Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

marzo 31, 2010

Albizu Campos: Notas sobre el caso de Puerto Rico


  • Pedro Albizu Campos (1927)
  • Partido Nacionalista de Puerto Rico
  • Vice-Presidencia
  • Enviado especial a la Naciones de América
  • Isla de Puerto Rico
  • 3640 millas cuadradas
  • Población: 1,500,000 almas
  • El imperialismo de Estados Unidos
  • El caso de Puerto Rico
  • La destrucción sistemática de la nacionalidad puertorriqueña

Tesis General:

  1. El Nacionalismo puertorriqueño sostiene que existe hace más de un siglo el imperalismo sistemático de Estados Unidos dirigido, hasta hace poco, exclusivamente contra las naciones iberoamericanas, y actualmente, encaminado a imponer una hegemonía mundial yanki.
  2. Que la actual ocupación militar de Puerto Rico es uno de los tantos casos en el avance imperial norteamericano hacia el sur, y que debe verse esta invasión en su aspecto global de una guerra continua contra nuestras nacionalidades.
  3. Que Estados Unidos pretende someter a nuestras nacionalidades a una explotación económica permanente, y que para ese fin recurre lo mismo a medios diplomáticos que a medios bélicos para imponer servidumbres internacionales a su favor con el consentimiento forzado de las víctimas.
  4. Que nuestras nacionalidades pueden en el momento actual detener esa ofensiva yanki si saben aprovechar la situación creada por el conflicto en pie entre los imperialismos europeos, asiático y yanki.
  5. Que no es posible ninguna forma de panamericanismo porque en América se ha reproducido la lucha tradicional entre los pueblos del norte y los del sur de Europa, con la enorme diferencia que los iberoamericanos no han sabido conservar la hegemonía que les legó España en el Nuevo Mundo.
  6. Que es innecesario probar la unidad de nuestras nacionalidades, y hay que reconquistarla. Para ello tenemos que retrotraernos a la época Bolivariana y hacer revivir la sabia política del Libertador como base insustituible para restablecer la hegemonía de Ibero-América libre y soberana.
  7. Que nuestros pueblos se desmoralizan debido a la ideología defensiva imperante convirtiéndolos en víctimas del invasor, y, que hay que restaurar su tradicional espíritu ofensivo que los conduzca a la hegemonía a que tienen derecho.
  8. Que hasta tanto se consiga restaurar para nuestras repúblicas la unidad del imperio colonial, debe identificarse la organización cultural, política, económica, y militar de cada una de ellas, para menos de treinta mil hombres que encuentren tumba adecuada en la tierra que osaron ultrajar con su presencia. Este es un castigo que la más pequeña de nuestras naciones puede imponer para que el invasor la respetase. Como necesidad debe implantarse el servicio obligatorio militar en todas nuestras naciones.

El caso de Puerto Rico:

La anexión de Puerto Rico obedece a un plan premeditado respondiendo a una intención que duró un siglo. Las instrucciones secretas dadas al ejército invasor revelan la conveniencia de asimilarse a un pueblo de alta civilización en 1898, una nación organizada y de vanguardia en todas las actividades humanas, y esto, reconocido por los invasores.

Pedro Albizu Campos a su regreso de Atlanta en 1947

El Tratado de París en nada obliga a Puerto Rico porque no fue parte contratante, y no era una factoría que España pudiese ceder y Estados Unidos anexar, sino una nación civilizada y cristiana, de superior cultura y de personalidad propia reconocida por la misma España en virtud de la autonomía que estableció el derecho de concertar tratados con otras potencias, definiéndose de la manera más formal una de las prerrogativas de pueblo definido y soberano.

Estados Unidos reconoce la nacionalidad puertorriqueña porque la mantiene separada de su cuerpo político por una ocupación militar; porque ha rehusado convertirla en “estado” federado, su forma normal de gobierno, dándose cuenta de que Puerto Rico no es asimilable.

