Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

septiembre 9, 2013

La Transición al Estado Libre Asociado de Puerto Rico


Mario R. Cancel-Sepúlveda:

El Dr. José Anazagasty Rodríguez evalúa la creación del ELA a la luz de la evolución del imperialismo estadounidense.

Originalmente publicado en cogitāre:

La transición al Estado Libre Asociado (ELA) significó la transformación del estado colonial, una mutación del estado colonial clásico a un estado colonial con una autonomía restringida, circunscrita a los confines establecidos por el Gobierno Federal de los Estados Unidos.

En las décadas de los cuarenta y los cincuenta el estado colonial que se formó poco después de la Guerra Hispanoamericana se transformó en otro tipo de estado colonial. Aquel estado colonial de la posguerra había logrado consolidarse con la Ley Foraker y la Ley Jones en las primeras décadas del dominio estadounidense sobre la Isla. Pero, y tras enfrentar una dura crisis en los años treinta, se transformaría ente 1940 y 1952 en un estado colonial con algo de autonomía vis-a-vis el gobierno Federal de los Estados Unidos.

Esa transformación ocurrió en una coyuntura marcada por la transformación de la economía capitalista, una crisis política, y una legislación federal…

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agosto 22, 2013

¿Qué es Historiografía puertorriqueña?


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

La Historiografía Puertorriqueña se ocupa del estudio del conjunto de las fuentes primarias y secundarias sobre Puerto Rico.  Una definición convencional de su objeto de estudio sería el siguiente. Las fuentes primarias son aquellas que no tienen antecedente, tales como los manuscritos ubicados en archivos privados o públicos, o los textos fundacionales que inician una discusión sobre un tema. Las fuentes secundarias son aquellas que se apoyan en las primarias, las interpretan y valoran.

El conjunto representa una “biblioteca imaginaria colectiva” que hipotéticamente abarca la producción historiográfica sobre Puerto Rico escrita por puertorriqueños o extranjeros. Siempre hay que tener en cuenta que no existe una fuente pura o inocente y que todas están mediadas por las circunstancias en que fueron producidas. Los preceptos que anteceden solo se presumen para los fines de una discusión introductoria al tema.

El estudio de la Historiografía puertorriqueña permite dos cosas. Por un lado, determinar la imagen de Puerto Rico elaborada por los puertorriqueños; por el otro, determinar la imagen de Puerto Rico elaborada por los extranjeros. En el proceso el especialista estará en posición de establecer las convergencias y divergencias entre ambos extremos. Estudiar la Historiografía Puertorriqueña es una inquisición sobre la evolución de la Identidad Puertorriqueña  a través de sus textos históricos. La discusión que sigue es una guía para la comprensión de la Historiografía Puertorriqueña hasta el siglo 19.

Textos históricos: definición

El concepto “textos históricos” es abarcador e inclusivo. Incluye, sin duda, los textos de historia, política, asuntos jurídicos y administrativos sobre Puerto Rico redactado durante sus cinco siglos de historia bajo el reino de España y Estados Unidos. Pero involucra discursos y productos textuales procedentes de las más diversas disciplinas desde la teología y la religión, hasta la filosofía, la literatura y las disciplinas humanísticas. Desde el siglo 18 en particular, también incluye textos procedentes de las emergentes ciencias sociales. La clave para comprender  un “texto histórico” no es si el mismo ha sido producido por un “historiador” sino la lectura que le demos al mismo: la información histórica puede ser apoyarse en cualquier tipo de texto.

Historiografía puertorriqueña: categorías

Las categorías que propongo se apoyan en varios criterios. El más importante de ellos es la nacionalidad del emisor del discurso y su relación con el concepto de lo puertorriqueño. Se apoya en la relación entre el Yo Colectivo y el Otro para des ese modo, evaluar el desarrollo de la autoimagen del Yo Colectivo, en contraste con la imagen que el Otro desarrolla de nosotros.

pasado-presente-futuro2La primera categoría recoge los textos escritos por los conquistadores y otros oficiales del Reino de España y sus asociados, redactados durante los siglos 16 al 19. Corresponden al periodo formativo de la Identidad Puertorriqueña e incluye una variedad de textos españoles cuyos modelos más conocidos son: las Crónicas, las Cartas y Relaciones, entre otros. Se trata de  textos eminentemente narrativos que informaban sobre la situación de la colonia a las autoridades. En la categoría también se encuentras las  Memorias e Informes de los Gobernadores y el Episcopado, a veces redactados por ellos y otras bajo su dirección. La finalidad de aquellos textos era práctica e informativa: aspiraban ofrecerle al  Reino de España una imagen de sus posesiones y las potenciales fuentes de riqueza para, sobre esa base, establecer políticas concretas o correctivas  en beneficio de la Corona Española. Eran  documentos administrativos que contenían datos estadísticos más o menos confiables. Su utilidad para el historiador es enorme. Para el historiador positivista crítico, ofrecen la oportunidad de conocer numerosos detalles del proceso colonial. Para el historiador cultural, ofrecen un material invaluable a la hora de estudiar la mentalidad de los conquistadores y le informan sobre la opinión que tenían las elites de poder sobre los grupos conquistados

