Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

mayo 8, 2013

La crisis del PPD (1960-1980): la política internacional


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

El evento internacional que más impactó la estabilidad del Estado Libre Asociado de Puerto Rico se desarrolló en Cuba. Se trata del triunfo del  “Movimiento 26 de julio” en el año 1959. Como consecuencia del proceso, Fidel Castro Ruz (1926-) se afirmó como un líder de fuerte carácter populista y nacionalista quien, en su primera etapa de poder, coqueteó políticamente con el gobierno de Estados Unidos. De hecho, durante el mes de enero de aquel año, el rebelde realizó un media tour que lo llevó al “Ed Sullivan Show” en CBS. Castro Ruz y sus compañeros de armas se habían convertido en figuras muy populares entre la juventud estadounidense de la segunda posguerra mundial. Aquel país estaba en las puertas de la Revolución Juvenil Hippie y veía en aquellos guerrilleros caribeños un modelo.

Fidel Castro Ruz y el Vice-presidente Richard Nixon en 19 de abril de 1959 en Washington..

Fidel Castro Ruz y el Vice-presidente Richard Nixon en 19 de abril de 1959 en Washington..

Sin embargo, cuando en 1961 Castro Ruz se declaró socialista y se alió con la Unión Soviética, la situación cambió y el papel de Puerto Rico en la Guerra Fría se profundizó. El Partido Popular Democrático en el poder y en la frontera de su deterioro, se vio en una situación análoga a la que vivió ante la amenaza fascista y el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Si en aquel momento se vio forzado a reafirmar su compromiso con el capitalismo y la democracia, ahora se vio precisado a moverse políticamente cada vez más al centro y colocarse en los límites de la derecha. La imagen que proyectaban los militantes de la “Nueva Generación” no abonaba en aquel sentido y, en las circunstancias nuevas, resultaba amenazante.

El giro político de Castro estimuló, por otra parte, la emigración de cubanos comprometidos con el apoyo de Estados Unidos contra la “amenaza comunista”. Uno de sus destinos preferidos  fue  Puerto Rico. Favorecidos por el gobierno local en nombre del de Estados Unidos, nutrieron las filas del estadoísmo puertorriqueño en ascenso, los medios masivos de comunicación lo mismo la prensa escrita, radial que televisiva y el mundo empresarial. El “exiliado cubano” se convirtió en uno de los signos más visibles de la Guerra Fría en el país. La paradoja más interesante de aquel proceso era que, mientras el gobierno de Puerto Rico estimulaba y favorecía la emigración de puertorriqueños hacia el continente, recibía a los cubanos exiliados y les facilitaba el acceso al mercado privilegiándolos.

La Nueva Lucha por la Independencia y la ONU

Aquellos procesos estimularon una reacción: incidieron en la renovación de la oposición independentista en la Isla. Cuba y Puerto Rico tenían un pasado histórico común que había sido romantizado al extremo. La experiencia separatista común en 1868 -Lares y Yara-, y en 1895 durante la llamada “Guerra Necesaria” que culminó con la invasión de ambos territorios a Estados Unidos en 1898, era parte de ello. Desde 1959 aquella filiación se vio renovada por el triunfo de Castro Ruz y en 1961, la particular experiencia socialista cubana al amparo del comunismo soviético, entro en el escenario ideológico puertorriqueño con relativa fuerza.

La experiencia tenía sus antecedentes. La Federación de Universitarios Pro-Independencia (FUPI) fue fundada en 1956 sobre la base del culto al Nacionalismo Revolucionario y Pedro Albizu Campos y conservaba muchos de los rasgos de la vieja Federación Nacional de estudiantes Puertorriqueños (FENEP) de 1932. De mayor relevancia fue la creación del   Movimiento Pro-Independencia (MPI) y del periódico Claridad durante al año 1959. Las figuras centrales de aquel esfuerzo fueron los licenciados Juan Mari Brás (1925-2010) y César Andreu Iglesias, entre otros. Lo interesante del MPI era que se trataba de una propuesta no electoral y descolonizadora original que recordaba los esfuerzos de la Unión Puertorriqueña iniciada por el también abogado Rosendo Matienzo Cintrón en 1903. El MPI y su liderato era abiertamente filonacionalistas y veían en Albizu Campos, anciano ya, un héroe y un mártir de la nacionalidad. Es cierto que el grupo manifestaba también su admiración por la gesta de Castro Ruz y la Revolución Cubana de 1959. Pero también es patente que sólo simpatizaban críticamente con la experiencia del comunismo cubano después de 1961. Lo cierto es que en el MPI convergieron tradiciones nacionalistas y socialistas revolucionarias sin que la organización pueda ubicarse de una manera definitiva en ninguno de los dos campos. Una de las metas del movimiento era acercarse al Partido Independentista Puertorriqueño y al Partido Nacionalista a fin de producir un frente amplio por la descolonización e independencia. Sin embargo, la jerarquía del PIP, todavía encabezada por el abogado Gilberto Concepción de Gracia, los miró con reservas probablemente porque los interpretaban como una amenaza a sus propios intereses electorales.

