Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura

noviembre 15, 2010

Reverendo John Layfield: Testimonio de 1598

“Relación del Viaje a Puerto Rico de la Expedición de Sir George Clifford, Tercer Conde de Cumberland, escrita por el Reverendo Doctor John Layfield, Capellán de la Expedición. Año 1598” (Fragmentos). Tomado de Samuel Purchas, His Pilgrims, Parte IV. Londres, 1625.

 

Mapa del asalto de 1595

Otras noticias y curiosidades de la isla: El Monte Luquillo

La isla entera está graciosa y agradablemente dividida en montes y valles. Entre los montes hay uno sobre todos llamado el Luquillo en donde se dice que hay la mayor cantidad y riqueza de minas. Y ninguno de los ríos que he oído mencionar tiene su nacimiento en él, quizás sea ésa la razón por qué en todos los montes es él el menos gas­tado. Pues ellos dicen que en los otros montes se encuentran venas, de cuya pobreza nadie necesita discutir. Este monte, que ellos llaman Luquillo, está situado al E(ste) de Luisa. Los valles son muy selvosos, pero en muchos sitios entrelazados con grandes llanos y es­paciosos prados. Los bosques no son solamente de madera inferior, como la mayor parte de la isla menor, si no de árboles de buena ma­dera y de hermosa altura, a propósito para la fabricación de barcos o cualquiera parte de ellos. Y no he hablado de un barco, que encon­tramos aquí, una embarcación con la carga de cien, el gran Bugonia, de mil toneladas, que habiendo perdido los mástiles en el mar, los tenía hechos de maderas de esta isla. El mástil principal de dos ár­boles solamente, y estando preparado para marchar para España, estaba ya muy cerca el momento de partir cuando Sir Francis Drake y Sir John Hawkins llegaron con el honorable intento de apoderarse de la isla y de un tesoro de cuatro millones que habían traído de la Habana. Dicho barco era el almirante de la flota, que este año había ido a Tierra Firme y habiéndolo cogido una tormenta y habiendo perdido los mástiles había venido a esta isla a recobrarse con mucho trabajo y aquí fue otra vez arreglado. Pero la escuadra de la reina Isabel de Inglaterra advertida de este accidente, vino en tan opor­tuna ocasión que los españoles tuvieron que hundir la nave y con tanta prisa que los pasajeros no tuvieron tiempo de tomar sus ropas y el cargamento y los víveres y todo se perdió. Algunas de las costi­llas de esta gran bestia se encontraron aquí, pero el tuétano y el va­lor de ella se había ido; pues traía consigo cuatro millones de tesoro. Y la destrucción de las fragatas que Sir Francis Drake mandó que­mar en esta bahía fue a propósito. Mientras Sir Francis estaba ha­ciendo aguada en Guadalupe, algunos barcos de su flota descubrieron el paso de estas fragatas por Dominica; tan buenas noticias, como verdaderamente eran, aseguró a Sir Francis, como públicamente dijo a la flota, que el tesoro no había salido aún de San Juan de Puerto Rico, y él mismo se aseguraba que estos barcos habían ido a tomarlo.

Los valles. El ganado crece salvaje

Los valles y prados de la isla principal están dotados con gran variedad de frutas, pues además de las grandes porciones de terrenos donde el ganado pace con tan ilimitada licencia que salvaje crece. La llanura que han escogido para hacer su estañera e ingenios está rica­mente cubierta con jengibre y caña de azúcar. Los ingenios están comúnmente, cerca de algún río o de terreno pantanoso, pues en sitios de esta clase la caña de azúcar prospera más. Y además se usa mucho del agua para los molinos y otros trabajos, aunque comúnmente los molinos trabajan con la fuerza de hombres y caballos, a mi entender, como los de Inglaterra, y si yo mismo los hubiera visto podría ser más extenso y describirlos con más precisión. Los que los han visto pueden hablar de ellos con más exactitud y elogiarlos.

Estancias de jengibre

Las estancias están situadas más al interior y a conveniente dis­tancia de algún río para el mejor transporte del jengibre a Puerto Rico, de donde dan salida sus productos para otros países. Yo creo que una de las causas de que unos prefieran el cultivo del jengibre al de la caña de azúcar, es porque las fincas de jengibre no necesitan tanto escoger el terreno, de manera que los pobres pueden tenerlas fácilmente y no necesitan grandes recursos para principiar dicho cul­tivo. Aquí, en general, los principales productos son el azúcar y el jengibre.

