Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

mayo 23, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo y trujillismo

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 15-16

Fragmento 4: Santo Domingo y Puerto Rico

La hostilidad aprista contra Batista es la misma hostilidad nacionalista contra Roosevelt. La hostilidad aprista contra Batista se refleja en Puerto Rico.

La carta de Cuba llueve, truena y relampaguea contra un médico dominicano, residente en Cuba, que tuvo la osadía de dirigirse a nosotros.

Gen. Rafael Leonidas Trujillo, “El benefactor”

Prevalece un dejo de ironía cuando pienso que este médico es aprista, que delante de mí cariñosamente llamó a Trotsky “el viejo”, que delante de mí se pronunció contrario a las normas de la Tercera Internacional –que no mostró ningún entusiasmo por Batista.

¿Cómo explicar, entonces, el encono contra este dominicano?

En primer término, el doctor Henríquez es antitrujillista.

El nacionalismo no perdona eso.

El nacionalismo jamás ha formalizado una censura al régimen de Trujillo.

La carta de Cuba habla de las cárceles del Perú y el Brasil y Guatemala, de sesenta condenados a muerte en El Salvador, de los “campos” (¡cielos y tierra, inglés en español!) de concentración en Alemania, de las manoseadas celdas convertidas en tumbas en Rusia, de los nacionalistas árabes en la Palestina, de Marruecos, de Etiopía, de la India… “No sigamos,” dice la carta de Cuba. “Nos ahogaríamos.” La matanza de ocho mil haitianos (1937) no aparece por ninguna parte.

No puedo decir que la omisión sea involuntaria. (El) compaginamiento entre Alemania y Rusia es viejo –dentro y fuera del nacionalismo. He visto alusiones a los otros casos en muchos documentos nacionalistas. Nunca he visto nada contra el Benefactor, en labios del nacionalismo. El tema de Trujillo es tabú.

Comentario:

En este breve fragmento, el autor señala el comedimiento y el cuidado que mostraba la Junta Nacional del Partido Nacionalista de Puerto Rico ante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina (1891-1961), alias “El Jefe” o “El Benefactor”,  y la usa como un argumento para afirmar su filotrujillismo y, con ello, su autoritarismo fronterizo con el fascismo. La protección que el gobierno de Fulgencio Batista (1901-1963) en Cuba –quien dirigió la nación entre 1933 a 1940- dispensó a un grupo de nacionalistas puertorriqueños, parece ser un detalle crucial en el argumento de Toro Nazario.

No se puede pasar por alto que los documentos del Buró Federal de Investigaciones (FBI), habían llamado la atención sobre un agente nacionalista es Cuba -Juan Antonio Corretjer con toda probabilidad- que había estado en contacto con el grupo ABC, identificado con los intereses de Batista, con el fin de adquirir conocimiento en el arte de confeccionar explosivos para fines revolucionarios. La gestión pública de Batista, como se sabe, se caracterizó por la intensa persecución a comunistas y socialistas como respuesta a su eficaz  labor de organización de los trabajadores de la caña en aquel país. El silencio de los nacionalistas ante Trujillo, combinado con la alianza con Batista, eran razones suficientes para que Toro Nazario acusase a Juarbe y Juarbe y su grupo “ortodoxo” de filofascistas.

La vendetta en este fragmento se agria por las críticas de Juarbe y Juarbe a Federico Henríquez y Carvajal (1848-1952). El “hombre de las tres jotas”, como se refiere Toro Nazario a aquel en algunas partes del documento, se sintió incómodo ante el hecho de que el intelectual dominicano y amigo de la causa de Puerto Rico, se comunicase con sus adversarios en Puerto Rico. Henríquez y Carvajal había sido uno de los miembros más activos de la Junta Dominicana Pro Independencia de Puerto Rico (1927) auspiciada por el propio Albizu Campos durante su viaje de propaganda internacional (1927-1930). Fue un intelectual que apoyó a la guerrilla rural de los “Gavilleros” durante la intervención de Estados Unidos en República Dominicana (1916-1924), un antitrujillista confeso y un hostosiano a toda prueba.

La filiación de ciertos sectores del Nacionalismo Puertorriqueño con el trujillismo puede documentarse en una breve memoria escrita en 1931 por una militante, la poeta María López de Victoria conocida como  Martha Lomar (1893-¿?), publicada en 1959 bajo el título Trujillo y yo. La autora se muestra remisa a discutir la obra política del dictador por temor a equivocarse. Pero reconoce que “los poderosos son elegidos del Señor, quien los utiliza para fines que ignoramos”. Una versión de la manida teoría del origen divino del poder apoya la opinión de la poeta. La justificación del exceso de poder me parece obvia, y el argumento providencialista, típico de Nacionalistas Católicos fundamentalistas. Como en el fascismo clásico, rechazar el pensamiento / racionalidad en el nombre del sentimiento / intuición, es considerado un acto legítimo.

