Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

junio 17, 2010

“Carta a Irma” (1939): Anticomunismo y Nuevo Trato

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 35-38

Fragmento 6:  Fanatismo anticomunista

Después de todo, creo que ha sido providencial que nos reuniéramos en el patio que comparte el doctor Lanauze con Pepín Castro.

La carta de Cuba apela al testimonio privado de Earl Browder, presidente (sic) del Partido comunista de Estados Unidos.

Por lo que puede hacer al caso, la posición de Browder es la siguiente:

(1) Está abiertamente por la completa independencia de Puerto Rico.

(2) Tiene, como finalidad, una reorganización genuinamente socialista de la sociedad, como la más elevada forma de la democracia.

(3) Cree que la mayoría del pueblo portorriqueño todavía no se ha puesto de acuerdo respecto del camino hacia la consecución de estos fines.

(4) A pesar de estas diferencias, Browder está dispuesto, mientras tanto, a secundar una acción de mejoramiento y la gestión de mayores derechos democráticos.

Esta es, en síntesis, la posición del Partido comunista de Estados Unidos. Esta, es, en síntesis, la posición del Partido comunista de Puerto Rico. Esta es, en síntesis, la posición de la Tercera Internacional.

Earl Browder (PC de EU)

A pesar del anticomunismo nacionalista, el Partido comunista de Estados Unidos es el único que en ese país tiene la independencia de Puerto Rico en su programa. El Partido socialista de Estados Unidos la tuvo hasta hace poco. Víctima del trotskismo, la ha dejado en suspenso: la ha abolido. Norman Thomas, el exministro protestante que preside el Partido socialista de Estados Unidos, ha hecho declaraciones recientemente, las cuales virtualmente favorecen la perpetuación de la colonia. En la tierra cumbre del eufemismo, Thomas se ha manifestado a favor de una autonomía que no corresponde al concepto clásico del vocablo, sino a la acepción yanqui del mismo.

Por lo que pueda hacer al caso, el programa del Partido comunista de Puerto Rico dice específicamente:

“8. f. –Seguir conjuntamente la lucha por absolutas libertades civiles; por la libertad de todos los presos políticos; por el derecho de organización, huelga y libertad de palabra en todos los sitios de la isla, incluyendo las colonias azucareras.”

No olvide, Irma, que me refiero a un programa aprobado varios años después del celebérrimo tratado de Rusia.

Más adelante:

Pasquín del PC de EU (1940)

“11… la acción unida en la campaña por la liberación de los presos políticos…”

El artículo 8 del referido programa constituye un llamamiento al Partido nacionalista, entre otros, para la constitución de un Frente democrático.

Otra parte dice:

“8.h… porque se use nuestro idioma vernáculo como vehículo de enseñanza.”

El artículo 13 dice en parte:

“La sección reaccionaria del gobierno de Winship, en abierta violación de la política de buen vecino,  no lleva a cabo el programa progresista de Roosevelt. En vez de eso, este gobernante reaccionario militariza la policía, ataca al pueblo usando la fuerza y la violencia, permite la organización en territorio portorriqueño de agrupaciones fascistas extranjeras, como la Falange española, y de hecho reconoce el agente de Franco en lugar del representante legítimo del Gobierno republicano español. La reacción en Puerto Rico, así como en Estados Unidos, respalda y se alía al fascismo alemán, italiano y español.”

El fanatismo anticomunista de la esposa de Albizu Campos llega al extremo de describir al Partido comunista como una unidad, “con asiento en Rusia.”

Monseñor (Fulton J.) Sheen (1895-1979), autoridad anticomunista, tiene que confesar que son de Browder las palabras siguientes: “El Partido comunista /de Estados Unidos/ no recibe órdenes de Moscú.”

Norman Thomas (PS de EU)

Tengo a la vista un informe confidencial del Partido comunista de Harlem, informe al cual tendré ocasión de referirme más adelante. Por ahora entresaco lo siguiente:

“¿Es la independencia una controversia inmediata para Puerto Rico? Esto será resuelto por nuestro partido fraternal en Puerto Rico, sobre la base de las condiciones en la isla. Nosotros /los comunistas de Estados Unidos/ no estamos aquí /en Estados Unidos/ para decidir por ellos /los comunistas de Puerto Rico/. Todo lo que podemos decir es que como comunistas estamos por la liberación de todos los oprimidos. Si estuviéramos en el poder en Estados Unidos, Puerto Rico sería libertado inmediatamente, pero mientras esté en el poder en este país /Estados Unidos/ un gobierno burgués, respaldaremos las aspiraciones democráticas y los deseos del pueblo de Puerto Rico.

