efecto, la historia cultural de la política propuesta por Cancel precisa los compromisos con la modernidad de las corrientes políticas del país, a lo que exhortó Picó, anhelos de modernidad presentes en las corrientes historiográficas del siglo 19, como bien demuestra Cancel, y que eran parte de su cultura política.

Aunque Cancel no lo propone así, me parece, que este también ha echado las bases no únicamente de una historia cultural de la política sino además de una historia cultural de la intelectualidad, una renovada historia intelectual puertorriqueña, una que escapa el culto a las personalidades de la tradicional historia política e intelectual.  El libro de Cancel es de muchas formas una historia de las ideas liberales y del pensamiento político y social moderno en Puerto Rico. Y es ciertamente una historia cultural-intelectual de la historiografía puertorriqueña del siglo 19.

En fin, El Laberinto de los Indóciles es otro excelente libro de Cancel, un estupendo y excepcional mapa del laberinto historiográfico y político del siglo 19, una elusiva y confusa maraña afortunadamente desentrañada por Cancel. Pero ese laberinto es uno de los muchos laberintos alojados dentro de ese aún más amplio, enmarañado e inconstante laberinto de nuestra historia. Esos otros laberintos contienen sus propias historias políticas, culturales e intelectuales que aún tenemos que comprender. Aceptemos la exhortación de Cancel y examinemos la historia de sus culturas políticas e intelectuales.

Publicado originalmente en 80 Grados-Cultura-Historia

mayo 1, 2022

El indócil cosmos de Cancel

  • Luis Asencio Camacho
  • Escritor

Parte 1. Una reflexión antes de la lectura

Me bastó una ojeada a El laberinto de los indóciles para saber que había vivido ese «momento» ya. ¿Cuál? Cuando tuve en mis manos aquella pequeña edición condensada de Cosmos (1980), de Carl Sagan (1934–1996), allá a mis ¿quince, dieciséis? —a mediados de los años ochenta.

Reviví el momento del pedido, la espera, la emoción de recibir y de saber aquel hoy perdido Cosmos el texto definitivo para cualquier curioso que buscara conocer y entender qué era (es) y cómo funcionaba (funciona) el… ¿necesito decirlo? Por entonces Sagan tenía su público y varios títulos a su haber, pero fue con ese título en especial, el compendio en papel de su multiepisódica y homónima serie de TV, que el ya desaparecido astrónomo neoyorquino de orígenes judíos se consagró como un divulgador extraordinario a nivel mundial. La naturalidad y lo palmario de su hablar no hacía imperativo que sus oyentes tuvieran bases académicas en astronomía o astrofísica para entender lo que él planteaba. Lo mismo podía hablar del comportamiento de la luz en diferentes entornos o qué elementos podrían condicionar la exobiología que de historia, filosofía o religión, y uno, como lector, quedar satisfecho y seguro de poder iniciar y mantener (como mínimo «defenderse» en) una conversación del tema: desde átomos y agujeros negros hasta protozoos y genios.

Apenas leí los párrafos introductorios del Laberinto y preví que será una experiencia similar. El quehacer literario, académico y cívico de Mario Cancel es fecundo, sólido y reconocido (su estilo reconocible también, puedo asegurar); de hecho, cuando tuve el privilegio de saludar personalmente a este prócer moderno a eso de 2007 o 2008, tenía años de conocer y apreciar su obra. Por breve que fuera ese encuentro fortuito, pude constatar lo que incontables exalumnos suyos decían: detrás de la fachada de «enciclopedia ambulante» había un caballero sencillo y afable que amaba lo que hacía y se gozaba mucho más en compartir su sabiduría. El Laberinto lo ratifica.

Este es un texto erudito escrito con el lego también en mente, como nos acostumbraron los maestros Picó y Díaz Quiñones; porque no hay que ser rimbombante para ser interesante. (Si aprendí algo de Sagan, fue a hablar con sencillez, directo y conciso; Mario repite la fórmula.) Entre leídas y (h)ojeadas —la impaciencia de cubrir lo más posible y degustar aquellos puntos a los que ya deseo llegar—, antes de darme cuenta, me hallé a mitad de libro. Pausé por eso de no abusar y decidí que leería esta joya con la debida mesura. De entrada llamó mi atención y agradecí la estrategia del comparatismo, una táctica que practico y favorezco. En fin, creo, sin temor a equivocarme, que no ha habido otro texto que exponga de manera tan directa, concisa, clara y desenfadada las continuidades y discontinuidades del turbulento siglo XIX puertorriqueño. No me atrevo siquiera a citar ejemplos por temor a no poder detenerme y terminar con una versión criolla de «We Didn’t Start the Fire» y caer en la cuenta de que—

(We didn’t start the fire!)