Un hombre que tiene doce mil cabezas de ganado, que son mayores que los de Inglaterra

Un tercer producto de esta isla además del jengibre y del azúcar, son los cueros, de los que ya hice mención. De éstos, sin contradic­ción, hay mucha abundancia. Me informó un español, que el vecino Chereno, cuya finca está muy cerca de la Aguada, al lado opuesto a Cabo Rojo, se dice que tiene unas doce mil cabezas de ganado. De esto podemos deducir lo abundante que es en ganado esta isla, cuan­do en el oeste, en el último extremo, que se considera de los peores lugares para la cría, comparado con el este de la isla, hay tanta abun­dancia. Una vez, lo cuenta todo el mundo y se cree, que por causa de la mucha abundancia de ganado, era permitido conforme a la ley, el que un hombre matase cuantos necesitase para su uso, si era tan honrado que traía los cueros a los amos. Estas pieles producen enor­mes sumas de dinero, teniendo en cuenta que sus novillos son más grandes que los que se crían en Inglaterra.

Los bueyes prosperan más que los caballos

Las vacas que yo he visto aquí pueden ser comparadas con el ga­nado inglés por su cabeza y cuerpo. No sé por qué estas bestias tienen parecido especial con las de las partes suroestes del mundo. No he visto ningún caballo más hermoso ni más alto que los que ordinaria­mente se ven en Inglaterra. Son bien formados y abundan, pero me parece que les faltan muchas cosas que poseen nuestros ligeros caba­llos ingleses. Todos son muy trotones. No me acuerdo haber visto más que un andador y muy pocas jacas que caminan de lado. Pero si hubiese mejores criaderos, habría mayor incremento en la produc­ción; así y todo son bastante buenos para caballos de alquiler que es al uso que se les destina.

Cabras, loros y cotorras

De ovejas y cabras no puedo decir que haya abundancia; y de los dos, hay menos ovejas que cabras. He visto y gustado de muchas cabras, pero según mi memoria no me acuerdo haber visto una oveja, aunque me han informado que en la isla hay rebaños; y este informe procede de personas que lo han visto. La escasez de ovejas no puede atribuirse a la naturaleza del terreno, como siendo impropio para criar estos animales, más bien se debe a una clase de perros salvajes, que habitan en los bosques y andan en grandes jaurías. Esto sucede porque dichos perros encuentran en el bosque alimento bastante y prefieren esa vida salvaje a la doméstica con mucha más ganancia para ellos. Estos perros comen también cangrejos, cuyo alimento también los hombres aprecian mucho. Los bosques están llenos de estos cangrejos, cuyo tamaño es mayor que los que yo he visto en Inglaterra. No hablo de ellos por lo que me hayan informado, si no por mi propia experiencia. He visto grandes cantidades de estos can­grejos en esta isla y en Dominica. Los más blancos, pues hay unos negros, muy feos, los han comido nuestros hombres con gusto y sin sufrir daño alguno, de lo que se quejaban otros. Cuando nuestra primera venida a Puerto Rico, los perros de la ciudad aullaban todas las noches y por el día se les veía ir en grupos por los bosques a lo lar­go de la costa. Esto lo creímos al principio como una sensible lamen­tación por la ausencia de sus amos, que los habían abandonado; pero después ya se acostumbran a nuestra presencia, que al principio les era extraña, y dejaron de ladrar, aunque continuaron su paseo diario a los bosques, en grupos. Por fin nos enteramos que estos viajes eran para cazar cangrejos, de los que encontraban gran abundancia en los manglares. Este es el alimento principal de los perros de Puerto Rico y cuando encuentran ovejas las atacan haciendo grandes daños en ellas, lo cual sería fácil de evitar si los españoles quisieran molestar­se un poco matando estos perros. Las cabras viven más seguras por­que les gusta las escabrosidades de las rocas y las cimas de las colinas, de modo que casi siempre están fuera del alcance de estos perros hambrientos, que merodean por las costas en busca de cangrejos. Además de las cabras y las ovejas hay gran abundancia de cerdos, que en éstas islas, al oeste y noroeste, producen el más gustoso toci­no. No me acuerdo haber visto en esta isla liebres ni conejos; pero sé que hay buena provisión de excelentes aves caseras, como gallos, ga­llinas y capones, algunos pavos y guineas, palomas en maravillosa cantidad, no en palomares como las tenemos nosotros, si no criadas y viviendo en los árboles. Además de otros sitios, hay dos o tres islotes inmediatos a Puerto Rico, cerca de la boca del Toa, donde un bote puede ir en una tarde o en una mañana, y cazar nueve, diez o una docena de docenas. La más importante de las tres islitas es una llamada, según he oído decir, la isla del Gobernador. No he marcado la provisión de aves de esta pequeña isla porque no he oído decir nada de ella a los que han estado en la isla principal. Loros y cotorras hay aquí como cuervos y cornejas en Inglaterra. Las veo ordinariamente volar en apretados grupos y excepto que son extraordinariamente habladoras, no son muy estimadas aquí como parece serlo.