“Nosotros los comunistas estamos por la autodeterminación de todos los países oprimidos. Estamos por la completa y absoluta independencia de Puerto Rico, pero al levantar una controversia semejante, queremos aclarar que también estamos interesados en el bienestar económico y social de los portorriqueños. También nos preocupan otros que son partidarios de la opresión nacional, que día tras día, en ese país /Puerto Rico/ levantan el problema de la autodeterminación, no porque les importe un comino el pueblo de Puerto Rico, sino porque su único interés es entorpecer la administración del Nuevo Trato, atacando la política del Buen Vecino, para crear la confusión, la desconfianza y la desunión, en beneficio de los belicosos fascistas.

“Cuando se examina la situación internacional, se descubre que el peligro contemporáneo es el fascismo. Porque estamos por la verdadera y absoluta liberación de todas las naciones oprimidas, queremos acabar con el fascismo. El pueblo de Puerto Rico también está preocupado con el peligro del fascismo. Cómo pelear contra el fascismo y cuánto puede contribuir el país /Puerto Rico/ en la lucha, sin abandonar la lucha por la emancipación nacional, o más bien como parte de esta lucha –ese es el problema de Puerto Rico.

“Levantar a estas alturas el lema de que un Puerto Rico libre podría ser invadido por Hitler o Mussolini, es no ser realista.

“No es imposible que Puerto Rico, como cualquier otro país del continente, no pueda ser agarrado por una potencia, pero la realidad demuestra que no podría ocurrir ahora, cuando casi todo el nuevo mundo respalda la firme actitud asumida por Roosevelt. Levantar semejante cuestión ahora es detener la organización y el progreso de las fuerzas de la liberación nacional de la isla.

“El verdadero peligro del fascismo en Puerto Rico es interior –es el gobernador Winship, a menos que Winship y toda su administración no sea borrada del mapa insular. Las sesenta familias del capitalismo financiero de Wall Street, están representadas en Puerto Rico por los latifundios azucareros, por el gobernador Winship, ahijado de Tydings, y sus satélites.

En la lucha contra el fascismo, ¿dónde encontramos a Winship? Al lado de Wall Street, de Hoover, de Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini –contra el Nuevo Trato de Roosevelt. Para luchar contra el fascismo en Puerto Rico, tenemos que luchar por la destitución del reaccionario gobernador de la isla.”  Executive Report of the Assembly Council, 30 de abril de 1939.

¿Es ése un partido con asiendo en Moscú?

Comentario:

Para demostrar lo inapropiado de una política anticocomunista en el Partido Nacionalista de Puerto Rico, Toro Nazario resume las posturas públicas de Earl Browder (1891-1973), Secretario General del Partido Comunista de Estados Unidos entre 1934 y 1945 en cuatro puntos:

  • Favorece la independencia de Puerto Rico
  • Favorece el socialismo con el mayor grado de democracia para Puerto Rico: no comparte el autoritarismo del bolchevismo ruso y el estalinismo yasegura que organizació no sigue instrucciones de Moscú o la Tercera Internacional Comunista
  • Reconoce que los puertorriqueños no se han puesto de acuerdo con respecto a cómo conseguir esos fines: no ha madurado un Frente Popular amplio lo que sugiere que no reconoce legitimidad al PPD fundado en 1938
  • Favorece medidas democráticas para la colonia en lo que se ponen de acuerdo: no se opone al Nuevo Trato como recurso para paliar la crisis

El Partido Nacionalista, añade, podía contar con el Partido Comunista de Puerto Rico como colaborador en los dos frentes más importantes a la altura de 1939:

  • La campaña de liberación de los presos políticos del 1936
  • La campaña de defensa del uso del vernáculo como vehículo de la enseñanza objetivo que también estaba como un meta en su prograna electoral de 1932 y que aparecerá en el programa del PPD para las elecciones de 1940

Sus argumentos sirven para poner en duda la eficacia del “grupo ortodoxo” y la afirmación de la tendencia anticomunista en las figuras del “hombre de las tres jotas”, Laura Meneses del Carpio y sus acólitos. También llama la atención sobre el hecho de que el Partido Comunista de Puerto Rico no depende del  de Estados Unidos a la hora de diseñar sus tácticas de lucha. Esa autonomía ideológica de comunismo local se ajustaba teóricamente a la política soviética que partía de la premisa de que los militantes más preparados para determinar la ruta de la praxis eran los que estaban directamente relacionados con el escenario de lucha.