Esa resistencia del PIP a transar para fines estratégico con el MPI, fue una de las bases de la escisión del independentismo en dos bandos irreconciliables a la vez que estimuló la fragmentación de su militancia que, desde entonces, no ha sido capaz de elaborar un frente común anticolonial. La hora del PIP llegaría en 1970 con el ascenso a la presidencia de la organización del abogado y profesor Rubén Berríos Martínez (1939-). A pesar de que Berríos Martínez manejaba un discurso socialista, su resistencia a trabar relaciones con el MPI, convertido en Partido Socialista Puertorriqueño en 1971, en la dirección de un Frente Amplio Independentista fueron notables.

Juan Mari Brás

Juan Mari Brás

La otra novedad que trajo la década del 1960 es el producto de la convergencia entre los factores interno señalados en el comentario anterior y la nueva situación internacional: se trata de las intensas campañas por animar la discusión del caso colonial de Puerto Rico en la Organización de Naciones Unidas. En cierto modo, se alegaba que Puerto Rico no había sido amparado por la carta del Atlántico y no había ejercido su derecho a la “libre determinación” y la “independencia”. En la práctica, lo que intentaba era negar la validez de la  Res. 748 (VIII) de 1953. Los pioneros de aquel proyecto  en 1960 los ya citados Géigel Polanco y Mari Brás, entre otros. La tesis jurídica era que debía revocarse la Resolución 748 (VIII) de 1953 y que Puerto Rico fuese amparado por la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU titulada “Resolución Sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales”. En 1965 el caso de Puerto Rico  fue discutido en el “Comité de Descolonización” de la ONU pero el gobierno de Estados Unidos ha insistido en que relación con la isla es un asunto “doméstico” y no uno de competencia “internacional”.

En conclusión, todos los pilares ideológicos sobre los que se apoyaba el PPD, se estaban viniendo abajo hacia el año 1967. Las lecciones de los comicios de 1968 fueron enormes. El PPD ya no era lo que había sido desde 1938.

mayo 7, 2013

La crisis del PPD (1960-1980): la política nacional


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

La década de 1960 fue crucial en el deterioro del poder electoral del Partido Popular Democrático. Los procesos de industrialización y urbanización que le mantuvieron en el poder desde 1940 minaron las bases de su  poder. Una serie de condiciones propiciaron el desprestigio del proyecto y del Estado Libre Asociado y facilitaron el triunfo del estadoísmo en 1968 a través de una organización original llamada Partido Nuevo Progresista.

El choque generacional

Lo primero que llama la atención del observador es el desarrollo de una confrontación generacional dentro del PPD. La denominada “Vieja Guardia”, representada por el liderato que había dado vida al partido en 1938, fue retada por la “Nueva Generación”, un conjunto de  líderes producto del proceso de industrialización y urbanización al que los hombres de Muñoz Marín habían dado vida desde 1940. El choque entre ambas tendencia  estaba en proceso de maduración desde 1960 y coincide con el último cuatrienio de Muñoz Marín como Gobernador.

La reacción inicial de la “Vieja Guardia”, como era de esperarse, fue resistirse al cambio. Todo parece indicar que una de las pocas figuras de poder que se identificó con la “Nueva generación” fue el ingeniero mayagüezano Roberto Sánchez Vilella (1913-1997). Sánchez Vilella no solo poseía un “estilo” distinto al de Muñoz Marín sino que se había proyectado como uno de posibles sucesores de aquel para las elecciones de 1964.