Comentario:

El texto de Layfield aclara las razones para el ataque de Drake y Hawkins a Puerto Rico y ofrece un cuadro sobre la riqueza potencial de la misma. La información se obtuvo durante la breve ocupación inglesa de la colonia en 1598 y contó con el testimonio de algunos colonos locales. Lo primero que resalta es la riqueza potencial de las Minas de Luquillo y el potencial industrial de la madera de los bosques de la Isla. Su ejemplo, los mástiles del Bugonia, debía impresionar positivamente a un lector educado de la época. El arribo de esa nave de la Flota en arribada forzosa a Puerto Rico, colocó el Tesoro de Indias en la mirilla del Corsario inglés y justificó su fracasado intento de asalto en 1595, acto que Layfield celebra sin el menor empacho.

El Corsario Francis Drake

La riqueza de la colonia giraba alrededor del la caña de azúcar, industria entonces en crisis, y el  jengibre, que crecía a costa de aquella. El ganado “pace con tan ilimitada licencia que salvaje crece”, o sea, es cimarrón, y el paisaje ofrece una infinita variedad de frutas. Layfield no puede ser más específico porque, según confiesa, no ha sido testigo directo de ello. Los ríos eran fundamentales lo mismo para la caña, cerca de la costa, que para el jengibre, industria del interior. Buena parte de la producción jengibrera era transportada por esas vías pluviales hacia el mercado. Las ventajas del jengibre sobre la caña son apuntadas por el reverendo: los costos de producción son más bajos, hecho que favorece que el jengibre sea preferido por los pobres.

La otra industria es la del cuero de res. La ganadería se proyecta como una empresa difundida por todo el territorio. La referencia a un propietario de Aguada de apellido Chereno, es un dato importante. Chereno aparece en otra parte del texto identificado como mulato y como un persistente cultivador del trigo en la colonia. El dato de que la “mucha abundancia” de ganado, justificase en un momento no especificado la matanza indiscriminada de reses para la venta de sus cueros en desprecio de la carne, sorprende al reverendo inglés. El hecho de que el rendimiento del cuero en el mercado fuese elevado, justificaba el mito. El detalle de que los novillos fuesen más grandes en Puerto Rico que en Inglaterra, implica que no siempre se despreció la naturaleza americana en favor de la naturaleza europea. El poder de la ganadería cimarrona se reiterará posteriormente en los textos históricos redactados por criollos y constituirá uno de los problemas más interesantes de la historia social de Puerto Rico en los siglos 17 y 18.

En el caso de los caballos, el juicio es el opuesto: no comparan con el ganado caballar inglés y son “trotones”. El ganado menor, cabras y ovejas, tampoco sale bien parado. Pero para un observador que provenía de un rico país lanero, cualquier cosa que Puerto Rico pudiese ofrecer en el campo del ganado ovino sería poco. Con todo, no atribuye el problema de las ovejas a la naturaleza sino a la plaga de perros salvajes que habitan los bosques. La descripción de las jaurías de perros salvajes, sus viajes a los montes y su contumaz consumo de cangrejos es valiosa. En Cuba esas jaurías de perros alzados eran denominados jíbaros, equivalente a montaraz. La genealogía del concepto tiene en este texto una fuente invaluable sobre la evolución del significado del mismo. Los cerdos y las aves de corral completan el cuadro. Los islotes del norte resultaba en un valioso coto de caza, según el testimonio del autor inglés.

