Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

agosto 9, 2010

El Partido Nacionalista, los obreros y Mayagüez (1934)

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

La Gran Depresión y la inclusión de Puerto rico en los programas de transferencias federales alteraron el panorama político local. La crisis económica fue un espacio que favoreció la inserción del Partido Nacionalista y de la carismática figura de Pedro Albizu Campos en las luchas obreras.

La tesis dominante entre los investigadores de izquierda y la tradición de la Nueva Historia Social y Económica, ha sido que el Partido Nacionalismo fue incapaz de aprovechar la oportunidad que tuvo para vincular a la clase trabajadora con las luchas nacionales. En cierto modo, lo que sugieren es que esa situación garantizó el fracaso del Proyecto Nacionalista, y allanó el camino al Proyecto Populista.

Huelga de estibadores en Ponce (1938)

La interpretación aludida se consideró legítima en una época en que la confianza en una concepción progresista de la historia  dominaba el panorama interpretativo. La situación condujo a que se generalizara la evaluación del Nacionalismo como una ideología anquilosada, actitud que se volvió más radical en el marco del la interpretación Postmoderna y el Giro Lingüístico. La fragilidad de la concepción radica en que nada garantiza que, si el Partico Nacionalista hubiese aprovechado la coyuntura del 1934, la situación del país hubiese sido otra. Tampoco evalúa con propiedad la debilidad ideológica y material de las izquierdas en aquel momento crucial de la historia puertorriqueña.

Contextos de una relación

La relación de las clases trabajadoras con sus representantes, con el Capital y el Estado presentaban entonces una situación única. Primero, la desconfianza de los sectores en sus representantes políticos había decaído. El Partido Nacionalista, como se sabe, había insistido mucho en cuestionar la sinceridad tanto del Partido Socialista, como de la Federación Libre de Trabajadores con argumentos culturales y jurídicos. Pero a muchos trabajadores lo que más les molestaba era la trabazón de aquellas organizaciones con el partido homónimo de Estados Unidos y con la  American Federation of Labor. A ello se unía el compromiso abierto del liderato socialista y federacionista con los grandes intereses azucareros y tabacaleros, y la condición del Partido Socialista como  “partido de gobierno” y su alianza con el Partido Unión Republicana en la Coalición Puertorriqueña.

Segundo, y no menos importante, muchos socialistas críticos reconocían la notable incapacidad de liderato obrero tradicional para enfrentar la crisis económica y resentían la renuencia de la Coalición a apoyar los proyectos de reconstrucción económico-social promovidos por la administración de Franklyn D. Roosevelt. En ese renglón, sin embargo, Nacionalistas y Coalicionistas coincidían aunque sobre la base de argumentos diferentes. En esa situación, tanto el Partido Socialista como la Federación Libre de Trabajadores, entraron en un proceso de fragmentación y reorganización ampliamente investigado por la historia social y económica y la historiografía del Populismo.

Las fisuras del socialismo y el sindicalismo

En 1934 tres líderes socialistas, Tadeo Rodríguez, Florencio Cabello y Luis Pino, organizaron Afirmación Socialista. Se trató del primer reto al liderato de la organización con un discurso que sugería la necesidad de recuperar una tradición de militancia que se había dejado atrás. Paralelamente, el Dr. Eugenio Vera, líder nacionalista asociado a Albizu Campos, impulsaba desde Guayama proponía la creación de una Asociación de Trabajadores que retara al liderato de la Federación Libre de Trabajadores.

Por otro lado, en septiembre de 1934 se fundó el Partido Comunista Puertorriqueño en Ponce, bajo la dirección de Alberto Sánchez, Secretario General. El partido tuvo entre sus fundadores a los señores Juan Sáez Corrales, Juan Santos Rivera, y los ex nacionalistas Luis Vergne y Eugenio Font Suárez. Se trataba de una organización pro-soviética de férrea postura estalinista que aspiraba crear la República Soviética de Puerto Rico. En 1935, como era de esperarse, se afilió a la III Internacional Comunista y articuló en la colonia la conocida política de Frentes Populares. Un segmento del Partido Nacionalista siempre miró con reserva aquel proyecto político y llegaron a considerar una propuesta amenazante para la personalidad puertorriqueña, como se podrá deducir de una lectura cuidadosa de la Carta a Irma de 1939. Aquellas fisuras iniciaron una era nueva en la historia social y política de Puerto Rico que todavía debe investigarse con cuidado.