It was always burning, since the world’s been turning

(We didn’t start the fire!)

No, we didn’t light it, but we tried to fight it!

—¡coño! seguimos en las mismas…

(Continuará)

© 2022 Luis Asencio Camacho

abril 23, 2022

Sobre El laberinto de los indóciles de Mario R. Cancel

  • Profa. Vibeke Betances Lacourt
  • Especialista en Estudios Hispánicos

Cómo se narra, se piensa, se escribe sobre un país cuyas complejidades coloniales ponían – y aun ponen – en duda hasta el propio término «país»; El laberinto de los indóciles, la más reciente publicación de Mario R. Cancel bajo Editora Educación Emergente, nos presenta todo lo que confluye en el intento. Sin embargo, para comenzar con este breve recorrido por El laberinto de los indóciles me es necesario acercarme al término laberinto. Según el diccionario de la Real Academia Española, dos de las acepciones que tiene la palabra son:

1. m. Lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.

3. m. Composición poética hecha de manera que los versos puedan leerse al derecho y al revés y de otras maneras sin que dejen de formar cadencia y sentido.

Estas, a su vez, me llevan a pensar en los indóciles, ¿eran ellos los que creaban el laberinto?, ¿los que lo habitaban cual minotauro cretense? o ¿los que transitaban por él? En El laberinto de los indóciles el laberinto está formado de caminos y encrucijadas – aunque no del todo artificiosas – que estos indóciles decidieron transitar utilizando como hilo el discurso para presentar esos caminos «al derecho y al revés y de otras maneras sin que dejaran de formar cadencia y sentido». Los indóciles a los que se hace referencia en el libro, no solo habitaban el laberinto sino que le dieron forma de acuerdo con los caminos que decidieron recorrer. Por otro lado, pienso en el libro, en sí mismo, también como un laberinto. No tanto porque cumpla con las características antes mencionadas en la definición sino porque es un libro sobre historiografía realizado por un historiador que, cuando más o cuando menos, está historiografiando. Por lo tanto, para que transitemos por él, me parece preciso delimitar al menos tres de los múltiples caminos que el libro presenta. Los caminos que este libro nos presenta no están formados en cemento, las paredes de este laberinto son más bien arbustos cuidadosamente podados que, por sus propias ramificaciones, nos permiten ver entre las hojas sus espacios de convergencia. Es decir, al leer el libro El laberinto de los indóciles logro identificar al menos tres de las formas en las que podemos acercarnos al texto que se relacionan entre sí: siempre reconociendo que el hilo conductor lo será el discurso como herramienta de la historiografía puertorriqueña en el siglo diecinueve.

Si me permiten, desearía entonces que todos asiésemos el hilo que nos guiará entre las letras que Cancel nos ofrece para así, de la mano, no perdernos por alguno de esos caminos. El texto ubica el pensamiento puertorriqueño no solo dentro de su relación colonial con España y dentro de las corrientes filosóficas eurocéntricas sino alrededor de lo que ocurría en la antillanía caribeña. Por tanto, el libro resulta valioso para quien, aficionado a la historia como saber o a la historia de Puerto Rico como campo de conocimientos, quiera acercarse a ella desde una perspectiva que sacude los modos oficialistas en los que se nos ha enseñado. Las figuras emblemáticas y sus acercamientos a los eventos que en él se estudian se presentan dentro de un panorama que posibilita ver cómo convergen y divergen sus recuentos sobre esos eventos a partir de sus ideales y lealtades: el asunto no es pasar juicios sino mostrar las razones que estos tenían para hacerlo y los modos en que lo hacían. En él, los planteamientos de Betances Alacán, Hostos Bonilla, Tapia y Rivera, Brau Asencio, Abbad y Lasierra y Pedro Tomás de Córdova entre tantos otros serán presentados desde una óptica crítica que reconoce los vínculos entre discurso, ideología e historiografía. Así pues, quien desee leer el libro por el puro amor a la lectura y a la historia tendrá un nuevo acercamiento a esta sin sentirse perdido entre sus páginas. Mientras que quien desee acercarse a El laberinto de los indóciles siendo experto en el tema, encontrará en él un nicho exquisito para establecer un diálogo no solo con el autor sino con los discursos historiográficos que este presenta.

