Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

febrero 27, 2010

Nacionalismo e Independentismo: Hispanofilia y Modernización (1900-1920)

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

Entre los años 1900 y 1920 se definieron en Puerto Rico dos tendencias dentro del Independentismo. El  Independentismo Hispanófilo y el Independentismo Modernizador diferían en términos de su percepción del pasado colonial español. El juicio sobre España dependía e influía la imagen que se poseía de Estados Unidos. El impacto de aquel juicio en las tácticas de cada segmento también sería notable. La expresión más concreta de aquella competencia por el poder, fue el reto público que expuso Rosendo Matienzo Cintrón y el Partido de la Independencia (1912)  a José De Diego Martínez y el Partido Unión de Puerto Rico (1904).

Las diferencias entre ambos son comprensibles a la luz de una diversidad de factores. El choque cultural y material que significó el 1898, el movimiento Modernista en la literatura puertorriqueña, la asimetría de la relación entre los invasores y los invadidos, y el poco espacio para maniobrar políticamente que dejaron la Ley Foraker de 1900 y la Ley Jones de 1917, entre otras condiciones,  promovieron el desarrollo de aquellas posturas que animaron las pugnas dentro del Nacionalismo Puertorriqueño.

Los choques entre los dos sectores  eran visibles en el seno del Partido Unión desde el año 1909. El 13 de agosto de 1910, se concretaron en un documento, el “Manifiesto político del Partido Independiente”, publicado en la página dos del diario The Puerto Rico Eagle / El águila de Puerto Rico. Se trataba de un foro fundado en 1902 que vio la luz en Ponce y que se definía como un órgano oficial republicano yu defensor de la estadidad. En cierto modo, aquella era  la primera expresión pública del Independentismo Modernizador. El documento sintetizaba los problemas del Independentismo Unionista y del Nacionalismo Puertorriqueño de un modo transparente. Las críticas del documento estaban dirigidas a la figura de De Diego Martínez. Cuestionaban,  su liderato monolítico y exclusivista y su sumisión política a la figura de Luis Muñoz Rivera. El asunto no se limitaba al autoritarismo de De Diego. También criticaban la legitimidad del proyecto de Independencia con Protectorado defendido por el partido en su Base Quinta de su programa. Las similitudes entre la Independencia con Protectorado y el neocolonialismo que manifestaba el Derecho de Intervención garantizado por la Enmienda Platt de la Constitución de la República de Cuba de 1901, eran muy obvias.

Matienzo

Rosendo Matienzo Cintrón

Los críticos de De Diego, se organizaron, como en 1899 y en 1902, en asociaciones cívicas no electorales que aspiraban a la creación de un frente amplio nacional para enfrentar el coloniaje de Estados Unidos. Ejemplo de ello fueron los denominados Partido Independiente, la Asociación Nacionalista y la Asociación Cívica Puertorriqueña de cuyos programas se conoce muy poco. La aparición de grupos como aquellos, a pesar de su pequeñez, era un augurio de que el Nacionalismo y el Independentismo estaban al borde de la fragmentación.

El resultado de  esfuerzos como los citados fue la fundación del Partido de la Independencia (1912), grupo que se autodefinió como una organización económico-política probablemente con el propósito de confirmar sus preocupaciones por el problema del capital, la riqueza y la distribución de la riqueza en el país. Después de todo, buena parte del núcleo fundador de aquella organización había participado de las campañas anti-trust o anti-monopolios en el cambio de siglo y tenían sentimientos filo-obreristas muy claros. El proyecto organizativo atrajo a una serie de figuras emblemáticas del Puerto Rico de entonces. Entre sus organizadores se encontraba el ya mencionado Matienzo Cintrón, el médico y novelista  Manuel Zeno Gandía, el abogado poeta y periodista Luis Lloréns Torres y el artista Ramón Frade. Alrededor de ellos se movían los empresarios Eugenio Benítez Castaño, Santiago Oppenheimer y José Coll y Cuchí. El abogado y librepensador Rafael  López Landrón, se integró un poco más tarde al núcleo fundador.

El Partido de la Independencia (1912)  pretendió crear una unión o frente con el carácter de  una  fraternidad racional con el fin de articular la resistencia ante la agresión del capital extranjero.  El Nacionalismo de aquel sector ponía el acento en la discursividad económica y social, hecho que colocaba su propuesta en la frontera de un socialismo moderado y de las propuestas antiimperialistas que en Puerto Rico se han asociado a Ramón E. Betances Alacán (1898) y a Pedro Albizu Campos (1923 ss.). De hecho, figuras como Matienzo Cintrón y López Landrón, habían elaborado una intensa crítica a la España retrógrada y habían reconocido el progresismo americano como valores legítimos en numerosos documentos públicos. Pero su culto al Progreso y la Modernización nunca significó una sumisión total a los valores americanos ni  sacrificio de la Identidad Puertorriqueña vinculada indisolublemente a su pasado español. El hecho de que Matienzo inventar la figura de Pancho Ibero para enfrentarla al Tío Sam, es más que demostrativo de ello.