Layfield tenía informantes que, desde el interior, le orientaban sobre la situación de la Isla con mucho detalle. Sería interesante establecer la situación de los mismos y su finalidad al colaborar con un enemigo de la soberanía hispana en el país. Otros apuntes sobre el texto pueden consultarse en Documento y comentario: relación de John Layfield (1598)

noviembre 8, 2010

Memoria de Johan de Melgarejo (1582)

Memoria y Descripción de la Isla de Puerto Rico Mandada a Hacer por S.M. el Rey Don Felipe II en el año 1582 y Sometida por el Ilustre Señor Capitán Johan de Melgarejo, Gobernador y Justicia Mayor en esta Ciudad e Isla. Archivo de Indias-Patronato.

 

Capítulo 1° Puertorrico es el pueblo principal; no sabe que haya tenido otro nombre en lengua de yndios, más de que toda la isla se llamaba el Boriquén; el nombre español que tiene de Puertorrico se le puso por la mucha riqueza de oro que se halló en ésta; otros han querido decir que se le puso por ser el puerto muy bueno y cerrado y seguro de tormentas.

Capítulo 2° El descubridor y conquistador de esta isla fue Juan Ponce de León, natural de la villa de San Tervás del Campo; conquistóla a su costa por mandado del Almirante D. Diego Colón, hijo del primer descubridor de las Indias; partió para este efeto dende la isla de Santo Domingo del puerto de Xigüey el Viejo, de un lugar que llamaban Salvaleón; la primera vez que vino al dicho efeto, tomó puerto en una punta de esta isla, que llaman el Aguada, questá en la banda del Norte della, y allí tomó ciertos yndios con que hizo amistad y descubrió aver oro, bolvió con la muestra al dicho Almirante, sin conquistalla, con el qual capituló y volviéndola a conquistar y poblar, tomó tierra de la banda del Sur de esta isla, donde fundó un pueblo en el puerto de Guánica, a donde estuvo por thiniente a Don Cristóbal de Sotomayor, Caballero de Galicia, y desde allí se empezó a conquistar esta isla, fue en el año de 1508.

Capítulo 3° El temperamento de la cibdad de Puertorrico y su comarca, que casi es el de toda la isla, es muy bueno y casi todo el año es uno, esceto Diciembre y Enero, que reconoce el tiempo a ymbierno; entre año no es muy caluroso; llueve mucho desde Mayo hasta Setiembre, aunque en esto no hay horden, porque en unos años no guarda esta horden; los vientos que corren de hordinario es el viento Este o el Nordeste, y a las noches salta el viento a la tierra, que son balsares della; por Agosto y Setiembre suele haver tormentas, junta la conjunsión de la luna, que llaman juracanes, y las veces suele hazer grandísimos daños bentando los vientos; pero el que más daño haze es el viento Norte, porque este donde alcanza quema y abrasa las sementeras y derrueca los platanales, que es una fruta que sirve de sustento a falta de pan; y al principio de la población desta isla y muchos años después heran muy ordinarios estos juracanes de dos en dos y de tres en tres años; agora se pasan diez y doce años que no los hay.

Mapa de Theodor De Bry (1590)

Capítulo 4° Esta isla es muy áspera y montosa y doblada y de muchos ríos y arroyos de aguas, que por estremos son muy buenas y sanas, por causa que en todos los más de los arroyos se a hallado y halla oro, y descienden sus nascimientos de cerros y collados donde se han hallado y se cree ay oy ricos nascimientos de oro, aunque en la cibdad de Puertorrico se carece desta agua, por questá su sitio en una isleta distinta de la isla prencipal, y a esta causa no hay agua de río ni quebrada, sino solo de una fuente que mana de arenales y sale junto a la mar, media legua de la cibdad en la isla grande, y pasan a ella; se pasa por una calzada que está sobre la mar, llaman la Fuente de Aguilar, y no se han traído a la cibdad por falta de no tener propio y ser poca la agua, y así se beve agua de algibes, que los hay en las más de las casas; tiene falta de pastos para los ganados y de cada día se espera abrá menos, respecto haber nacido en esta isla unos árboles, que se llaman Guayabo, el qual hecha una fruta como manzanas llenas de pepitas, la qual comen las bacas y bestias y puercos y abes, y donde quiera que tornan a estercolar de las pepitas de cada una sale un árbol, con lo qual se va cerrando la tierra, de tal modo que los ganados no se pueden pastorear y se alzan, ny debajo del fructifica yerba que pueda servir pasto, y ansi de cada día se va más arruinando.