Por otro lado, el término «historiografía» me lleva al segundo camino que intereso recorrer, el de la historiografía como creación discursiva. Mientras leía, no podía evitar pensar que El laberinto de los indóciles era una especie de poética sobre «el arte creativo de historiografiar». Dice Cancel entre sus páginas que «en el siglo 19 el historiador como autor es quien decide lo que se recuerda y lo que se olvida» (157) pues «[t]odo se reduce a pistas y posibilidades, como el papel que cumplió el hilo en el mito de Ariadna, Teseo y el Minotauro»(79). Por esto mencioné al inicio que el indócil se convierte a su vez en una especie de criatura que no solo recorre el laberinto sino que utilizando el hilo discursivo le va dando la forma que desea. Ante ese panorama, el libro se convierte en una doble propuesta. Por un lado surge como una guía para el historiador y por otro, es un reto que motiva a quien lee, a acercarse a la historiografía como discurso, y como tal, analizarlo con herramientas propias de quien estudia literatura: indagar, cuestionar y problematizar. Es la doble posibilidad de contestar las preguntas ¿quién escribe?, ¿para quién escribe? y ¿desde donde escribe? desde el terreno de quien redactará y del de quien leerá. En El laberinto de los indóciles se reconoce que las palabras, en sí mismas, se convirtieron en herramientas rectoras de proyectos políticos y que mucho de lo que subyace en el modo en que nos relacionamos con nuestra historia como país tiene que ver con el sujeto que la escribe y la divulga y no tanto con el evento en sí mismo: dependía de la relación que tenía quien la escribía con las estructuras de poder político-económico del momento. Así también no solo lo dicho sino lo omitido, parecería decirnos Cancel, cobra relevante importancia a la hora de acercarnos a los textos cuya finalidad es construir el pasado histórico del país: los silencios importan y por eso es preciso identificarlos.

Finalmente, el tercer camino me parece que más bien lo decidí construir yo, debo aceptarlo, al ver en el libro un marco para problematizar los discursos – pasados o presentes -a la luz del carácter subjetivo que cualquier discurso carga. Leer El laberinto de los indóciles fue acercarme a una guía sobre cómo escribir y cómo leer los eventos que ocurren en el país, en la actualidad, en tiempos en donde la mediatización de todo es un hecho que parece obligar a las personas a posicionarse ante todo de manera inmediata. Pensar como país, pensar al país, y pensar dentro/fuera del país, son asuntos tan mediatizados que continuamente recibimos un bombardeo de información que con sus silencios y visibilizaciones promueve con una velocidad impresionante un sinnúmero de ideologías que están cubiertas de un falso manto de objetividad. El laberinto de los indóciles es una apuesta a la lectura que sospecha, que cuestiona, que indaga. Del mismo modo, es un marco de referencia para otros investigadores que quieran insertarse al diálogo: a través de todo el texto, el autor se encarga de dejar diversas preguntas abiertas en espera de que alguien se apropie del proyecto y lo trabaje.

El laberinto de los indóciles nos hace parte de las discusiones que se gestaron en el siglo diecinueve y que sin duda tienen remanentes en el modo en que nos acercamos a la manera en que pensamos al país. Al final corroboramos que existió «[…]una discursividad que nunca se puso de acuerdo, nunca fue homogénea y que se apropió de la identidad y de la puertorriqueñidad de manera creativa […]» (Cancel 15) y para los que nos preguntamos, pensando en Benedict Anderson en la lejanía, ¿y qué pasó? ¿por qué no funcionó?, el hecho de que nunca se pusieran de acuerdo ni fuera homogénea – discursivamente hablando- es una de las razones, la segunda la ofrece el mismo escritor, pues sentencia que esa discursividad terminaba «[p]oniendo la historia y la memoria del pasado al servicio de causas que chocaban la una con la otra» (15). Si bien el libro establece que no tiene la intención de pensar asuntos contemporáneos, para aquellos de nosotros que hemos estado conscientes de las situaciones sociopolíticas de nuestro país hasta la actualidad, el libro en general nos parecería señalar otro camino más: una ida al pasado que nos aclara el presente. Es justo ese el camino en el que me quedé porque reconozco que ir al pasado, recorriendo el laberinto discursivo que por siglos se ha gestado, es una tarea que requiere un hilo mucho más sólido que el que cargo y temo entrar en él para luego no encontrar la salida de regreso.

Nota: Texto leído en el lanzamiento de “El laberinto de los indóciles de Mario R. Cancel” en Recinto Universitario de Mayagüez (UPR), 5 de abril de 2022, actividad auspiciada por Editora Educación Emergente (EEE). Publicado con anterioridad en Claridad-En Rojo (12 de abril de 2022). Los interesados en ver y escuchar la grabación de la actividad pueden acceder a ella mediante en enlace El Laberinto de los indóciles (EEE/RUM)

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