Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

junio 4, 2010

“Carta a Irma” (1938): Nacionalismo, stalinismo y autoritarismo

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 21-25

Fragmento 5: El presidente del Stalinismo

(…)  Por lo que pueda hacer al caso, no es esa la única vez que he presidido una reunión de ese calibre, en ausencia del presidente. Lo hice una vez, en ausencia de Albizu Campos. Entonces estaba con nosotros mi compueblano Buenaventura Rodríguez, hoy socio del McLeod del partido y conjuntamente con él vocal de la Junta nacional. Recuerdo que en aquella ocasión consideramos el exhibicionismo católico que se había apoderado del Partido nacionalista. Albizu Campos protestó de que nos reuniéramos a sus espaldas. Me puse de pié y le expliqué por qué. El tiempo ha demostrado quién tenía razón. Para aquella época unas trescientas personas suscribieron una protesta contra el referido exhibicionismo. Al correr de los años, el Partido nacionalista no tuvo otro remedio que declarar no gratos a los señores obispos. La catedral de San Juan nos fue cerrada un día de De Diego. Otro día, el padre Ramos quedó suspenso. Otro día, desapareció mi columna El Piloto. Otro día, el párroco de Lares nos prohibía la entrada de banderas portorriqueñas. Hoy día los estandartes de Franco entran y salen impunemente.

Masacre de Ponce (1937)

El cabello de los nacionalistas suele ser largo –tan largo como suele ser corta su memoria. El as de triunfo fue reservado para la esposa de Albizu Campos y el joven de las tres jotas. Gran parte de la carta de Cuba es una filípica contra el doctor Lanauze.

¿No es el doctor Lanauze la persona a cuyo favor –la única persona no nacionalista– dos asambleas nacionales consecutivamente han rendido público testimonio de gratitud?

La carta de Cuba invoca la soberanía de nuestras asambleas. ¿No forman parte de esa soberanía las resoluciones en que por unanimidad el nacionalismo consigna al doctor Lanauze su reconocimiento imperecedero?

En circunstancias normales concedo que no sería de buen gusto que fuera yo quien hiciera la apología del doctor Lanauze. La diatriba de Cuba es tan virulenta que me siento constreñido a saltar por encima de los nones del savoir dire, para dar sólo pálido reflejo de los servicios puramente graciosos del doctor Lanauze al Partido nacionalista de Puerto Rico.

Debo advertirle, Irma, antes que nada, que el doctor Lanauze era condiscípulo del ilustre preso de Atlanta. Desde la adolescencia, idéntico afán de cultural superación les reunió en las aulas de la colonia. Eran compañeros. El mismo año se graduaron de la segunda enseñanza. En cierta ocasión, uno debatió frente al otro.

He visto, Irma, el primer libro publicado por el doctor Lanauze, a través de los años y la insidia, el libro adquiere un mérito singular: es el primer libro, en toda nuestra bibliografía, que menciona a Albizu Campos. Con la venta de este libro –¡ni usted ni yo sabemos lo que en Puerto Rico significa que un autor novel tenga que publicar y vender su propio libro!– el doctor Lanauze se hizo de dinero para continuar sus estudios. Hijo de un herrero, ni siquiera tuvo una beca para seguir adelante. Se hizo maestro. Con sus ahorros se trasladó a Estados Unidos. Usted no sabe, Irma, lo que significa para un estudiante de color costearse sus propios estudios en Estados Unidos. El doctor Lanauze fue hasta sirviente.

Mientras tanto, una beca, ganada en buena lid –una beca colonial– conducía al futuro apóstol a Vermont. Méritos ulteriores lo llevaron a Harvard.

Uno y otro se encontraron en Washington. El doctor Lanauze cooperó con Albizu Campos en cuanto pudo.

No fue únicamente el amor a la cultura lo que les unió. Atábalos el mismo amor a la independencia de Puerto Rico. Los mismos prejuicios raciales se irguieron contra ellos. Los tres lazos subsisten a través del tiempo, la distancia y el fanatismo.

