Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

abril 20, 2012

¿Qué significa lo jíbaro? Apuntes para un debate


  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

 

El concepto jíbaro aparece casualmente sugerido en la Relación del Viaje a Puerto Rico de la Expedición de Sir George Clifford, Tercer Conde de Cumberland, escrita por el Reverendo Doctor John Layfield, Capellán de la Expedición. Año 1598.  El referido texto se encuentra en la obra póstuma de Samuel Purchas (Thaxted, c. 1575 – Londres, 1626)  titulada Hakluytus Posthumus también conocida como Purchas his Pilgrimes, contayning a History of the World in Sea Voyages and Lande Travells, by Englishmen and others impresa en Londres en 1625 en cuatro volúmenes. Purchas fue un religioso e historiador inglés que estudió en el Saint John’s College de la Universidad de Cambridge quien, como Pedro Mártir de Anglería, nunca viajó a América e hizo la obra de un recopilador e intérprete. La segunda edición de su colección corresponde a los años 1905  a 1907 y alcanzó los 20 volúmenes. Su difusión entre los lectores era, en consecuencia, muy poca durante  el siglo pasado.

El Doctor John Layfield era teólogo, académico y traductor inglés muerto en 1617 en Londres. La inclusión del texto de Layfield, legitimaba el discurso de Purchas dado que Layfield  había estado en contacto directo con San Juan Bautista durante la invasión inglesa de 1598 que dejó a la isla en manos inglesas por breve tiempo. El testimonio de Layfield, fundamentado en la observación directa y en el interrogatorio a ciertos vecinos, sintetizaba la mirada inglesa en torno a la posibilidad de una colonia tropical eficiente.

Rev. Samuel Purchas

La literatura de exploraciones y viajes sajona, muestra numerosas concomitancias con la crónica de Indias latina que historizó la situación antillana durante el siglo 16. En ambas, el pintoresquismo y el interés empresarial se imbricaban para ofrecer al lector europeo, fuese un empresario en ciernes o un posible migrante, una imagen  sobre la naturaleza y la cultura observadas y su potencial material. Layfield, como algunos cronistas de  Indias, escribe sobre Puerto Rico in situ, elemento que le da un valor peculiar a su discurso.

Aparte de los datos fidedignos que el texto ofrece sobre el carácter cimarrón de la ganadería y el valor económico de las corambres, y el cuadro preciso sobre el panorama industrial y agrario, el autor realizó unas distinciones interesantes entre la costa o la bajura, y el interior o la altura que pueden ser de utilidad para comprender el sustrato de lo jíbaro como núcleo de una identidad puertorriqueña.

Layfield distinguió los ingenios como empresas de la costa, y las estancias de jengibre como empresas del interior. Las primeras requerían una mayor inversión que las segundas. La asociación de la industria azucarera a los sectores poderosos, y la de las estancias a los pobres o a la gente de escasos recursos, era inevitable. Se trata de un lugar común en la interpretación de la economía social de San Juan Bautista a fines del siglo 16 y principios del 17. En la América Hispana, las estancias apelaban a la vida en la ruralía. En San Juan Bautista sugerían las granjas de subsistencia aplicadas también al jengibre y, ocasionalmente, al ganado y los cueros.

Un aspecto por demás curioso en la obra de Layfield, son sus anotaciones sobre el ganado mayor y el ganado menor. El reverendo ofrece el detalle sorprendente de que los novillos fuesen más grandes en Puerto Rico que en Inglaterra; a la vez que destaca que el ganado caballar era de menor gracia y que no comparaba con el inglés porque se trata de animales “trotones” o que anda al trote, a saltos y, probablemente, sin elegancia. Una de  cal y otra de arena: todavía la naturaleza indiana o americana no había sido devaluada ante la naturaleza europea, como sucedió en el discurso de los naturalistas del siglo 18. Pero en su evaluación del ganado menor, concluye con el reconocimiento de que el mismo es escaso por causa de los perros salvajes que pululaban por la ciudad de Puerto Rico y se refugiaban durante las noches en los bosques. Las observaciones sobre ese episodio son bien interesantes y detalladas. Aquellos animales  se alimentaban de cangrejos que cazaban en los manglares, pero también comían ovejas, cabras y otros animales pequeños.