Esa conexión simbólica habría que añadir la intensa amista que dispensaron nacionalistas particulares como Cayetano Coll y Cuchí, hermano de uno de los fundadores de la organización nacionalista puertorriqueña, y el ingeniero y empresario Félix Benítez Rexach quien colaboró intensamente con Albizu campos antes y después de la cárcel de Atlánta, con el dictador. El hecho de que en 1936 el periódico nacionalista La palabra dirigido por Juan Antonio Corretjer decidiera censurar cualquier artículo “en contra de ninguna personalidad fuera de nuestra política nacional” (incluyendo a Trujillo o a Batista), demuestra que esa organización prefería el silencio incómodo ante situaciones que merecían un comentario crítico al menos.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 20, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, Trotkysmo y violencia

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pag. 12-13

Fragmento 3: Nacionalismo y trotkysmo

La liaison (enlace) entre apristas y fascistas nos llevará, inevitablemente, en el curso de esta carta, a la existente entre nacionalistas y fascistas. Antes hay que pasar, sin embargo, por el trotskismo. No puedo afirmar que el aprismo sea trotskista, pero sus elementos de trotskismo son innegables. Verdad es que se hace sumamente fácil caer en la obsesión antitrotskista. El mismo Trotsky –La Revolución desfigurada, Editorial Cenit, Madrid, 1929, página 245–levanta su voz de protesta contra esta designación: “con este término /trotskismo/ totalmente oportunista, se intenta construir una teoría.”

Vea usted, no obstante, que la misma insistencia en la voz stalinismo, en la carta de Cuba, por sí prueba cierta influencia trotskista. Los trotskistas, Irma, son los únicos que insisten en llamar stalinista a los comunistas. El mismo Browder, a cuyo testimonio privado apela la esposa de Albizu Campos, tuvo que decir ante la décima asamblea del Partido comunista de Estados Unidos:

“Nuestros enemigos se han puesto de acuerdo en cuanto a llamarnos stalinistas… Recordemos cómo, en época anterior, Trotsky inventó también el despectivo de leninista.”

Victor Raúl Haya de la Torre

En esto de trotskistas, leninistas y stalinistas, no se debe olvidar, Irma, que cristiano, voz formada de la misma manera, fué una vez mote despectivo –que como mote despectivo vino al mundo de la Letras. En el citado libro de Trotsky aparece continuamente la palabra stalinismo. En la página 249 Trotsky condiciona la violencia, y en la página siguiente, se pronuncia contra el terrorismo oficial.

La prueba que tengo a mi disposición tiende a demostrar, Irma, que frente al Partido comunista, frente a la Tercera Internacional, frente a la Unión Soviética –los apristas, y, vicariamente, los nacionalistas capitalizan todo el arsenal inagotable y equívoco del trotskismo.

Como es posible que, dentro de “las vicisitudes” de esta carta, alguien pueda  creer que estoy cayendo en la propaganda del “presidente del stalinismo” en Puerto Rico, deseo referirme en particular al caso concreto del hombre de las tres jotas en México –sobre todo, debido a que la carta de Cuba le da cierta prominencia. Es en México, precisamente, donde la influencia trotskista es más conspicua en el aprismo. Es México, precisamente el paraíso de los apristas. México es el refugio de Trotsky.

Juarbe podrá decir que no tiene nexos ni con el aprismo ni con el trotskismo. ¿Por qué escaló, entonces, la misma tribuna con Diego de Rivera, Mateo Fossa y Julio Ramírez –tribuna incontrovertiblemente trotskista? No olvide que el delegado nacionalista de México es aprista.

No me propongo poner pleito al trotskismo. Me conformo con anotar el hecho de que la influencia aprista en nuestro nacionalismo crece cada día. Destaco el hecho de que la influencia trotskista en el Partido socialista de Chile, en el aprista del Perú, en el nacionalista y aun el socialista de Puerto Rico, en el socialista de Estados Unidos, en la Joven Cuba de la Antilla hermana, en la O. T. M. de México y en el antitrujillismo es cada vez más conspicua.

Al pesar objetivamente esta influencia, no puedo olvidar que el fascismo está pensando en la América hispana como clímax de la drang nach Osten (“penetración hacia el este”). Con la victoria de Franco en España, la marcha hacia el oriente adquiere contorno occidental. El peligro del clímax ha dejado de ser académico y mucho menos utópico.

Las bases hobbesianas están en el Perú mismo, cuna de la esposa de Albizu Campos, patria de los apristas. Chicama es central cuyos cañaverales ocupan extensión mayor que la de Puerto Rico entero. Esta empresa estaba dominada exclusivamente por alemanes. El área que ella ocupa, con todos sus habitantes, está bajo un régimen virtualmente nazista. Por otra parte, grandes empresas algodoneras, en el Perú, están bajo el dominio de japoneses.

Hace tres años llamé la atención hacia las consecuencias de la guerra en España –“La usurpación judicial,” Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, septiembre de 1936, página 28.

Comentario:

El autor trata de establecer la liaison (enlace   o conexión)  entre el Aprismo, el Fascismo y el Nacionalismo. El Aprismo fue una propuesta de afirmación política e identitaria para la América Latina iniciada por el líder peruano Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) hacia el año 1924. La misma se concretó en el partido Alianza Popular Revolucionaria Americana formalizado en el 1930. Para Toro Nazario resulta relevante llamar la atención sobre el hecho de la peruanidad de Laura Meneses para sugerir la conexión.

Las bases políticas del aprismo coincidían con la interpretación cultural nacionalista en muchos ámbitos. La aspiración para la unificación política y económica de América Latina ante la agresión sajona, el proyecto liberal de democratizar las instituciones políticas, la voluntad modernizadora, el sueño de una reforma agraria y la confianza en la planificación y la diversificación de la economía a través de un Estado centralizado y fuerte, eran posturas comunes del aprismo, el nacionalismo y, luego el populismo.  Algunas no eran, por cierto, invenciones de la era del imperialismo estadounidenses: Eugenio María de Hostos también soñó con unos Estados Unidos del Sur (Colombia) capaz de enfrentar en paridad de condiciones los Estados Unidos del Norte.  En general, aquellas podían considerarse como proposiciones de izquierda que incluso el socialismo, en sus diversas manifestaciones, era capaz de compartir. Todas representaban un cuestionamiento al papel del capital americano en el hemisferio.

