Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

marzo 31, 2010

La invasión de la American Federation of Labor


  • Pedro Albizu Campos (1926)

¿Quién es Santiago Iglesias Pantín?

Con las tropas invasoras norteamericanas en el 98, llegaron organizadores de la American Federation of Labor, con el mismo propósito del General Miles de ayudarnos a adquirir “libertades” yankis. Se establecieron gremios de oficios y pronto empezaron a surgir huelgas a granel. El obrero nuestro aprendió la lección de odiar al patrono, y éste a desconfiar de aquél. Surgió el primer cisma social que se conoce en la historia de Puerto Rico y que dio al traste con la organización económica que existía en tiempo de España y bajo cuya égida la población puertorriqueña era feliz, y nunca supo lo que era el azote del hambre y de la miseria que ahora impera.

Santiago Iglesias Pantín se dirige al pueblo trabajador

Más tarde se destruyeron las uniones de oficios y se levantó un partido político en su lugar que ha llevado el nombre de Socialista, pero que es todo menos socialista. Han sostenido sin embargo en pie el esqueleto de la American Federation of Labor de Puerto Rico, creada a raíz de la invasión. A pesar de la enemistad profunda que siente el gobierno imperial norteamericano hacia todo lo que lleve el nombre de socialista, en Washington se ha visto con buenos ojos la creación de un partido con ese nombre en Puerto Rico, ya que por ese medio se crea una división más entre nosotros. Aunque se ha simulado cierta oposición a su crecimiento, lo cierto es que Washington ve con beneplácito su incondicionalismo nunca desmentido.

El organizador de la American Federation of Labor en Puerto Rico, ha sido Santiago Iglesias Pantín, de origen español, que vino a Puerto Rico pocos años después de la invasión norteamericana, y ostentando con gran orgullo la ciudadanía adquirida por naturalización en Norte América, y convertido en apóstol de todo lo yanki. Queremos decir bien claro que Santiago Iglesias no es puertorriqueño y que al pueblo de Puerto Rico no se le debe acusar por los actos que actualmente está realizando este hombre en Ibero América en su carácter de Secretario General Español de la American Federation of Labor. Con la bandera americana en la mano y apoyado con el dinero de la American Federation of Labor, y señalando males económicos creados por las corporaciones norteamericanas en Puerto Rico, consiguió levantar este partido pseudo socialista, a base de odio del puertorriqueño, contra el puertorriqueño y haciendo creer a las multitudes incautas que la bandera yanki es símbolo de redención para nuestro pueblo.

Ha contribuido eficazmente a la obra de desorientación colectiva necesaria a la demolición de nuestra personalidad para facilitar el establecimiento aquí de los intereses económicos, culturales y políticos de Estados Unidos.

Sobre Puerto Rico pesa una carga enorme: la ciudadanía yanqui impuesta a este pueblo en el 1917 con el propósito de movilizarnos para defender en los campos de Francia los intereses de Norte América. La alternativa que se le ofreció dentro de la ley que imponía esa ciudadanía a este país, era perder todos los derechos políticos en su propia patria y por tanto, no hubiera sido posible ninguna lucha para la reivindicación de nuestros derechos a menos que no hubiera sido por medio de la revolución armada. El apóstol De Diego así lo indicó en memorable discurso pronunciado en el 1917 en la legislatura colonial, y su consejo fue que siguiésemos luchando bajo la nueva imposición. Disentimos de aquel consejo del prócer porque era preferible cualquiera alternativa a tener que pasar por la condición dolorosa de aparecer como renegados de nuestra propia personalidad y confundibles con aquellos hombres oriundos de nuestra raza que voluntariamente han aceptado la ciudadanía norteamericana y se han convertido en renegados que sirven actualmente de puente a la penetración política y económica de Estados Unidos en Hispano América.

Santiago Iglesias es uno de estos renegados.