Albizu Campos y el doctor Lanauze volvieron a reunirse en Ponce.

El doctor Lanauze escribió en 1932:

“El Partido socialista /de Puerto Rico/ ha ido evolucionando gradual y sistemáticamente hacia la derecha.” –Por los caminos de la violencia, editorial América, Ponce, página 183.

Dijo también:

“Nuestro porvenir está en nuestras propias manos. Debemos ir francamente al corazón y a la mente de nuestras masas explotadas, exprimidas, anémicas, escépticas, vencidas, y probarles que deben ponerse de pié… Luchar como hombres y no someterse como esclavos.” Loc. Cit. pp. 188 y 189.

Un año después del tratado de Rusia, al cual alude la carta de Cuba, y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, decía el doctor Lanauze:

“/El Partido nacionalista de Puerto Rico/ vive de frente al pasado, cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica…” –Por qué somos comunistas, Ponce, 1934, p. 21.

Por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esa carta, el doctor Lanauze decía también:

“El Partido comunista de Puerto Rico combatirá también la colonia y defenderá con toda sus fuerzas y con todos los medios la independencia de Puerto Rico. Los Estados Unidos nos sojuzgan por el solo derecho que da la fuerza bruta y por el interés egoísta de los dividendos que durante treinta años hemos pagado a sus capitalistas ausentes; por la servil pasividad de los portorriqueños, y por la cooperación de nuestros políticos y nuestra burguesía nativa. En esto estamos de acuerdo con el Partido nacionalista.” Loc. Cit., pp. 21 y 22.

Tome nota, por lo que pueda hacer al caso, en el curso de esta carta, de que se trata de palabras escrita un año después del tratado de Rusia.

El doctor Lanauze escribió además:

“Consideramos /a los nacionalistas/ los únicos independentistas sinceros y valientes. Con ellos cooperaremos siempre y esperamos poder probarles, en todo momento, que por ese fin común, supremo para ellos, nosotros también pelearemos con todas las armas, sinceramente, valientemente… Esperamos que… el Partido nacionalista de Puerto Rico… defienda francamente la masas trabajadoras portorriqueñas contra la explotación de la burguesía nativa… que es en verdad el peor enemigo de la independencia de Puerto Rico.” Loc. cit., pp. 21 y 22.

Nacionalistas acusados durante la Masacre de Ponce (1937)

Un año después del tratado de Rusia y dos años antes del encarcelamiento de Albizu Campos, hizo el doctor Lanauze una promesa. Esa promesa, Irma, no ha sido violada nunca.

Por lo que pueda hacer al caso, en la página 18 del opúsculo citado, el doctor Lanauze llama al Partido socialista de Puerto Rico “partido amarillo.” Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama “imperialista” a la Unión republicana. Por lo que pueda hacer al caso, en la misma página llama al Partido liberal  “instrumento de la burguesía nativa.”

La acusación del gran jurado puso al doctor Lanauze a las órdenes de Albizu Campos. El anticomunismo de Albizu Campos –hecho incontrovertible– contestó al cumplimiento de la promesa del doctor Lanauze con un epíteto: “espía.” El epíteto no es nuevo en el Partido nacionalista. Es tan corriente como el de “traidor”. Yo mismo he sido acusado de espía. En una ocasión Virella no pudo contenerse y, entre bromas y voras [?], contestó:

-Don Pedro, Toro Nazario no tiene inteligencia suficiente para ser espía.

Virella se ha retirado del Partido nacionalista.

¿Por qué?

Ni la injustificada acusación de espía ni el anticomunismo de Albizu Campos impidieron que el doctor Lanauze olvidase su promesa. El doctor Lanauze prestó su más decidido concurso económico y cultural al Frente unido.

También de la noche a la mañana sobrevino el boicot nacionalista, esta vez al Frente unido, en momentos en que éste estaba en apogeo. Las causas del boicot nacionalista nunca han sido explicadas meridianamente.

Mi explicación estriba:

(1) En el anticomunismo nacionalista, que repudiaba la colaboración izquierdista, pero acogía la derechista.