Lo más interesante es que en Cuba, aquellas jaurías de perros eran denominados jíbaros,  concepto que equivalía a un animal que, habiendo sido doméstico, se había hecho montaraz, mostrenco y había acabado siendo un habitantes de los bosques. La noción jíbaro en Cuba sugería la cimarronería o anarquía de la altura  y, en cierto modo, la barbarie como negación de civilidad: un jíbaro era un ser arisco, difícil de controlar. Como podrá verse, esa concepción tampoco tenía nada que ver con la raza o el color de piel. De lo que se trataba era de cifrar una actitud ante la vida y una forma de ser. Entre jíbaro y canalla, concepto que procede del italiano canaglia o “muchedumbre de perros”, no hay mucha distancia. El concepto tiene un origen despreciativo. Voltaire, pensador ilustrado aristocrático, usaba el concepto canalla para referirse a la masa irracional, a la gente común.

Lo que me parece interesante de todo este juego es la relación que se pueda establecer entre el  interior y los bosques, con la animalización que implica el retorno a la barbarie que se sintetiza en la concepción de lo jíbaro. Recuerden que el interior montañoso central, seguía inexplorado a fines del siglo 16, hecho por el cual el mismo estaba marcado por el misterio. La pregunta es ¿cómo se convirtió un insulto en el signo respetable de la Identidad Nacional puertorriqueño?

Cuando observo el concepto de lo criollo, no me queda más alternativa que reconocer en el mismo se manifiesta un acto de sumisión a los valores peninsulares. Afirmarse en la criollidad, si se me permite el neologismo, significa suprimir la condición de indiano en la medida en que se afirma una hispanidad evanescente. Cuando observo el concepto jíbaro el sabor es otro. Significa aceptar una condición alterna, la de aquel que huye de la capital como signo de hispanidad, igual que los perros salvajes en la noche, y se refugia en un interior que no ha sido civilizado o en el Piripao de la barbarie. Son conceptos difíciles de conectar gnoseológicamente. Lo criollo y lo jíbaro se contradicen, tanto como la naturaleza de la costa y del interior. Su principal punto de encuentro radica en que, tanto lo criollo como lo jíbaro, presumen de su blancura.

La forma en que ambos se encuentran en la literatura y el nacionalismo del siglo 19, será tema de otra reflexión.

8 comentarios »

  1. Me haces pensar en la palabra “thug”, creo que en la isla se le refiere como “Caco”, al principio un signo despectivo ahora exalta a sus “usuarios”. Puedo entender como un grupo de personas ignorados, desapreciados, al pasar los años ganan un sentido de valor en su cultura, la cual los identifica como distintos a sus opresores. No solamente viven diferentes, pero piensan distinto; ahí se encuentra valor, se da valor a uno mismo, lo que cree y lo que hace. El mismo signo ahora los divide y, les da a entender al vidente que yo soy jíbaro, no por animal, si no porque soy distinto a ti… quizá no en anatomía, pero en conciencia. Hoy ésa diferencia me dice que soy boricua, me crié en el monte pero bajé al pueblo a crear un pueblo.

    Pero ahora, quizá no por el mismo significado, pero más entiendo por qué algunos boricuas les insulta ser llamados lo que todos somos: jíbaros. Nos ven como perro salvaje atacando la civilización. Fascinante el ensayo.

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    Comentario por jibarican — abril 21, 2012 @ 2:59 am | Responder

  2. Para poder contestar esa pregunta de ¿cómo se convirtió un insulto en el signo respetable de la Identidad Nacional puertorriqueño? nos referimos a “jibaro” en el significado de campesino, ignorante, poco civilizado, con vestimenta ridícula que no va con la época o moda, pobres, con viviendas de madera y piso de tierra en muchos casos. En vez de darle el verdadero significado de campesino, trabajador, con costumbres y tradiciones que nos representan como puertorriqueños, con una vida sencilla, sin lujos, ni vestimentas costosas. Pero la connotación que se le da al término “jíbaro” ridiculiza a la persona, ya que al decir “jíbaro” lo separa completamente de una clase privilegiada o al menos “acomodada” económicamente.