De inmediato, Toro Nazario contrasta esas posturas con las adoptadas por el moderado Partido Socialista de Estados Unidos que en aquel entonces estaba bajo la dirección de Norman G. Thomas (1884-1968), candidato presidencial en los comicios de 1928, 1932  y 1936, y favorecedor de  “la perpetuación de la colonia” en el país en la forma de un régimen autonómico en el cual parece preverse la lógica del PPD. En 1939 estaorganización discutía la táctica de posponer la independencia en el marco del escenario de beligerancia y la amenaza del fascismo que rodearía las elecciones de 1940.

El abandono del apoyo a la independencia por los socialistas lo achaca Toro Nazario al «trotskismo» que domina al nacionalismo. El concepto vale por «violencia porla violencia» o «terrorismo». Los socialistas no toleran la violencia nacionalista. Comunistas y socialistas estadounidenses diferían no solo respecto a la política a seguir con la colonia. Las relaciones de los socialistas con la Unión Soviética y el régimen de Stalin eran mucho más distantes que las de los comunistas, organización que había afirmado públicamente en varias ocasiones  que no tenía conexiones con Moscú. En ese sentido el anticomunismo del “grupo ortodoxo” resulta incomprensible para el autor de la “Carta…”

Una vez establecida esa pauta el autor, sin ser comunista, llama la atención sobre la disposición del Partido Comunista de Puerto Rico a colaborar con la causa del nacionalismo en áreas sensitivas como la lucha por la democracia, la defensa de los presos políticos y de la lengua vernácula y la resistencia a la dictadura fascista del gobernador Winship. El área en la que no convergían era, como se sabe,  en el juicio en cuanto al «Nuevo Trato» y los efectos político-sociales que estepodía tener en los puertorriqueños.  Las críticas de comunistas como el Dr. José Lanauze Rolón al incumplimiento de la aplicación de las políticas de los programas novotratistas en la isla, si bien eran compartidas por un segmento de obreros radicales que militaban en el Partido Socialista local y en la Federación Libre de Trabajadores desde antes de 1938, no convencían a los nacionalistas quienes, en numerosas ocasiones, tildaron al novotratismo de ser una limosna infamante y un insulto al honor de la nación. Por ello, a pesar de las coincidencias, las posibilidades de fundar un “Frente Democrático”  o «Popular» que incluyera a comunistas y nacionalistas, fueron pocas.

El extracto del “informe confidencial del Partido comunista de Harlem” del 30 de abril de 1939, detalla las posturas de los comunistas continentales respecto a Puerto Rico.

  • La lucha por la autodeterminación no debía ser impedimento para que se aceptaran los beneficios del «Nuevo Trato»: la primera no excluía a la segunda.
  • El enemigo de aquel momento era el fascismo aunque no se debía usar el fantasma de su amenaza con el propósito de frenar la voluntad independentista local como luego hizo consistentemente el PPD una vez accedió al poder en 1940. La idea de que Puerto Rico debía posponer la independencia para evitar caer en manos de Alemania o Italia era infundada, igual que la idea típica de la Guerra Fría (1947-1989) de que si el país se separaba de Estados Unidos caería en manos de los comunistas.
  • El fascismo en Puerto Rico estaba representado por el gobernador Winship y una elite capitalista local asociada al republicanismo, el estadoísmo y a las fuerzas de la falange española.

La defensa del comunismo y el apoyo al Nuevo Trato, no debían ser consideradas posturas contradictorias. Me parece que el rechazo al «Nuevo Trato» por parte de los nacionalistas debería  comprenderse en el contexto de una situación local. Un segmento del independentismo liberal y moderado se estaba aprovechando del reparto de ayudas  federales para hacer capital político: me refiero a  Luis Muñoz Marín (1898-1980) y su gente. Es probable que el nacionalismo antinovotratista los estuviese percibiendo como aliados del colonialismo y adversarios de la independencia más que como un potencial aliado político.