La “Nueva Generación” se organizó alrededor del llamado “Grupo de los 22” asociación fundada en Manatí. Algunas de las figuras, entre los ya fallecidos, que llaman la atención de aquel colectivo están el abogado y profesor Juan Manuel García Passalacqua (1937-2010) y el legislador Severo Colberg Ramírez (1924-1990). Entre los que aún viven habría que destacar a Victoria Muñoz Mendoza (1940- ) y el abogado Rafael Hernández Colón (1936- ), dos personalidades que todavía hoy siguen siendo pilares del PPD. Otras figuras que se han distinguido en las últimas década por su presencia publican vinculados a aquella vanguardia son el abogado Marcos A. Rigau, el historiador y profesor Samuel Silva Gotay, el profesor y abogado José Arsenio Torres (1926- ) y el abogado independentista Noel Colón Martínez , entre otros. El grupo fundó el periódico Foro libre para expresar sus ideas.

Juan Manuel García Passalacqua

Juan Manuel García Passalacqua

Las críticas del “Grupo de los 22” a la “Vieja Guardia” al PPD fueron incisivas. En términos generales se quejaban de la poca participación que tenían los jóvenes en el partido y del  distanciamiento que la organización había desarrollado con respecto del pueblo común al cual, alegaban, reducían a la condición de votantes o electores. Para algunos militantes del grupo, Muñoz Marín se había convertido en un líder obsoleto que ya había cumplido su función histórica y debía abrir paso a los más jóvenes. Visto desde la distancia, de lo que se trataba era de una lucha abierta por el control de una maquinaria política exitosa. La confrontación se justificada sobre la base del reconocimiento de que la política práctica en la era industrial y urbana, ya no podía hacerse con las tácticas que habían sido exitosas en el Puerto Rico agrario y rural que produjo la experiencia del primer PPD, el de las elecciones de 1940. Aquella lógica era más que razonable pero la racionalidad no produce respuestas de la misma índole cuando se trata del poder político.

Los efectos de las críticas fueron diversos. Por una parte, promovió la discusión ideológica y llamó la atención sobre la necesidad de revisar el ELA en busca de “más soberanía”. Aquella había sido también una preocupación de Muñoz Marín, por cierto, pero en la década del 1960 el lenguaje se tornó más incisivo y exigente. Lo cierto es que algunos ideólogos del PPD reconocieron los rasgos coloniales del ELA. Uno de ellos fue el abogado y escritor Vicente Géigel Polanco (1904-1979) quien acabó fuera del partido militando en el Partido Independentista Puertorriqueño. Otro fue el historiador y jurista José Trías Monge (1920-2003) quien llegó a ser Juez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico. Un segmento significativo de la intelligentsia del PPD, favorecía la idea de culminar el ELA sobre la base de una mayor soberanía respecto al Gobierno federal, pero temían que en ese proceso se les confundiera con los nacionalistas y los independentistas a quienes tanto habían atacado. El atasco más importante en e proceso de revisión del ELA, aparte del desinterés del Congreso de Estados Unidos, ha sido ese sin duda.

La “Vieja Guardia” se organizó en el llamado “Grupo de Jájome”, localidad de Cayey donde ubica la residencia veraniega del gobernador y el mismo estuvo encabezado por las figuras de Santiago Polanco Abreu (1920-1988) y Luis Negrón López (1909-1991), ambos personas de confianza de Muñoz Marín y con aspiraciones a la candidatura a la gobernación para los comicios de 1964. En medio de aquella pugna se decidió el retiro político de Muñoz Marín. El anuncio se hizo en una Asamblea celebrada en Mayagüez (1964) donde se impuso la candidatura de Sánchez Vilella a pesar de las protestas intensas de multitud que no estaba en condición de desprenderse de su caudillo político. Lo cierto es que el retiro de Muñoz Marín implicaba un giro histórico. El líder o no quería o no se sentía capaz de gobernar con la “Nueva Generación” y sacrificaba sus aspiraciones por el bien de la unidad del partido.