Las respuestas del Estado

La respuesta del estado como se sabe, fue en dos direcciones: transferencias federales para paliar la crisis; y mano dura para reprimir la oposición radical. Por eso, entre los años 1933 y 1934,  bajo las gobernaciones sucesivas de Robert H. Gore y Blanton Winship, la Policía Insular aumentó sus efectivos y fue reentrenada. Parte de la reforma consistió en rearmar la fuerza con tercerolas, subametralladoras Thompson conocidas como las tommyboy. Aquella AK-47 de la década del 1930 era la favorita de los gansters y arma básica del British Army. Además de eso, se creó una Fuerza Antimotines con 150 agentes especiales, tarea que se inició desde diciembre de 1933.

Pedro Albizu campos (1934)

La otra novedad fue que se refinaron los protocolos de cooperación entre la Policía Insular, la Guardia Nacional y el Regimiento 65 de Infantería. Todo parece indicar que el temor a la violencia social y/o política era enorme en aquel entonces. En la práctica se equiparaba la violencia civil de los consumidores, desempleados y obreros con la violencia política de los Cadetes Nacionalistas. Hacia el 1935, en efecto, había 9,474 obreros en huelga. La apelación al sabotaje de los obreros y al macaneo policiaco era común. El Estado favoreció el uso de rompehuelgas protegidos por la Policía Insular y la alianza del Capital, el Estado y las fuerzas del orden público nunca fue más evidente.

En ese momento tan grave, Albizu Campos y el Partido Nacionalista entraron en las luchas obreras en un momento difícil no solo por la actitud de potencialmente agresiva de las fuerzas del orden, sino por la organización atravesaba por una crisis que tenía sus raíces en la derrota electoral de 1932. Los viejos dilemas aparentemente vencidos en la Asamblea de mayo de 1930 habían retornado. Volvía a cuestionarse el lenguaje agresivo y la apelación a la “Acción Inmediata” que Albizu Campos había impuesto.

La fisuras políticas: la división de Mayagüez

El foco de la crítica y de la crisis fue la Junta Municipal de Mayagüez, por cierto, una de las más grandes e influyentes. Y la piedra de toque fue la visita del presidente Roosevelt a la isla en el contexto concreto del Nuevo Trato. Roosevelt atracaría en el puerto de Mayagüez en agosto de 1934 para una visita a la región oeste. La Junta Nacional del partido, órgano supremo del mismo, lo proclamó persona non grata para la Nación puertorriqueña. Lo que nadie esperaba era que la Junta Municipal de Mayagüez se resistiera a la decisión y se opusiera a distribuir una propaganda que consideraban insultante y ofensiva para el presidente. El alegato de los mayagüezanos fue que se trataba de una imposición: la Junta Municipal no había sido consultada democráticamente respecto al asunto y devolvieron al mensajero, Juan A. Corretjer Montes, con las hojas para San Juan. Se trataba de un acto de indisciplina y rebelión que un carácter como el de Corretjer, a quien conocí en la ancianidad, no podía tolerar. Lo que aquella situación demostraba era que el liderato de Albizu Campos no era tan monolítico: la junta de Mayagüez había puesto en entredicho el mismo, acusándolo de falta de democracia y autoritarismo.

Los cabecillas de aquella revuelta fueron los historiadores y juristas Juan A. y Salvador Perea, el mulato y luego coleccionista Regino Cabassa, y Emilio Soler López descendiente de cafetaleros catalanes, encabezaron la resistencia y fundaron una Junta Independiente en la ciudad. Cabassa recibió la visita de Roosevelt con una bandera de estados Unidos en su casa. La amenaza de que los desobedientes serían “castigados físicamente” no se hizo esperar. La actitud de la Junta de Mayagüez tenía que ver con que no todos los Nacionalistas rechazaban el Nuevo Trato como un acto de limosna, tal y como sugería la política oficial del partido.

