Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

enero 27, 2010

Albizu Campos: El nacionalismo puertorriqueño


  • Pedro Albizu Campos

Declaraciones a los representantes de Prensa Asociada, marzo de 1936.

Sesenta y ocho años ha se fundó la República. Cuando, el día 23 de septiembre de 1868 proclamaron nuestros antepasados nuestra independencia de España, solemnemente afirmaron que la revolución no se fundaba en queja alguna contra nuestra Madre Patria. Puerto Rico era rico en nombre y en realidad; nuestra heredad cristiana había creado una familia modelo y una sociedad sólida; la nación figuraba en la vanguardia de la moderna civilización.

Grandes hombres en todos los campos de la conquista humana hacían honor a su tierra natal: mentalidades privilegiadas como Stahl y Tanguis en las ciencias naturales; Morel Campos, el genio musical; Oller y Campeche, maestros en la pintura; grandes pensadores como De Hostos; poetas inspirados de pura espiritualidad como Gautier Benítez; hombres de mar de la grandeza del almirante don Ramón Power; soldados libertadores del Nuevo Mundo, como el mariscal Valero y el general Rius Rivera; estadistas y patriotas nobles como Betances; directores espirituales de una nación generosa, hospitalaria y pacífica, como el obispo Arizmendi.

Pedro Albizu Campos

Eran éstas figuras prestantes de las legiones de grandes hombres y grandes mujeres de una nación, que durante tres centurias había servido de base para la expansión de la civilización cristiana en las Américas. No debe olvidarse que una expedición de Puerto Rico bajo el comando de Ponce de León, plantó la cruz en el continente de Norteamérica en el 1531, cien años antes de fundarse Jamestown en Virginia.

Los fundadores de la República en el 68 se batieron solamente por el principio de que ninguna nación será dueña del destino de otra nación. Este principio es la base del derecho internacional y de la civilización universal y no puede violarse so pretexto de conveniencia alguna. Es el principio de la dignidad humana formulado en su aplicación a la familia de naciones.

La Madre Patria, España, la hidalga fundadora de la moderna civilización mundial, reconoció este principio fundamental de relación internacional como lo exponían nuestros antepasados del 1868, y concedió a Puerto Rico la Magna Carta Autonómica, en virtud de la cual las relaciones entre España y Puerto Rico habrían de ser reguladas por tratados, así reconociendo a nuestro país como una nación soberana, libre e independiente. Este reconocimiento de nuestro lugar en la familia de naciones libres era irrevocable y obligatorio para todos los poderes, y nunca pudo estar a merced de las vicisitudes de las guerras de nuestra Madre Patria o de ninguna otra guerra.

El tratado de París, impuesto por la fuerza por Estados Unidos a España, el 11 de abril de 1899, es nulo y sin valor en lo que atañe a Puerto Rico. Por tanto, la intervención militar de Estados Unidos en nuestra patria, es sencillamente uno de los actos más brutales y abusivos que se haya perpetrado en la historia contemporánea. Exigimos la retirada de las fuerzas armadas de Estados Unidos de nuestro suelo como defensa natural y legítima de la independencia de Puerto Rico.

No somos tan afortunados como nuestros antepasados del 1868. Ellos combatieron por el principio puro de la soberanía nacional. No tenían queja alguna contra la Madre Patria, España. Contra Estados Unidos de Norteamérica tenemos que radicar reclamaciones como indemnización por los enormes daños perpetrados sistemáticamente y a sangre fría contra una nación pacífica e indefensa.

El balance comercial favorable de Puerto Rico durante los treinta y cinco años de intervención militar norteamericana arroja en números aproximadamente cuatrocientos millones de dólares oro. De acuerdo con esa cifra imponente, Puerto Rico debiera ser uno de los países más ricos y prósperos del planeta. De hecho, la miseria es nuestro patrimonio. Ese dinero está en poder de los ciudadanos norteamericanos en el continente.

Cálculos conservadores sobre el valor financiero del monopolio comercial que nos impuso Estados Unidos por la fuerza, y en virtud del cual estamos obligados a vender nuestras mercaderías a los norteamericanos al precio que a ellos convenga y además tenemos que pagar por la mercadería norteamericana el precio que nos quieran imponer los norteamericanos, arroja una cifra no menor de quinientos millones de dólares oro.

Por supuesto el resultado de esa explotación inmisericorde y abusos perpetrados sobre nuestra nacionalidad, queda patente en la pobreza universal, en las enfermedades y elevada mortalidad de nuestra población, la más alta en las Américas. El setenta y seis por ciento de la riqueza nacional está en manos de unas pocas corporaciones norteamericanas, para cuyo beneficio exclusivo se mantiene el presente gobierno militar.