La organización adoptó, por otra parte, un discurso anti-militarista y pacifista que los distanció de los antecedentes y subsecuentes aludidos. La justificación para ello se puede encontrar en la ética fraterna y el espiritismo militante de algunas figuras claves en el diseño del discurso público de la organización. En este aspecto eran extremadamente consistentes: el programa de 1912 político se quejaba sin el menor empacho de que  “los veteranos de la guerra, cuyos merecimientos consisten en la matanza humana, no deben ser de mejor condición social que los veteranos del trabajo”. Hay algo del obrerismo romántico actuando en el imaginario de aquel liderato que, desde mi punto de vista, los convirtió en una experiencia única en su tiempo. El Partido de la Independencia realizó una campaña intensa en los años 1912 y 1913, momentos de crisis en la industria azucarera por motivo de la discusión de la posible aplicación de la Ley Underwood que eliminaba la protección arancelaria a ese producto en el país. Pero la muerte de Matienzo Cintrón (1913), aceleró la disolución de la organización, elemento que dejó el campo abierto para la difusión de Independentismo Hispanófilo encabezado por la figura de De Diego y el Partido Unión.

La reacción agresiva de De Diego ante la propuesta de Matienzo  Cintrón puede ser documentada en la prensa de la época. Los debates entre aquellas figuras demuestran varias cosas. Primero, la capacidad de debate de la clase política puertorriqueña por aquel entonces. Segundo, la agresividad con que defendían sus posturas recurriendo, en ocasiones, a ataques a la persona, a la caricatura volteriana y al insulto intelectualmente calculado. Tercero, la incapacidad de Independentismo para reconocer los elementos comunes que poseían los dos extremos. Curiosamente, la reducción maniquea del debate a una disputa entre un espiritista y un ultracatólico, concentró el choque de ideas en momentos particulares.

febrero 11, 2010

Separatismo y Nacionalismo: continuidad y discontinuidad

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

El Separatismo en su expresión Confederacionista e Independentista, puede sintetizarse en dos  etapas bien definidas. La primera correspondería al periodo de 1808-1825 e incluyó la Guerra de Independencia de Hispanoamérica en el contexto del Ciclo Revolucionario Atlántico. Aquel complejo proceso fue el que estimuló el desarrollo del mito del Sueño inconcluso de Bolívar. La lógica del mismo era que la Unidad Ibero-Americana no estaba completa y que faltaba liberar las Antillas Españolas. Ibero-América era considerada responsable del futuro de la Islas. A las consideraciones simbólicas, se unían otras de índole diplomática y geopolítica.

La segunda correspondía al periodo del 1865-1898 que denominaré el Ciclo Revolucionario Antillano. El proceso empezó con la  Restauración de la Independencia Dominicana (1865) después de 3 años de combates contra las tropas españolas iniciados con el Grito de Capotillo del 16 de agosto de 1863. Tiene un largo tránsito de violencia tras el estallido del  Grito de Yara el 10 de octubre de 1868, que fue la chispa  de la Guerra de los 10 Años de Cuba. El intermezzo abierto por la Paz de Zanjón de 1878 que actúa como un cese al fuego temporal se quiebra con la actitud de lo más radicales en la Guerra Chiquita (1879-1880). Y culmina con los combates que siguen al  Grito de Baire del 24 de febrero de 1895 y que continúan hasta la invasión de 1898.

Se trata de un ciclo lleno de contradicciones en que los mayores esfuerzos bélicos se desarrollaron en Cuba. De hecho, Cuba no alcanzó la Independencia como producto de aquellas largas guerras sino como producto de una negociación con las autoridades de Estados Unidos e l 20 de mayo de 1902 siendo su presidente Tomás Estrada Palma, el colaborador anexionista de José Martí.

La configuración del Nacionalismo dentro del Separatismo durante el siglo 19, estuvo mediada por el contencioso con un Anexionismo militante y poderoso, y por el hecho de que el enemigo contra el cual se luchaba era España. Las condiciones del Otro fueron cruciales en la arquitectura ideológica de la propuesta. El Nacionalismo del siglo 19 y el del siglo 20 se pueden distinguir sobre esa base sin mucha dificultad.

El Nacionalismo en el Separatismo, el Confederacionismo y el Independentismo en el siglo 19

Por el contexto en que se desenvuelve, el Nacionalismo decimonónico se define como un sentimiento Anti-Español: el hecho de que el Otro sea España es determinante en ese sentido. Dado que la definición del Yo se elaboraba sobre la base de ese contencioso, ser Puertorriqueño tenía unos contenidos distintos a los que tuvo hacia la década de 1930, por ejemplo.