Lo cierto es que la postura antinovotratista distanciaba a los nacionalistas del pueblo común y los acercaba filosóficamente a los republicanos y los fascistas que compartían esa oposición en virtud de su defensa del libre mercado y la libre competencia. La afinidad entre aquellos grupos en el asunto de su oposición al Estado Interventor no tomaba en cuenta las diferencia que poseían en torno a la  cuestión del estatus.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

junio 4, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, stalinismo y autoritarismo

artido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 21-25

Fragmento 5: El presidente del Stalinismo

(…)  Por lo que pueda hacer al caso, no es esa la única vez que he presidido una reunión de ese calibre, en ausencia del presidente. Lo hice una vez, en ausencia de Albizu Campos. Entonces estaba con nosotros mi compueblano Buenaventura Rodríguez, hoy socio del McLeod del partido y conjuntamente con él vocal de la Junta nacional. Recuerdo que en aquella ocasión consideramos el exhibicionismo católico que se había apoderado del Partido nacionalista. Albizu Campos protestó de que nos reuniéramos a sus espaldas. Me puse de pié y le expliqué por qué. El tiempo ha demostrado quién tenía razón. Para aquella época unas trescientas personas suscribieron una protesta contra el referido exhibicionismo. Al correr de los años, el Partido nacionalista no tuvo otro remedio que declarar no gratos a los señores obispos. La catedral de San Juan nos fue cerrada un día de De Diego. Otro día, el padre Ramos quedó suspenso. Otro día, desapareció mi columna [en]  El Piloto. Otro día, el párroco de Lares nos prohibía la entrada de banderas portorriqueñas. Hoy día los estandartes de Franco entran y salen impunemente.

Masacre de Ponce (1937)

El cabello de los nacionalistas suele ser largo –tan largo como suele ser corta su memoria. El as de triunfo fue reservado para la esposa de Albizu Campos y el joven de las tres jotas. Gran parte de la carta de Cuba es una filípica contra el doctor Lanauze.

¿No es el doctor Lanauze la persona a cuyo favor –la única persona no nacionalista– dos asambleas nacionales consecutivamente han rendido público testimonio de gratitud?

La carta de Cuba invoca la soberanía de nuestras asambleas. ¿No forman parte de esa soberanía las resoluciones en que por unanimidad el nacionalismo consigna al doctor Lanauze su reconocimiento imperecedero?

En circunstancias normales concedo que no sería de buen gusto que fuera yo quien hiciera la apología del doctor Lanauze. La diatriba de Cuba es tan virulenta que me siento constreñido a saltar por encima de los nones del savoir dire (saber decir), para dar sólo pálido reflejo de los servicios puramente graciosos del doctor Lanauze al Partido nacionalista de Puerto Rico.

Debo advertirle, Irma, antes que nada, que el doctor Lanauze era condiscípulo del ilustre preso de Atlanta. Desde la adolescencia, idéntico afán de cultural superación les reunió en las aulas de la colonia. Eran compañeros. El mismo año se graduaron de la segunda enseñanza. En cierta ocasión, uno debatió frente al otro.

He visto, Irma, el primer libro publicado por el doctor Lanauze, a través de los años y la insidia, el libro adquiere un mérito singular: es el primer libro, en toda nuestra bibliografía, que menciona a Albizu Campos. Con la venta de este libro –¡ni usted ni yo sabemos lo que en Puerto Rico significa que un autor novel tenga que publicar y vender su propio libro!– el doctor Lanauze se hizo de dinero para continuar sus estudios. Hijo de un herrero, ni siquiera tuvo una beca para seguir adelante. Se hizo maestro. Con sus ahorros se trasladó a Estados Unidos. Usted no sabe, Irma, lo que significa para un estudiante de color costearse sus propios estudios en Estados Unidos. El doctor Lanauze fue hasta sirviente.

Mientras tanto, una beca, ganada en buena lid –una beca colonial– conducía al futuro apóstol a Vermont. Méritos ulteriores lo llevaron a Harvard.