El Aprismo además proclamaba el Indoamericanismo que definía como la  integración de la población india al orden moderno. La cuestión del indio y la peruanidad también había sido motivo de preocupación para los primeros comunistas de ese país: las reflexiones de José Carlos Mariátegui sobre ese particular ratifican esa aseveración. Naturalmente, en este ámbito difería del Nacionalismo que hablaba el lenguaje del Iberoamericanismo y el peculiar Hispanofilismo puertorriqueño. El Aprismo impactó con toda probabilidad a las juventudes nacionalistas desde antes de 1930 cuando Albizu Campos se hizo con la presidencia de la organización. Cuando el 23 de marzo de 1931 se fundó la Asociación Patriótica de Jóvenes Puertorriqueños (APJP) con 28 jóvenes, el Indoamericanismo era una de los fundamentos de su programa. El tercer punto de sus bases era “fomentar la creación de la sociedad indoamericana A.P.R.A”. En cierto modo, para enfrentar el Imperialismo apelaban al Indoamericanismo. En el proceso de transformación de la APJR en los Cadetes de la República, el Indoamericanismo fue sustituido por el por el concepto Indo-Hispanismo. Todo parece indicar que Albizu Campos, quien influyó mucho en la configuración de la APJP-CR y en su nuevo programa del 21 de junio de 1931, no favorecía del todo ese aspecto del lenguaje cultural del Aprismo. Después de todo, el indio no tenía en 1940 la categoría de agente cultural primario en la configuración de la identidad que adquirió después de 1950.

Dado que Toro Nazario reconoce elementos Trotkystas en el Aprismo, no le resulta difícil hacer partícipe al Nacionalismo de los mismos. La postura es altamente cuestionable: el Socialismo y el Nacionalismo se encuentran en lugares muy distantes del espectro político y ocasionalmente los ubicamos en las antípodas. Lo que denominamos Trotkysmo fue una reacción contra las prácticas nacionalistas de lo que se denomina Stalinismo traducido en la idea de factura nacionalistas del “Socialismo en un Solo País”. Como se sabe,  Stalinismo y Trotkysmo son conceptos inventados a la luz de una lucha por el poder dentro de PCUS entre los dos potenciales herederos del  poder y la posición de Lenin, muerto en 1924. Aquellas actitudes traducían diferencias de criterio en torno a la ruta que debía tomar el socialismo soviético: “Socialismo en un solo país” o “Revolución Permanente e Internacional”. El hecho de que Stalin usara los conceptos terrorista y terrorismo para referirse a Trotsky y los trotkistas en paridad de condiciones que cualquier enemigo de la burguesía y la pequeña burguesía, explica también porqué Toro Nazario usará el epíteto para referirse al activismo nacionalista.

Al principio del fragmento el autor parece reconocer que la utilidad política de conceptos como leninismo, stalinismo y trotkismo puede ser viciada dada la situación de que todos  emanan de un debate concreto en el seno de las izquierdas rusas entre 1917 y el momento en que escribe. La Revolución Rusa cambió la naturaleza del activismo social y produjo un interesante y contradictorio lenguaje político que sólo comenzó a disolverse tras la disolución del “Socialismo Real” entre 1989 y 1991. La transformación de esos conceptos de una mera acusación alevosa en herramientas de lenguaje útiles para definir  una actitud política concreta fue un proceso atropellado y, a veces, una comedia de errores. El hecho de que Toro Nazario recuerde que el concepto cristiano también fue utilizado como una injuria contra los seguidores de Jesús en el contexto del Imperio Romano, ratifica la incertidumbre de este tipo de definiciones.  Trotsky no fue trotkista como Jesús no fue cristiano, es cierto. Albizu, en consecuencia, no fue albizuísta. La figura y la actitud son cosas distintas que dependen de quien las articula en una praxis.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 18, 2010

“Carta a Irma” (1939): Nacionalismo, fascismo y catolicismo

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 5-6

Fragmento 2:  Antecedentes nacionalistas

¿Qué hizo en cambio el Partido nacionalista de Puerto Rico?

A raíz del encarcelamiento de Albizu Campos y sus coacusados, el único nacionalista exonerado por el gran jurado –¿a qué decir federal, si los insulares han sido abolidos, precisamente por Winship?– solicitó un pasaporte. Winship cometió la barbaridad de negárselo.

Aconsejé un recurso de los llamados extraordinarios, en la seguridad de que pondría en entredicho a Winship. Si los tribunales llamados insulares lo denegaban, tenía la certeza de que la Unión norteamericana de derechos civiles hubiera dado prominencia continental a la apelación.

Cadetes de la República

Mientras esperaba autorización para radicar el auto, recibí la noticia de que el hombre de las tres jotas había desaparecido misteriosamente.

Lo supe por conducto de Nueva York, a pesar de mi secretaría general interina. Fué por conducto de Nueva York que supe que el joven de las tres jotas estaba en Santo Domingo, en calidad de plenipotenciario.