Luis Muñoz Marín y Roberto Sánchez Villella

Luis Muñoz Marín y Roberto Sánchez Villella

¿Qué había cambiado? En 1964 Puerto Rico era otro -urbano e industrial- y se reconocía que Muñoz Marín representaba un pasado que se había dejado atrás. Las campañas políticas directas con el pueblo que había caracterizado al PPD entre 1938 y 1940, apoyadas en el contacto directo, micro y el macro mitin, cumplieron la función de comprometer a la gente con unas estructuras político-partidistas en las que no tenían confianza. La evolución de los medios masivos de comunicación alteró aquel panorama: los medios masivos de comunicación se fueron convirtiendo en el espacio protagónico para el diseño de la opinión pública. La radio estaba accesible en Puerto Rico desde 1922 -WKAQ en San Juan fue la primera de ellas-, y entre 1934 y 1937 se inauguraron la WNEL también en la capital, la WPRP en Ponce y la WPRA en Mayagüez. Del mismo modo, en 1954 apareció la televisión y ya en 1958 había radio y televisión del Estado. Aquellos fenómenos tecnológicos innovadores junto con el desarrollo de la prensa diaria masiva, fueron decisivos para las formas de hacer política en el país.

El asunto no ha sido estudiado con propiedad, pero lo cierto es que ya en 1968 sátira política televisada: se trataba de la comedia “Se alquilan habitaciones” con la actriz y escritora Gilda Galán (1917-2009) transmitida por el Canal 11. La sátira fue tan intensa que el programa fue sacado del aire cinco veces por presiones políticas de Partido Nuevo Progresista organización que entró en el panorama electoral exitosamente en 1968. Ese mismo año se fundó el grupo musical satírico “Los Rayos Gamma”,  obra del ingenio del periodista y comediante Eddie López (1940-1971), quien falleció víctima del cáncer en plena juventud. Y en 1969 ya se difundía la serie de pasos de comedia y crítica, “Esto no tiene nombre”, producido por Tommy Muñiz (1922-2009) para el Canal 4. La mordacidad de la sátira y la crítica seria de programas como “Cara a cara ante el país” democratizaron la relación entre la gente, el Gobierno y el Estado.

Una confrontación con la  Iglesia Católica

En 1960, la Iglesia católica todavía conservaba algunos de los rasgos que había obtenido producto de la invasión de 1898. La institución estaba dominada por obispos de estadounidenses y una jerarquía puertorriqueña en la que el papel de los sacerdotes estadoístas parece haber sido decisivo. Las relaciones ideológicas dentro del sacerdocio y en la jerarquía eclesiástica puertorriqueña, es un asunto que, me parece, requiere una discusión sosegada que no puedo desarrollas en este espacio. Las figuras dominantes en aquel escenario eran el Obispo de Ponce James Edward McManus (1900-1976), el Obispo de San Juan James P. Davis (1904-1988) y el Padre Luis Aponte Martínez (1922-2012), quien fungía como superintendente de colegios católicos para la diócesis de Ponce.

Luis Aponte Martínez y el Papa Pablo VI

Luis Aponte Martínez y el Papa Pablo VI

La Iglesia Católica desarrolló una campaña contra las políticas de control natalidad impuestas por el PPD en el poder: me refiero  a la esterilización masiva y la distribución de píldoras anticonceptivas. A aquella campaña de fuerte tinte moral, se añadió otra que presionaba a favor de que se instituyera la educación religiosa en las escuelas públicas a pesar de la división de la Iglesia y el Estado que se había instituido desde 1898, y otra para que se usara el inglés como idioma de la educación pública como se hacía antes de 1947. La moral, el conservadurismo político y la americanización cultura propia de los estadoístas más exigentes se daban la mano para retar la legitimidad del PPD y su figura dominante el gobernador Muñoz Marín, un hombre con una pasado bohemio que no pasaba la prueba de  “probidad moral” a la que los católico extremos aspiraban.

La propuesta atrajo a numerosos adversarios políticos del PPD: estadoístas, independentistas y nacionalistas quienes, en vista de su catolicismo y su oposición común al PPD, se comprometieron con aquel discurso. Sobre aquella base se fundó en julio de 1960 el Partido Acción Cristiana, un partido social cristiano que aspiraba instrumentar las aspiraciones del liderato católico. Durante la campaña de 1960, desde la tribuna del PAC se amenazó con excomulgar a quienes votaran por el PPD. Lo cierto es que en las elecciones de 1960 el PAC obtuvo 52,096 votos muchos de los cuales parecen haber sido militantes del PIP, situación que provocó que aquel partido perdiera su franquicia electoral. Fue la primera vez, y no la última, que el PIP fue descertificado como partido legalmente inscrito por falta de apoyo electoral.