Uno y otro se encontraron en Washington. El doctor Lanauze cooperó con Albizu Campos en cuanto pudo.

No fue únicamente el amor a la cultura lo que les unió. Atábalos el mismo amor a la independencia de Puerto Rico. Los mismos prejuicios raciales se irguieron contra ellos. Los tres lazos subsisten a través del tiempo, la distancia y el fanatismo.

Albizu Campos y el doctor Lanauze volvieron a reunirse en Ponce.

El doctor Lanauze escribió en 1932:

“El Partido socialista /de Puerto Rico/ ha ido evolucionando gradual y sistemáticamente hacia la derecha.” –Por los caminos de la violencia, editorial América, Ponce, página 183.

Dijo también:

“Nuestro porvenir está en nuestras propias manos. Debemos ir francamente al corazón y a la mente de nuestras masas explotadas, exprimidas, anémicas, escépticas, vencidas, y probarles que deben ponerse de pié… Luchar como hombres y no someterse como esclavos.” Loc. Cit. pp. 188 y 189.

Un año después del tratado de Rusia, al cual alude la carta de Cuba, y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, decía el doctor Lanauze:

“/El Partido nacionalista de Puerto Rico/ vive de frente al pasado, cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica…” –Por qué somos comunistas, Ponce, 1934, p. 21.

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esa carta, el doctor Lanauze decía también:

“El Partido comunista de Puerto Rico combatirá también la colonia y defenderá con todas sus fuerzas y con todos los medios la independencia de Puerto Rico. Los Estados Unidos nos sojuzgan por el solo derecho que da la fuerza bruta y por el interés egoísta de los dividendos que durante treinta años hemos pagado a sus capitalistas ausentes; por la servil pasividad de los portorriqueños, y por la cooperación de nuestros políticos y nuestra burguesía nativa. En esto estamos de acuerdo con el Partido nacionalista.” Loc. Cit., pp. 21 y 22.

Tome nota, por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, de que se trata de palabras escrita un año después del tratado de Rusia.

El doctor Lanauze escribió además:

“Consideramos /a los nacionalistas/ los únicos independentistas sinceros y valientes. Con ellos cooperaremos siempre y esperamos poder probarles, en todo momento, que por ese fin común, supremo para ellos, nosotros también pelearemos con todas las armas, sinceramente, valientemente… Esperamos que… el Partido nacionalista de Puerto Rico… defienda francamente la masas trabajadoras portorriqueñas contra la explotación de la burguesía nativa… que es en verdad el peor enemigo de la independencia de Puerto Rico.” Loc. cit., pp. 21 y 22.

Nacionalistas acusados durante la Masacre de Ponce (1937)

Un año después del tratado de Rusia y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, hizo el doctor Lanauze una promesa. Esa promesa, Irma, no ha sido violada nunca.

Por lo que pueda hacer al caso, en la página 18 del opúsculo citado, el doctor Lanauze llama al Partido socialista de Puerto Rico “partido amarillo.” Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama “imperialista” a la Unión republicana. Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama al Partido liberal  “instrumento de la burguesía nativa.”

La acusación del gran jurado puso al doctor Lanauze a las órdenes de Albizu Campos. El anticomunismo de Albizu Campos –hecho incontrovertible– contestó al cumplimiento de la promesa del doctor Lanauze con un epíteto: “espía.” El epíteto no es nuevo en el Partido nacionalista. Es tan corriente como el de “traidor”. Yo mismo he sido acusado de espía. En una ocasión Virella no pudo contenerse y, entre bromas y voras [?], contestó:

-Don Pedro, Toro Nazario no tiene inteligencia suficiente para ser espía.

Virella se ha retirado del Partido nacionalista.

¿Por qué?

Ni la injustificada acusación de espía ni el anticomunismo de Albizu Campos impidieron que el doctor Lanauze olvidase su promesa. El doctor Lanauze prestó su más decidido concurso económico y cultural al Frente unido.

También de la noche a la mañana sobrevino el boicot nacionalista, esta vez al Frente unido (pro-constitución de la república), en momentos en que éste estaba en apogeo. Las causas del boicot nacionalista nunca han sido explicadas meridianamente.