Capítulo 5° Que hubo y se hallaron por copia al tiempo del repartimiento que se hizo quando se ganó la isla, cinco mill yndios y quinientas yndias, sin los que quedaron por repartir, que no están domésticos; y el día de hoy no hay de los naturales ninguno, salvo unos poquitos que proceden de yndios de Tierra-Firme traídos aquí, que serán como doce o quince, y apocáronse por enfermedades que les dio de sarampión, romadizo y viruelas, y por otros malos tratamientos se pasaron a otras islas con caribes, y los que hay no están en el pueblo formado; sirven alguno por soldado y otros están en su haziendillas entre españoles; no hablan en su lengua porque los más dellos son nacidos en esta isla; son buenos cristianos.

Capítulo 6° El altura y elevación del pueblo en que está la cibdad de Puertorrico se berá por el eclisse que yo Juan Ponce de León, por mandado del capitán Juan de Céspedes, Gobernador que fue desta isla, tomé a los quince de julio del año pasado, el qual se envía en este propio nabio a su majestad.

Capítulo 7° En esta isla hay una villa que llaman la Nueva Salamanca o San Germán el Nuevo, el qual fundó el governador Francisco de Solís con el despojo que quedó de un pueblo o villa que se decía Guadianylla, que estaba a la banda del Sur desta isla, y lo quemaron caribes yndios y comarcanos de esta isla y robaron franceses, estaba junto a la mar en una sierra, como media legua de la mar, y a esta causa destar a tanto peligro se pasó la tierra adentro, con acuerdo de la audiencia de Santo Domingo; está la dicha villa de Salamanca quatro leguas de la mar, en donde también han llegado franceses y la han robado, al Oeste desta isla y distante de la cibdad de San Juan treinta leguas; goviernase por thiniente que pone el governador de la cibdad y alcaldes ordinarios; y el temperamento y ayres es lo mismo que corre en la cibdad de Puertorrico; no tiene defensa alguna para corsarios.

(…)

Capítulo 9° La cibdad de Puertorrico, ques la cabeza desta isla, la fundó el dicho Juan Ponce de León, contheniendo en el segundo capítulo, llamóla San Juan por su nombre y fue la fundación de ella en el año de veinte y uno, porque despobló una cibdad que antes había poblado en la dicha isla que estaba como legua y media de lo que agora está poblada, a la cual llamaban Caparra; fue la causa de su despoblación que no se criaban niños, porque todos se morían, respeto de que tenían malas aguas y así pocas, tenía ésta al tiempo que se pobló muchos más vezinos que agora tiene, porque al presente no tiene más de hasta ciento y setenta vezinos y catorce prevendados y clérigos, porque se han ido muchos a Tierrafirme, España y otras partes.

Capítulo 10° El sitio de esta cibdad prencipal, que es la de que en el capítulo antes deste se hace mynsion, es parte del llano y tiene i una altura hazia Un monasterio de frayles dominicos, que en ella ay, como parecerá por el rasguño que con esta vá, y la parte más alta, que es donde está el dicho monesterio, mira al Norte, y la parte más llana, que es al contrario mira al Mediodía.

(…)

Capítulo 14° Por la noticia que se tiene de algunos conquistadores se halla que los yndios desta isla era gente mansa; no comían , carne humana, ni eran sométicos, ni tenían ponzoña; peleaban los de la costa de la mar con flechas y arcos, y los de la tierra adentro con palos a modo de bastones; adoraban al demonio, con el que hablaban, temían a los caribes yndios comarcanos de la parte de Levante desta, que son bravos y guerreros y comen carne humana, y tienen yerba, y hoy en día lo son, y han destruido y destruyen esta isla y son parte muy prencipal para su despoblación y arruinamiento, como se a abisado a su majestad, con ynformaciones, que sobre ello se an embiado a la Casa de la Contratación de Sevilla.