Durante el cuatrienio de 1961 a 1964 el PPD y el PIP, organizaciones que chocaban abiertamente la una con la otra, tuvieron la capacidad de concertarse con el fin de acusar al PAC de haber cometido actos fraudulentos en el proceso de inscripción. Ese mismo año, consiguieron que los candidatos electos a la Legislatura por el PAC fueran  expulsados del cuerpo y el partido descertificado. La situación es interesante. Todo parece indicar que el PPD prefería la oposición del PIP a la del PAC. Las autoridades fueron eficaces en aquel propósito: entre 1962 y 1964, la organización católica fue desmantelada desde el poder y el catolicismo organizado no volvió a representar un peligro para el PPD. La situación culminó con la intensificación a las autoridades católicas estadounidenses y la “puertorriqueñización” la Iglesia Católica.

abril 26, 2013

Reformas económicas y cambio social: un balance cultural


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático e Historia y escritor

El proyecto económico y social dirigido por el Partido Popular Democrático entre 1940  y 1964 no fue celebrado por todos los sectores ideológicos. La oposición provino de una diversidad de frentes y utilizó una amplia gama de argumentos para cuestionarlo. Durante aquel complejo periodo de cambio, como se sabe, el tradicional Socialismo Amarillo, apoyado en el Partido Socialista fundado en 1915, colapso. Una parte de la militancia permaneció en la filas del estadoísmo pero un segmento significativo se sumó a las huestes populares. El Socialismo Rojo, apoyado en el Partido Comunista Puertorriqueño fundado en 1934, nunca representó una amenaza real. En 1938 convergieron con los liberales que fundaron el PPD en que lo correcto era apoyar el Nuevo Trato e hicieron su peculiar interpretación de la política soviética de los Frentes Amplios y apoyaron el programa popular.

Sello del Instituto de Cultura Puertorriqueña

Sello del Instituto de Cultura Puertorriqueña

Los más activos opositores provenían del Estadoísmo y el Independentismo: dos tendencias derivadas del liberalismo político que veían en proceso de crecimiento material a la luz de sus aspiraciones estatutarias y no del crisol de la lucha de clases. Uno y otro extremo chocaban con el  PPD sobre la base de su planteamiento de Estatus y ponían en duda la sinceridad o la naturaleza de su nacionalismo. Ambos, igual que se alega en el discurso político del presente, veían en la gestión de gobierno del PPD hasta 1952, y luego en el Estado Libre Asociado, un factor que impedía la “solución definitiva” del Estatus.

Por eso amplios sectores del Estadoísmo boicotearon la Convención Constituyente que produjo la Constitución del ELA. Para ellos aquel documento no era más que un impedimento para la integración del país como Estado de la Unión. Por su parte, el independentismo electoral, representado por el Partido Independentista Puertorriqueño también cuestionó el proceso y se enajenó del mismo por el hecho de que veía al ELA como un freno a la Independencia y como un sistema que favorecía la futura conversión del país en Estado de la Unión. La oposición más agresiva provino, naturalmente del Nacionalismo Político, apoyado en el Partido Nacionalista que, fundado en 1922, había tomado la ruta de la “acción inmediata” desde 1930. La Insurrección de 1950 y los atentados de 1954, fueron las notas más significativas de aquel fenómeno.

El PPD, que era una organización que provenía de la izquierda, se transformó en una organización de centro y la idea, tan importante para Antonio Fernós Isern, de que el ELA funcionaría como una “tercera vía” entre la Independencia y la Estadidad se legitimó. Lo cierto es que  el  PPD había surgido como una alternativa viable en las elecciones de 1940 porque fue pensado no solo como un “frente amplio” sino como un “mediador” entre los dos extremos políticos. Mientras se caminaba esa “tercera vía” se procuraría facilitar el crecimiento económico de la colonia y, una vez alcanzado el nivel deseado, se procedería a solucionar el asunto estatutario de una manera definitiva.

Lo cierto es que, con el pasado político independentista y socialista de Luis Muñoz Marín y alguna de su gente, muchos presumían que la puerta a la que se arribaría sería la de una mayor soberanía e, incluso, la independencia. Pero a la altura del 1968 ya nadie creía en aquel supuesto: el PPD se había convertido en una fuerza moderada que se resistía o era incapaz de alterar el sistema que había creado en 1952 y esperaba que se le apropiara como un estatus definitivo cuyo margen de cambio era pequeño.