(2) En el predominio de una ideología semifascista en el nacionalismo.

(3) En la alarma, con proposiciones de cruzada, de la Santa Sede –foco de autoridad en el nacionalismo– contra movimientos de nombre parecido en otros países. La verdad es que Pío II combatía los Frentes populares, pero implícitamente se refería a los movimientos de este nombre en los países libres. En cuanto al respaldo eclesiástico del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina del derecho de las colonias a la libertad, la doctrina de la Iglesia es tan clara y terminante que no creo necesario molestar su atención en cuanto a ella.

(4) En el germen trotskista. No olvide usted que, por ejemplo, un nacionalista expulso, Vergne Ortiz –exvicepresidente del Partido nacionalista de Puerto Rico, mi barba en remojo– habiendo sido expulsado también del Partido comunista, presidía, como aún preside, el movimiento trotskista en Puerto Rico.

(5) En la insistencia nacionalista por llevar a cabo la Marcha sobre San Juan –nombre mussolinesco– por encima de la represión winshipesca.

(6) En el viaje a Buenos Aires de Vicente Géigel, por encima de la intransigencia nacionalista. Verdad es que Vicente no militaba en el nacionalismo, pero había sido uno de sus fundadores. Su independentismo es indiscutible, Irma.

(7) En el germen aprista.

(8) En el germen abecedario.

(9) En el germen trujillista.

(10) En el exclusivismo antidemocrático.

(11) En el cambio de psicología que se opera en un hombre cuando es encarcelado.

La massacre del Domingo de Ramos es la tragedia que inicia el rapprochement del Partido nacionalista con el tantas veces calumniado doctor Lanauze –a regañadientes, por lo visto. La esposa de Albizu Campos desconoce, según parece –sería más grave aún, si lo olvidase– que fue el doctor Lanauze la única persona que, enterada de lo ocurrido en Ponce el 21 de marzo de 1937, a toda velocidad corrió al campo a empapar al fiscal Pérez Marchand de los antecedentes de la horrible matanza en que habían muerto veintiuna personas y habían sido heridos unas doscientas más.

En los momentos en que se retiraba el doctor de la finca del fiscal, llegaba la policía, con sus portátiles ametralladoras aún calientes –con la versión oficial de los sucesos, en embrión.

De esta feliz coyuntura –feliz es la palabra– arranca, Irma, el prejuicio oficial contra el doctor Lanauze. Es un prejuicio comparable únicamente con el prejuicio nacionalista –si de algo sirve, Irma, una paradoja estúpida. De esta feliz coyuntura, arranca también el prejuicio oficial contra el propio Pérez Marchand –génesis de su espectacular renuncia.

Comentario:

El autor documenta las discusiones internas por lo que denomina el “exhibicionismo católico” del Partido Nacionalista. Al parecer la Junta Nacional que crítica, era partidaria del mismo, y estuvo en posición de aislar a los sectores más liberales y anticlericales. Me sorprende por el hecho de que tengo referencias de que Laura Meneses, en su juventud, fue anticlerical convencida. En la madurez aceptó la protección del gobierno de la Revolución Cubana y representó a ese país en diversos foros internacionales. La situación merece un estudio más detenido. El catolicismo del partido, condujo a la condena del Dr. José A. Lanauze Rolón (1893-1951), mulato residente en Ponce, escritor y miembro destacado del Partido Comunista Puertorriqueño fundado en septiembre de 1934. Lanauze Rolón había estudiado con Albizu Campos en la Ponce High donde ambos participaron de la denominada Sociedad de Escritores de la escuela.