Albizu Campos me había encomendado la secretaría general del partido, y Corretjer la dirección de La Palabra, en el momento más peligroso de la causa. El semanario tuvo que ser suspendido, previa intervención de Albizu Campos y Corretjer, debido a la indisciplina y la terquedad de dos hombres que figuran hoy entre los edecanes de Medina. Uno de ellos es nada menos que el McLeod del partido.

De la noche a la mañana, sin explicaciones de ninguna clase, sin haber renunciado, sin siquiera habérseme insinuado la conveniencia de una renuncia, fuí notificado, con un cuarto de hora de antelación, de que la Junta Nacionalista se reuniría en Santurce. El hecho de que a esta sesión acudieran delegados de toda la isla prueba por sí que alguien citó con razonable anticipación. Había otro secretario. El vicepresidente en funciones del presidente no estaba.

Aunque el contraste no sea halagador para ninguno de los dos, puedo decirle que sé cómo debe haberse sentido Winship. Ni siquiera se me otorgó reconocimiento de cortesía. Diríase que, para los efectos del Partido nacionalista, nunca he sido secretario general interino. Muchos lo han olvidado del todo –otros lo ignoran.

Un hombre de Dios, mientras tanto, recogía fondos para ir a Buenos Aires. También de la noche a la mañana se cambió de parecer. Era ministro protestante. El dinero que había recogido –virtualmente le fué arrebatado en su propia casa, pistola sobre la mesa, por quien había de sustituir al Maestro, por encima de García Casanova, sin advertir que si difícil y doloroso había sido el apostolado de Albizu Campos, más difícil era sustituirlo.

Algo parecido –muy parecido– había ocurrido antes, con otro ministro protestante. No puede decirse que se trataba de un prejuicio contra Hernández Vallé, puesto que Marrero había tenido una experiencia análoga.

Ni siquiera se podría decir que se trataba de un prejuicio contra el apostolado religioso. Se intentó no ya desvincularme de la dirección en San Juan, sino de mi vocalía por Mayagüez. Más: se intentó separar un municipio del distrito de Ponce, hitléricamente anexarlo al de Mayagüez –para que otro hombre de Dios, católico esta vez, me sucediera en la Junta nacional. A favor del padre Ramos se levantó el tecnicismo de que yo no residía en el distrito de Mayagüez. No se pensó en hombres como Briganti, Vargas, Caraballo y Ferrer en Yauco; como Marty y Gerardo Rivera, en Cabo Rojo, y don Julio de Santiago, Mojica y Quevedo, en el propio Mayagüez. Ni siquiera se pensó en Couto, de Guánica, que tanto deseaba ser miembro de la Junta nacional.

Sea como fuere, los delegados de Mayagüez vieron en la insistencia de Pinto en el padre Ramos, y en el tecnicismo contra mí, un pretexto –y me dispensaron el honor de reelegirme. En previsión de que prevaleciera el tecnicismo, los delegados por San Juan derrotaron al McLeod del Partido nacionalista, y simultáneamente me eligieron. El hombre que winshipescamente había salido de la secretaría general se veía honrado dos veces.

Comentario:

El caso judicial por conspiración sediciosa contra el liderato nacionalista no pudo tocar a dos importantes líderes. Juan Juarbe y Juarbe, denominado por Toro Nazario como el “hombre de las tres jotas” y figura de confianza de Laura Meneses del carpio, no  pudo ser procesado. Rafael Ortiz Pacheco consiguió huir fuera del país en marzo de 1936 y luego sus cargos  fueron desestimados. Juarbe y Juarbe era producto de la vanguardia nacionalista universitaria que había sido la base de los Cadetes de la República y uno de los protragonistas de la resistencia estudiantil a la asamblea que pretendía declarar a Albizu campos persona non grata en el escenario que desembocó en la “Masacre de Río Piedras” en 1935. Cuando se vio libre de las acusaciones intentó salir del país legalmente pero las autoridades, encabezadas por Winship, le negaron ese derecho. El autor de la “carta…” alega que él aconsejó se amenazara al gobierno colonial con que se apelaría a la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).

La evasión de Juarbe y Juarbe hacia Santo Domingo, cosa que no se consultó con Toro Nazario, lo tomó por sorpresa. La impresión que da el texto es que, dada aquella situación,  el Secretario Interino se sentía preterido en la organización. Cuando Juarbe y Juarbe se presentó con el título de “Plenipotenciario” del Partido Nacionalista en la vecina nación sin que Toro Nazario fuera consultado al respecto, confirmó sus sospechas. Lo que sobrevino después fue un virtual “golpe de estado”. Toro Nazario fue separado de su cargo sin información de causa. Al abogado de San Germán no le cupo la menor duda de que el cerebro detrás del acto había sido Juarbe y Juarbe y, con él, Meneses del Carpio y Pinto Gandía. La identificación que hace el abogado de San Germán de este líder con el ala fascista del partido se confirma con la identificación del mismo como “el Mc Leod de Puerto Rico” y la reiteración de los neologismos adverbiales “hitléricamente” y “winshipescamente” cuando habla de su figura. La riqueza lingüística de Toro Nazario es notable.