Los planes sistemáticos para destruir la nacionalidad puertorriqueña

  1. El ataque contra la cultura hispánica de Puerto Rico. Implantación de un sistema de instrucción pública obligatorio imponiendo el idioma inglés como único vehículo de enseñanza y reducción de nuestro idioma a la condición de lengua extranjera en nuestra propia tierra.
  2. El ataque contra el propietario puertorriqueño. Destrucción de la industria puertorriqueña implantando el cabotaje libre entre Puerto Rico y Estados Unidos e imponiéndonos sus aranceles para someternos al mercado norteamericano, mientras se negaba toda protección a la industria nativa y se le hostilizaba para todos los medios fiscales administrativos.
  3. Destrucción del comercio puertorriqueño extranjero (no yanki) con los mismos métodos citados.
  4. Destrucción del terrateniente puertorriqueño en igual forma, creándose los enormes latifundios yankis e imponiéndonos una especialización de producción: Azúcar, tabaco, y café, que nos obliga a depender para la subsistencia del mercado yanki. Durante la ocupación militar yanki han desaparecido, 52,000, (cincuenta y dos mil) terratenientes, se ha aumentado la clase proletaria en medio millón de almas.
  5. Explotado, se ha aprovechado de nuestra densidad de población, la más alta en este continente, para imponer jornales de sesenta centavos o a lo más de un dólar en las centrales, que tienen sus propias tiendas que vuelven a recoger el poco dinero que lanzan al mercado. Mientras tanto, el comercio de Estados Unidos nos impone sus peores mercancías al precio más alto en virtud del monopolio de que dispone por la exclusión de toda competencia, exclusión establecida por el arancel.

En Puerto Rico se reúnen dos extremos: los jornales más bajos y los precios más altos de América. Para mantener esa situación, el gobierno yanki se opone a la emigración y a la industrialización, aunque simula un interés en ambas cosas. Por supuesto, todo el poder público queda en sus manos; toda la legislación colonial tropieza con el veto irrevocable del Presidente de Estados Unidos. El Congreso de Estados Unidos se reserva el derecho de derogar o enmendar todas y cada una de las leyes coloniales; el poder judicial está en manos finalmente, del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

El cabotaje libre beneficia casi exclusivamente a los yankis ya que los grandes intereses en azúcar, tabaco y frutas están en sus manos. Eso explica como Puerto Rico aparezca tan rico en números y muerto de hambre en realidad.

El Nacionalismo Puertorriqueño entiende que este es el plan que Estados Unidos pretende desarrollar en todas nuestras naciones, ya implantado en varias repúblicas, aunque en ellas no avanza con la rapidez que ha habido en Puerto Rico, porque en nuestra tierra los invasores retienen en sus manos todo el poder público.

No obstante esas condiciones, la nota hispánica más intensa se está dando en Puerto Rico, según dijo el gran Vasconcelos, y el nacionalismo se ha impuesto.

Tomada de Revista / Review Interamericana. 3.2  (1978) reproducida del Archivo del Museo de La Habana por Eusebio Leal Spengler, Historiador Oficial de La Habana.

Comentario:

El documento contiene lo que podría denominarse la “tesis política” del Partido Nacionalista al momento en que Albizu Campos sale de viaje con el fin de promover  la independencia por El Caribe e Ibero América. Se trata de una serie de guías que darán unidad al mensaje del abogado ante una audiencia que no conocía la situación de la isla en detalle. El texto informa al lector sobre dos cosas: la imagen que Albizu Campos espera se tenga sobre el caso colonial de Puerto Rico; la relación entre el caso de Puerto Rico y el neocolonialismo en el resto de Ibero América y lo que se espera de ella.

La “Tesis general” se apoya en 3 principios. El reconocimiento de Estados Unidos como un Imperio con aspiraciones hegemónicas, la universalidad del Conflicto Norte-Sur y el carácter económico del Imperialismo estadounidense. Los mismos se justifican sobre la base de que Estados Unidos niega el carácter Imperialista de su política (Imperial Denial apoyado en el principio de su “inocencia”) y que  el Imperialismo era invisible para la resistencia Independentista en Puerto Rico. El antiimperialismo de Albizu Campos era una novedad para una clase política y una sociedad que todavía imaginaba el 1898  como un paso hacia la Modernización y la Civilización.