La segunda Categoría incluye los textos escritos por autores insulares, criollos o puertorriqueños desde el siglo 16 al 19. Lo cierto es que la presencia de autores de este origen fue una rareza en el periodo que va del siglo 16 al 18.  Su presencia fue más común durante el siglo 19, en especial desde la década de  1850 en adelante. La dialéctica entre el Yo y el Otro dominaba la escritura en el camino hacia la afirmación de una Identidad. El “insular” era el habitante de las islas por oposición al “peninsular”. El “criollo” era el hijo español nacido en las colonias por oposición al “español” puro. Ambos conceptos equivalían al “indiano” o al habitante de la Indias y su codificación subrayaba la devaluación y el desprecio que el peninsular sentía ante ellos. Nacer en Indias lo devaluaba y eran considerados españoles de segundo grado a pesar de que compartían valores etnoculturales. Esa situación fue crucial para el desarrollo de una  Identidad Puertorriqueña. En Puerto Rico no hay Crónicas criollas, pero existen existen Cartas, Relaciones, Memorias e Informes escritos por insulares y criollos al servicio del Reino de España durante los siglos 16 al 18. Tenían una finalidad informativa pero,  muchos lectores del siglo 19 y el 20, encontraron en ello un “tono” distinto que parecía  ofrecer una “representación alternativa” de la vida colonial. Los autores puertorriqueños del siglo 19 y 20 usaron aquellos textos para justificar  proyectos políticos y culturales modernizadores antiespañoles o para afirmar el nacionalismo puertorriqueño por lo que, a su función informativa, se añadió su valor formativo.

La tercera categoría son los textos escritos por extranjeros no españoles desde el siglo 16 al 19. Incluye Crónicas Europeas,  Cartas y Relaciones y Memorias e Informes, redactadas al servicio del Imperio Español o de sus competidores: Reino de Francia, Reino de Holanda o Gran Bretaña. Hay también una diversidad de obras de autores italianos, irlandeses, daneses, alemanes, cubanos y estadounidenses. Su finalidad era informativa y en muchas ocasiones trataban de llamar la atención sobre el potencial del territorio por lo que se constituían en una crítica a la administración colonial española. Algunos incluso, hacían propuestas sobre cómo explotar eficazmente al país. La impresión que deja este conjunto de textos es que el Reino de España no aprovechaba a Puerto Rico y que su pobreza se podía explicar sobre la base de ese argumento. Informal al historiador sobre la intimidad de la geopolítica y las relaciones diplomáticas de su tiempo y cómo ello apoyada y alimentaba un discurso cultural antiespañol. Es la parte menos conocida de la Historiografía Puertorriqueña, aunque varios proyectos para su revisión han madurado desde 1990 al presente.

mayo 8, 2013

La crisis del PPD (1960-1980): la política internacional


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

El evento internacional que más impactó la estabilidad del Estado Libre Asociado de Puerto Rico se desarrolló en Cuba. Se trata del triunfo del  “Movimiento 26 de julio” en el año 1959. Como consecuencia del proceso, Fidel Castro Ruz (1926-) se afirmó como un líder de fuerte carácter populista y nacionalista quien, en su primera etapa de poder, coqueteó políticamente con el gobierno de Estados Unidos. De hecho, durante el mes de enero de aquel año, el rebelde realizó un media tour que lo llevó al “Ed Sullivan Show” en CBS. Castro Ruz y sus compañeros de armas se habían convertido en figuras muy populares entre la juventud estadounidense de la segunda posguerra mundial. Aquel país estaba en las puertas de la Revolución Juvenil Hippie y veía en aquellos guerrilleros caribeños un modelo.

Fidel Castro Ruz y el Vice-presidente Richard Nixon en 19 de abril de 1959 en Washington..

Fidel Castro Ruz y el Vice-presidente Richard Nixon en 19 de abril de 1959 en Washington..

Sin embargo, cuando en 1961 Castro Ruz se declaró socialista y se alió con la Unión Soviética, la situación cambió y el papel de Puerto Rico en la Guerra Fría se profundizó. El Partido Popular Democrático en el poder y en la frontera de su deterioro, se vio en una situación análoga a la que vivió ante la amenaza fascista y el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Si en aquel momento se vio forzado a reafirmar su compromiso con el capitalismo y la democracia, ahora se vio precisado a moverse políticamente cada vez más al centro y colocarse en los límites de la derecha. La imagen que proyectaban los militantes de la “Nueva Generación” no abonaba en aquel sentido y, en las circunstancias nuevas, resultaba amenazante.