El Partido Nacionalista y su Junta Nacional, enviaron otra vez a Corretjer y Ulises Pabón a Mayagüez y crearon una Junta Provisional que el propio Albizu Campos inauguró con un discurso el 19 de agosto de 1934. La Junta Nacional favoreció que se eligiera a Juan Gallardo Santiago alias  El Indio y natural de Hormigueros, como Presidente. Gallardo Santiago fue luego reclutador del Ejército de Liberación o los Cadetes de la República con oficina en la calle San Vicente y acompañó a la prisión de Atlanta, Georgia a Albizu Campos y Corretjer, entre otros, tras los procesos de 1936. Los disidentes fundaron la Junta de Mayagüez Pro Independencia de Puerto Rico, luego  Partido Independentista Puertorriqueño.

Esta debilidad organizativa del Partido Nacionalista me parece crucial en su incapacidad de enfrentar el problema obrero de un modo más inteligente y eficaz. En todo caso, la prioridad del Nacionalismo no es el conflicto entre las clases sino el conflicto que atañe a la Nación como un todo imaginario.

junio 17, 2010

“Carta a Irma” (1938): Anticomunismo y Nuevo Trato

Partido Nacionalista de Puerto Rico. Documentos. Carta de José Monserrate Toro Nazario a Irma Solá, 31 de mayo de 1939. Epigrafía, transcripción y edición del Dr. Rafael Andrés Escribano. CPR 324.27295 T686c. Colección Puertorriqueña. Universidad de Puerto Rico: pág. 35-38

Fragmento 6:  Fanatismo anticomunista

Después de todo, creo que ha sido providencial que nos reuniéramos en el patio que comparte el doctor Lanauze con Pepín Castro.

La carta de Cuba apela al testimonio privado de Earl Browder, presidente (sic) del Partido comunista de Estados Unidos.

Por lo que puede hacer al caso, la posición de Browder es la siguiente:

(1) Está abiertamente por la completa independencia de Puerto Rico.

(2) Tiene, como finalidad, una reorganización genuinamente socialista de la sociedad, como la más elevada forma de la democracia.

(3) Cree que la mayoría del pueblo portorriqueño todavía no se ha puesto de acuerdo respecto del camino hacia la consecución de esto fines.

(4) A pesar de estas diferencias, Browder está dispuesto, mientras tanto, a secundar una acción de mejoramiento y la gestión de mayores derechos democráticos.

Esta es, en síntesis, la posición del Partido comunista de Estados Unidos. Esta, es, en síntesis, la posición del Partido comunista de Puerto Rico. Esta es, en síntesis, la posición de la Tercera Internacional.

Earl Browder (PC de EU)

A pesar del anticomunismo nacionalista, el Partido comunista de Estados Unidos es el único que en ese país tiene la independencia de Puerto Rico en su

programa. El Partido socialista de Estados Unidos la tuvo hasta hace poco. Víctima del trotskismo, la ha dejado en suspenso: la ha abolido. Norman Thomas, el exministro protestante que preside el Partido socialista de Estados Unidos, ha hecho declaraciones recientemente, las cuales virtualmente favorecen la perpetuación de la colonia. En la tierra cumbre del eufemismo, Thomas se ha manifestado a favor de una autonomía que no corresponde al concepto clásico del vocablo, sino a la acepción yanqui del mismo.

Por lo que pueda hacer al caso, el programa del Partido comunista de Puerto Rico dice específicamente:

“8. f. –Seguir conjuntamente la lucha por absolutas libertades civiles; por la libertad de todos los presos políticos; por el derecho de organización, huelga y libertad de palabra en todos los sitios de la isla, incluyendo las colonias azucareras.”

No olvide, Irma, que me refiero a un programa aprobado varios años después del celebérrimo tratado de Rusia.

Más adelante:

Pasquín del PC de EU (1940)

“11… la acción unida en la campaña por la liberación de los presos políticos…”

El artículo 8 del referido programa constituye un llamamiento al Partido nacionalista, entre otros, para la constitución de un Frente democrático.

Otra parte dice:

“8.h… porque se use nuestro idioma vernáculo como vehículo de enseñanza.”

El artículo 13 dice en parte:

“La sección reaccionaria del gobierno de Winship, en abierta violación de la política de buen vecino,  no lleva a cabo el programa progresista de Roosevelt. En vez de eso, este gobernante reaccionario militariza la policía, ataca al pueblo usando la fuerza y la violencia, permite la organización en territorio portorriqueño de agrupaciones fascistas extranjeras, como la Falange española, y de hecho reconoce el agente de Franco en lugar del representante legítimo del Gobierno republicano español. La reacción en Puerto Rico, así como en Estados Unidos, respalda y se alía al fascismo alemán, italiano y español.”