Ya se ha establecido que en la década de 1950 a 1959,  la ideología antipopular más pujante era el Independentismo. La violencia Nacionalista, los actos de 1950 y 1954; y la visibilidad electoral del PIP durante las elecciones de 1952 y 1956, así lo confirman. La respuesta del PPD al discurso Nacionalista e Independentista, fue un refinado Nacionalismo Cultural articulado desde el poder. El conjunto de aquella política y praxis se denominó “Operación Serenidad”.

 

Portada de un panfleto de DIVEDCO

Portada de un panfleto de DIVEDCO

La Operación Serenidad

“Operación Manos a la Obra” iniciada en 1940,  cambió materialmente a Puerto Rico. De ello no cabe la menor duda. Muñoz Marín veía en ello la garantía de “el derecho a la vida”. Del mismo modo, la Ley 600 de 1950 y la Constitución de 1952,  alteraron la relación colonial con Estados Unidos.  Muñoz Marín percibía en aquello proceso la garantía de “el derecho a la libertad”. Pero el mismo gobernador y numerosos intelectuales del PPD reconocían que el pueblo o la gente se encontraban ante una situación nueva y que la ola de cambios podría generar inestabilidad social si no eran bien comprendidos por la gente. Se trataba de un momento crítico en que se dejaban atrás los valores “tradicionales” y se abría paso a los “modernos”.

La lógica de aquellos intelectuales fue simple: una vez  suplidas las necesidades económicas y políticas, había que suplir las apetencias espirituales y culturales. El propósito era balancear aquellas esferas con otras reformas que actuaran en el ámbito “cultural y educativo del pueblo” con el fin de que Puerto Rico forjara una “buena civilización”. Muñoz Marín hablaba como un intelectual  de la Generación del 1930. Para los intelectuales de la Gran Depresión y de la Posguerra -los del 1930 y los del 1950- aquello significaba que habría que facilitar la ruta para  “la búsqueda de la felicidad”. La revolución pacífica, como la denominaba, no estaría completa hasta conseguir esa meta. La  “Operación Serenidad” fue la respuesta a aquella preocupación.

Las Generaciones de 1930 y de 1950, creían en la necesidad y posibilidad de la “armonía social” y favorecían una vida que se amparara en la “moderación” y la “mesura”. Si el pueblo era capaz de reflexionar maduramente sobre los cambios económicos y políticos por los que atravesaba, viviría mejor el cambio y “vivir mejor el cambio” implicaba que no dejarían de ser “puertorriqueños” ni perderían la “identidad”. Para ello idearon una serie de programas culturales que cumplirían dos funciones. La primera, “serenar” al pueblo; la segunda responder a las acusaciones de traición que provenían del Nacionalismo y el Independentismo.

 

Ricardo Alegría, de blanco, junto a Eugenio Fernández Méndez y otros

Ricardo Alegría, de blanco, junto a Eugenio Fernández Méndez y otros

División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO)

DIVEDCO fue Creada en 1949 e incluía un programa de alfabetización de adultos que penetró áreas rurales y urbanas de todo el país. Por aquel entonces todavía se veía en la educación un recurso que allanaba el camino hacia la libertad y una garantía para el crecimiento económico y uno de apoyos principales para la apropiación del proceso de modernización acelerada que se vivía. DIVEDCO producía sus materiales educativos tales como  filmes, carteles, libros y panfletos por lo que funcionó como un taller de trabajo para la clase artística que, en cierto modo, puso el arte al servicio de la educación y de la gente de una manera orgánica y balanceada.

Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP)

Creado por la Ley 89, el 21 de junio de 1955, a aquella institución se le encargó el deber de “…contribuir a conservar, promover, enriquecer y divulgar los valores culturales del pueblo de Puerto Rico” y “… lograr el más amplio y profundo conocimiento y aprecio de los mismos”. con el fin de administrar aquel proyecto se nombró al Dr. Ricardo E. Alegría, como Director Ejecutivo del mismo en noviembre de 1955. La selección fue bien eficaz: Alegría era hijo de uno de los fundadores del Partido Nacionalista en 1922, el escritor José S. Alegría.