Otro rasgo distintivo es que, a pesar de las sospechas que despierta en numerosos líderes el poder del capital americano,  aquel Nacionalismo no desembocó en una actitud Antisajona, no se valió de argumentaciones en torno al Choque de Civilizaciones ni de la Superioridad hipotética de una Civilización ante otra. Por el contrario, para un segmento significativo del liderato y bajo circunstancias particulares, Inglaterra podía actuar como un aliado confiable. Ese fue el caso de la conspiración del Gran Club de Borinquen articulada en 1866 por el militar Andrés Vizcarrondo (1804-1897). Incluso el temido Estados Unidos amparó en ocasiones a elementos considerados peligrosos por las autoridades españolas. La forma en que aquel Nacionalismo enfrentó el mundo sajón, se estructuró sobre la base de la utilidad de la relación y de un profundo conocimiento del balance geopolítico internacional. El papel de las pasiones culturales fue, desde mi punto de vista, secundario, al menos hasta la coyuntura de 1898.

El otro elemento característico es que la meta primordial de aquel Nacionalismo era  mantener la unidad en la lucha contra España. Para ello tuvieron que recurrir a lenguajes que hoy resultarían altamente cuestionables. La tendencia a ponerle sordina a los conflictos dentro de la clase criolla, documentado desde la obra histórica de Iñigo Abbad y Lasierra de 1788, justifican la concepción de aquella propuesta como una socialmente conservadora. La intención era, como la del Nacionalismo del siglo 20, invisibilizar la lucha de clases y la lucha de raza hasta donde fuese posible a fin de no lastimar el proyecto de la Nación. La metáfora que mejor resume esa  idea de la Nación es la de la Gran Familia. Se trata de un artefacto que sugiere un equilibrio o una armonía utópica en nombre del bien común.

Lo cierto es que, durante la fase del 1808-1825, la etapa de la Guerra de Independencia de Hispanoamérica, el  Nacionalismo entonces incipiente, separó el Problema Social del Problema Político siguiendo el modelo de las 13 Colonias en 1776. Las Repúblicas no abolieron la esclavitud, sino después de bastante resistencia y esfuerzo. Dos de los casos más significativos para Puerto Rico, -Colombia y  Venezuela la abolieron en 1850 y en 1854 respectivamente. Me parece que el logro de líderes  como Ramón E. Betances (1827-1898) y Segundo Ruiz Belvis (1829-1867) es que fueron capaces de unir los dos proyectos en uno tan temprano como en los años 1857 y 1858 en el seno de una ciudad esclavista: Mayagüez. Ello no significó que todo el Nacionalismo puertorriqueño tomase la misma decisión. La Insurrección de Lares no abolió la esclavitud en ningún momento: solo garantizó la libertad a todos los esclavos que tomaran las armas a favor de la rebelión.

Durante la fase de 1865-1898, es decir, durante el Ciclo Revolucionario Antillano, el Nacionalismo adoptó una función propiamente Revolucionaria. Había que justificar, legitimar y documentar la separación de España. Pensar la Federación o la Confederación, refinar el discurso anti Anexionista, teorizar la oposición al autoritarismo español con argumentos modernizadores, teorizar la abolición de la esclavitud, fue labor de intelectuales de una sólida formación europea y, en lo fundamental,  afrancesados. Ese fue el caso, de  Betances quien entre 1874-1898 vive en Paris. En gran medida también fue el de  Ruiz Belvis quien vive la política como lo haría un demócrata radical, un republicano o incluso un jacobino. En menor grado es la  misma condición de Vizcarrondo, un militar de carrera, un estratega y un diplomático reconocido como tal en su tiempo

Por último, el Nacionalismo del siglo 19 fue una ideología anticlerical a la manera del 1791 francés. En general, asociaba la Iglesia Católica con la Monarquía Española autoritaria, de la cual era un aliado y un protegido. El Nacionalismo de esa estirpe se comporta como un Movimiento del Tercer Estado, del Pueblo, de una Clase Media en ascenso, conceptos todos que daban la medida del lenguaje maduro de la Revolución Burguesa posteriormente teorizada por Carlos Marx.

La alteridad y la heterodoxia fueron inseparables de aquellos proyectos ideológicos. Aquel Nacionalismo estuvo influido por sistemas alternativos de pensamiento de los cuales la Francmasonería, es el más conocido. Con el avance del siglo al mismo se unieron la Teosofía, la Antroposofía, el Rosacrucismo, el Espiritismo y el Libre Pensamiento en general. El connubio del Nacionalismo del siglo 20 con el Catolicismo, era impensable en el contexto del siglo 19.

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