Un asalto estúpido se ha dirigido contra nuestro orden social cristiano en un esfuerzo brutal para di­solver la estructura de nuestra familia y destruir la moralidad de una raza hidalga, imponiendo a través de agencias gubernamentales la difusión de las prácticas de la prostitución, bajo el estandarte engañoso de control de natalidad; el esfuerzo ridículo para destruir nuestra civilización hispánica con un sistema de instrucción pública usado en Estados Unidos para esclavizar a las masas; la arrogancia tonta de pretender guiar en el orden espiritual a una nación cuya alma se ha forjado en el más puro cristianismo: ésas son nuestras quejas más serias.

Estados Unidos de América se encuentra frente a frente en Puerto Rico con el espíritu de Lexington, de Zaragoza, de Ayacucho. La presente política imperial por la cual se pretende disolver al nacionalismo por el terror y el ase­sinato, es una provocación y una tontería imperialista para satisfacer a unas pocas corporaciones nor­teamericanas. El pueblo de Estados Unidos, si no se ha vuelto totalmente insensible a los principios que le permi­tieron ser una nación libre, debe tener sentido común, debe guiarse exclusivamente por su interés nacional. Ese interés nacional queda garantizado al respetar la independencia de Puerto Rico. Ésas son las aspiraciones del nacionalismo de Puerto Rico.

Comentario:

El documento de 1936 manifiesta las tesis medulares del Partido Nacionalista.

Primero, la preocupación por desarrollar una cronología exacta de la Nación. El fechado sugiere un “calendario revolucionario” similar al de la Revolución Francesa o la Bolchevique.

Segundo, la idealización del pasado español como el espacio de una “gran familia” rica y madura. El texto insiste en borrar las dudas mayores. Ello explica el comentario sobre la Insurrección de Lares y la afirmación de que la “revolución no se fundaba en  queja alguna contra nuestra Madre Patria”. El uso del posesivo “nuestra” es importante para comprender su objetivo. Ese proceso de idealización del pasado español, se da a contrapelo de la opinión dominante en pensadores como Eugenio María de Hostos, Rosendo Matienzo Cintrón, Rafael López Landrón entre otros,  cuya imagen de España ante Estados Unidos era muy distinta de la propuesta por Albizu Campos.

Tercero, el uso de argumentaciones religiosas y culturalistas como cuando se recuerda el protagonismo de Puerto Rico para “la expansión de la civilización cristiana en las Américas” en la etapa colonial temprana. La religión fue, de hecho, fundamental para un segmento del nacionalismo entre 1900 y 1936. Los casos de Los Hermanos Cheo y su pacto moral, la filantropía de la Madre Helenita de Jesús y  la Hermana Eudoxia, el culto a la Virgen de Monserrate de Hormigueros y el activismo católico místico del profesor Clemente Pereda, son evidencia de ello. La invasión militar de 1898 fue interpretada por ellos como una agresión religiosa que conminaba a la “Cruzada”.

Cuarto, la tesis de que la Carta Autonómica de 1897 reconoció a Puerto Rico como “una nación soberana, libre e independiente” y la deriva de la “Nulidad del Tratado de París” de 1899. La meta era cuestionar la “legalidad” de la presencia de Estados Unidos en el país y justificar la “resistencia” y la “acción inmediata”. De este modo, se combinaban justificaciones religiosas y políticas para la defensa de la causa.

Y quinto, la tesis del control comercial y financiero de Puerto Rico por  el mercado y la banca americana. El argumento completa la campaña antitrustista o antimonopolios que dominó la discursividad del independentismo de la primera década del siglo 20 encabezado por figuras como Matienzo Cintrón. La preferencia por los argumentos culturales, religiosos y jurídicos es notable.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

5 comentarios »

  1. La representación de la nación creada por Pedro Albizu Campos puede ser desconfigurada bajo varias perspectivas. Sirven de base las teorías alemana y francesa sobre qué es la nación. Según mi análisis de las lecturas sobre Albizu y su manera de concebir el nacionalismo, él crea una dualidad entre ambas teorías. Para poder lograr esto se divide la historia de Puerto Rico en dos partes; antes de Estados Unidos (teoría alemana) y después de Estados Unidos (teoría francesa).

    Previo a la llegada de Estados Unidos a la isla de Puerto Rico, está ya tenía su nacionalidad. Nacionalidad que había sido formada bajo los preceptos que sugiere la teoría alemana de lenguaje, raza, religión y geografía. No obstante, al verse presa del yugo estadounidense y la aceptación que esta tuvo por el pueblo, se ve en la necesidad discursiva de ser recreada bajo los criterios de la teoría francesa del olvido o error histórico, la idea del sacrificio y la necesidad de mantener un presente.