El fanatismo anticomunista de la esposa de Albizu Campos llega al extremo de describir al Partido comunista como una unidad, “con asiento en Rusia.”

Monseñor Sheen, autoridad anticomunista, tiene que confesar que son de Browder las palabras siguientes: “El Partido comunista /de Estados Unidos/ no recibe órdenes de Moscú.”

Norman Thomas (PS de EU)

Tengo a la vista un informe confidencial del Partido comunista de Harlem, informe al cual tendré ocasión de referirme más adelante. Por ahora entresaco lo siguiente:

“¿Es la independencia una controversia inmediata para Puerto Rico? Esto será resuelto por nuestro partido fraternal en Puerto Rico, sobre la base de las condiciones en la isla. Nosotros /los comunistas de Estados Unidos/ no estamos aquí /en Estados Unidos/ para decidir por ellos /los comunistas de Puerto Rico/. Todo lo que podemos decir es que como comunistas estamos por la liberación de todos los oprimidos. Si estuviéramos en el poder en Estados Unidos, Puerto Rico sería libertado inmediatamente, pero mientras esté en el poder en este país /Estados Unidos/ un gobierno burgués, respaldaremos las aspiraciones democráticas y los deseos del pueblo de Puerto Rico.

“Nosotros los comunistas estamos por la autodeterminación de todos los países oprimidos. Estamos por la completa y absoluta independencia de Puerto Rico, pero al levantar una controversia semejante, queremos aclarar que también estamos interesados en el bienestar económico y social de los portorriqueños. También nos preocupan otros que son partidarios de la opresión nacional, que día tras día, en ese país /Puerto Rico/ levantan el problema de la autodeterminación, no porque les importe un comino el pueblo de Puerto Rico, sino porque su único interés es entorpecer la administración del Nuevo Trato, atacando la política del Buen Vecino, para crear la confusión, la desconfianza y la desunión, en beneficio de los belicosos fascistas.

“Cuando se examina la situación internacional, se descubre que el peligro contemporáneo es el fascismo. Porque estamos por la verdadera y absoluta liberación de todas las naciones oprimidas, queremos acabar con el fascismo. El pueblo de Puerto Rico también está preocupado con el peligro del fascismo. Cómo pelear contra el fascismo y cuánto puede contribuir el país /Puerto Rico/ en la lucha, sin abandonar la lucha por la emancipación nacional, o más bien como parte de esta lucha –ese es el problema de Puerto Rico.

“Levantar a estas alturas el lema de que un Puerto Rico libre podría ser invadido por Hitler o Mussolini, es no ser realista.

“No es imposible que Puerto Rico, como cualquier otro país del continente, no pueda ser agarrado por una potencia, pero la realidad demuestra que no podría ocurrir ahora, cuando casi todo el nuevo mundo respalda la firme actitud asumida por Roosevelt. Levantar semejante cuestión ahora es detener la organización y el progreso de las fuerzas de la liberación nacional de la isla.

“El verdadero peligro del fascismo en Puerto Rico es interior –es el gobernador Winship, a menos que Winship y toda su administración no sea borrada del mapa insular. Las sesenta familias del capitalismo financiero de Wall Street, están representadas en Puerto Rico por los latifundios azucareros, por el gobernador Winship, ahijado de Tydings, y sus satélites.

En la lucha contra el fascismo, ¿dónde encontramos a Winship? Al lado de Wall Street, de Hoover, de Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini –contra el Nuevo Trato de Roosevelt. Para luchar contra el fascismo en Puerto Rico, tenemos que luchar por la destitución del reaccionario gobernador de la isla.”  Executive Report of the Assembly Council, 30 de abril de 1939.

¿Es ése un partido con asiendo en Moscú?

Comentario:

Para demostrar lo inapropiado de una política anticocomunista en el Partido Nacionalista de Puerto Rico, Toro Nazario resume las posturas públicas de Earl Browder (1891-1973), Secretario General del Partido Comunista de Estados Unidos entre 1934 y 1945 en cuatro punto. Anota también  sus convergencias con el Partido Comunista de Puerto Rico.