El giro hacia el fascismo se vincula en este texto con la adopción  de un catolicismo puritano, ortodoxo y fundamentalista manifiesto, según el autor, en la conocida relegación a un segundo plano que sufrieron los líderes evangélicos Domingo Marrero y Juan Hernández Vallé. Su argumento final para corroborar el “exhibicionismo católico” de los nacionalistas a la altura de 1939, es el hecho de que él mismo fue destituido de su puesto de vocal en la Junta Municipal de Mayagüez en favor del Padre Severo Ramos de Peñuelas entre 1935 y 1938. Para legalizar y justificar la inusual acción, se integraron en una sola Junta la militancia de Mayagüez y la de Peñuelas. Vale la pena recordar el papel protagónico que tuvo una parte significativa del catolicismo en el falangismo español en el contexto de la consolidación del franquismo hispano.

El relato de la forma en que se intervino con Hernández Vallé para recuperar los fondos que debían ser destinados a un viaje oficial a Argentina, se manufactura narrativamente como una gestión tipo mafia: “el dinero que había recogido –virtualmente le fué arrebatado en su propia casa, pistola sobre la mesa”. Lo cierto es que algunos testimonios vertidos por Juan Antonio Corretjer, fragmentos de la correspondencia de Albizu Campos a sus hijas desde “La Princesa”, y los testimonios de algunos presos de Atlanta, confirman que el catolicismo y el misticismo se exacerbaron en Albizu Campos en aquel periodo de crisis. Lo que no está claro es hasta qué punto aquella actitud afectó a todo el liderato fiel a Albizu Campos. La cárcel ha cumplido efectos similares en presos políticos puertorriqueños en diversidad de direcciones ideológico-religiosas a lo largo de toda la historia del país.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 17, 2010

“Carta a Irma” (1939): Winship

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 3-4

Fragmento 1:  La destitución de Winship

Advierto de antemano que esta no es precisamente una contestación a la carta de Cuba. Ciertamente, no es la mejor contestación. Mejor es la que ha dado el propio señor Roosevelt. Winship hubiera sido destituido mucho antes –si no hubiera sido por la onerosa disyuntiva que estúpidamente le impuso el Partido nacionalista.

El propio general Winship ha admitido, en un banquete que le dieron los periodistas de San Juan, con posterioridad a su destitución, que sabía hace más de un año que tenía que retirarse de la gobernación de la isla.

Por lo que pueda hacer al caso, en el marco de esta carta, es bueno que sepa, Irma, que La Democracia declinó estar representada en el referido banquete.

Blanton Winship, Lawrence Cramer y Myllard Tydings

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, es bueno que sepa que la referida admisión aparece en un despacho cursado a El Día por su corresponsal en San Juan, Ramírez Brau.

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, es bueno que sepa que Ramírez Brau es fascista, por confesión propia. Es uno de los más fervientes admiradores con que cuenta Mussolini en Puerto Rico.

Esta no es la única contestación del señor Roosevelt.

El coronel Wright ha sido virtualmente destituído. Su virtual destitución vino inmediatamente después del ascenso de un portorriqueño. Para disimular la destitución, en esta tierra de eufemismos, se ha apelado al protocolo militar y a la anomalía de que un militar de alto rango –yanqui– no debería permanecer bajo las órdenes de un portorriqueño de rango superior.

La legislatura se ha dado cuenta de que se trata, en efecto, de una contestación de Roosevelt, y no sólo ha declarado hijo adoptivo al gobernador, sino al coronel.

Vendrán más contestaciones.

No extrañe, Irma, de que McLeod sea honrado también con una adopción reaccionaria. El señor McLeod está en turno. De un momento a otro será virtualmente destituído.

En esta tierra del alambicamiento, nadie parece darse cuenta de la responsabilidad que comparte McLeod con relación al desbarajuste reaccionario. Hasta el Partido nacionalista ha adoptado la voz auditor, en su bárbara acepción, sin pensar en los poderes fiscalizadores de un auditor. McLeod no ha fiscalizado debidamente la militarización de la policía, el auge del turismo y otros menesteres coloniales. Dentro del esqueleto colonial, él solo hubiera podido detener la locura de Winship.

Vendrá también la virtual destitución de Gruening, el exdirector de The Nation, que más acá del castillo del Morro se olvidó de su militancia liberal.

Nadie espera, sin embargo, un milenio de Roosevelt. Roosevelt no es la Providencia. La sucesión de un almirante, por grandes que sean sus méritos navales, detiene el optimismo.

El verdadero optimismo deber ser inteligente. Con Winship se van las locuras del presupuesto, los indultos de la colonia y uno y mil reveces de la fortuna. No se irán todos de una vez. El mismo Dios no hizo el mundo en un día. Yo no pienso exclusivamente en la matanza de Ponce. No olvido que solamente en San Germán, mi pueblo natal, Winship indultó cinco criminales. Es posible que alguno de estos indultos –y hasta todos, por amor al argumento– hayan sido merecidos. Subsiste, no obstante, el recuerdo de que García Méndez, el pretenso sucesor de Winship, es también un hijo adoptivo -esta vez de mi pueblo. El compueblano adoptivo fué el defensor de casi todos estos indultados. La relación entre los indultos de Winship y las intercesiones de García Méndez, por ejemplo, son, por supuesto, ajenas a esta carta. Habré de conformarme con recordarle que uno de estos indultados fué uno de los testigos estrellas del fiscal Pierluissi, a quien habré de referirme más adelante.

Con Winship se van, pues, unos indultos –y pueden venir otros más preciosos. Se van los sainetes de Martínez Nadal, tan capitalizados por Hitler. Se va la presencia del coronel Wright en un Te Déum por el triunfo de Franco. Se van tantas cosas, Irma, que debo confiarlas al buen sentido de usted.