Su contribución al desbarajuste y desorganización de nuestra patria le ha servido de credencial para ser nombrado secretario general de la American Federation of Labor, para llevar a cabo en Ibero América la misma obra que ha realizado en Puerto Rico. En Méjico se presenta como socialista. Con esa misma representación se hace simpático a los grandes movimientos reivindicatorios populares de la actualidad, pero en Estados Unidos ni siquiera traduce la palabra socialista por el término correspondiente inglés “socialist”, sino que traduce el nombre de partido Socialista de Puerto Rico en Estados Unidos por el término norteamericano “Labor Party”, que quiere decir, partido del trabajo. Aquí es radical, en Estados Unidos, conservador, en ambas partes más norteamericano que Jorge Washington. Preguntado ante el Congreso de Estados Unidos por el nombre de su partido en Puerto Rico ha dicho que se trata solamente de una organización obrera dentro de la American Federation of Labor. Eso ha sido sancionado en Washington.

Este hombre está realizando una obra de duplicidad que debe ser desenmascarada a tiempo. En Puerto Rico donde existe el verdadero campo para manifestarse los hombres que aspiran a un régimen de libertad y justicia, este hombre que pretende ir a redimir a las clases obreras de Hispano-América, ha sido el porta-estandarte más conspicuo de la bandera norteamericana, a cuya sombra se extingue de miseria y de enfermedad un pueblo civilizado como Puerto Rico, ya que aquí es símbolo de la explotación más vergonzosa de la historia.

Protesta (1900)

Dentro de la American Federation of Labor ha gozado siempre de una posición privilegiada. Todos los observadores de la vida política norteamericana saben que esta institución es sumamente conservadora y afiliada a los grandes intereses corporativos de aquella nación. El trabajador norteamericano rechaza sus pretensiones para redimirlo. Y esa es la institución capitaneada por Santiago Iglesias que pretende redimir a los obreros de Ibero América.

Sea cual fuere la condición en que se hallaren las masas obreras de la América Ibérica, su redención no ha de venir de una institución imperialista como es la American Federation of Labor. A todas las naciones de la raza irán sus organizaciones a desorganizar a esos países como han hecho con Puerto Rico, sembrando en ellos un cisma social con el objeto de hacerlos presa fácil del imperialismo norteamericano.

La American Federation of Labor tiene en los labios el vocabulario meloso del imperialismo washingtoniano: “Tenemos que intervenir en Sud-América por razones de humanidad, en interés de la democracia, de la justicia y del derecho, etc.”.

Escritores como Fabra Rivas, creen en la buena fe de Santiago Iglesias. A los hombres que estén en esa misma actitud los invitamos a hacer un estudio de la obra nefasta de Santiago Iglesias en Puerto Rico.

Todo lo que venga de Norte América hay que seleccionarlo después de muy serio análisis. Tienen sus cosas buenas los yankis, pero esas se las reservan para ellos. Su presencia en Puerto Rico y en Ibero América indica sin duda un plan perverso para destruir lo nativo y suplantarlo con lo suyo. Tenemos que defendernos y no podemos tolerar la propaganda de insidia que quiere realizar en nuestra América la American Federation of Labor, por conducto de sus agentes como Santiago Iglesias Pantín; y para que ningún escritor hispánico le eche encima a Puerto Rico la responsabilidad de que uno de sus hijos sea el propagandista de ideas tan insidiosas y perversas, queremos hacer claro que Santiago Iglesias Pantín es español, de Galicia, un renegado de la raza, que voluntariamente se hizo ciudadano de Estados Unidos, en Estados Unidos, y que de lo único que se vanagloria es de su ciudadanía norteamericana.

Ese es el secretario español de la American Federation of Labor para la obra que se propone realizar en Sud América.

Tomado de El Nacionalista de Ponce, Puerto Rico, 14 de marzo de 1926, p. 1.

Comentario:

Los alegatos respecto al carácter fascista y el anticomunismo del Partido Nacionalista, subrayan la relevancia de documentos como el que antecede. En la pieza el joven Albizu Campos enjuicia a Santiago Iglesias Pantín y al socialismo amarillo y pro-anexionista que representaba. La intención es convencer al lector de que Iglesias Pantín no representa los intereses de la Nación y que no tiene derecho a hablar en su nombre.