De inmediato, contrasta las mismas con las adoptadas por el Partido Socialista de Estados Unidos entonces bajo la dirección de Norman G. Thomas (1884-1968), candidato presidencial en los comicios de 1928, 1932  y 1936, y favorecedor de  “la perpetuación de la colonia” en el país. Comunistas y socialistas continentales diferían nos solo respecto a la política con la colonia. Tampoco estaban de acuerdo en cuanto a su juicio sobre la Unión Soviética y el régimen de Josip Stalin (1871-1953). El carácter pro-moscovita del PC de EU parece haber sido clave en el rechazo al Comunismo en el seno del Nacionalismo

Una vez establecida esa pauta el autor, sin ser comunista, llama la atención sobre la disposición del Partido Comunista de Puerto Rico a colaborar con la causa del Nacionalismo en áreas sensitivas como la lucha por la democracia, la defensa de los presos políticos, la defensa de la lengua y la resistencia a la dictadura fascista del Gen. Blanton Winship.

El área en que no convergía era en el juicio en cuanto al Nuevo Trato.  Las críticas de los Comunistas al incumplimiento de la aplicación de las políticas de sus programas en la isla, si bien eran compartidas por un segmento de obreros radicales que militaban en el Partido Socialista local y el la Federación Libre de Trabajadores desde antes de 1938, no convencían a los Nacionalistas quienes en numerosas ocasiones tildaron al Novotratismo de ser una limosna infamante. Por ello, a pesar de los numerosos puntos en común, las posibilidades de fundar un “Frente democrático”  que incluyera a Comunistas y Nacionalistas, fueron pocas.

El extracto del “informe confidencial del Partido comunista de Harlem” del 30 de abril de 1939, detalla las posturas de los Comunistas continentales respecto a Puerto Rico.  Primero, la lucha por la autodeterminación no debía ser impedimento para que se acepten los beneficios del Nuevo Trato; segundo, el enemigo de aquel momento era el fascismo;  y tercero, el fascismo en Puerto Rico estaba representado por el Gobernador Winship y una elite capitalista. La defensa del Comunismo y el apoyo al Nuevo Trato, no debían ser consideradas posturas contradictorias. Me parece que el rechazo al Nuevo Trato por parte de los Nacionalista tiene en comprenderse en el contexto de una situación local; un segmento del independentismo liberal y moderado se estaba aprovechando del reparto de ayudas  para hacer capital político. Luis Muñoz Marín (1898-1980) y su gente, estaba siendo percibido ya como un adversario más que como un aliado político.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

marzo 31, 2010

La invasión de la American Federation of Labor

  • Pedro Albizu Campos (1926)

¿Quién es Santiago Iglesias Pantín?

Con las tropas invasoras norteamericanas en el 98, llegaron organizadores de la American Federation of Labor, con el mismo propósito del General Miles de ayudarnos a adquirir “libertades” yankis. Se establecieron gremios de oficios y pronto empezaron a surgir huelgas a granel. El obrero nuestro aprendió la lección de odiar al patrono, y éste a desconfiar de aquél. Surgió el primer cisma social que se conoce en la historia de Puerto Rico y que dio al traste con la organización económica que existía en tiempo de España y bajo cuya égida la población puertorriqueña era feliz, y nunca supo lo que era el azote del hambre y de la miseria que ahora impera.

Santiago Iglesias Pantín se dirige al pueblo trabajador

Más tarde se destruyeron las uniones de oficios y se levantó un partido político en su lugar que ha llevado el nombre de Socialista, pero que es todo menos socialista. Han sostenido sin embargo en pie el esqueleto de la American Federation of Labor de Puerto Rico, creada a raíz de la invasión. A pesar de la enemistad profunda que siente el gobierno imperial norteamericano hacia todo lo que lleve el nombre de socialista, en Washington se ha visto con buenos ojos la creación de un partido con ese nombre en Puerto Rico, ya que por ese medio se crea una división más entre nosotros. Aunque se ha simulado cierta oposición a su crecimiento, lo cierto es que Washington ve con beneplácito su incondicionalismo nunca desmentido.