Capítulo 15° En esta isla no hubo cacique que la señorease toda, más de que en cada valle o río prencipal avía un cacique, los quales tenían otros capitanes como thinientes de quien se servían, a los quales llamaban en su lengua nitaynos; y después que fueron repartidos a los españoles, el tributo que daban a sus amos era traellos a las minas a sacar oro y a hazer conucos de cazabe y maíz, ques el mantenimiento desta tierra, y batatas, que era la comida que ellos antes usaban, demás de otras raíces que comían, que se dicen ymoconas, yahutías, guayaros, lerenes y maní. Entiéndase que la principal causa de haberse acabado los yndios, demás de las enfermedades arriba dichas, fue el sacarlos de sus pueblos y llevarlos a las minas y a otras partes fuera de donde nacieron, aunque no los sacaron de esta isla.

Capítulo 16° El asiento de la cibdad de San Juan de Puertorrico es el que está dicho en el capítulo dezimo; pueblo de yndio no ay alguno como está dicho; la villa de la Nueva Salamanca está en una sierra con mal asiento, así por no haber cosa llana en él, como por tener el agua lejos y haber un barro que tiñe como almajara la ropa, en ventando el viento el polvo que se levanta causa hazer lo dicho; el río que más cerca dél pasa se llama Guanaibo.

Capítulo 17° La cibdad de Puertorrico es tierra sana, comúnmente andan los hombres con buenos colores; las enfermedades que en ellas son más peligrosas y más cursan son pasmos, y desto mueren muchos niños en nasciendo, o a lo menos antes de los siete días, y muchos hombres solo de beber un jarro de agua estando sudando: de los remedios que más se usa para curar esta enfermedad, de que suelen escapar pocos, es el fuego, labrándolo junto a la nuca y por el cerro abajo de los riñones y dándoles a beber el sumo de la yerba que llaman tabaco, que es a modo de beleño; en la Nueva Salamanca es lo mismo que esta cibdad en quanto a la salud y enfermedades.

 

Comentario:

Los capítulos 1 y 2 de la Memoria… hacen una síntesis bastante imprecisa de la historia de San Juan Bautista con el propósito de aclarar cualquier duda que el Rey Felipe II pueda tener con respecto a los valores de la posesión y los beneficios de invertir en ella. El capítulo 3 ofrece una serie de generalidades sobre el “temperamento” o clima insular: la lluvia, el calor y la humedad destacan en la misma. El capítulo 4 contrata la naturaleza boscosa y bien irrigada de la Isla Grande con la del Islote de San Juan. Resalta las fuentes de agua potable de la Isleta, y el  peligro que los guayabos representan para los pastos y la industria ganadera que entonces se afirmaba como la principal del país, una vez dejadas atrás la aurífera y la caña de azúcar. La indicación de que había oro en los ríos y que aún quedaban filones sin explotar es interesante. El capítulo 5 comenta la situación de los Indios, su desaparición y las causas de la misma. La presencia de Indios de Tierra-Firme y la alianza con los Caribes, que ya vimos en la obra de Oviedo, se reitera.

El capítulo 7 introduce la Villa de San Germán la cual ya estaba ubicada en la Lomas de Santa Marta, comenta las constantes amenazas extranjeras a la misma y la forma de su gobierno mediante un Teniente de Gobernador. El capítulo 9 y 10 hace lo propio con la Ciudad de Puerto Rico, hoy San Juan Antiguo, y su precedente en Caparra. Las dos poblaciones principales de la colonia, la Villa y la Ciudad, son presentadas al Rey Felipe II con relativa precisión.

Los capítulos 14 y 15 describen a los Indios de la Isla. Fíjense que no se les llama Taínos y que se les decribe con argumentos parecido a los que usó Oviedo Historia… La idea de que son distintos de los Caribes es evidente. La desaparición del Indio se adjudica, sin reparos, al sistema laboral que se les impuso. Los capítulos 16 y 17 comentan la higiene y la salud pública: es una tierra sana donde la amenaza mayor es el pasmo, es decir el tétano o mocezuelo que se enfrenta con infusiones de tabaco.

El autor, Juan Ponce de León y García Troche, es descendiente el conquistador y pone todo su empeño en llamar la atención del Rey sobre las posibilidades de la colonia. Piensa e interpreta a San Juan Bautista como un criollo y en ello radica una de las virtudes de este texto. Los capítulos 31, 32 y 33 pueden ser consultados en Documento y comentario: Memoria de 1582

 

  • Mario R. Cancel
  • Historiador

 

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