De ello deriva 5 acciones inmediatas para establecer la resistencia. El reconocimiento de la capacidad Ibero Americana para detener el Imperialismo, que el Panamericanismo propuesto por Estados Unidos como opción a Ibero Americanismo es una quimera dado el Conflicto Norte-Sur, que la Unidad Ibero Americana no tiene que hacerse sino ser reconquistada sobre una base Bolivariana, que hay que abandonar la posición defensiva y ponerse a la ofensiva, y que hay que organizar la resistencia con urgencia para desalojar a los Imperialista de inmediato.

La meta última del Albizu Campos es “restaurar para nuestras repúblicas la unidad del imperio colonial”  y “restablecer la hegemonía de Ibero-América libre y soberana”. Su solución es un retorno simbólico a la situación de los Virreinatos y las Capitanía Generales hispanas, pero desde la Soberanía y la Independencia. Solo así se garantizaría la Hegemonía Ibero Americana. De eso se trata la Unidad Bolivariana.

La síntesis del caso Colonial de Puerto Rico es interesante. Albizu Campos detalla la “condición política” y documenta los “planes para destruir la nacionalidad puertorriqueña”. Lo primero se reduce al principio jurídico de la “Nulidad del Tratado de París” que Albizu Campos postula desde 1926, el carácter soberano de la Autonomía de 1897, y la imposibilidad de asimilar a Puerto Rico y convertirlo en Estado Federado como ya había reconocido José Coll y Cuchí en su libro de 1923. Lo segundo echa mano de argumentos culturales como el “ataque contra la cultura hispánica” y la imposición del inglés. Pero enfatiza en argumentos económicos  que ponen el peso de la culpa en la inclusión de Puerto Rico en la Leyes de Cabotaje de Estados Unidos y sus efectos nocivos sobre la agricultura, la industria y el comercio de la Nación. El latifundio y la “especialización de producción” o monocultivo, y los salarios miserables de la clase obrera, completan el cuadro.

El sueño de Albizu Campos es un Puerto Rico soberano, donde los puertorriqueños sean los protagonistas del proceso de explotación y del mercado y que camine a la industrialización. Por último, la propuesta es optimista dado que “la nota hispánica más intensa se está dando en Puerto Rico, según dijo el gran Vasconcelos, y el nacionalismo se ha impuesto.”

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor
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La invasión de la American Federation of Labor


  • Pedro Albizu Campos (1926)

¿Quién es Santiago Iglesias Pantín?

Con las tropas invasoras norteamericanas en el 98, llegaron organizadores de la American Federation of Labor, con el mismo propósito del General Miles de ayudarnos a adquirir “libertades” yankis. Se establecieron gremios de oficios y pronto empezaron a surgir huelgas a granel. El obrero nuestro aprendió la lección de odiar al patrono, y éste a desconfiar de aquél. Surgió el primer cisma social que se conoce en la historia de Puerto Rico y que dio al traste con la organización económica que existía en tiempo de España y bajo cuya égida la población puertorriqueña era feliz, y nunca supo lo que era el azote del hambre y de la miseria que ahora impera.

Santiago Iglesias Pantín se dirige al pueblo trabajador

Más tarde se destruyeron las uniones de oficios y se levantó un partido político en su lugar que ha llevado el nombre de Socialista, pero que es todo menos socialista. Han sostenido sin embargo en pie el esqueleto de la American Federation of Labor de Puerto Rico, creada a raíz de la invasión. A pesar de la enemistad profunda que siente el gobierno imperial norteamericano hacia todo lo que lleve el nombre de socialista, en Washington se ha visto con buenos ojos la creación de un partido con ese nombre en Puerto Rico, ya que por ese medio se crea una división más entre nosotros. Aunque se ha simulado cierta oposición a su crecimiento, lo cierto es que Washington ve con beneplácito su incondicionalismo nunca desmentido.