El organizador de la American Federation of Labor en Puerto Rico, ha sido Santiago Iglesias Pantín, de origen español, que vino a Puerto Rico pocos años después de la invasión norteamericana, y ostentando con gran orgullo la ciudadanía adquirida por naturalización en Norte América, y convertido en apóstol de todo lo yanki. Queremos decir bien claro que Santiago Iglesias no es puertorriqueño y que al pueblo de Puerto Rico no se le debe acusar por los actos que actualmente está realizando este hombre en Ibero América en su carácter de Secretario General Español de la American Federation of Labor. Con la bandera americana en la mano y apoyado con el dinero de la American Federation of Labor, y señalando males económicos creados por las corporaciones norteamericanas en Puerto Rico, consiguió levantar este partido pseudo socialista, a base de odio del puertorriqueño, contra el puertorriqueño y haciendo creer a las multitudes incautas que la bandera yanki es símbolo de redención para nuestro pueblo.

Ha contribuido eficazmente a la obra de desorientación colectiva necesaria a la demolición de nuestra personalidad para facilitar el establecimiento aquí de los intereses económicos, culturales y políticos de Estados Unidos.

Sobre Puerto Rico pesa una carga enorme: la ciudadanía yanqui impuesta a este pueblo en el 1917 con el propósito de movilizarnos para defender en los campos de Francia los intereses de Norte América. La alternativa que se le ofreció dentro de la ley que imponía esa ciudadanía a este país, era perder todos los derechos políticos en su propia patria y por tanto, no hubiera sido posible ninguna lucha para la reivindicación de nuestros derechos a menos que no hubiera sido por medio de la revolución armada. El apóstol De Diego así lo indicó en memorable discurso pronunciado en el 1917 en la legislatura colonial, y su consejo fue que siguiésemos luchando bajo la nueva imposición. Disentimos de aquel consejo del prócer porque era preferible cualquiera alternativa a tener que pasar por la condición dolorosa de aparecer como renegados de nuestra propia personalidad y confundibles con aquellos hombres oriundos de nuestra raza que voluntariamente han aceptado la ciudadanía norteamericana y se han convertido en renegados que sirven actualmente de puente a la penetración política y económica de Estados Unidos en Hispano América.

Santiago Iglesias es uno de estos renegados.

Su contribución al desbarajuste y desorganización de nuestra patria le ha servido de credencial para ser nombrado secretario general de la American Federation of Labor, para llevar a cabo en Ibero América la misma obra que ha realizado en Puerto Rico. En Méjico se presenta como socialista. Con esa misma representación se hace simpático a los grandes movimientos reivindicatorios populares de la actualidad, pero en Estados Unidos ni siquiera traduce la palabra socialista por el término correspondiente inglés “socialist”, sino que traduce el nombre de partido Socialista de Puerto Rico en Estados Unidos por el término norteamericano “Labor Party”, que quiere decir, partido del trabajo. Aquí es radical, en Estados Unidos, conservador, en ambas partes más norteamericano que Jorge Washington. Preguntado ante el Congreso de Estados Unidos por el nombre de su partido en Puerto Rico ha dicho que se trata solamente de una organización obrera dentro de la American Federation of Labor. Eso ha sido sancionado en Washington.

Este hombre está realizando una obra de duplicidad que debe ser desenmascarada a tiempo. En Puerto Rico donde existe el verdadero campo para manifestarse los hombres que aspiran a un régimen de libertad y justicia, este hombre que pretende ir a redimir a las clases obreras de Hispano-América, ha sido el porta-estandarte más conspicuo de la bandera norteamericana, a cuya sombra se extingue de miseria y de enfermedad un pueblo civilizado como Puerto Rico, ya que aquí es símbolo de la explotación más vergonzosa de la historia.

Protesta (1900)

Dentro de la American Federation of Labor ha gozado siempre de una posición privilegiada. Todos los observadores de la vida política norteamericana saben que esta institución es sumamente conservadora y afiliada a los grandes intereses corporativos de aquella nación. El trabajador norteamericano rechaza sus pretensiones para redimirlo. Y esa es la institución capitaneada por Santiago Iglesias que pretende redimir a los obreros de Ibero América.

Sea cual fuere la condición en que se hallaren las masas obreras de la América Ibérica, su redención no ha de venir de una institución imperialista como es la American Federation of Labor. A todas las naciones de la raza irán sus organizaciones a desorganizar a esos países como han hecho con Puerto Rico, sembrando en ellos un cisma social con el objeto de hacerlos presa fácil del imperialismo norteamericano.