Mi explicación estriba:

(1) En el anticomunismo nacionalista, que repudiaba la colaboración izquierdista, pero acogía la derechista.

(2) En el predominio de una ideología semifascista en el nacionalismo.

(3) En la alarma, con proposiciones de cruzada, de la Santa Sede –foco de autoridad en el nacionalismo– contra movimientos de nombre parecido en otros países. La verdad es que Pío II combatía los Frentes populares, pero implícitamente se refería a los movimientos de este nombre en los países libres. En cuanto al respaldo eclesiástico del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina de la Iglesia es tan clara y terminante que no creo necesario molestar su atención en cuanto a ella.

(4) En el germen trotskista. No olvide usted que, por ejemplo, un nacionalista expulso, (Luis) Vergne Ortiz –exvicepresidente del Partido nacionalista de Puerto Rico, mi barba en remojo– habiendo sido expulsado también del Partido comunista, presidía, como aún preside, el movimiento trotskista en Puerto Rico.

(5) En la insistencia nacionalista por llevar a cabo la Marcha sobre San Juan –nombre mussolinesco– por encima de la represión winshipesca.

(6) En el viaje a Buenos Aires de Vicente Géigel (Polanco), por encima de la intransigencia nacionalista. Verdad es que Vicente no militaba en el nacionalismo, pero había sido uno de sus fundadores. Su independentismo es indiscutible, Irma.

(7) En el germen aprista.

(8) En el germen abecedario.

(9) En el germen trujillista.

(10) En el exclusivismo antidemocrático.

(11) En el cambio de psicología que se opera en un hombre cuando es encarcelado.

La massacre del Domingo de Ramos es la tragedia que inicia el rapprochement del Partido nacionalista con el tantas veces calumniado doctor Lanauze –a regañadientes, por lo visto. La esposa de Albizu Campos desconoce, según parece –sería más grave aún, si lo olvidase– que fue el doctor Lanauze la única persona que, enterada de lo ocurrido en Ponce el 21 de marzo de 1937, a toda velocidad corrió al campo a empapar al fiscal Pérez Marchand de los antecedentes de la horrible matanza en que habían muerto veintiuna personas y habían sido heridos unas doscientas más.

En los momentos en que se retiraba el doctor de la finca del fiscal, llegaba la policía, con sus portátiles ametralladoras aún calientes –con la versión oficial de los sucesos, en embrión.

De esta feliz coyuntura –feliz es la palabra– arranca, Irma, el prejuicio oficial contra el doctor Lanauze. Es un prejuicio comparable únicamente con el prejuicio nacionalista –si de algo sirve, Irma, una paradoja estúpida. De esta feliz coyuntura, arranca también el prejuicio oficial contra el propio Pérez Marchand –génesis de su espectacular renuncia.

Comentario:

El autor documenta las discusiones internas que emanan de la actitud que denomina el “exhibicionismo católico” del Partido Nacionalista. Al parecer la Junta Nacional que crítica, era partidaria del mismo, y estuvo en posición de aislar a los sectores más liberales y anticlericales de la organización e incluso a importantes militantes que militaban el en el evangelismo. Todo parece indicar que desde mediados de la década de 1930 hasta el momento en que escribe las relaciones entre la Iglesia Católica colonial y el nacionalismo se habían ido enfriando.

El «exhibicionismo católico» me sorprende por el hecho de que tengo referencias de que Laura Meneses del Carpio, en su juventud, fue anticlerical convencida. En la madurez, cuando su esposo estaba en la cárcel de Atlanta vivió en La Habana y, con posterioridad, aceptó la protección del gobierno de la Revolución Cubana de 1959 y representó a ese país en diversos foros internacionales a sabiendas de que, desde 1961, el discurso oficial de Cuba confirmaba que se trataba de una revolución formalmente atea por su carácter comunista. La situación merece un estudio más detenido.