El organizador de la American Federation of Labor en Puerto Rico, ha sido Santiago Iglesias Pantín, de origen español, que vino a Puerto Rico pocos años después de la invasión norteamericana, y ostentando con gran orgullo la ciudadanía adquirida por naturalización en Norte América, y convertido en apóstol de todo lo yanki. Queremos decir bien claro que Santiago Iglesias no es puertorriqueño y que al pueblo de Puerto Rico no se le debe acusar por los actos que actualmente está realizando este hombre en Ibero América en su carácter de Secretario General Español de la American Federation of Labor. Con la bandera americana en la mano y apoyado con el dinero de la American Federation of Labor, y señalando males económicos creados por las corporaciones norteamericanas en Puerto Rico, consiguió levantar este partido pseudo socialista, a base de odio del puertorriqueño, contra el puertorriqueño y haciendo creer a las multitudes incautas que la bandera yanki es símbolo de redención para nuestro pueblo.

Ha contribuido eficazmente a la obra de desorientación colectiva necesaria a la demolición de nuestra personalidad para facilitar el establecimiento aquí de los intereses económicos, culturales y políticos de Estados Unidos.

Sobre Puerto Rico pesa una carga enorme: la ciudadanía yanqui impuesta a este pueblo en el 1917 con el propósito de movilizarnos para defender en los campos de Francia los intereses de Norte América. La alternativa que se le ofreció dentro de la ley que imponía esa ciudadanía a este país, era perder todos los derechos políticos en su propia patria y por tanto, no hubiera sido posible ninguna lucha para la reivindicación de nuestros derechos a menos que no hubiera sido por medio de la revolución armada. El apóstol De Diego así lo indicó en memorable discurso pronunciado en el 1917 en la legislatura colonial, y su consejo fue que siguiésemos luchando bajo la nueva imposición. Disentimos de aquel consejo del prócer porque era preferible cualquiera alternativa a tener que pasar por la condición dolorosa de aparecer como renegados de nuestra propia personalidad y confundibles con aquellos hombres oriundos de nuestra raza que voluntariamente han aceptado la ciudadanía norteamericana y se han convertido en renegados que sirven actualmente de puente a la penetración política y económica de Estados Unidos en Hispano América.

Santiago Iglesias es uno de estos renegados.

Su contribución al desbarajuste y desorganización de nuestra patria le ha servido de credencial para ser nombrado secretario general de la American Federation of Labor, para llevar a cabo en Ibero América la misma obra que ha realizado en Puerto Rico. En Méjico se presenta como socialista. Con esa misma representación se hace simpático a los grandes movimientos reivindicatorios populares de la actualidad, pero en Estados Unidos ni siquiera traduce la palabra socialista por el término correspondiente inglés “socialist”, sino que traduce el nombre de partido Socialista de Puerto Rico en Estados Unidos por el término norteamericano “Labor Party”, que quiere decir, partido del trabajo. Aquí es radical, en Estados Unidos, conservador, en ambas partes más norteamericano que Jorge Washington. Preguntado ante el Congreso de Estados Unidos por el nombre de su partido en Puerto Rico ha dicho que se trata solamente de una organización obrera dentro de la American Federation of Labor. Eso ha sido sancionado en Washington.

Este hombre está realizando una obra de duplicidad que debe ser desenmascarada a tiempo. En Puerto Rico donde existe el verdadero campo para manifestarse los hombres que aspiran a un régimen de libertad y justicia, este hombre que pretende ir a redimir a las clases obreras de Hispano-América, ha sido el porta-estandarte más conspicuo de la bandera norteamericana, a cuya sombra se extingue de miseria y de enfermedad un pueblo civilizado como Puerto Rico, ya que aquí es símbolo de la explotación más vergonzosa de la historia.

Protesta (1900)

Dentro de la American Federation of Labor ha gozado siempre de una posición privilegiada. Todos los observadores de la vida política norteamericana saben que esta institución es sumamente conservadora y afiliada a los grandes intereses corporativos de aquella nación. El trabajador norteamericano rechaza sus pretensiones para redimirlo. Y esa es la institución capitaneada por Santiago Iglesias que pretende redimir a los obreros de Ibero América.

Sea cual fuere la condición en que se hallaren las masas obreras de la América Ibérica, su redención no ha de venir de una institución imperialista como es la American Federation of Labor. A todas las naciones de la raza irán sus organizaciones a desorganizar a esos países como han hecho con Puerto Rico, sembrando en ellos un cisma social con el objeto de hacerlos presa fácil del imperialismo norteamericano.