La American Federation of Labor tiene en los labios el vocabulario meloso del imperialismo washingtoniano: “Tenemos que intervenir en Sud-América por razones de humanidad, en interés de la democracia, de la justicia y del derecho, etc.”.

Escritores como Fabra Rivas, creen en la buena fe de Santiago Iglesias. A los hombres que estén en esa misma actitud los invitamos a hacer un estudio de la obra nefasta de Santiago Iglesias en Puerto Rico.

Todo lo que venga de Norte América hay que seleccionarlo después de muy serio análisis. Tienen sus cosas buenas los yankis, pero esas se las reservan para ellos. Su presencia en Puerto Rico y en Ibero América indica sin duda un plan perverso para destruir lo nativo y suplantarlo con lo suyo. Tenemos que defendernos y no podemos tolerar la propaganda de insidia que quiere realizar en nuestra América la American Federation of Labor, por conducto de sus agentes como Santiago Iglesias Pantín; y para que ningún escritor hispánico le eche encima a Puerto Rico la responsabilidad de que uno de sus hijos sea el propagandista de ideas tan insidiosas y perversas, queremos hacer claro que Santiago Iglesias Pantín es español, de Galicia, un renegado de la raza, que voluntariamente se hizo ciudadano de Estados Unidos, en Estados Unidos, y que de lo único que se vanagloria es de su ciudadanía norteamericana.

Ese es el secretario español de la American Federation of Labor para la obra que se propone realizar en Sud América.

Tomado de El Nacionalista de Ponce, Puerto Rico, 14 de marzo de 1926, p. 1.

Comentario:

Los alegatos respecto al carácter fascista y el anticomunismo del Partido Nacionalista, subrayan la relevancia de documentos como el que antecede. En la pieza el joven Albizu Campos enjuicia a Santiago Iglesias Pantín y al socialismo amarillo y pro-anexionista que representaba. La intención es convencer al lector de que Iglesias Pantín no representa los intereses de la Nación y que no tiene derecho a hablar en su nombre.

Albizu Campos considera a la American Federation of Labor como un colaborador más de la invasión de 1898 y un agente del Imperialismo por su vinculación con las grandes corporaciones, los monopolios o los trusts. Me parece que con ello coincidiría cualquier interprete no-nacionalista sin mayores problemas.

Pero Albizu Campos parte de la premisa, errada para los socialistas, de que las contradicciones de clase son en Puerto Rico un resultado artificial de la organización sindical por oficios promovida por la central sindical y su representante y sucesor en Puerto Rico, el Partido Socialista después del 1898. Ello constituyó uno de los ingredientes cruciales en la desintegración del “Puerto Rico feliz” del siglo 19. Se trata de una interpretación que no reconoce el principio dialéctico de la “universalidad de la contradicción” cuando se trata del orden económico-social.

Albizu Campos sostiene que el PS no es un partido socialista y llama la atención en torno a que, a pesar del “Red Scare” o “Miedo Rojo” dominante en Estados Unidos, sus autoridades toleran su activismo porque divide a la Nación Puertorriqueña ante el Imperio. La crítica a la retórica del PS apunta al hecho de que, ante las autoridades de Estados Unidos, se denomina como un “Labor Party” o “partido del trabajo”, mientras que ante el Congreso se presenta como “una organización obrera dentro de la American Federation of Labor”. Según Albizu Campos,  una organización  que tolera la agresión cultural, política y económica del Otro y favorece la integración al Imperio no es confiable ni tiene derecho a hablar en nombre de la Nación.

El apunte de que “Santiago Iglesias no es puertorriqueño”, demuestra que la Hispanofilia del líder nacionalista tiene sus fisuras. Su crítica a la política de José de Diego ante la Ciudadanía Americana en 1917 lo confirma. Albizu Campos piensa que aceptar la Ciudadanía Americana con el propósito de garantizar un espacio legal de lucha por la independencia en la colonia, constituyó un error de juicio. El señalamiento crítico a De Diego es interesante para comprender como Albizu Campos se afirma como dirigente.

La impresión que queda es que el cuestionamiento al socialismo en Albizu Campos es, a la altura de 1925, puramente contextual. Las circunstancias serían otras en el momento de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial

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