El fragmento responde de una manera muy documentada, las críticas, recordando a los nacionalistas los servicios de Lanauze Rolón al partido. Para Toro Nazario entre Albizu Campos y Lanauze Rolón hay numerosos paralelos. Se trata de dos figuras que tienen que superara numerosas barreras raciales y culturales para alcanzar sus metas. Pero también se trata de dos independentistas convencidos que saben cuánto se arriesga en la colonia  Las convergencias políticas son también numerosas: la crítica al giro a la derecha del Partido Socialista, actitud que se afirma desde que inicia periodo de las mogollas políticas en 1924, es solo un detalle de ello. También señala las diferencia: el Partido Nacionalista  “vive… cantando… a las viejas tradiciones burguesas, a la vieja España, a la Iglesia Católica”. El Partido Comunista, no. Se trata de dos proyectos utópicos: uno pasatista y el otro futurista. Pero los comunistas esperaban demasiado: confiaban en que los nacionalistas enfrentaría a la “burguesía nativa” considerada como el mayor adversario de la independencia. El discurso nacionalista, sin embargo, veía a la “burguesía nativa” como un signo de la Nación y ansiaba su colaboración.

Ello explica el rechazo de Albizu Campos a la colaboración de Lanauze Rolón en el momento de su arresto en 1936. La impresión que queda es que los Nacionalistas eran demasiado aprensivos con los No-nacionalistas y habían convertido el Nacionalismo es una ideología exclusiva, compartida solo por partisanos Nacionalistas. Esa era una postura que Albizu Campos había adoptado desde que ascendió a la Presidencia de la organización en mayo de 1930, como se deduce de una Carta a José Lameiro de julio de aquel año. La imagen del Albizu Campos como un anticomunista y la de su partido como uno semifascista, está completa.

Sus reservas con el Partido Socialista son comprensibles: aquel era un partido anexionista que se asoció al Partido Republicano Puro para fines electorales desde 1924 culminando en la Coalición Puertorriqueña de 1936. Del mismo modo, la Federación Libre de Trabajadores estaba afiliada a la American Federation of Labor desde 1901, se oponía a la lucha de clases y a las huelgas, y favorecía la negociación colectiva en nombre de los trabajadores. Pero el Partido Comunista Puertorriqueño defendía la independencia y la política de autodeterminación en boga y los Frentes Populares de la Internacional Comunista. El catolicismo y el trotkysmo, el aprismo y el trujillismo de los nacionalistas, fortalecía el argumento de Toro Nazario.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

octubre 12, 2009

Proyecto de Independencia de Vito Marcantonio en 1943

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor
  • En el año 1943, el Presidente de Estados Unidos Franklyn. D. Roosevelt ordenó la creación de una Comisión Presidencial con el fin de que la misma le asesorara respecto al problema de Puerto Rico. El hecho de que había elecciones en 1944, parece haber sido crucial en la decisión. La Comisión Presidencial estaría compuesta por 4 estadounidenses y 4 puertorriqueños. A pesar de que la misma debía ser representativa de todos los grupos de opinión del país, en su constitución se excluyó a varios sectores que no parecían tener relevancia entonces en la opinión de las autoridades de Estados Unidos. El hecho de que se dejara fuera al representante del Partido Socialista, Bolívar Pagán, y al representante de la facción del Partido Unión Republicana Progresista, Miguel A. García Méndez, confirma la debilidad del anexionismo y del proyecto de la estadidad en aquel entonces.

    En febrero de aquel año se creó en Puerto Rico mediante una Resolución Concurrente, la denominada Delegación Permanente de la Asamblea Legislativa para discutir el asunto del  estatus. La cuestión estatutaria ocupaba, otra vez, la discusión pública en ambas partes. En aquel año se presentaron cuatro proyectos de estatus que, en gran medida, conformaron parte de la base jurídica de que luego fue el Estado Libre Asociado de 1952. El Proyecto Miguel Guerra Mondragón proponía la reorganización de Puerto Rico en un Estado Libre Asociado; el Proyecto Teodoro Moscoso, la fundación de un Estado Libre; y el Proyecto Myllard Tydings, una República.