La American Federation of Labor tiene en los labios el vocabulario meloso del imperialismo washingtoniano: “Tenemos que intervenir en Sud-América por razones de humanidad, en interés de la democracia, de la justicia y del derecho, etc.”.

Escritores como Fabra Rivas, creen en la buena fe de Santiago Iglesias. A los hombres que estén en esa misma actitud los invitamos a hacer un estudio de la obra nefasta de Santiago Iglesias en Puerto Rico.

Todo lo que venga de Norte América hay que seleccionarlo después de muy serio análisis. Tienen sus cosas buenas los yankis, pero esas se las reservan para ellos. Su presencia en Puerto Rico y en Ibero América indica sin duda un plan perverso para destruir lo nativo y suplantarlo con lo suyo. Tenemos que defendernos y no podemos tolerar la propaganda de insidia que quiere realizar en nuestra América la American Federation of Labor, por conducto de sus agentes como Santiago Iglesias Pantín; y para que ningún escritor hispánico le eche encima a Puerto Rico la responsabilidad de que uno de sus hijos sea el propagandista de ideas tan insidiosas y perversas, queremos hacer claro que Santiago Iglesias Pantín es español, de Galicia, un renegado de la raza, que voluntariamente se hizo ciudadano de Estados Unidos, en Estados Unidos, y que de lo único que se vanagloria es de su ciudadanía norteamericana.

Ese es el secretario español de la American Federation of Labor para la obra que se propone realizar en Sud América.

Tomado de El Nacionalista de Ponce, Puerto Rico, 14 de marzo de 1926, p. 1.

Comentario:

Los alegatos respecto al carácter fascista y el anticomunismo del Partido Nacionalista, subrayan la relevancia de documentos como el que antecede. En la pieza el joven Albizu Campos enjuicia a Santiago Iglesias Pantín y al socialismo amarillo y pro-anexionista que representaba. La intención es convencer al lector de que Iglesias Pantín no representa los intereses de la Nación y que no tiene derecho a hablar en su nombre.

Albizu Campos considera a la American Federation of Labor como un colaborador más de la invasión de 1898 y un agente del Imperialismo por su vinculación con las grandes corporaciones, los monopolios o los trusts. Me parece que con ello coincidiría cualquier interprete no-nacionalista sin mayores problemas.

Pero Albizu Campos parte de la premisa, errada para los socialistas, de que las contradicciones de clase son en Puerto Rico un resultado artificial de la organización sindical por oficios promovida por la central sindical y su representante y sucesor en Puerto Rico, el Partido Socialista después del 1898. Ello constituyó uno de los ingredientes cruciales en la desintegración del “Puerto Rico feliz” del siglo 19. Se trata de una interpretación que no reconoce el principio dialéctico de la “universalidad de la contradicción” cuando se trata del orden económico-social.

Albizu Campos sostiene que el PS no es un partido socialista y llama la atención en torno a que, a pesar del “Red Scare” o “Miedo Rojo” dominante en Estados Unidos, sus autoridades toleran su activismo porque divide a la Nación Puertorriqueña ante el Imperio. La crítica a la retórica del PS apunta al hecho de que, ante las autoridades de Estados Unidos, se denomina como un “Labor Party” o “partido del trabajo”, mientras que ante el Congreso se presenta como “una organización obrera dentro de la American Federation of Labor”. Según Albizu Campos,  una organización  que tolera la agresión cultural, política y económica del Otro y favorece la integración al Imperio no es confiable ni tiene derecho a hablar en nombre de la Nación.

El apunte de que “Santiago Iglesias no es puertorriqueño”, demuestra que la Hispanofilia del líder nacionalista tiene sus fisuras. Su crítica a la política de José de Diego ante la Ciudadanía Americana en 1917 lo confirma. Albizu Campos piensa que aceptar la Ciudadanía Americana con el propósito de garantizar un espacio legal de lucha por la independencia en la colonia, constituyó un error de juicio. El señalamiento crítico a De Diego es interesante para comprender como Albizu Campos se afirma como dirigente.