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    Comentario por Paula Acevedo — abril 24, 2012 @ 12:42 am | Responder

    • Paula es interesante lo que comentas. El carácter peyorativo del término “jibaro” volvió a afirmarse en la cultura urbana del siglo 20 durante el proceso de Industrialización por Invitación y Modernización material que vivió el país después de la Segunda Guerra Mundial. Era como si el Popularismo estuviese dejando atrás su pasado rural.

      La reivindicación del mismo y su conversión en un signo del orgullo identitario, maduró en el siglo 19 y llegó a su culminación a principios del siglo 20 dentro de las propuestas Criollistas y Neocriollistas. En el proceso de Industrialización fue el Estado a través de sus agencias quien se ocupó de retocar su contenido. En ese proceso, dos conceptos distintos, se integraron en una idea de la Puertorriqueñidad. Reflexionaré sobre esto en algún momento.

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      Comentario por Mario R. Cancel — abril 24, 2012 @ 12:52 pm | Responder

  3. Excelente ensayo, Mario. Llaman mi atención en particular dos pasajes sugerentes e invitadores a la reflexión (como parece haberlo hecho con la compañera forista Paula), y que son:

    «Lo que me parece interesante de todo este juego es la relación que se pueda establecer entre el interior y los bosques, con la animalización que implica el retorno a la barbarie que se sintetiza en la concepción de lo jíbaro»,

    y

    «Cuando observo el concepto de lo criollo, no me queda más alternativa que reconocer en el mismo se manifiesta un acto de sumisión a los valores peninsulares».

    Tela de más para cortar hay, por lo que simplemente me limitaré a observar que leerlos evocó en mí una reflexión similar que hiciese en la introducción a la novela génesis de lo que hoy es mi ensayo /Itinerario de muerte/. Preguntaba al final de dicha introducción si era motivo de vergüenza ser llamado o hacerse llamar «jíbaro», cuando el término, como bien explicas, connota salvajismo por un lado y sumisión por el otro. Hay tela, hay tela…

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    Comentario por Luis Asencio Camacho — abril 25, 2012 @ 10:51 am | Responder

  4. La verdad es que no hay un significado correcto para describir al jíbaro. Por mas que busquemos e investiguemos, encontramos distintas repuestas que nos dejan en el limbo. Podría aceptar que las primeras características del jíbaro se asemejaban al salvajismo encontrando tierra adentro su refugio. Sin embargo, si sabemos del cambio radical que sufrió la clase campesina con la llegada de inmigrantes nuevos a la isla invitados por la Corona, en especial los corsos y portugueses que trajeron consigo la caña y otros productos para cultivo tierra adentro. Con el tiempo, se fueron formando poblados que hoy día son el origen de los pueblos del centro de Puerto Rico. La imagen de aquel jíbaro aparentemente agresivo y bárbaro cambió ante los ojos de los críticos, pero a medias. Todavía había burlas y mofas debido a su forma de vestir, hablar y su timidez. Al volver de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos optaron por dejar la montaña e instalarse en la zona urbana y otros decidieron probar su suerte en las grandes urbes de Estados Unidos. ¿La razón? Habían visto otro mundo más atractivo del que vivían. Hoy día el jíbaro puertorriqueño es una especie en extinción.

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    Comentario por Benjamín Quiñones Arroyo, Puerto Rico — junio 21, 2012 @ 4:15 am | Responder

    • Como usted sugiere: el jíbaro ha dejado de ser una persona social para convertirse en una imagen literaria e incluso en un mito. Apelar al mismo resulta extraño. El escenario histórico en que ese proceso social se consumó, es el que usted señala.

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      Comentario por Mario R. Cancel — julio 5, 2012 @ 1:07 pm | Responder

  5. Jibaro hasta la muerte. La Montaña me vio nacer y el coquí me enseñó a cantar. No hay nada como mi cielo de mi suelo tropical. Quédense con sus ciudades de edificios importantes y déjenme con mi gente que saben ser ignorantes. Que vivimos con el orgullo de saber que lo que es nuestro, es también lo que es tuyo, lo de el, lo del otro, lo de todos. Porque ser JIBARO es una honra, es algo a lo que se llega, una meta que se alcanza, una bendición que el Creador nos dio a todos, pero que para muchos solamente será una ilusión.

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    Comentario por Jose Santiago — febrero 17, 2013 @ 1:25 pm | Responder


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