Albizu Campos considera a la American Federation of Labor como un colaborador más de la invasión de 1898 y un agente del Imperialismo por su vinculación con las grandes corporaciones, los monopolios o los trusts. Me parece que con ello coincidiría cualquier interprete no-nacionalista sin mayores problemas.

Pero Albizu Campos parte de la premisa, errada para los socialistas, de que las contradicciones de clase son en Puerto Rico un resultado artificial de la organización sindical por oficios promovida por la central sindical y su representante y sucesor en Puerto Rico, el Partido Socialista después del 1898. Ello constituyó uno de los ingredientes cruciales en la desintegración del “Puerto Rico feliz” del siglo 19. Se trata de una interpretación que no reconoce el principio dialéctico de la “universalidad de la contradicción” cuando se trata del orden económico-social.

Albizu Campos sostiene que el PS no es un partido socialista y llama la atención en torno a que, a pesar del “Red Scare” o “Miedo Rojo” dominante en Estados Unidos, sus autoridades toleran su activismo porque divide a la Nación Puertorriqueña ante el Imperio. La crítica a la retórica del PS apunta al hecho de que, ante las autoridades de Estados Unidos, se denomina como un “Labor Party” o “partido del trabajo”, mientras que ante el Congreso se presenta como “una organización obrera dentro de la American Federation of Labor”. Según Albizu Campos,  una organización  que tolera la agresión cultural, política y económica del Otro y favorece la integración al Imperio no es confiable ni tiene derecho a hablar en nombre de la Nación.

El apunte de que “Santiago Iglesias no es puertorriqueño”, demuestra que la Hispanofilia del líder nacionalista tiene sus fisuras. Su crítica a la política de José de Diego ante la Ciudadanía Americana en 1917 lo confirma. Albizu Campos piensa que aceptar la Ciudadanía Americana con el propósito de garantizar un espacio legal de lucha por la independencia en la colonia, constituyó un error de juicio. El señalamiento crítico a De Diego es interesante para comprender como Albizu Campos se afirma como dirigente.

La impresión que queda es que el cuestionamiento al socialismo en Albizu Campos es, a la altura de 1925, puramente contextual. Las circunstancias serían otras en el momento de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

2 comentarios »

  1. Nuevamente se puede percibir la hispanofilia de Albizu al denunciar la felicidad y la abundancia que existía en tiempo de España. Esto a su vez me hace recordar el lema de que todo tiempo pasado era mejor, lo cual varía de acuerdo a la objetividad o subjetividad de cada uno.

    En cuanto a la American Federation of Labor, esta fue creada a raíz de la invasión, por lo que no contaba con la aprobación de Albizu. Su líder, Santiago Iglesias Pantín, era criticado fuertemente por Albizu y considerado por este como un renegado e hipócrita. Esto ya que, al recibir la ciudadanía americana, Iglesias Pantín olvidó su origen gallego, y se aprovechó de su nuevo status para obtener beneficios, presentándose en la Isla como un radical y en Estados Unidos como un conservador. Además de acusarlo verazmente de facilitar el establecimiento de los intereses norteamericanos en la Isla mediante su contribución a la desorientación y división del pueblo, de demoler la personalidad del puertorriqueño y desorganizar la patria.

    La intolerancia de Albizu con el Partido Socialista recae sobre la idea de que este crea divisiones que nos debilitan en la lucha. Por lo que sugiere una analogía en cuanto al partido, ya que este busca defender los derechos de los trabajadores ante los patronos, pero no lucha contra el coloniaje. Por otra parte, un punto muy interesante e inesperado que cabe mencionar es cuando cataloga como un error de juicio por parte de De Diego, el aceptar la ciudadanía americana con el propósito de garantizar un espacio legal de lucha. El que difiera de un personaje tan admirado y venerado por él mismo, resulta sorprendente y determinante.

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    Comentario por Yamiretsy Pagán — mayo 1, 2010 @ 2:34 am | Responder

  2. […] reservas con el Partido Socialista son comprensibles: aquel era un partido anexionista que se asoció al Partido Republicano Puro para […]

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    Pingback por “Carta a Irma” (1938): Nacionalismo, stalinismo y autoritarismo « Puerto Rico entre siglos — junio 4, 2010 @ 3:43 pm | Responder


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