La impresión que queda es que el cuestionamiento al socialismo en Albizu Campos es, a la altura de 1925, puramente contextual. Las circunstancias serían otras en el momento de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

La retirada americana de Santo Domingo


  • Pedro Albizu Campos (1925)

Cuando estalló la Revolución Maderista en Méjico en 1912, los imperialistas americanos, que tenían intereses petroleros y mineros en dicha república, iniciaron inmediatamente su campaña de intervención. La prensa americana, sensibilísima a las llamadas de los intereses capitalistas, se mostró casi unánime en pro de la intervención americana en la república Azteca para “libertar al pueblo mejicano del despotismo porfirista, para realizar una campaña puramente humanista”. He aquí la pretendida justificación de la intervención para fines humanitarios, justificación rechazada por todos los tratadistas de derecho internacional por ser lesiva a la soberanía nacional.

Los principios de derecho, sin embargo, influyen poco en el ánimo del imperialista: éste cree solamente en la fuerza representada por la riqueza y el número de hombres a su disposición. Teme solamente a la fuerza.

Cuando el pueblo americano, enardecido lo suficiente por la prensa para invadir a Méjico con el fin de “redimirlo”, levantaron su voz de protesta los poderes europeos, y en una declaración conjunta mostraron su enojo contra la política imperialista americana declarando: “Que el mundo no podía ver con ojos de indiferencia la continua expansión de los Estados Unidos hacia el Sur”.

Cesó inmediatamente la campaña de intervención en Estados Unidos. Ya no era necesario ir a “redimir” a los mejicanos.

Pero estalla la guerra europea en el 1914. Se anuló el poder europeo que era la única fuerza temida, y resucitó la necesidad de “redimir” a los mejicanos! No se hizo esperar la ocupación de Vera Cruz por las tropas americanas, la invasión de Pershing y el sinnúmero de actos contrarios al derecho internacional realizados por Estados Unidos contra una nación amiga, contra la cual hacía guerra sin haberle declarado guerra. Los observadores de la situación llegaron a la conclusión que la política americana era desorganizar a Méjico para someterlo al Imperio Yanki.

Grande como era el campo de acción en Méjico, la ambición americana no se contrajo a sus fronteras. Como el embrollo europeo continuaba y no había vecino alguno con fuerzas suficientes para detener la avalancha de atropello de la nación americana contra sus vecinos, sin justificación de ninguna clase, sin declaración de guerra, el pueblo dominicano y el pueblo haitiano sufrieron la invasión de tropas navales americanas y vieron sus territorios bañados con la sangre de su hijos, muertos por los invasores que habían ido a destruir su soberanía, a desaposesionarlos de lo que era suyo.

En Haití, consiguieron que el gobierno haitiano actuase sujeto a la dirección americana. Inmediatamente le impusieron un tratado para que Haití no pudiese conceder franquicia alguna para la explotación de su enorme riqueza sin el consentimiento del gobierno de Estados Unidos. El objeto fue darle ese monopolio a los intereses americanos y someter a Haití a la misma explotación económica en que se halla Puerto Rico.

Estados Unidos se verá obligado ahora a explicar ante la Liga de las Naciones los actos de barbarie realizados por sus tropas en Haití y el ataque a la soberanía haitiana sin justificación de ninguna clase. Este expediente ha sido promovido últimamente por el gobierno haitiano que será representado especialmente ante la Liga de las Naciones por el ministro de Haití en París.

Los dominicanos rechazaron de plano toda ocupación americana y rehusaron cooperar en forma alguna con las tropas invasoras obligando así al gobierno de Estados Unidos a una ocupación militar formal ante el mundo con toda la responsabilidad internacional que sus actos implicaban. La nación dominicana se unió como un solo hombre, y han dado la batalla más hermosa en pro del derecho violado por los que hipócritamente han venido jurando defenderlos: las misiones dominicanas comparecieron ante el mundo entero, se presentaron en Washington, en todas las capitales latinoamericanas y europeas y no cesaron en su protesta hasta que Estados Unidos se vio obligado a reconocer que su conducta en Santo Domingo era una atrevida violación del derecho internacional, lesiva a la paz americana y a la paz mundial. Quisieron repetir el golpe de 1848 cuando privaron a Méjico de la mitad de su territorio, el ataque a Colombia a principios de este siglo para dominar el comercio del Nuevo Mundo, etc., etc. Los actos recientes son la continuación de su política de expansión hacia el Sur, que se vale de todos los medios de penetración imaginables, y que han destruido la confianza depositada en la buena fe norteamericana en sus relaciones con la América Latina y con el resto del Mundo. Su imperio yg no esconde su espada: la tiene desenvainada y se la aplica al cuello a quien tenga el valor de no prestarse a formar parte servilmente de su ejército invasor.