De acuerdo con Toro Nazario el catolicismo del partido, condujo a la condena del Dr. José A. Lanauze Rolón (1893-1951), mulato residente en Ponce, escritor y miembro destacado del Partido Comunista Puertorriqueño fundado en septiembre de 1934. Lanauze Rolón, hijo de artesanos negros, había estudiado con Albizu Campos en la Ponce High donde ambos participaron de la denominada Sociedad de Escritores de la escuela. La obra de Lanauze Rolón merecería un estudio detenido a la luz de las contradicciones entre nacionalismo y comunismo. El mal de los muchos hijos: polémica sobre el neo-malthusianismo (1926) de la cual fue coautor, es su obra más conocida. Pero también publicó Por los caminos de la violencia: la idea comunista (1932), El fracaso del Nuevo Trato (1935) y La revolución rusa: 19 aniversario, discurso (c. 1936)

El fragmento citado responde de una manera muy documentada, las críticas a esta figura, recordando a los nacionalistas los servicios de Lanauze Rolón al partido. Para Toro Nazario, entre Albizu Campos y Lanauze Rolón hay numerosos paralelos. Se trata de dos figuras que tienen que superar numerosas barreras raciales y culturales para alcanzar sus metas. Pero también se trata de dos independentistas convencidos que saben cuánto se arriesga en la colonia.  Las convergencias políticas son también numerosas. La crítica al giro a la derecha del Partido Socialista, calificado como «amarillo» o reformista por oposición a «rojo» o revolucionario y actitud que se profundiza desde que inicia periodo de las mogollas políticas de cara a las elecciones de 1924, es solo un detalle de ello.El rechazo teórico al Nuevo Trato no debe ser pasado por alto aunque las razones de uno y otro ideólogo para hacerlo fuesen distintas.

También señala las diferencias: el Partido Nacionalista  “vive… cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica”. El Partido Comunista, no. Se trata de dos proyectos utópicos que apropian la historia desde perspectivas dispares: uno pasatista y el otro futurista. Pero los comunistas esperaban demasiado de aquella organización: confiaban en que los nacionalistas enfrentarían a la “burguesía nativa”, clase que era considerada por los comunistas como el mayor adversario de la independencia por su estrecha alianza con el capital estadounidense y el imperialismo. El discurso nacionalista, sin embargo, veía a la “burguesía nativa” como un signo de la Nación y ansiaba concertar su colaboración. Las posibilidades de concertar una oposición común al coloniaje en el marco de la política de los «Frentes Populares» promovida por Moscú y su Comintern eran muy pocas a la altura de 1934 y se redujeron más en 1936 cuando un «Frente Popular» identificado con los rojos enfrentaba a un falangismo que se identificaba como nacionalista en la Guerra Civil española.

Ello explica el rechazo de Albizu Campos a la colaboración de Lanauze Rolón en el momento de su arresto por las autoridades federales en 1936 y su acusación de que este era un «espía». La impresión que queda es que los Nacionalistas eran demasiado aprensivos con los No-nacionalistas y habían convertido el Nacionalismo es una ideología exclusiva y excluyente, compartida solo por partisanos Nacionalistas en el marco de una disciplina férrea. Esa era una postura que Albizu Campos había adoptado desde que ascendió a la Presidencia de la organización en mayo de 1930, como se deduce de una Carta a José Lameiro de julio de aquel año cuya relectura recomiendo. La imagen del Albizu Campos como un anticomunista y la de su partido como uno semifascista, está completa desde la perspectiva de Toro Nazario.

Sus reservas con el Partido Socialista son comprensibles: aquel era un partido anexionista que se asoció al Partido Republicano Puro para fines electorales desde 1924, culminando en la Coalición Puertorriqueña de 1936. Del mismo modo su central sindical, la Federación Libre de Trabajadores, estaba afiliada a la American Federation of Labor desde 1901, se oponía a la lucha de clases y a las huelgas, y favorecía la negociación colectiva desde arriba en nombre de los trabajadores. Pero el Partido Comunista Puertorriqueño defendía la independencia y la política de autodeterminación en boga y los Frentes Populares de la Internacional Comunista.  Toro Nazario adjudica el aislamiento político del nacionalismo a su aprismo, su trotkismo, su exhibicionismo católico, su fascismo y, en fin, a su anticomunismo. Sobre esa base, explica el alejamiento de la organización del Frente Unido Pro-Constitución de la república que en 1936 articuló un proyecto de masas con el fin de preparar el camino para la puesta en planta del Proyecto Millard Tydings de 1936. La sugerencia es que, dado que el nacionalismo no estaría en condiciones de controlar la maquinaria de una organización tan amplia,  no valía la pena vincularse con la misma.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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