    Bajo el error histórico, Albizu recrea la historia de Puerto Rico idealizando a España y el trato que recibió la isla de su parte. También hace a la isla parte de un conglomerado mayor que comparte una historia románticamente hermosa y honrosa. Según Albizu Campos todos somos parte un Caribe, de unas Antillas y una América Latina que en sus principios fue libre, codiciada y “poderosa”. Sin embargo, es necesario tomar una acción inmediata porque una nación ajena ha quitado la unión que siglos antes se había consolidado; creando así un estado de sufrimiento. Dentro de esa acción inmediata para evitar ese sufrimiento se revitaliza la nueva nación discursiva, creada por Albizu, en la que es necesario el sacrificio. Sacrificio que pondrá a las personas a trabajar por un mismo fin y con unas tareas en común. Todo con el interés de perpetuar el valor de la herencia que se perdió y que ahora se piensa recobrar y revitalizar.

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    Comentario por Vibeke Betances — febrero 4, 2010 @ 1:34 am | Responder

  2. En la ultima discusión de lecturas en el salón de clases. Mi opinión fue un tanto moderada. Dentro de la ubicación del nacionalismo Puertorriqueño en comparación con el nacionalismo Alemán o el francés. Personalmente no supe donde poder entrelazarlo ya que creí que el nacionalismo Puertorriqueño compartía ideas en ambos lados. Aunque veo al nacionalismo local como uno más parecido al que establece Giuseppe Mazzini. Ideas como los levantamientos populares, la integración de parte de Mazzini a sociedades secretas y sus constantes salidas al exilio de su país, son solo algunas coincidencias ante la figura de Pedro Albizu Campos. Ambos, en su retórica, exponen el concepto nación aun cuando esta no es reconocida en hecho o en jurisdicción.

    En cuanto al concepto raza a la cual se visualiza como un ende cultural, se puede ver la fuerte apreciación hacia la identidad Española. Esos argumentos tan hispanófilos no son de mi favor, ya que a mi parecer España fue igual de imperialista que los Estados Unidos y las relaciones imperiales y coloniales parecen ser copias de una hacia la otra. El hecho de atesorar la formación cultural, el lenguaje y la devoción cristiana, es visto con buenos ojos por los militantes del Nacionalismo Puertorriqueño. Durante la discusión en la clase argumenté sobre este acto y lo tilde de uno hipócrita ya que no puede ser que aprecie tanto el carácter imperial de España, aunque luego pude ver como, según la época, los intelectuales atribuían numerosos elogios hacia España.

    Este fenómeno se parece mucho a la historia de los israelitas subyugados bajo el imperio de Egipto que, una vez son liberados, tienen que marchar hacia un desierto en donde sus promesas parecen ser incumplidas y en donde hay fuertes críticas hacia el liderato de Moisés porque, al menos en Egipto, podían comer buenas porciones de frutos y otros alimentos. Así que los españoles no eran explotadores y ni imponían condiciones, y la única motivación para el separatismo era el derecho a la libre determinación o independencia.

    Dentro de la lectura del nacionalismo e Iberoamérica se puede ver como se elabora en un ultimo párrafo el concepto racial en los Estados Unidos versus los afroamericanos, pero se olvida de que en España hubo una fuerte persecución en contra de gitanos, turcos, reformadores religiosos e inclusive con los Vascos. Mi opinión se basa en no encubrir las mismas fallas imperialistas de ese legado Español ante las condiciones que denuncian los nacionalistas en la lucha versus el imperialismo Norteamericano. Aun así reconozco que Albizu vive bajo el dominio Norteamericano y no bajo la Corona Española. Es por eso que en el documento El nacionalismo Puertorriqueño, muestra cierto elemento paternalista a base de este sentimiento progresista que abunda en los hispanófilos. Comenta en esta lectura sobre el intervencionismo militar como un acto represivo ante una sociedad tan moderada como la que se veía en el país según el tiempo y espacio.

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    Comentario por Efrain Cortes Hidalgo — febrero 21, 2010 @ 11:30 pm | Responder

  3. […] percepción del Otro -el sajón-,  como bárbaro -“civilización rudimentaria”, es evidente. Albizu Campos solo esgrimió un argumento hostosiano con un lenguaje más […]

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    Pingback por La Liga de Patriotas: propósito político « Puerto Rico: su transformación en el tiempo — junio 9, 2010 @ 6:23 pm | Responder

  4. Don Mario R. Cancel. Le escribo para ver si usted sabe de algún escrito sobre la relación entre los Hermanos Cheo y la Madre Elenita. Gracias.

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    Comentario por Edgardo Rodriguez — octubre 1, 2010 @ 12:07 am | Responder

    • Edgardo, la relación que conozco es el contenido popular de ambas propuestas y el hecho de que se les evalúa como respuestas de afirmación católica a los que se interpretó como la amenaza protestante. Comento eso en mi libro Puerto Rico: su transformación en el tiempo (Cordillera, 2008). Si te interesan las fuentes que conozco, escríbeme a mario.cancel@upr.edu y con gusto las comparto contigo.

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      Comentario por Mario R. Cancel — octubre 1, 2010 @ 12:41 am | Responder


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