Esta política ha motivado la invitación que recientemente ha hecho el Perú a las naciones que constituyeron la gran Colombia, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, para que se constituyera de nuevo en la unidad hermosa de su pasado para poderse defender contra el Imperio Americano y de su política de continua penetración.

Este proyecto ha provocado la idea de que Méjico y la América Central se unan para su defensa legítima, y que las Antillas lleven a cabo la concepción de varios de sus más ilustres hijos, entre ellos de Hostos y De Diego, para formar la Confederación Antillana, que puede pasar a ser un poder naval de gran importancia por su posición estratégica y por la riqueza de sus territorios.

El día 22 de este mes celebra la heroica e invicta nación dominicana la retirada de las tropas americanas de sus territorios y la institución del poder legítimo dominicano.

El mundo entero se regocija al contemplar la vindicación del derecho y las naciones latinas, hermanas en la sangre, enviarán delegaciones a la capital de Quisqueya en prueba de la solidaridad con ella en su dolor pasado y en su alegría del presente.

Quedará Puerto Rico solo bajo la dominación imperial americana. Aquí también se vienen violando desde el 98 todos los derechos que el hombre civilizado quiere implantar, destruyendo para siempre la esclavitud individual y la esclavitud colectiva; la primera ha desaparecido, la segunda persiste en la forma del coloniaje imperante en Puerto Rico. Esta condición abominable no es tolerable en ninguna parte y mucho menos en América.

Los pueblos soberanos, débiles o fuertes, se han convencido que tienen que inhibirse del ejercicio de Imperio y oponerse a las prácticas imperialistas de otras naciones si quieren preservar su propia soberanía. Estados Unidos no tardará en aprender esta lección si no quiere convertir al Mundo entero en su enemigo, y para demostrar su buena fe, aquí en Puerto Rico tiene la oportunidad: que reconozca la constitución de Puerto Rico en una república libre y soberana de acuerdo con sus derechos inalienables.

Tomado de El Nacionalista de Ponce, Puerto Rico, 13 de julio de 1925.

Comentario:

La crítica a las “intervenciones humanitarias” de la tropas de Estados Unidos en Ibero América, fueron esenciales para el desarrollo de un Antiimperialismo militante en la década del 1920. El argumento jurídico liberal de que el Imperialismo no cree en el Derecho sino en la Fuerza es utilizado para afirmar el argumento anterior. La intención es desenmascarar la política de una nación que se ha proyectado como garante de la Independencia de las Américas durante más de un siglo.

Albizu Campos reconoce que la correlación de fuerzas entre Estados Unidos y Europa influye en el Conflicto Norte-Sur que se escenifica en las Américas. La única fuerza capaz de frenar la expansión estadounidense, es el conjunto de las Naciones de Europa. Pero la Gran Guerra (1914-1918), a la vez que debilita a Europa, deja las manos libres a Estados Unidos para expandirse sin freno. Las invasiones de México, Haití y República Dominicana, la adquisición de las Islas Vírgenes y la imposición de la Ciudadanía Americana a los puertorriqueño, todo ello justificado por el temor a una agresión alemana, así lo confirman.

Albizu Campos, sin embargo,  ve en la agresión imperialista una oportunidad para que Ibero-América “se constituyera de nuevo en la unidad hermosa de su pasado para poderse defender contra el Imperio Americano”. Su optimismo al respecto es palmario. La apelación a la autoridad de la Liga de las Naciones es un modo de llamar la atención sobre como Estados Unidos viola los principios garantizados por el idealismo wilsoniano. De este modo, el retiro de las tropas americanas de República Dominicana es solo una excusa para confirmar el carácter internacional de la lucha por la independencia de Puerto Rico y la necesidad de debatir ese fenómeno.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor
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