EL ICP estimuló, por su parte la creación de una Biblioteca General, hoy Biblioteca Nacional de Puerto Rico; y el Archivo General de Puerto Rico ubicado hoy en Puerta de Tierra. No solo eso, también desarrolló programas para promover las artes escénicas (teatro y danza), plásticas y populares y la música ayudando a su financiamiento. Aquella institución también promovió el desarrollo de museos y parques conmemorativos, los nichos de un arte público que convertía la identidad  nacional en signos palpables y accesibles, a la vez que preservó monumentos y zonas históricas que hoy poseen un valor económico y turístico enorme.

La base del trabajo cultural directo con el pueblo se dejó en manos de numerosos “Centros Culturales” comunitarios. Aquellos eran organizaciones ciudadanas que, sobre la base de la localidad, conectaban a la gente con el hacer cultural nacional y sus instituciones culturales. El ICP estructuró dos consejos de suma importancia para la arqueología puertorriqueña y
antillana. Uno tuvo la responsabilidad de proteger el Patrimonio Arqueológico Terrestre, y el otro la Conservación y Estudio de Sitios y Recursos Arqueológicos Subacuáticos.

 

Jaime Benítez, Juan Ramón Jiménez y Pablo Casals

Jaime Benítez, Juan Ramón Jiménez y Pablo Casals

Festival Casals

Fundado en 1955, su primera temporada fue en 1956. La figura central del mismo fue Pablo Casals, violonchelista catalán quien vivía refugiado en Prades, ciudad del sur de Francia, lejos de la dictadura franquista. Muñoz Marín y el Rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez, lo invitaron a establecerse en el país. El Festival Casals se convirtió en un atractivo de calidad internacional y sirvió de fundamento para la creación de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, el Conservatorio de Música de Puerto Rico y las Escuelas Libres de Música adscritas al Departamento de Instrucción Pública

 

Radio y TV de servicio público

Por último, en 1958 se inauguraron dos radiodifusoras: una AM y otra FM, y dos televisoras: WIPR-TV en San Juan y WIPM-TV en Mayagüez. Los esfuerzos de DIVEDCO y el ICP por culturizar al pueblo camino a la modernización y preservar  una versión respetable del pasado que se dejaba atrás, tuvieron en aquellos medios de comunicación un espacio privilegiado que enriqueció la imagen del país, sin duda, y puso a Puerto Rico en el mapa cultural hispanoamericano.

Comentarios finales

Aquellas políticas del PPD en el poder eran prácticas aspiraban a administra la cultura “desde arriba”, sin duda. Detrás de todo ello había algo de “dirigismo cultural” que hoy podría ser cuestionado críticamente. Sin embargo, la autonomía de los creadores amparados por ellas es un asunto que no puede ser puesto en tela de juicio. Todavía en las décadas del 1970 y el 1980, aquellas instituciones eran miradas con reverencia y respeto por aquellos que aspiraban ubicarse en el “mercado cultural nacional” desde una posición contestataria. La era de bipartidismo y los turnos entre el PPD y el Partido Nuevo Progresista, los convirtió en un terreno movedizo y terminó por minar su dinamismo. En su conjunto, el objetivo detrás de “Operación Serenidad” y sus instituciones era convertir a Puerto Rico en una plaza cultural competitiva internacionalmente por medio del desarrollo del capital cultural nacional. Aquel esfuerzo coincidió con la difusión de medios masivos de comunicación nuevos como la televisión que se difunde desde 1954, pero supo aprovechar la coyuntura para poner incluso aquel recurso al servicio de la cultura y la nacionalidad.

Pero detrás de todo ello también había un propósito político: frenar las acusaciones de la oposición Nacionalista e Independentista de que el PPD atentaba contra la nacionalidad o la identidad puertorriqueña. En su conjunto, “Operación Serenidad” y sus instituciones  ofrecían una alternativa: el Nacionalismo Cultural inofensivo políticamente o “bueno”, como le llamó Muñoz Marín en algún momento con el fin de anteponerlo al Nacionalismo Revolucionario. Detrás de ello estaba la meta de despolitizar la conceptualización de la identidad puertorriqueña y la cultura nacional. La meta era resultar convincentes cuando se afirmaba que ser puertorriqueño y puertorriqueñista no era un acto ofensivo si prescindía de la discusión del estatus y no ofendía la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos. Lo que hacían era confirmar la idea de que era posible ser puertorriqueño en la colonia. En ese sentido, consiguieron sus aspiraciones. De eso no  me cabe la menor duda.

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