    El lenguaje de Guerra Mondragón sugiere la idea de lo que hoy se denomina República Asociada o Libre Asociación pero sobre el modelo autonomistadel viejo Proyecto Phillip Campbell de 1922. El lenguaje de Moscoso reformulaba la idea del Estado Federal con privilegios dentro de la unión, sin denominarlo de ese modo. Y el Tydings recuerda la Independencia con Protectorado formulada a principio de siglo 20 por José de Diego. Los debates dejaron claro hasta dónde estaba dispuesto a llegar el Congreso de Estados Unidos a la hora de conceder mayor soberanía a su colonia en el Caribe.

    vito_marcantonioVito Marcantonio y la independencia

    Uno de los planteamientos más radicales de aquel momento fue el Proyecto de Independencia formulado por el Senador por el Estado de Nueva York Vito Marcantonio. Marcantonio, de origen ítalo-americano, era un antiguo colaborador de los independentistas puertorriqueños en 1937 otro documento con el mismo fin. Su fórmula era similar a lo que se denominó la Independencia en pelo que en 1912 propuso el abogado Rosendo Matienzo Cintrón como respuesta a la moderación política de De Diego y el unionismo puertorriqueño.

    La meta de Marcantonio era crear la República de Puerto Rico. El proyecto establecía que Estados Unidos le había dado poca importancia al asunto y que, en efecto, autodeterminación e independencia eran sinónimas. Esta era una manera de indicar que una tercera vía o la estadidad, no eran opciones aceptables jurídicamente para el país. Con el fin de ganar apoyo en el Continente, afirmaba que la República debía desarrollar “buenas relaciones de vecino” con Estados Unidos en el futuro. Las ideas de Roosevelt marcaban el concepto. Se trataba de un parentesco que no se podía evadir. Cuarenta y cinco años dominio americano y dos guerras mundiales, no podían borrarse de golpe y porrazo mediante un decreto de independencia.

    Marcantonio aceptaba el argumento jurídico del Partido Nacionalista y Pedro Albizu Campos, en el sentido de que Puerto Rico era una nación que en 1897 había adquirido soberanía a través de la Carta Autonómica. La identificación de aquella autonomía con la soberanía, si bien resulta difícil de aceptar hoy, era un argumento común del independentismo en la época. De ello se derivaba que la ocupación militar de 1898 y el traspaso de 1899 mediante el Tratado de París, habían sido actos ilegales que violaron la libre determinación e independencia de los puertorriqueños.

    El otro planteamiento de Marcantonio era que Estados Unidos no había cumplido con la Carta de Atlántico en cuanto a Puerto Rico. Con un lenguaje que recuerda las interpretaciones de José Martí, Ramón E. Betances, De Diego y Albizu Campos, Marcantonio insistía en que el caso de Puerto Rico era crucial para las buenas relaciones de los americanos con Latinoamérica y para garantizar el futuro de las mismas.

    En el aspecto político el proyecto establecía el retiro de Estados Unidos 90 días después de la aprobación del mismo. Aquella nación conservaría sus derechos sobre sus reservaciones militares y navales en el territorio por un periodo no mayor de 6 meses tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Marcantonio dejaba abierta las puertas para una negociación entre iguales en ese renglón, después de la paz.

    En el aspecto económico el proyecto forzaba a Estados Unidos a reconocer su responsabilidad en “el estado desastroso de la economía de Puerto Rico y por la pobreza de su gente”. Una vez reconocido ese principio, se reclamaba la disposición de aquel país a pagar una indemnización a su excolonia, a autorizar el comercio libre entre ambos y a mantener sus fronteras migratorias abiertas a los puertorriqueños. Era evidente que el independentismo tampoco quería perder ciertos aspectos “ventajosos” de la relación colonial con Estados Unidos. Esa tendencia se ha confirmado a lo largo de todo el siglo 20 y principios del 21. Mediante un curioso juego un tanto demagógico, las “concesiones” reclamadas como necesarias, fueron resemantizadas hasta transformarlas en un “deber” de los americanos o en un “reconocimiento de culpa”.

    El proyecto no decía nada sobre el gobierno de la futura República, su constitución o el destino de la ciudadanía americana mediatizada que poseían los puertorriqueños desde 1917. En general, se trataba de un proyecto simple y poco detallado muy debatible, cuya preocupación central era llamar la atención sobre el estatus. A pesar de ello fue considerado el más radical y no fue tomado en cuenta.