El giro político de Castro estimuló, por otra parte, la emigración de cubanos comprometidos con el apoyo de Estados Unidos contra la “amenaza comunista”. Uno de sus destinos preferidos  fue  Puerto Rico. Favorecidos por el gobierno local en nombre del de Estados Unidos, nutrieron las filas del estadoísmo puertorriqueño en ascenso, los medios masivos de comunicación lo mismo la prensa escrita, radial que televisiva y el mundo empresarial. El “exiliado cubano” se convirtió en uno de los signos más visibles de la Guerra Fría en el país. La paradoja más interesante de aquel proceso era que, mientras el gobierno de Puerto Rico estimulaba y favorecía la emigración de puertorriqueños hacia el continente, recibía a los cubanos exiliados y les facilitaba el acceso al mercado privilegiándolos.

La Nueva Lucha por la Independencia y la ONU

Aquellos procesos estimularon una reacción: incidieron en la renovación de la oposición independentista en la Isla. Cuba y Puerto Rico tenían un pasado histórico común que había sido romantizado al extremo. La experiencia separatista común en 1868 -Lares y Yara-, y en 1895 durante la llamada “Guerra Necesaria” que culminó con la invasión de ambos territorios a Estados Unidos en 1898, era parte de ello. Desde 1959 aquella filiación se vio renovada por el triunfo de Castro Ruz y en 1961, la particular experiencia socialista cubana al amparo del comunismo soviético, entro en el escenario ideológico puertorriqueño con relativa fuerza.

La experiencia tenía sus antecedentes. La Federación de Universitarios Pro-Independencia (FUPI) fue fundada en 1956 sobre la base del culto al Nacionalismo Revolucionario y Pedro Albizu Campos y conservaba muchos de los rasgos de la vieja Federación Nacional de estudiantes Puertorriqueños (FENEP) de 1932. De mayor relevancia fue la creación del   Movimiento Pro-Independencia (MPI) y del periódico Claridad durante al año 1959. Las figuras centrales de aquel esfuerzo fueron los licenciados Juan Mari Brás (1925-2010) y César Andreu Iglesias, entre otros. Lo interesante del MPI era que se trataba de una propuesta no electoral y descolonizadora original que recordaba los esfuerzos de la Unión Puertorriqueña iniciada por el también abogado Rosendo Matienzo Cintrón en 1903. El MPI y su liderato era abiertamente filonacionalistas y veían en Albizu Campos, anciano ya, un héroe y un mártir de la nacionalidad. Es cierto que el grupo manifestaba también su admiración por la gesta de Castro Ruz y la Revolución Cubana de 1959. Pero también es patente que sólo simpatizaban críticamente con la experiencia del comunismo cubano después de 1961. Lo cierto es que en el MPI convergieron tradiciones nacionalistas y socialistas revolucionarias sin que la organización pueda ubicarse de una manera definitiva en ninguno de los dos campos. Una de las metas del movimiento era acercarse al Partido Independentista Puertorriqueño y al Partido Nacionalista a fin de producir un frente amplio por la descolonización e independencia. Sin embargo, la jerarquía del PIP, todavía encabezada por el abogado Gilberto Concepción de Gracia, los miró con reservas probablemente porque los interpretaban como una amenaza a sus propios intereses electorales.

Esa resistencia del PIP a transar para fines estratégico con el MPI, fue una de las bases de la escisión del independentismo en dos bandos irreconciliables a la vez que estimuló la fragmentación de su militancia que, desde entonces, no ha sido capaz de elaborar un frente común anticolonial. La hora del PIP llegaría en 1970 con el ascenso a la presidencia de la organización del abogado y profesor Rubén Berríos Martínez (1939-). A pesar de que Berríos Martínez manejaba un discurso socialista, su resistencia a trabar relaciones con el MPI, convertido en Partido Socialista Puertorriqueño en 1971, en la dirección de un Frente Amplio Independentista fueron notables.

Juan Mari Brás

Juan Mari Brás

La otra novedad que trajo la década del 1960 es el producto de la convergencia entre los factores interno señalados en el comentario anterior y la nueva situación internacional: se trata de las intensas campañas por animar la discusión del caso colonial de Puerto Rico en la Organización de Naciones Unidas. En cierto modo, se alegaba que Puerto Rico no había sido amparado por la carta del Atlántico y no había ejercido su derecho a la “libre determinación” y la “independencia”. En la práctica, lo que intentaba era negar la validez de la  Res. 748 (VIII) de 1953. Los pioneros de aquel proyecto  en 1960 los ya citados Géigel Polanco y Mari Brás, entre otros. La tesis jurídica era que debía revocarse la Resolución 748 (VIII) de 1953 y que Puerto Rico fuese amparado por la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU titulada “Resolución Sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales”. En 1965 el caso de Puerto Rico  fue discutido en el “Comité de Descolonización” de la ONU pero el gobierno de Estados Unidos ha insistido en que relación con la isla es un asunto “doméstico” y no uno de competencia “internacional”.

En conclusión, todos los pilares ideológicos sobre los que se apoyaba el PPD, se estaban viniendo abajo hacia el año 1967. Las lecciones de los comicios de 1968 fueron enormes. El PPD ya no era lo que había sido desde 1938.

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