Comentario:

La llamada “Carta a Irma” fue redactada en mayo de 1939 en medio de un intenso debate en el seno del Partido Nacionalista de Puerto Rico. José Monserrate Toro Nazario, abogado de San Germán, director del periódico La palabra en ausencia de Juan Antonio Corretjer y Secretario Interino del Partodo Nacionalista bajo la Presidencia Interina de Julio Pinto Gandía, sintetiza en el texto una postura similar a la de aquellos que se oponían al giro violento derivado de la “acción inmediata” a la organización desde el ascenso  de Pedro Albizu Campos a la presidencia en mayo de 1930. La destinataria, Irma Solá, había sido la secretaria personal de Albizu Campos por lo que tenía una relación íntima con el líder y con su esposa, Laura Meneses del Carpio, cuyas prácticas políticas y sus expresiones resultan ser uno de los grandes temas del texto.

La crisis a la que se alude parece haber sido producto directo del vacío de poder producido a raíz del encarcelamiento del liderato como consecuencia del juicio por conspiración sediciosa de 1936. El descabezamiento del partido agitó una serie de contradicciones ideológicas que nunca se habían superado del todo después de la Asamblea de mayo de 1930.  Lo que manifiesta el texto es el  choque de ideas en torno a la actitud que debía adoptar en nacionalismo ante una serie de asuntos que se debatíanen el escenario público, a saber, el capitalismo, el novotratismo, el socialismo, el comunismo, el fascismo, el falangismo, el populismo, la violencia o terrorismo, entre otros.  El documento refleja el ambiente cargado y complejo de los días previos a la guerra y comó el mismo  afectó un partido que se había caracterizado por su carácter contencioso.

La impresión que queda es que dentro de la organizacion militante había una serie de personas que, si bien admiraban y respetaban a Albizu Campos, consideraban su gestión autoritaria un foco potencial apropiado para que los filofascistas tomaran la organización por asalto y la transformaran en una organización anticomunista Una de las consideraciónes para caminar en esa dirección era, por cierto, el reinicio de las relaciones Washington- Moscu desde 1933 de cara a la amenaza alemana. Como verá el lector, también hay mucho de vendetta personal en los argumentos de Toro Nazario, pero ello parece inevitable y comprensible en un ambiente tan volátil como el de 1939. No hay que pasar por alto que muchos adversarios del “Nuevo Trato” en la isla y en el continente, los republicacnos en particular, confundían aquellas políticas de justicia social con las prácticas estatistas del régimen estalinista ruso.

El fragmento que antecede comenta la dictadura impuesta por el Mayor General Blanton C. Winship (1869-1947), gobernador de Puerto Rico entre el 5 de febero de 1934 y el 26 de junio de 1939. El New York Times de ese día reseñó  su salida del país en los siguientes términos:

“PUERTO RICANS BID WINSHIP FAREWELL; Thousands Give the Retiring Governor Ovation Without Parallel Under U.S. Rule. HE HOPES FOR STATEHOOD (…) Governor Blanton Winship left by plane for Miami today as bands played “Auld Lang Syne” (“Por los viejos tiempos” o “Canción de la despedida”, pieza  tradicional escocesa con letra de un poema de Rober Burns de 1788) and thousands gathered at the airport waved in farewell. The demonstration at his departure was unparalleled in the more than forty years of American rule.”

Toro Nazario alega que fue precisamente, la violencia nacionalista lo que justificó que el Presidente Franklyn D. Roosevelt lo retuviera tanto tiempo en el país. El comentario sugiere una crítica abierta a la campaña agresiva que desató el Partido Nacionalista desde 1932 y que llegó a su cenit en los días de la Masacre de Río Piedras el 24 de octubre de 1935. El proceso culminó con una declaración de guerra por la independencia y la conversión de los Cadetes de la República en el  Ejército Libertador.

Por último, el texto indica que la amenaza fascista en Puerto Rico también era visible  en otros lugares fuera del Partido Nacionalista. El autor, por ejemplo, acusa a Enrique Ramírez Brau, nieto de Salvador Brau, periodista de El Mundo y testigo silencioso del asesinato de Elías Beauchamp e Hiram Rosado, los ejecutores del jefe de la Policía Insular E. F. Riggs el 23 de ferbrero de 1936, de fascista. No exageraba en cuanto a ese punto, por cierto. Pero también resalta la vinculación del Gobernador Winship con una derecha anexionista fronteriza con el fascismo, caracterizada por su oposición a las políticas del “Nuevo Trato” por considerarlas un atentado contra el mercado libre. Entre esos fascistas que militaban en el estadoísmo o pertenecían a la burocracia colonial incluía, entre otros, a Miguel A. García Méndez, a Rafael  Martínez Nadal, el Coronel Wright, y el Auditor Mc Leod.

Es importante recordar que los  únicos investigadores en ocuparse de una manera bastante limitada de este importante texto ha sido Luis Ángel Ferrao en su libro Pedro Albizu Campos y el nacionalismo puertorriqueño (1990) y el Taller de Formación Política. Pero también tengo que apuntar que la investigación en torno al fascismo en Puerto Rico se ha limitado a mirar hacia Albizu Campos, como lo hicieron las autoridades estadounidenses sobre la base de los informes de espionaje del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y los ideólogos populares como Luis Muñoz Marín. En general, los investigadores poco se han ocupado de documentar el fascismo que permeaba a anexionistas, republicanos e, incluso,  a numerosos populares moderados en aquel contexto histórico.