    Conclusiones parciales

    Cuando se comparan las cuatro propuestas la situación se aclara. Los proyectos de Miguel Guerra Mondragón y Teodoro Moscoso, representaban los intereses contradictorios del Partido Popular Democrático, organización en la cual convergían en 1943 –como en el presente-  fuerzas autonomistas y anexionistas. Ello explica que los reclamos  políticos soberanistas fuesen tan moderados en ambos. Las dos fórmulas debieron resultar extrañas para el Congreso y el Presidente, quienes comprendían mejor el lenguaje clásico de Estado Federal y la Independencia.

    Los autores esperaban de Estados Unidos tres cosas:

    1. Que aceptaría su responsabilidad en la pobreza de Puerto Rico
    2. Que aceptaría una relación económica ventajosa para Puerto Rico
    3. Que se haría responsable del desarrollo y la industrialización de Puerto Rico

    No era seguro que fuese así porque el americano medio y sus esferas de poder, pensaban que Puerto Rico había crecido económicamente bajo su dominio. Incluso pensaban que las quejas locales respecto a su situación material eran excesivas o exageradas. Curiosamente, Ni el Guerra Mondragón, ni el Moscoso exigían una Constitución para Puerto Rico tras el cambio. El Tydings se había convertido en el proyecto del Congreso Pro-Independencia y los populares independentistas. De hecho, era el único que reclamaba una Constitución para el país, aunque autorizaba su revisión por el Congreso y el Presidente. También esperaba que la República reconociese el derecho de intervención a los americanos sin consultar al gobierno puertorriqueño.

    septiembre 20, 2009

    Puerto Rico, el populismo y la guerra (1940-1943)

    • Mario R. Cancel
    • Historiador y escritor

    U-boatsLa Segunda Guerra Mundial tuvo también un escenario caribeño que ocasionalmente pasa inadvertido. El carácter mundial de la beligerancia fue un hecho concreto que no debe olvidarse. La guerra tocó muy de cerca de la población puertorriqueña en aquella época de cambio e inseguridad. Los efectos que ello tuvo en el afianzamiento de la dependencia entre Puerto Rico y Estados Unidos y en la disolución del radicalismo del Partido Popular Democrático, son asuntos que se han debatido con amplitud durante los últimos 20 años.

    Lo que se ha denominado la “Batalla del Caribe”, tuvo su mejor momento entre los años  1942 y 1943. Se trata de la conocida “Operación Golpe de Tambor”, un frente de  guerra submarina articulado mediante los U-Boats alemanes e italianos en El Caribe con el propósito de inestabilizar e incomunicar a los aliados europeos de sus suplidores de materias primas, alimentos y combustibles. La meta concreta de los alemanes era echar a pique el mayor número de barcos angloamericanos en el menor tiempo posible: una verdadera carrera por la destrucción.  El estratega alemán que formalizó la campaña, el Almirante Karl Doenitz, combinó una flota de torpederos bien artillados, con un conjunto de naves cisterna, conocidas como las  vacas lecheras, que suplirían combustible a los torpederos en el mismo campo de acción.

    La operación fue exitosa. Solo en 1941, los alemanes hundieron 116,000 toneladas de carga. Entre los meses de enero y  febrero de 1942, echaron a pique otras 798,000 toneladas. Y en el periodo que va desde enero a agosto de 1942,  destruyeron 59 barcos en el Golfo de México, y otros 220 en la zona del El Caribe. Los objetivos preferidos por los U-Boats eran, en lo fundamental,  cargas estratégicas tales como petróleo y bauxita, fundamentales ambas lo mismo en la vida civil que en la militar de las economías de los países en conflicto. Pero a la larga, la campaña no discriminó con las llamadas cargas no estratégicas. De este modo, los barcos cargados de alimentos y consumos también se convirtieron en un objetivo nazi.

