Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

septiembre 2, 2009

Luis Muñoz Marín y el Congreso Pro-Independencia (1944)


“Carta de Luis Muñoz Marín a Gilberto Concepción de Gracia”. El mundo, 11 de diciembre de 1944. Leída en el Congreso Pro-independencia

La carta del señor Muñoz Marín dice así:

Recibí su carta de noviembre 11 y agradezco muy de veras su valiosa felicitación por el triunfo obtenido el 7 de noviembre por el Partido Popular Democrático. Como usted señala, esto pone sobre mis hombros una gran responsabilidad moral —la de cumplir honradamente los compromisos que se hicieron con el pueblo que votó honradamente— que pesa también sobre los hombros de todos los que, a través del programa del Partido y de mi palabra, participaron en esos compromisos. Yo cumpliré esa responsabilidad en la entera medida real de la confianza que me ha otorgado el pueblo. Estoy seguro de que todos cumplirán en el mismo espíritu su medida de esa responsabilidad.

Gilberto_ConcepcionComo usted muy bien dice, el Partido Popular Democrático se comprometió solemnemente con el pueblo a que los votos que se dieran a su favor en las elecciones no se interpretarían como votos a favor de “status” político alguno. Los votos fueron dados por el pueblo a base de este compromiso. Y, en efecto, la palabra dada al pueblo, antes de que el pueblo votara, sigue teniendo exactamente la misma validez —no podría ser honradamente de otro modo— después que el pueblo ha votado. También señala usted que el Partido Popular se comprometió solemnemente a someter a la decisión directa del pueblo, no más tarde del momento de estructurarse la paz mundial, la consulta sobre el status político, para que sea el pueblo, directamente, sin intermediarios en forma alguna, el que decida el “status” político que el pueblo mismo desee para sí mismo. El Partido Popular Democrático está obligado a cumplir también este compromiso. Supongo que nadie en Puerto Rico, sea o no miembro del Partido Popular Democrático, podrá dudar de que la actitud del Partido Popular hacia este compromiso es igualmente honrada, igualmente escrupulosa, que ante los otros compromisos que ha contraído y cumplido.

Usted, como puertorriqueño en el ejercicio de funciones ciudadanas, y como amigo, me formula la pregunta: “¿Cuándo?” Nuestro compromiso tiene un límite máximo: a más tardar en el momento de estructurarse la paz mundial. No tiene límite mínimo. Es decir, puede ser antes de eso. Con mucho gusto contesto su pregunta. A mi juicio, la consulta al pueblo, para que el pueblo mismo decida directamente con sus votos, debe ser lo antes posible, proveyendo siempre el tiempo necesario para que el pueblo pueda ser debidamente ilustrado sobre este gran problema de qué “status” político ha de favorecer de modo que tenga la oportunidad de decidir seriamente, a base de la más plena ilustración y conocimiento, con amplia conciencia de la determinación que libremente decida tomar el pueblo.

Sobre la forma de esa consulta hay un error en su lectura de nuestro compromiso con el pueblo. En el penúltimo párrafo de su carta usted expresa su opinión de que la consulta, de acuerdo con el compromiso del Partido Popular Democrático, no tiene necesariamente que hacerse en forma plebiscitaria, sino que puede hacerse en otras formas, incluyendo la convocación de una asamblea constituyente. Nuestro compromiso con el pueblo es someter la consulta sobre el “status” a su libre decisión, no a través de organizaciones ni de intermediarios en forma alguna, sino directamente a cada elector. La autorización que ha dado el pueblo con sus votos excluye clara definitivamente la posibilidad de que la consulta sea hecha a través de delegados intermediarios en un organismo intitulado Asamblea Constituyente.

No tengo que decirlo —porque sus manifestaciones públicas así lo señalan claramente— que el espíritu de toda actividad, sea ella cual fuere, sobre las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos debe ser de una amplia democracia y el de una confraternidad sincera con el pueblo de Estado Unidos y su Gobierno.

Comentario:

La respuesta de Luis Muñoz Marín al reclamo de Gilberto Concepción de Gracia en cuanto a “cuándo” se resolvería el asunto de status fue clara en apariencia: al final de la Segunda Guerra Mundial. Muñoz Marín reconocía que la posposición del problema del status había sido la clave de su victoria en 1944. Alterar aquella política resultaría  desastroso para las aspiraciones electorales del PPD.  El reto ideológico que representó el Congreso Pro-Independencia lo había forzado a enquistarse en una posición más moderada.

El otro elemento interesante y que contrasta con el discurso público del PPD hacia el 1950 y el presente, es que el mecanismo idóneo para resolver el dilema fuese el Plebiscito y no la Asamblea Constituyente. La Asamblea Constituyente era interpretada por Muñoz Marín como un “intermediario”  del pueblo y era descartada de plano. El argumento da la impresión de una defensa de la “democracia directa” en el estilo de los “demócratas radicales” y cuestiona la legitimidad de cualquier “representatividad del pueblo”. La propuesta del Plebiscito recuerda  la tarea pública de Eugenio María de Hostos a través de la “Liga de Patriotas” en  1899 quien vio en ese recurso la puerta de la solución del dilema del status.

Lo cierto es que la disputa respecto a cuál era el medio más democrático para resolver el status ha cambiado desde 1944 al presente. Vale la pena recordar que la Asamblea Constituyente había sido el mediodefendido por el Partido Nacionalista de Puerto Rico y que, dado que la misma debía ser ejecutada desde la soberanía para ser legítima,  muchos juristas conservadores la identificaban con la independencia de hecho. La Asamblea Constituyente que produjo el Estado Libre Asociado de Puerto Rico demostró que ello no era siempre así. La negativa de Muñoz Marín a aceptar ese procedimiento puede interpretarse como un rechazo a la independencia.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

1 comentario »

  1. El énfasis de Luis Muñoz Marín en que “que el espíritu de toda actividad, sea ella cual fuere, sobre las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos debe ser de una amplia democracia y el de una confraternidad sincera con el pueblo de Estado Unidos y su Gobierno” era sencillamente un anuncio de que, como funcionario de gobierno, estaría dispuesto a reprimir toda manifestación política independentista que no fuera del agrado de los Estados Unidos. La Ley de Mordaza y el ataque aéreo a Jayuya en 1950 fue la consolidación de esta política. Se ve, pues, que nadie en el Congreso Pro-Independencia sospechaba que ocurriría en el porvenir con ellos.

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    Comentario por Harold Marquez Tirado — septiembre 21, 2009 @ 12:22 am | Responder


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