  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

mayo 14, 2010

Hudo Ricci, Carpeta 2704: un comentario

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

El 11 de marzo de 1971, una confrontación entre estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y los cadetes del Reserve Officers Training Corps (ROTC)  desembocó en una tragedia.  El orden de las víctimas ya no es importante: un cadete y dos policías muertos, numerosos estudiantes y ciudadanos lastimados y cuantiosos daños a la propiedad  fueron el resultado de los hechos.

Los medios masivos de comunicación hicieron su juego en dos direcciones distintas. Primero, como cronistas del “baño de sangre”. En 1971, como en 2010, la violencia vende. Segundo, sirviendo de chispa para la situación por conducto de una puerilidad mediática: la confrontación de Mohamed Alí y Joe Frazier del 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York. La “pelea del siglo” entre un antibelicista de medios y el guerrerista Smokin’Joe por la modesta suma de 2.5 millones cada uno, inició una confrontación que llegó hasta la frontera de una “Nueva Toma de la Bastilla” en Río Piedras. La Bastilla ya no era un palacio señorial pero seguía sugiriendo el dominio del otro. El palacio o lugar tomado se redujo a una mezcla entre la cafetería del Centro de Estudiantes y el edificio del ROTC. El libro que me ocupa es la memoria de una de las víctimas de aquel episodio: Miguel Hudo Ricci, acusado de dar muerte a dos agentes policiacos durante un conflicto estudiantil.

InocenteClaro que la trivialidad de aquel chispazo es solo un recurso literario. Otras circunstancias sobrevolaban el ambiente. El recuerdo de los cuatro jóvenes muertos a manos de efectivos de la Guardia Nacional en Kent State University durante la conocida “Masacre del 4 de mayo” de 1970,  estaba fresca todavía. El 3 de mayo pasado le dije a mis estudiantes que la activación de la Guardia Nacional por el gobernador Luis Fortuño para apoyar a la Policía en la lucha “contra el crimen” era cuestionable. Cuestionable en especial en un país como este en el cual “protestar” contra las políticas neoliberales puede ser visto como un acto criminal. Descubrí, para mi asombro, que mis estudiantes no tenían ni idea de lo que significaba la tragedia de Kent University.

En el Puerto Rico de fines de la década del 1960 y principios de la del 1970, se exacerbó la juventud militante. Igual que en el resto del mundo occidental, el orden producido al cabo de la segunda pos-guerra estaba en crisis. La “Gran Recesión” –estancamiento económico e inflación- recordaba a aquellos que tenían memoria, los años malos que siguieron al 1929.  A los jóvenes, que no la tenían, los movía a la rebelión. En Puerto Rico, la crisis económica que nos tocó a principios de la década de 1970 estuvo precedida por una crisis generacional en el partido de gobierno que había nacido de las cenizas de la “Gran Depresión”, el Partido Popular Democrático, situación que alteró la normalidad política.

En las elecciones del 1968 el Partido Nuevo Progresista con Luis A. Ferré a la cabeza, se hizo con el poder situación que favoreció un florecimiento de las derechas que nada tiene que envidiarle al que hoy me parece evidente. En aquel momento, una crisis económica mundial allanó el camino para que el anexionismo se hiciera con el poder: en 1932 fue la Coalición Puertorriqueña. En 1968 y, más recientemente, en 2008 se trató del Partido Nuevo Progresista. El abismo entre el discurso de un sector de los jóvenes y el del poder resulta visible. Ambos extremos cuestionaban la relación entre EU y PR, pero  mientras los primeros apostaban por su disolución, los segundos ponían la esperanza en su refinamiento. El servicio militar obligatorio y la Guerra de Vietnam, sintetizaron bien un dilema propio de las juventudes del mundo capitalista occidental. Pero aquí, dada la relación colonial, el mismo adoptó para algunos un carácter colosal.

La explicación pueril y la historiográfica no se excluyen. Pero me parece necesario recordar que todo conflicto, de un modo u otro, se inicia con la chispa de una minucia. Como decía Federico Nietzsche en su Segunda consideración intempestiva de 1874, la historia y la vida van por canales distintos en la pista del tiempo y el espacio. El libro Hudo Ricci, Carpeta 2704 ¡Inocente! (Argüeso Garzón editores, 2009)  así lo demuestra.

Un comentario historiográfico

Se trata de una autobiografía mediada por un tercero. Miguel Hudo Ricci vive y cuenta el proceso vivido. Luis R. González Argüeso redacta el mismo y le da forma literaria testimonial e histórica. Entre los hechos y la escritura han trascurrido por lo menos 30 años. Se trata no solo de un texto a dos manos. También hay que tomar en cuenta que el Hudo Ricci que rememora, es muy diferente del joven que enfrentó los hechos. El distanciamiento temporal y emocional, la posibilidad de documentar los recuerdos y alimentarlos con el contenido de su  Carpeta 2704 y una serie de fuentes secundarias, convierten este en un texto híbrido muy interesante. Los recuerdos, mixtificados con los datos de terceros, son los que permiten la construcción de una autobiografía como esta. De este modo, texto y contexto, memoria directa y memoria indirecta se constituyen en las piedras de este relato. Igual pasó con mi Carpeta 14604: a ella le debo el registro de numerosos hechos que cometí y no cometí, así como la nostalgia enfermiza por un conjunto de actos radicales que me hubiese agradado haber ejecutado. La vida de la mayoría de los jóvenes rebeldes de todos los tiempos suele ser muy normal y, en ocasiones, aburrida.