    Doenitz_HitlerLa agresividad alemana justificó la necesidad de aumentar  la presencia y el poder de la US Marine en El Caribe y, por lo tanto en Puerto Rico. El papel de Estados Unidos en el conflicto comenzó a cambiar en la medida en que el país se sentía más amenzado por el nazismo. En ese sentido, la decisión de militarizar la colonia tomada durante las administraciones de los gobernadores el Almirante William Leahy y los primeros años del Dr. Rexford Guy Tugwell, resultaban difíciles de cuestionar. La colaboración del Partido Popular Democrático y su liderato legislativos del 1940, encabezado por Luis Muñoz Marín y Samuel R. Quiñones, fue decisivo en la afirmación de la confianza entre las masas populares del país y las autoridades estadounidenses.

    El efecto de la “Operación Golpe de Tambor” fue devastador. En términos generales, paralizó comercio caribeño produciendo una inusual escasez de combustible que frenó en comercio local y que desembocó en una notable escasez de alimentos y consumos. El fantasma del hambre hizo acto de presencia otra vez. La situación encareció los bienes de primera necesidad como el arroz y el bacalao y condujo a un proceso inflacionario muy acusado que afectó especialmente a los desposeídos.

    Durante aquel periodo, el desempleo se cuadruplicó y las huelgas y la violencia sindical se dispararon a unos niveles comparables a los primeros años de la Gran Depresión. El crecimiento económico se frenó.  Los primeros dos años en el poder del dueto Tugwell-Muñoz Marín fueron críticos. La promesa de progreso del discurso populista durante la campaña de 1940 parecía convertirse en sal y agua.

    El freno del crecimiento económico y el compromiso de los Estados Unidos con la causa de la guerra, combinados con el reconocimiento del valor geoestratégico de Puerto Rico en el contexto caribeño, justificaron un aumento en las transferencias federales al país para fines militares y civiles. El “novotratismo” tenía frente a sí un buen laboratorio para demostrar sus virtudes como un tipo de “contrato social alterno”. Pero el “novotratismo” y su lenguaje democrático tuvieron que ser acompañados, otra vez, con una política de “mano dura” similar a la de los primeros años de la década de 1930.

    En ciertos momentos se llegó a considerar la posibilidad de recomendar la  implantación de  la Ley Marcial en el país y que se dejara en manos del ejército el proceso de distribución de bienes y consumos como ya se había hecho al momento de la invasión de 1898. La idea típica de tiempos de guerra de que algunas libertades debían ser sacrificadas por el bien mayor de la paz, se hizo patente en el discurso populista. La democracia y el autoritarismo convivieron en aquel momento de una manera palmaria. La situación de la guerra demostró la vulnerabilidad de la región caribeña y estimuló la supervaloración del americano entre la gente común que vio en aquel poder un potencial  y confiable protector de la seguridad local. También ratificó la desconfianza de las autoridades de Estados Unidos en los sectores anexionistas republicanos y distanció la posibilidad de la estadidad para Puerto Rico por mucho tiempo.

    La solución a la crisis vino, sin embargo, de diversas fuentes. En 1943, la “Operación Ultra” de los británicos, un proyecto de análisis criptográfico, quebró la secretividad de los códigos alemanes y pudo predecir buena parte de los movimientos de la flota de U-Boats alemanes en la región. Por otro lado, una serie de mejoras en las técnicas de sonar y ultrasonido desarrollados en laboratorios militares americanos, facilitaron la detección del enemigo en las aguas caribeñas. De ese modo, el  hundimiento de torpederos y cisternas se generalizó, los alemanes se alejaron de El Caribe y los Aliados ganaron la Guerra en el Caribe. De inmediato, la situación económica comenzó a normalizarse desde 1943.

    El resultado neto para Puerto Rico fue que la crisis económica, el peligro alemán y la ayuda de Estados Unidos,  moderaron la política local. La US Marine y la US Army afianzaron su papel en el país y El Caribe. El clásico mito de “te coge el holandés” se reinventó en el mito de “te coge el alemán”. Pero aquellas corporaciones militares, se opusieron consistentemente a cualquier reforma política que pudiera pacerles radical lo mismo en la dirección d ela estadidad que de la independencia.

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