Miguel-Hudo-Ricci-2010

MIguel Hudo Ricci (2010)

La autobiografía, mediada por un tercero o no, igual que la biografía, parte de una serie de premisas que Hudo Ricci valida en su texto. Vista a posteriori, superados los escollos, la vida da una  impresión de unidad que el acontecer concreto no posee. A  los 61 años, Huddo Ricci está en posición de presumir que su existencia tenía un telos y que el 11 de marzo de 1971 representó un momento escatológico o la marca de un antes y un  después. La necesidad de organizar el conjunto desde esa perspectiva es evidente. ¿De qué otro modo el ser humano puede explicar un acontecimiento funesto que él mismo no provocó? ¿De qué otro modo puede sublimarlo? Sólo  desprendiéndose del poder de azar y presumiendo el  carácter estructurado del acontecer se consigue ese propósito. Esa es una actitud que las visiones teológicas y científicas de la Historia comparten sin muchos choques. El capítulo “La semilla del futuro” (14 ss.) es una propuesta en esa dirección. Una pregunta legítima en este caso es cuál hubiese sido el tempo de este texto si hubiese sido redactado en 1973 o en 1981. Solo lo propongo como una especulación para que el lector imagine todas las posibilidades que se pierden cuando se redacta un libro.

Una lectura

Voy a dejar de un lado la especulación. Presumiré que esta es la única manera posible que Hudo Ricci tuvo para procesar la memoria del 11 de marzo de 1971. Hudo Ricci, Carpeta 2704 ¡Inocente! puede ser leído como el relato de la historia espiritual de una parte significativa de una generación y un momento. Digo “una parte significativa” porque Hudo Ricci no traduce la memoria de toda la juventud militante: solo representa las trazas de una porción de aquella juventud que fue cargada por la riada de un proceso sobre el cual no tenía control.

La primera lección de mi lectura es simple: aquel peculiar rebelde New Age o de la Nueva Era fue un poco más complejo de lo imaginado. En él, el antibelicismo fue solo una de las muchas consideraciones en debate. También el racismo, el ambientalismo y el autoritarismo de los adultos y el estado, fue parte de aquel dilema. El independentismo, el eterno protagonista del discurso de los historiadores y el poder, no fue siquiera un componente significativo en la decisión que tomó aquel chico al disparar su pistola de perdigones contra los cadetes de ROTC en medio de una refriega. Si lo pongo en el lenguaje de la historia cultural, de lo que se trató fue de la manifestación del  agotamiento de la fe en las posibilidades de un proyecto  heredado, sensación análoga a la que percibí entre 1978 y 1979 cuando me integré a la vida universitaria y a la que percibo en algunos estudiantes en 2010.

La segunda lección tiene que ver con el papel de la espontaneidad y la irracionalidad en los procesos de masas. Las teorías, las ideologías y los programas, elementos que se posesionan del  lenguaje de los “revolucionarios de escritorio”, esbozan malamente la complejidad de los fenómenos. La integración de Hudo Ricci al “bureo estudiantil” (76), como le denomina, no tuvo nada que ver con una decisión racional. Sin embarge es capaz de aceptar que esa “participación espontánea cambió mi vida, y la de cuantos caímos dentro de la vorágine de la violencia vivida” (75). La historia y la vida, reitero, no coinciden. Si fuera posible preguntarles a todos los “héroes” o “mártires” conocidos en qué lugar se encontraba la frontera que separaba  el hacer y el no hacer, muchos de ellos darían la misma respuesta.

La tercera lección tiene que ver con el principio anarquista del poder de coacción del estado que se manifiesta en la insistencia en apelar a las teorías de la conspiración para explicar lo inexplicable. Lo más interesante de todo es que, a pesar de lo inútiles que pueden resultar las teorías de la conspiración para comprender la historia social y política, el tejido de una gran novela policiaca bien pensada puede ser encontrado detrás de numerosos actos del gobierno. La función, pienso en Michel Foucault, de vigilar y castigar que posee el estado no es un delirio de ilusos. La premeditación y la alevosía de un estado que se imagina como un órgano homogéneo y represivo, anima cada infiltración (71) e inquieta durante un interrogatorio secreto (95) que solo el interrogador y el interrogado saben que se está llevando a cabo. El problema de esta intrigas es solo tocan al acusado sino que involucran a numerosas personas que nada tiene que ver con lo que se juzga (124). La conspiración actúa como un virus agresivo que todo lo daña. El relato autobiográfico de Hudo Ricci, derriba el mito de la inocencia del poder. Si su única lección fuese esta, para mí ya sería suficiente.

Si dejo a un lado la lectura heroica de la autobiografía o el testimonio de un inocente perseguido que encuentra su telos, me queda sobre la mesa un objeto más preciado. Se trata de la historia de un hombre de bien llamado Miguel Hudo Ricci que ha tenido que aprender a vivir más de una vez. En el proceso, se ha visto forzado a tomar la decisión de evadirse de un Miguel Hudo Ricci que él nunca fue. Entre el Miguel que construyó el estado y el que él veía cunado se miraba al espejo, había un abismo. Como en el cuento de Edgar Allan Poe, William Wilson tenía que matar a William Wilson a pesar de todos los riesgos y así lo hizo.

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